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Entrevista
a Michel Plon
por Gilda
Sabsay Foks
Gilda
Sabsay Foks realizó esta entrevista con Michel Plon,
psicoanalista francés y coautor con Elisabeth Roudinesco
del "Diccionario del Psicoanálisis". Actualmente
es Director de Investigación del Centre National de Recherche
Scientifique. Lo polémico de sus respuestas invita a disfrutar
la riqueza de la confrontación.
Gilda
Sabsay Foks:
Como coautor con Elisabeth Roudinesco del "Diccionario del Psicoanálisis",
¿cómo ves las corrientes actuales del psicoanálisis?
Michel
Plon: Antes que evocar las "corrientes" del
psicoanálisis contemporáneo, las cuales no me parecen haber
cambiado mucho en los últimos diez o veinte años en cuanto
a adelantos o relaciones (hablo de las corrientes conocidas, kleiniana,
lacaniana, etc., salvo el llamado winnicottiano que sí tuvo un
real desarrollo) preferiría intentar, por más que sea arriesgado,
evaluar la evolución del movimiento psicoanalítico internacional;
intento arriesgado porque su evolución es rápida, sacudida
anualmente por crisis, escisiones, acercamientos sospechosos y rupturas
inesperadas, sobresaltos concernientes sobre todo al movimiento lacaniano,
pero no sólo a éste.
Me parece que una manera clara de ubicarse en esta actividad múltiple
-signo de vitalidad- consistiría en distinguir dos registros, el
del trabajo teórico y clínico por un lado, y por otro el
de la acción política, referida ésta a los asuntos
internos del movimiento psicoanalítico o a sus relaciones con el
exterior, poderes públicos de los diferentes países o cuestiones
políticas mundiales.
En cuanto al primer registro, sin estar totalmente informado de las formas
de trabajo realizadas con el nombre de psicoanálisis, afirmaría
que el trabajo teórico y clínico se desarrolla intensamente
en Europa (especialmente en España, Francia e Italia) y en Sudamérica
(Argentina, Brasil) y en México, bajo la forma de asociaciones,
grupos de trabajo, seminarios, ciclos de conferencias, coloquios, publicaciones
de libros y revistas, lo que lleva a contactos o encuentros entre participantes
de orientaciones diferentes sin que se transformen en un formalismo institucional.
Afirmaría también que hay pocas profesiones (o actividad
de "oficio" para hablar como Freud) como la de psicoanalista,
cualquiera sea la orientación o corriente, donde se trabaje tanto,
fines de semana y feriados, fuera de las horas consagradas a la escucha
de los pacientes.
La apreciación del segundo registro, el que yo llamo "político"
es más compleja, porque ante todo parece alejado de la actividad
del primer registro, y más preocupado por gestos teatrales cuyo
alcance parece limitarse a una caricatura de encuentros diplomáticos
entre representantes de jefes de Estado (un ejemplo reciente podría
ser, cualquiera sean las consecuencias posteriores, creo que muy limitadas,
de la invitación realizada por el actual presidente de la IPA,
Daniel Widlöcher, a algunos representantes de instituciones lacanianas
- o supuestas tales- para exponer, a nivel de "talleres"
solamente, en el próximo congreso de la IPA en Toronto).
En Francia, específicamente, alguien como Jacques-Alain Miller
despliega desde hace algunos meses una intensa actividad en ese registro
político, tanto en los "asuntos" del medio
psicoanalítico como de los verdaderamente políticos de la
izquierda francesa y de su futuro después de lo que se llamó
el sismo del 21 de abril 2002 (las elecciones presidenciales francesas),
sino también de la política mundial (cf. los artículos
de ese autor en Le Monde del 3/12/02, en L´Humanité
Dimanche del 12-13/04/03 y su reciente libro Le Neveu de Lacan
publicado por las ediciones Verdier).
