trabajos presentados
 

 

"Historia y Psicoanálisis"

Hebe Clementi

 

Desarrollo

No es la primera vez que me entrometo en este tema, válida de mi interés en una y otra disciplina, y sobre todo porque me parece una manera de entender la historia que hacen los hombres.

En alguna otra instancia hice hincapié en el pensamiento no dirigido por dogma religioso de signo alguno, y apoyé mis reflexiones en una encrucijada donde la expresión más concreta desde un punto de vista político sobre la ilimitada facultad de la razón humana por encima de la autoridad y la tradición, se dio en la reflexión de Palmiro Togliatti, en julio de 1949, al prologar una nueva edición del Tratado de Tolerancia de Voltaire, referido a la matanza (degüello) de cuatro mil hugonotes que había tenido lugar en un ángulo de la Francia Imperial hacia 1670 y que dio inicio a la crítica cuestionadota del poder que clausura libertades individuales y colectivas.

"El mérito del racionalismo dieciochesco y en particular el de los ilustrados franceses consiste en haber llevado a cabo la batalla con la mayor decisión, sin vacilar antes los colosos de la autoridad y de la tradición, frente a los amenazadores poderes de una jerarquía que se afirmaba espiritual y de un gobierno que se proclamaba y era absoluto, y en haber combatido con FE ILIMITADA EN SU PROPIA FUERZA INTELECTUAL Y MORAL, lo que quiere decir en sustancia con fe ilimitada en las facultades de la razón humana, y fue el punto culminante iniciado en el pensamiento del Renacimiento, sostenido por las renovadas investigaciones científicas y la demolición de la filosofía previa"

En esta ocasión quisiera caracterizar la HISTORIA CANÓNICA QUE SE ESTUDIA EN GENERAL, a través de manuales de regular jerarquía y autorización oficial, salvo algunos especializadísimos que son de circulación reducida y escasa visibilidad, cuyo emblema es responder a las exigencias curriculares primarias y secundarias. Vale decir que, en la etapa formativa de la sensibilidad y la inteligencia, ése es el material al alcance, del que se obtienen noticias concretas, listadas según el acontecer y en la medida que revelan la concreción de idearios nacionales, poderes enemigos, represión a los contrarios, condimentado con festejos de fechas patrias, símbolos, cánticos y feriados que representan la parte "extra-aula" pero que concierne a la historia que se estudia.

Hay manuales bien elaborados, por cierto, pero no hay ni instancias ni difusión para hacerlos conocer, salvo en algunas escuelas en donde la especialidad es cara a las direcciones, y por cierto algunos manuales son excelentes. Pero podemos afirmar sin miedo a la generalización burda que cualquier intento de reforma, de reflexión profunda no tiene lugar, ni tiene el tiempo canónico necesario, y por fin, contraría un sólido acuerdo en el sentido que habiendo tanta otra cosa urgente, detenerse en el pasado es insensato e inoportuno, además de retrógrado.

Podría quizá complementarse con la atención a la población, o a la geografía que llamábamos "humana", que ayudaría a las poblaciones aborígenes en América y en Argentina, las diferencias étnicas, y a la par, el respeto por cultura arrasadas… y pervivientes en la pavorosa ignorancia de orígenes y destinos. Simplemente el estupor, el olvido, la ignorancia y la insensibilidad se imponen.

Si fuera oportuno pensar que bastaría que un maestro sensible hiciera alguna reflexión profunda y objetiva, la sensación de pertenencia y no de ajenidad, que causaría efectos no en pocos inocentes educandos, se salvaría el vacío cultural…pero no hay tiempo, no está en programa, y no faltan razones ni medios expresivos, ni la vivencia disparadora.

Dejando nuestro propio pasado, es un hecho que en todo nivel puede verificarse algo similar (aunque debe decirse que he visto manuales italianos y franceses, actuales, para escuelas comunes, que dan ingreso a componentes del pasado, referencias arqueológicas, descripción de lugares y monumentos y sus diversos sentidos), que en proyección de siglos podrían no ser sentidos como propios, y que están allí para alimentar la impresión de pertenecer a una cultura que a pesar de guerras y cambios, gana la seguridad de que esa pertenencia merece ser revalidada y conocida.

