| |
|
|
Entrevista
a Patrick Guyomard
por Gilda
Sabsay Foks
Publicamos
la entrevista que Gilda Sabsay Foks realizó con Patrick
Guyomard, psicoanalista y filósofo francés. Ex presidente
de la Société de Psychanalyse Freudienne. Escribió,
entre otras obras, "El deseo de ética", editado
en castellano.
Gilda
Sabsay Foks:
¿Qué piensa Ud. de los "diferentes psicoanálisis"?
¿Son legítimos?
Patrick
Guyomard: Efectivamente, existen "diferentes
psicoanálisis" en el mundo. Esto no es nuevo. Al lado
de la corriente freudiana, el psicoanálisis kleiniano quiso plantearse
como muy distinto. Si bien, en Inglaterra, pudo coexistir con los freudianos
y contribuir a pesar suyo en la creación del "midlle group"
donde Winnicott pudo desplegarse, en otros países estas
diferencias llevaron a la creación de grupos e instituciones separados.
Lacan, con su "vuelta a Freud", quiso reanudar
con la inspiración profunda del nacimiento del psicoanálisis
y al mismo tiempo superar a Freud y refundar el psicoanálisis
sobre la base de su propia teoría. Es una de las tantas paradojas
de una obra y práctica que quiso ser fiel e infiel a Freud.
La segunda generación de analistas formados por Lacan, de
la cual formo parte, se divide entre aquellos que piensan que la experiencia
analítica es ante todo freudiana (lo que ya decía Lacan)
y quienes piensan que la experiencia lacaniana (con todos los sentidos
del término) es otra, diferente y sólo puede aprehenderse
y transmitirse como ruptura con la experiencia freudiana.
Cuando se privilegia este último aspecto, hay que admitir que,
más allá de los discursos teóricos que confunden
los problemas, la práctica analítica y la experiencia analítica
no son iguales.Con mayor razón al oponerse normas freudianas y
lacanianas (práctica sistemática de sesiones cortas, flexibilidad
de horarios, espera variable en la sala de espera con otros pacientes,
hablando solamente de aspectos formales). ¿ Si la experiencia ya
no es la misma, las diferencias surgidas permiten todavía mantener
la idea que a pesar de todo, sigue siendo psicoanálisis?
Me parece que hoy queda planteada la pregunta. ¿Los psicoanalistas,
los que se reconocen como tal, ejercen todos el mismo oficio? Resulta
cada vez menos evidente. Las cosas serían más sencillas
si estas diferentes prácticas tendrían sus propias confirmaciones
según sus éxitos y fracasos. Pero sabemos que los análisis
clásicos pueden empantanarse en la rutina, la inercia y el como
sí, mientras que un buen uso de las sesiones de duración
variable puede tener efectos de movilización del inconsciente,
de la dinámica de la transferencia y a veces de sojuzgamientos
imaginarios.
En esto se
juega la libertad del psicoanalista, la calidad de su formación
y la extensión de su experiencia. Y ya sabemos qué dificil
es adquirir y transmitir esos elementos.
Pero para hablar de diferencias también hace falta percibirlas
y que su legitimidad pueda ser discutida y abordada de una manera no sectaria
o dogmática y descanse sobre la experiencia y la clínica.
Me limitaré al ejemplo de Lacan que puede servir de referencia.
La práctica de Lacan representaba una "diferencia"
con la práctica clásica, como lo percibían muchos
analizados de él. Lacan mismo no era una norma. Muchos analistas
y yo mismo, tienen
la experiencia de una análisis freudiano y de otro análisis,
o de un período de análisis con Lacan o con un alumno
de Lacan. Tienen así la experiencia de una diferencia
que pueden apreciar y analizar en función de lo movilizado y analizado
en esos análisis. En función también del posible
acceso a su inconsciente, a lo infantil y a los elementos arcaicos de
su vida psíquica.
Pienso que tales análisis pueden abordar las "diferencias"
y su legitimidad en psicoanálisis en función de los objetivos
analíticos y de los elementos de invención y creatividad
inherentes a la práctica analítica y no en función
de objetivos doctrinarias. Para esos analistas, el psicoanálisis
tiene más posibilidades de seguir siendo una aventura antes que
una formación a transmitir.
G.S.F.: Ud. pertenece a una institución
muy numerosa fuera de la IPA. ¿Cómo encara la enseñanza
de la formación, implica otras disciplinas: filosofía,
lingüística, etc.?
P.G.:
La institución a la cual pertenezco (la Société
de Psychanalyse Freudienne) no descuida la transmisión del
psicoanálisis y la formación de psicoanalistas. Como en
otras sociedades, ésta descansa sobre el análisis personal,
la práctica de supervisiones y el conocimiento de la teoría
psicoanalítica. Lacan dejó mayor libertad y creo
mayor responsabilidad a los psicoanalistas.
Si un análisis no es didáctico a priori, llega a serlo a
posteriori, y si fue realizado con un analista no didacta o que no pertenece
a la Sociedad donde el candidato aspira a inscribirse para iniciar una
formación, esto requiere que los analistas miembros de las comisiones
que deberán pronunciarse sobre los pedidos de los candidatos, asuman
mucho trabajo, escucha y reflexión.
