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Entrevista
a Saúl
Peña K.
por Gilda
Sabsay Foks
Gilda
Sabsay Foks:
Trabajaste
mucho el tema de la identidad latinoamericana. ¿Qué cambios
crees que puede estar sufriendo y sus repercusiones en el proceso psicoanalítico?
Saúl Peña K.: La
identidad se forja desde las experiencias primigenias hasta las más
cercanas, incluso las presentes, las de nuestro hoy en día, vinculadas
a la historia y la cultura en el tiempo y en el espacio interno y externo.
En la identidad sobresale el reconocimiento indispensable del yo y del
tú, es decir, de uno mismo, del otro (la otredad) y del nosotros.
Relaciones significativas, de vida y muerte, de amor y de odio, así
como una distintividad, representantes genuinas de nuestra integridad
y nuestra manera de ver el mundo. No sólo tiene que ver con experiencias
saludables y creativas, sino con experiencias dolorosas, penosas y traumáticas;
conflictos y problematizaciones que crean nuevos espacios de comunicación
o, por el contrario, de amenaza a la comunicación.
Un nosotros
define una identidad compartida, consciente e inconsciente, que abarca
lo profundo, lo interno, lo libre, lo elegido, cuyo contenido va desde
la pasión a la indiferencia, desde la creatividad a la destructividad,
del estar juntos y separados; una identidad que engendra otro distinto,
cercano o distante, conocido o extraño, donde se ponen en juego
la mismidad y la alteridad.
Las rivalidades
y los conflictos han existido desde siempre y en todas partes. Son una
constante de la convivencia. Estos, generalmente muestran la incapacidad
del individuo o de un grupo social de constituirse como sí mismo
sin excluir al otro y la incapacidad de incluir al otro sin desvalorizarlo
y finalmente odiarlo. Al degradarse el debate y la controversia el prójimo
se convierte en enemigo irreconciliable.
Sobre la
base de nuestra experiencia, existencia, intimidad y distintividad tenemos
una reflexión filosófica latinoamericana sin temer ni cerrarnos
a otras. La universalidad esencial es aquella que admite en su seno las
diferencias y donde los principios tienden hacia una humanización
y a un destino libre, garantizando los derechos individuales y colectivos,
oponiéndose a la opresión.
En la soledad
y comunión están la universalidad y latinoamericanidad.
Toda tentativa por resolver los conflictos de la realidad latinoamericana
debe poseer validez universal o estará condenada a la infertilidad.
Eduardo Galeano
nos dice que las matanzas, como hechos históricos que se repiten
compulsivamente con la mayor impunidad, son elementos de una dialéctica
siniestra que se patentiza en el terror que tantas veces se ejerce desde
las esferas del poder.
Octavio Paz
señala que frente a nuestra complejidad debemos ser conscientes
del peligro del reduccionismo. No podemos caer en estrechamientos de la
razón en contra de la inteligencia que hace del pensamiento crítico
su actividad vital y señala que el camino para salir del atraso
es la educación, pero no la seudo educación cerrada al mundo,
retrógrada. La educación es abierta, heterodoxa, rompe la
cárcel para respirar el aire libre del espíritu. La enajenación
es no ser nosotros mismos.
La pobreza
anímica, afectiva y cultural es mucho más miserable que
la material. Y este es otro fin entroncado con la educación para
superar la pobreza que no sólo es limitante sino que puede conducir
a la degeneración, perversión, corrupción, pero felizmente,
también a la superación, liberación, desprendimiento,
sobre la base de un esfuerzo responsable y genuino.
Los cambios
que está sufriendo la identidad latinoamericana es que está
expuesta a dos perspectivas:
Una,
identificación con el agresor en desmedro económico,
nutritivo, educativo, ético, que hiere nuestra psiquis, mente
y espíritu produciendo, a través de una pobreza integral,
el resquebrajamiento de principios, valores y la calidad de vida.
En la actualidad se percibe mucho más nítidamente la
inmediatez, la superficialidad, la artificialidad, el narcisismo exacerbado,
lo utilitario, la sobrevaloración de lo económico, lo
despreciativo, la insensibilidad, el congelamiento, la incomunicación,
la poca conciencia de sí mismo y del otro, la mediocridad,
la deshumanización y la destructividad, entre otros y sus repercusiones
en el proceso analítico generan menor interés por éste
por el tiempo que toma, favoreciendo su discontinuidad y la búsqueda
de terapias de menor duración, de logros más inmediatos
y de menor costo, tendientes a un cambio de objetivos en que lo primordial
es que los fines justifican los medios, que la materialidad se impone
sobre el espíritu y la mentira sobre la verdad.
La
segunda perspectiva es la búsqueda de todo lo opuesto: un incremento
real de la estima personal, de la madurez y otredad como persona humana.
G.S.F.:
Hoy
nuestro trabajo clínico se ve afectado por los movimientos sociales
y políticos, violentos o no. ¿Cómo se da esto en
Perú?
