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Entrevista
a Alain Vanier
por Gilda
Sabsay Foks
Gilda
Sabsay Foks realizó esta entrevista con Alain Vanier,
destacado psicoanalista, que preside actualmente la asociación
Espace Analytique, creada por Maud y Octave Mannoni.
Gilda
Sabsay Foks:
Sé que sos psiquiatra y psicoanalista. ¿Cómo se
produjo tu acercamiento al psicoanálisis?
Alain
Vanier: Después de mayo 1968, circunstancias particulares
me llevaron a iniciar un análisis con un analista de la Sociedad
Psicoanalítica de París. Yo era estudiante de Letras
y luego fui profesor de Letras. Sólo después estudié
psicología y más tarde medicina y psiquiatría. Luego
proseguí mi análisis con una analista de la Escuela Freudiana
de París.
G.S.F.:
Tu enseñanza y tus investigaciones se desarrollan en Espace
Analytique, asociación muy conocida como pluralista. ¿de
qué manera influyó en tu orientación psicoanalítica
tu contacto con Maud y Octave Mannoni?
A.V.:
Me encontré con Maud Mannoni en oportunidad de una pasantía,
durante mis estudios de Psicología, en la escuela experimental
de Bonneuil, que acababa de fundar. Pierre Fédida, que
enseñaba en la Universidad de París VII, había
participado en los comienzos de Bonneuil y enviaba allí
como pasantes a algunos estudiantes. Me quedé allí durante
diez años, y más adelante alrededor de quince años.
Por fuera, recibí en análisis a varios niños de esa
escuela. Bonneuil era un lugar increíble, y los libros de
Maud Mannoni atestiguan perfectamente de esa experiencia ("Educación
imposible", "Un lugar para vivir", etc.). En la misma
época me encontré con Octave Mannoni, que seguía
de cerca esa experiencia. Su "antipsiquiatría" era más
radical que la de Maud. Mi formación originaria en Letras y mi
interés por Mallarmé, quizás expliquen nuestra
simpatía mutua.
Los Mannoni no querían alumnos. Pero yo leía sus
trabajos y además la experiencia de Bonneuil, el encuentro
con los niños y el genio clínico de Maud fueron elementos
importantes en mi formación.
Mis relaciones con Octave y Maud Mannoni tuvieron, sin ninguna
duda, una gran influencia sobre mi acercamiento al psicoanálisis.
Por ejemplo, su rechazo de todo dogmatismo y su preocupación por
una cierta heterogeneidad, que no fuera eclecticismo, en el abordaje teórico.
Las teorías, demasiado a menudo, tienen por función realizar
una unidad ficticia. En efecto, lo que nos reúne es un desafío:
nuestra práctica tiene algo en común, por otro lado de lo
que trata no puede compartirse.
Los Mannoni no querían alumnos y desconfiaban de las instituciones.
Sin embargo, fundaron algunas. Esta apuesta paradojal es la que tratamos
de sostener en Espace Analytique. Si bien trabajamos con Freud
y Lacan, también trabajamos con Ferenczi, Klein, Winnicott,
Dolto, etc.
G.S.F.:
Después de Freud, ¿qué autores posfreudianos influyeron
en tu pensamiento psicoanalítico?
A.V.:
Lacan, porqué es aquél que leyó a Freud,
como le gustaba decir, en una época donde ya se lo leía
poco, y fue quien lo hizo leer a las generaciones siguientes. Nos enseñó
ese retorno a Freud, a quien siempre conviene volver. Fue un verdadero
reinventor del psicoanálisis, al introducir una clínica
donde los analistas se arriesgaban poco. Lo que aportó sobre lo
real y el objeto todavía no se agotó. Pero también
habrá que volver a Lacan, que puede desaparecer bajo la acumulación
de comentarios.
Winnicott es también una de mis referencias constantes,
por las mismas razones. Dolto, quien fue una de mis supervisores,
también me aporté mucho. Ferenczi y Melanie Klein
son imprescindibles, y también Abraham, etc. ¿Cómo
podríamos ignorar y no volver a aquéllos que nos transmitieron
el descubrimiento freudiano?
G.S.F.:
¿Cómo ves hoy la práctica y teoría
psicoanalítica?
A.V.:
El psicoanálisis está en un momento crucial, cosa que ya
le ocurrió. En su capacidad de poder encarar las nuevas cuestiones
que la clínica plantea hoy, reside su posibilidad de reinventarse.
También puede significar un lugar peligroso si se repliega sin
enfrentar sus propios límites. "Trabajar en las fronteras"
es el título del Congreso de Toronto; mejor no podía
expresar los desafíos actuales.
G.S.F.:
¿Crees que tomar en cuenta lo sociocultural es una resistencia
o dejarlo de lado un síntoma?
A.V.:
¡Ambas cosas! Freud subrayaba que la psicología
individual de entrada era una psicología colectiva, por el lugar
fundamental del Otro en la vida psíquica. La situación psicoanalítica
es un vínculo social, pero que se concreta en un encuentro uno
a uno. A la vez protege al psicoanálisis y lo vuelve frágil.
El problema aparece cuando el psicoanálisis se transforma en un
fenómeno sociocultural y por su difusión produce sus propias
resistencias. Sólo le queda reinventarse, lo que es la responsabilidad
de cada analista en cada tratamiento, según la posibilidad de cada
uno.
G.S.F.:
¿Cómo ves el porvenir de la teoría y práctica
psicoanalítica?
A.V.:
Frente a las múltiples psicoterapias, a las ambiciones de la psicofarmacología
con un mercado cada vez más amplio, los psicoanalistas no deben
equivocarse sobre la ética que orienta su práctica. El psicoanálisis
tiene efectos terapéuticos importantes que nos interesan, pero
no son de la misma especie que los de las psicoterapias. La apuesta del
psicoanálisis es diferente. Mantener una ética del sujeto,
por decirlo rápidamente, en un mundo que lo neutraliza (el verdadero
desafío sociocultural) es también una cuestión política,
que atañe a la "polis", tiene sus consecuencias
y es la apuesta de una verdadera política del psicoanálisis.
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