Sería de mal gusto considerar solamente en lo que se ve y lee en
este segundo registro una agitación política cargada con
reminiscencias de los años 68 o la payasada de un estudiante nostálgico
de la Escuela Normal Superior de esos años 60. Puede ser que estas
maneras de pensar de J-A-Miller y de otros autores sean portadoras
de premisas de un verdadero cuestionamiento más o menos renovador,
de las relaciones del psicoanálisis con lo que puede llamarse las
"cuestiones sociales", es decir esas cuestiones relacionadas
directa o indirectamente con la sexualidad a través de las modalidades
de reorganización de la familia. Cuestiones encaradas a menudo
por filósofos, sociólogos o juristas (cf. especialmente
los recientes libros de Marcella Iacub, Le crime était presque
sexuel y Qu´avez-vous fait de la libération sexuelle)
y que conciernen directamente a los psicoanalistas y al psicoanálisis
(cf. el último libro de Elisabeth Roudinesco, La famille
en désordre, publicado en castellano por Fondo de Cultura Económica).
De manera más global, y quizás bajo la presión de
una reorganización en curso de la política mundial desde
1989, fecha cuya importancia y consecuencias son aún imprevisibles
y hasta el presente subestimadas, es posible distinguir el esbozo de una
renovación de las relaciones teóricas entre el psicoanálisis
y la política, renovación capaz de sortear el falso camino
del "psicoanálisis aplicado" y de inscribirse
en la vía abierta por Freud (Consideraciones actuales
sobre la guerra y la muerte, 1915, ¿Porqué la guerra?
y la Correspondencia con Albert Einstein); también en la
perspectiva, aún inexplotada, abierta con el aforismo de Lacan,
"El inconsciente es la política" (Seminario inédito
La lógica del fantasma, del 10/5/67). Esta reflexión
empieza a desplegarse y toma en cuenta los aspectos contemporáneos
del pensamiento filosófico (desde Foucault a Derrida
pasando por Jacques Rancière, Jean-Luc Nancy o Nicole
Loraux y otros como Giorgio Agamben o Jean Baudrillard).
También con René Major (en su más reciente
libro La democratie en cruauté). Esta visión fue
uno de los ejes más renovadores de los Estados Generales del Psicoanálisis,
promovidos por ese mismo René Major en julio 2002 en París,
susceptibles de prolongarse en la nueva reunión que tendrá
lugar en Río de Janeiro en la próxima primavera.
G.S.F.:
Sos Director de Investigación en el C.N.R.S. y estás
vinculado con la Universidad, ¿cómo encaras el papel de
psicoanalista en la Universidad?
M.P.:
Como Director de Investigación en el C.N.R.S. no dependo
directamente de la Universidad, pues el C.N.R.S. es un organismo que depende
del Ministerio de Investigación y no del Ministerio de Educación
nacional. Concretamente quiere decir que no estoy obligado en dar cursos
o seminarios en una universidad. Lo puedo hacer, y lo hago en la Universidad
Paris VII, bajo la forma de un seminario optativo semestral en la
Maestría de Psicología. Mi punto de vista sobre la
relación entre el psicoanálisis y la Universidad, que resumiré
esquemáticamente más adelante, se relaciona más bien
con una reflexión general a partir
de observaciones y consideraciones globales, y no tanto de una inserción
que no es mía.
G.S.F.:
desde la época de Lagache en la Universidad de París,
¿cómo consideras hoy la posibilidad de la formación
del psicoanalista en la Universidad?