Sin pensar en lugares, y llevando la reflexión a cómo viene siendo el devenir de lo que pasa en el mundo, del que NADIE ESTA EXENTO Y QUE NOS ENVUELVE A TODOS EN ALTO Y TUPIDO CERCO, hay que decidir y pronto, cuál deber ser la medida y manera de escabullirse del afuera y sentir que pertenecemos a esto que llamamos nuestro país, nuestra América, nuestra identidad, palabra más que maldita en cuanto se quiera acercar su sentido. La única definición que encontré lo suficientemente abarcativa y compleja es la de ERIC ERIKSON, que debió refugiarse en USA, durante y después de la guerra última, a quien el gobierno de EEUU, le encomiendo definirlo, frente a las polémicas terribles que se suscitaban en las universidades norteamericanas por el ingreso del negro a ellas, cuando durante la guerra habían estado codo a codo luchando y ahora se les negaba el ingreso. La definición es compleja por abarcativa, y creo que es como toda historia, frente a reacciones diríamos irracionales por injustas:

"Un sentido de identidad significa un sentido de ser uno consigo mismo a medida que crece y se desarrolla, y significa al mismo tiempo un sentimiento de AFINIDAD con el sentido de la comunidad, de estar junto a su futuro como a su historia o su mitología.
Esta fórmula es la que aplicaremos a la nueva identidad creada en este continente por los Padres Fundadores, aunque por supuesto ellos no la usarán (Dimension of a new identity)."

Es como se observa una definición que cabe a los pueblos americanos, más que a ningún otro, por aquello de las poblaciones aborígenes, más el acceso de los esclavos negros fruto de la trata, más el aporte desde fines del siglo XVIII de muchos miles de inmigrantes de la Europa empobrecida y atenaceada por guerras de todo cariz.

Aquí entra ese componente difuso pero omnipresente, que en este ámbito y en esta circunstancia, bien podemos califica de cultural y que atiende a algo que es particular contenido de una ciencia, el PSICOANÁLISIS, que tiene componentes tan complejos como su definición, y que atiende al desarrollo y explicación de la consistencia de la formación de la personalidad de cada quien.

Con esto reitero que quien hace buena historia, aborda o sigue o transita los caminos y el habla del psicoanálisis y contribuye por lo tanto a la instalación de esa búsqueda que, finalmente es la tarea psicoanalítica, a través de la confiabilidad a la palabra que en todo caso arbitra el psicoanalista.

Lo que quiero destacar es que la historia es, a lo que sucede en el mundo -o debiera ser- lo que el psicoanálisis es para el paciente que decide explicitar su tormento o explicarse el drama que lo atenacea. Que se trata de eso, de comprender, y que en la emisión está el hallazgo y está la cura. Un papel que desempeña muchas veces o ha desempeñado -el arte- pero omitiendo esa cualidad de lo conversado, de lo reglado, que sólo la voz (la del analista en este caso) expresa y demuestra. Si los griegos antiguos acudían al teatro para ver y oír la intención dramática que el conflicto suscitaba (que sigue en esencia suscitando) eran entonces aquellos dramaturgos poetas los que avizoraban la verdad y el tormento de la humana condición. Hoy es la razón y la validez del psicoanálisis frente a la historia actual, desaforada en metas de poder social y olvidada de la condición primera de la historia desde los textos religiosos a las primeras historias antiguas: "dar a conocer la trayectoria de los pueblos, con lo cual cada uno se identificaba".

Hoy con las pautas racionales y estrictamente numéricas que va siguiendo la ciencia del pasado-presente y la inundación de datos que sobrevienen sobre la marcha del mundo, con el anegamiento de nuestra subjetividad en una presunta sensibilidad reordenadota, se vuelve a confirmar el papel de rescate que el psicoanálisis produce y que la historia al uso comparte.

Este breve texto puede parecer escrito para la ocasión pero es, en realidad, fruto de reflexiones, y también de simplificaciones, que ante cada ocasión se confrontan aunque conserven el paralelo que es constitutivo.

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