Después de la disolución de la Escuela Freudiana de Lacan
y la dispersión posterior, muchos analistas iniciaron análisis
que resultaron ser didácticos y luego controles con analistas elegidos
en función de la transferencia y de los problemas clínicos
y no en función de un curriculum en una institución analítica.
Estos recorridos de analistas son enriquecedores, a menudo traumáticos,
y deben ser escuchados y acogidos en la Sociedad que no le pide a sus
miembros privarse de la riqueza de una comunidad y de una historia analítica
a la cual pertenece.
Lacan, después de Freud, insistía mucho en
la formación de los analistas con la apertura a otras disciplinas,
particularmente la lingüística, antropología y filosofía.
Sigue siendo esencial y por dos razones. Como conocimiento y elementos
de reflexión necesarios para el pensamiento, y también para
tomar en cuenta lo que el psicoanálisis implica como "cambio
de discurso".
G.S.F.:
¿Es necesario hoy incluir el aspecto sociocultural? ¿Es
un síntoma su exclusión?
P.G.:
Hay que incluir el aspecto sociocultural. Dejar de interrogarse sobre
el trabajo de la cultura, normas, formas del síntoma, vías
del silencio y de la palabra y las diferentes maneras en las cuales se
codifican la palabra y el silencio, sería salirse del campo psicoanalítico.
Es imposible reflexionar sobre nociones como la curación, sublimación,
represión, superyo sin interrogarse sobre el aspecto "sociocultural".
G.S.F.:
¿Qué piensa del setting ortodoxo y por el contrario
de las sesiones de frecuencia y duración variables?
P.G.:
Como otros analistas de mi generación, tuve como analizado la experiencia
de un análisis con sesiones de duración variable con Lacan
y un análisis con setting ortodoxo. Tuve la oportunidad de practicar
ambos. Hoy, salvo en raras excepciones, sólo practico el setting
ortodoxo cuya referencia por sí misma constituye el psicoanálisis.
Siempre me pareció que la variación de la frecuencia y duración
d e las sesiones debía concebirse como una intervención
(corte y/o interpretación) en el encuadre y no como una norma.
Lacan mismo escribía que la psicoterapia podía justificar
las innovaciones, aún los temperamentos distintos. Pero hay que
medir las consecuencias clínicas y recordar con Freud que
"el león salta una sola vez" y que una interpretación/intervención
puede abrir y cerrar al mismo tiempo.
Por el contrario, la normalización de la variación de la
duración de las sesiones (en lo práctico la reducción
sistemática de su duración) y la variación de la
frecuencia me parece criticable en sí mismo. Criticable clínicamente,
pues esta variación instaura lo arbitrario, el traumatismo y la
actuación como elementos del encuadre. Vuelve imposible el análisis
de todos los elementos arcaicos; trabaja sobre cierto modo de transferencia
sin permitir su análisis y la transforma en una de sus componentes.
Deniega todo lo que no debe modificarse en el encuadre para acceder al
análisis de los traumatismos, elementos psicóticos y posibles
estados límites. Esto ya es demasiado si se considera que tal práctica
excluye el análisis de elementos tan esenciales para el funcionamiento
psíquico como el clivaje, la identificación proyectiva,
el retorno del traumatismo como repetición y tantos otros elementos.
Esta práctica, sin darse cuenta, selecciona a sus propios analizados
y los adapta a su propio funcionamiento, a costa de un empobrecimiento
psíquico y fantamástico personal, colmado (y denegado) con
un rellenado teórico cada vez más estereotipado.
El colmo se produce cuando algunos analistas detienen la sesión
en cuanto un analizado cuenta un sueño. Se ve entonces que algunos
analistas, que se proclaman formados, no analizaron nunca un sueño
de transferencia en su tratamiento, ni pudieron asociar durante la sesión
a partir de un sueño. En este punto, la experiencia es tan diferente
que ya no se trata del mismo psicoanálisis, y posiblemente de ningún
psicoanálisis.
De donde la actualidad de estas cuestiones. ¿Hablamos de la misma
cosa? ¿Practicamos el mismo oficio? ¿Transmitimos la misma
experiencia analítica? ¿Tienen la misma experiencia del
inconsciente?
G.S.F.:
En América latina se aprecia una disminución apreciable
del pedido de tratamientos psicoanalíticos. ¿Se trata
de un fenómeno mundial o particular de este continente?
P.G.:
Se habla mucho de la disminución apreciable del pedido de tratamiento
psicoanalítico. Hasta es un argumento para justificar este "nuevo"
psicoanálisis mucho más intervencionista y "moderno"
que el psicoanálisis clásico que ya estaría fuera
de época y no sería más necesario en razón
de los "progresos" del psicoanálisis.
¡Se plantea mal el problema! No compruebo ninguna disminución
y por el contrario un marcado aumento del pedido de hablar con un psicoanalista.
La "idea psicoanalítica" sigue fuerte y presente.