M.P.:
La
experiencia de Lagache ya es antigua y sus repercusiones no son
visibles en la situación contemporánea del psicoanálisis
en la Universidad. En pocas palabras, la experiencia del psicoanálisis
en la Universidad, tal como la encaró Lagache fue colocada
bajo la bandera ilusoria de una fantasmática "Unidad de
la psicología". Ese proyecto imaginaba una compatibilidad
epistemológica y por lo tanto una posible coexistencia institucional
entre la psicología llamada experimental, en esa época dominada
por el behaviorismo y el psicoanálisis. Le hubiero sido suficiente
a Lagache con leer, entre otros escritos, los artículos
de Wittels y la biografía que hizo de Freud (aunque
éste la desautorizó moderadamente) para comprender lo que
tenía de absurdo aquel proyecto. Pero Lagache no retrocedió
y perdió la batalla que terminó con la implantación
reforzada de la psicología experimental en todos los departamentos
universitarios de psicología y con la creación, solución
de un ejército en retirada, de una disciplina bastarda, de status
incierto, bautizada "psicología clínica",
que hoy prácticamente ha desaparecido. Para más detalles,
puede consultarse el artículo de Alejandro Dagfal publicado
en el n°9 de la revista Essaim con el título de "La
psychanalyse à l´intérieur de la psychologie: les
avatars du projet de Daniel Lagache". Este artículo es
uno de los capítulos de la tesis que ese autor está por
presentar.
G.S.F.:
¿Qué opinas de la investigación conceptual
en psicoanálisis? ¿Enriquece científicamente?
M.P.:
No
estoy seguro de entender bien lo que significa "utilidad científica",
puesto que esta denominación presupone que el status del psicoanálisis
ya esté aclarado como ciencia o no. No entraré por el momento
en este debate, sólo repetiré la posición de Lacan,
o sea que el psicoanálisis no es una ciencia en el sentido corriente,
pero que nació a partir del desarrollo de la ciencia moderna cuyos
fundamentos ponían como agregados de sus desarrollos la cuestión
del sujeto de la ciencia. Tomando en cuenta esto, no creo que el psicoanálisis
de hoy como el de ayer o de mañana pueda dispensarse de la investigación
que llamas "conceptual" y que yo llamaría "teórica",
fundando esto en la especificidad de la manera de pensar psicoanalítica,
de una clínica y práctica, sin cuyos registros el psicoanálisis
puede transformarse en un discurso o disciplina académicos, institucionales...
y para decirlo de una vez "universitario" en la misma
categoría que la filosofía, historia, antropología
o sociología.
G.S.F.:
Hay en nuestro medio una proliferación de maestrías
en psicoanálisis. Creemos que el interés se debe en gran
parte a la búsqueda de una inserción laboral, pero ninguna
de ellas exige un análisis personal. Me gustaría saber
tu opínión.
M.P.:
La cuestión es tan grave como compleja y no pretendo agotarla en
algunos renglones. Sin embargo, se puede abordarla, me parece, por sus
dos vertientes, la del status epistemológico del psicoanálisis,
su especificidad ya evocada, y por otro lado la relación del psicoanálisis
con los poderes públicos en los países donde está
ya implantado, lo cual significa la cuestión de la formación,
transmisión, garantía de idoneidad y "salida laboral".
En la vertiente epistemológica me parece que los títulos
y diplomas, cualesquiera sean, suponen la adquisición y el dominio
de un pleno saber, que no es pertinente con respecto al futuro analista.
El futuro del analista y la formación del analista, no confundir
con una supuesta formación analítica que funcione sobre
el modelo de una formación profesional (cf. el libro de Annie
Tardits, Les formations du psychanalyste, cf. y números de
las revistas Che vuoi? y Essaim) suponen cumplir con un
recorrido analítico personal (un, dos, hasta tres análisis),
Freud recomendaba que el analista volviera al análisis cada
cinco años, realizar controles (o supervisiones), participación
en seminarios, grupos de trabajo, etc.
Todos estos procesos pueden dar lugar a validaciones. Lo importante es
saber si estas validaciones tienen un fundamento psicoanalítico
o si son sólo procesos institucionales. Este recorrido, que no
puede sancionarse con diplomas cualesquiera sean, puede desembocar en
eventuales designaciones (cuestión más teórica que
institucional). Lacan ya designaba a ese recorrido como psicoanálisis
en intensión (sic), basado en última instancia en el deseo-de-analista,
concepto que no debe confundirse con el deseo que puede tener una persona
de "llegar a ser analista".