S.P.K.:
El
terror generado por los movimientos subversivos, y los gobiernos desde
1985 al 90 y más aún, el del 90 al 2000, dictatorial, tiránico,
corrupto y seudo democrático, rompió la continuidad de nuestros
destinos y nos obligó a cargar con heridas irreparables, fragmentando
la memoria colectiva. El origen traumático y violento de esta fragmentación
sería la razón de su persistencia; es decir, que aunque
cese la causa no cesan los efectos. Mientras no haya un soporte psíquico
individual y colectivo que permita a los miembros de una sociedad encarar
singular y conjuntamente la violencia, el horror y la corrupción,
estos continuarán circulando ciega y empecinadamente en una compulsión
repetitiva. El trabajo y el informe de la Comisión de la Verdad
fue el inicio y la apertura para los familiares de las víctimas
de esta guerra y para todos los peruanos sensibles, comprometidos, conscientes
y responsables de su peruanidad, de la posibilidad de ser escuchados,
no solamente oídos, con una finalidad auténticamente restitutiva
y reparativa que esperemos que gradualmente se vaya dando, a pesar de
la persistencia y amenaza de los contrarios.
G.S.F.:
¿Qué
pensás de la transmisión y enseñanza del psicoanálisis?
S.P.K.:
Pienso
que la transmisión y enseñanza del psicoanálisis
está sustentada en el análisis personal como medio indispensable
y valioso de un conocimiento real de sí mismo y de los otros, no
sólo didáctico sino terapéutico en su esencia, base
fundamental del conocimiento psicoanalítico dirigido a la búsqueda
crítica y autocrítica de la verdad, de la autenticidad,
del hacer consciente lo inconsciente y del logro del crecimiento hacia
la madurez, autonomía, libertad, responsabilidad, independencia,
diferenciación, individuación, separación, capacidad
de estar solo, de disfrutar, gozar y alcanzar una felicidad real, así
como estar preparado saludablemente para el inevitable sufrimiento, con
capacidad de amar y comprometerse consigo mismo, con los otros y con el
mundo en que vivimos, es decir, logrando ser más persona.
Las supervisiones
didácticas cumplen una función importantísima e indiscutible
de un diálogo y mutualidad creativa del conocimiento analítico,
como uno de los medios educativos sobresalientes.
Los seminarios
teóricos, técnicos y clínicos, así como la
investigación, son tremendamente importantes para conocer y difundir
la historia, las ideas del psicoanálisis, desde su originador Sigmund
Freud y todas las contribuciones significativas de otros psicoanalistas
hasta la actualidad, reconociendo la importancia del conocimiento analítico
a través del vínculo con el paciente y de lo que aprendemos
de él. Personalmente, soy partidario, sin que amenace en absoluto
al psicoanálisis, del trabajo interdisciplinario que lo va a enriquecer
y que al mismo tiempo va a permitir la contribución analítica
a todas las ciencias humanas existentes, en pro de la cultura, de la ideología,
de la filosofía, de la ética y del ser del hombre.
G.S.F.:
¿Crees
posible y deseable escuelas psicoanalíticas pluralistas?
S.P.K.:
Indudablemente
estoy a favor de la ciencia psicoanalítica pluralista porque ella,
desde Freud, es una de las expresiones más genuinas y reales de
la libertad en el conocimiento inconcluible del ser humano. A mi entender
el psicoanálisis es una de las disciplinas ciencia y arte-
que más ha contribuido a este conocimiento. Particularmente, en
mi identidad, yo me siento un psicoanalista freudiano, dialéctico,
existencial, heterodoxo, antidogmático, independiente y humanista.
G.S.F.:
Todos
hablamos de crisis del psicoanálisis. ¿Cuál es
tu punto de vista?
S.P.K.:
El
psicoanálisis ha estado siempre en crisis, como la vida. Pero,
estoy seguro de su inmortalidad. En estos momentos está enfrentando
no la crisis del psicoanálisis o de sus miembros que, con diferencias
cualitativas, personales e idiosincrásicas, como dije siempre ha
existido; en estos momentos enfrenta la crisis de la pérdida de
valores del mundo y del predominio de la materialidad deshumanizante.
G.S.F.:
¿Adónde
va el Perú psicoanalítico?
S.P.K.:
Aquí
tengo que ser consciente de diferenciar mis deseos de la realidad. Los
primeros serían en pro de su desarrollo creativo y su inserción
activa en la sociedad peruana, latinoamericana y mundial. Hemos logrado
el reconocimiento, el prestigio, el respeto y la valoración de
nuestro conocimiento, dado que permanentemente se nos invita, en múltiples
instancias: culturales, intelectuales, interdisciplinarias: políticas,
filosóficas, ideológicas, éticas, históricas,
diplomáticas, educativas, de salud mental, periodísticas,
y de divulgación, fundamentalmente a medios menos favorecidos,
entre otras. Espero que el futuro sea promisorio en su realidad tangible
y que continúe y supere lo logrado.
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