Por otro lado, los psicoanalistas ya no tienen el dominio para indicar
a priori tratamientos tipos con las imposiciones económicas y de
tiempo que representan. También existe una oferta mayor de numerosas
variedades de psicoterapia.
Pienso que estamos presionados, como siempre, para reinventar nuestra
práctica, darle vida y sentido. Por lo tanto hay que dedicarle
más tiempo a las entrevistas preliminares, convencer de la necesidad
de un análisis, trabajar sobre las indicaciones, no rechazar un
trabajo más psicoterapéutico con los efectos de alivio que
produce en los casos en que alguien no está dispuesto a iniciar
un análisis. En síntesis, quedar firmes y abiertos con respecto
a nuestra práctica. No ser funcionarios del psicoanálisis
y saber que, lo mismo que Freud y sus alumnos, debemos demostrar
lo fundado de nuestras posiciones y no quedar atrapados en certidumbres
e intuiciones. El sufrimiento psíquico y el pedido de escucha y
palabra siguen siendo considerables.
G.S.F.:
En su libro publicado en castellano como "El deseo de ética",
establece tres categorías: el deseo en análisis, el deseo
del psicoanálisis y el deseo del psicoanalista. ¿Puede
retomar brevemente estos tres conceptos?
P.G.:
¿Existe una ética del psicoanálisis? Lacan
se enfrentó magistralmente con esta cuestión en su seminario
sobre la Etica. ¿Puede deducirse una ética del psicoanálisis?
Si existe sería una ética del deseo. Pero esta perspectiva
no desemboca en ningún lado con Lacan. Pues por un lado
el deseo puro se confunde con el deseo de muerte, y no se ve claramente
qué ética podría deducirse de ello. Sobre todo cuando
Lacan afirma que el deseo del psicoanalista no es el deseo puro.
Entonces, me parece más justo simplificar diciendo que el deseo
reclama una ética, de donde la expresión deseo de ética,
antes que insistir sobre la ética del deseo. Esta se destaca sólo
en la figura del héroe trágico, Antígona, con quien
el psicoanalista no puede identificarse.
¿Puede producir el psicoanálisis una ética? Freud
no lo creía y Lacan tampoco. Freud decía que
la ética le resultaba extraña y, en cuanto a lo creativo
del psicoanálisis se comparaba más a un artista que a un
moralista. Lacan enunció la ética del héroe:
"no ceder en su deseo". Más tarde habló
de una ética del bien decir. Pero estas proposiciones quedan aisladas,
enigmáticas y sin mucho desarrollo. Formo parte de aquéllos
que piensan que aunque Lacan reflexionó sobre la ética,
no produjo verdaderamente una ética.
De donde la importancia de las distinciones que propongo. La ética
del psicoanálisis queda muy restringida, el psicoanálisis
no puede producir ética. Tiene consecuencias éticas
y consecuencias sobre la ética. ¿Cómo pensar en la
ética a la luz del inconsciente, del superyo, de la pulsión
de muerte y del goce? Pero estas consecuencias éticas no pueden
desarrollarlas el psicoanálisis, por lo menos él sólo.
Unicamente podría hacerlo produciendo una visión del mundo.
Hay ética en el psicoanálisis. Pero esta ética no
es psicoanalítica. La relación con los pacientes, la honestidad
y deshonestidad, la preocupación por la validación y verdad
científica, la relación con la comunidad científica,
con la democracia y la diferencia entre esfera pública y privada
garante de la posibilidad de un tratamiento y del secreto profesional,
todos estos elementos donde juegan posiciones éticas no pueden
llamarse
"psicoanalíticos".
La ética del hombre Freud precedía al psicoanálisis
y le era exterior. Freud nunca consideró al psicoanálisis
como una posible autorización para legitimar transgresiones. El
psicoanálisis mismo responde a exigencias y consideraciones que
se legitimizan con la clínica y la técnica, no por la ética.
No puede reducirse la técnica a la ética. Esta interviene
en la relación con la técnica, exigencias y reglas que constituyen
el psicoanálisis. Hay que diferenciar el error, la ignorancia y
la falta ética.
Por el contrario puede hablarse de la ética de los psicoanalistas.
En efecto cada
uno en su relación con el psicoanálisis, sus elecciones,
opciones, lo que hace o no hace en relación con el paciente, lo
mismo que el vínculo y la diferencia entre el acto y la palabra
atestigua de cierta ética. Pero si bien esta ética se refiere
a su relación y práctica con el psicoanálisis, sigue
siendo exterior a éste. Compromete su deseo, su formación,
su manera de trabajar, de permanecer como psicoanalista.
Las expresiones: ética del psicoanalista, ética en el psicoanálisis,
ética del psicoanálisis tienen sentidos diferentes. Me parece
importante para que la ética mantenga su lugar y fuerza no mezclarlas.
El psicoanálisis no es una ética. Aún si no puede
practicarse sin ética, hace falta saber cuál. También
existe una ética perversa o paranoica. La ética es una cuestión
abierta más que un cuerpo de saber.
|