Queda la segunda vertiente, la de las relaciones con los poderes públicos,
del reconocimiento del status, de la garantía de idoneidad y de
las salidas laborales. La cuestión llega a ser crucial en muchos
países (Alemania e Italia en particular) por la imposibilidad para
los psicoanalistas de ejercer el psicoanálisis sin tener el status
y los diplomas correspondientes de psicoterapeuta. Esta situación
en Alemania e Italia no es casual, sino el resultado de una relación
de fuerza entre psicólogos, psicoterapeutas por un lado, y por
otro los psicoanalistas. Esta relación de fuerza resulta desfavorable
para los psicoanalistas en estos países por razones históricas
(en el caso de Alemania) e ideológicas en Italia (por la omnipresencia
de la Iglesia Católica). Resulta importante, por lo tanto, que
en países como Argentina y Brasil en Sudamérica, España
y Francia en Europa, países donde el psicoanálisis sigue
siendo fuerte, cualesquiera sean los avatares sufridos, los psicoanalistas
reflexionen sobre su situación política, es decir en relación
con el Estado, cualquiera sea su forma, con tal que presente garantías
mínimas de democracia, y se diferencien de cualquier forma de psicoterapia
y de todas las asociaciones de psicoterapeutas, a menos que los psicoanalistas
acepten perder su identidad y su especificidad.
El problema de las salidas laborales sólo se planteó a partir
del momento en que los poderes políticos y económicos de
los países llamados industrializados comprendieron la utilidad
de las técnicas derivadas de la psicología (cualquiera sea
su orientación) para mejorar la "productividad"
(cf. el libro de Christophe Dejours, Souffrance en France. La banalisation
de l´injustice sociale) y asegurar la seguridad interior de
los Estados. Con esa perspectiva se desarrollaron los estudios de psicología
desde los años 70 con vista a formar masas de psicólogos
llamados "clínicos", mejor con un barniz psicoanalítico,
como las opciones de lujo de algunos coches. Allí reside para mí
la cuestión de la presencia de los psicoanalistas en la Universidad.
G.S.F.:
En nuestro medio observamos que a partir de la dictadura militar de
1976-1983 muchos
analistas se alejaron de la Universidad. Con la vuelta de la democracia
se insertaron en ella psicoanalistas de ideología fundamentalista,
lo que lleva a que muchos psicólogos jóvenes salen con
una ideología psicoanalítica premoldeada. Hace un tiempo
se está intentando un nuevo contacto universitario. La pregunta
es: los psicoanalistas insertados en la Universidad deberían
ser de amplio espectro?
M.P.:
Creo
haber respondido sucintamente a esta última pregunta con algunos
elementos aportados en la respuesta anterior. Puedo agregar algunas palabras
complementarias, aunque no sean exhaustivas.
No creo en la utilidad, para el porvenir del psicoanálisis, de
su inserción en las estructuras universitarias, cualquiera sea
su forma. Toda institución produce distorsiones y lleva a concesiones
más allá de cualquier esfuerzo de vigilancia y buena voluntad:
la institución reclama, exige y crea las condiciones de un saber
pleno y de una transmisión regulada y controlada por una jerarquía
basada en grados. El saber psicoanalítico es un saber agujereado,
un saber hecho no tanto por comprensión sino por escucha, primera
condición para el reconocimiento de las manifestaciones del inconsciente;
escucha y reconocimiento que suponen cierta relación con el tiempo
(cf. la polémica entre Freud y Rank sobre este punto
y la teorización de Lacan sobre un tiempo ternario) y una
relación con la palabra, palabra sexuada, palabra con apariencia
vacía de significados, y que resulta elementos subversivos para
cualquier institución.
París,
abril 2003
Michel
Plon
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