Esta presentación, como el título lo adelanta, se propone
producir un relato testimonial de lo vivido por el autor y otros miembros
de una generación de jóvenes médicos, que fascinados
con su primer contacto con el psicoanálisis, decidieron que valía
la pena dedicarle todos sus esfuerzos a la nueva disciplina. Contiene
también reflexiones en torno a la sociedad argentina de los 40as
y 50as. que permitió la extraordinaria penetración experimentada
por esa disciplina en Buenos Aires.
Se expone
el acercamiento de estas personas a dicha ciencia, lo que esta significó
en sus vidas; y algunos de los acontecimientos a los que el autor asistió,
miembro de una institución psicoanalítica en particular
(A.P.A.- I.P.A.).
El
Psicoanálisis y la Sociedad Argentina (comienzo de los años
40s).
Buenos
Aires, por la época en la que comienza esta historia (fines de
los años treinta) era una ciudad muy sofisticada culturalmente;
tanto como para albergar en su seno una idea tan revolucionaria y novedosa
como era el psicoanálisis por entonces y como para que este lograra
una difusión sorprendente.
El psicoanálisis
florece en Buenos Aires en cierta franja del espectro social; contaba
la ciudad por esa época con una extensa clase media de ideas
liberales, ávida de cambios; integrada mayormente por inmigrantes
europeos e hijos de inmigrantes, con poco arraigo en la nueva tierra
y enfrentada política e ideológicamente con los valores
conservadores y ultracatólicos de las clases tradicionales de
la sociedad argentina, clases enquistadas en todas las zonas de poder
académico y universitario.
Dentro
de los sectores conservadores militaban también grupos totalitarios
nazi-fascistas, pertenecientes especialmente a la oficialidad del ejército.
Grupos que en 1930 protagonizaron el primer golpe militar del siglo
en la Argentina. Naturalmente, a estos grupos los sentimientos antisemitas
no les eran ajenos.
El antisemitismo, en la Argentina, nunca pasó a mayores, se expresaba
meramente a través de actitudes discriminatorias, que en el ámbito
universitario y médico consistían en dificultades para
los profesionales judíos de acceder a la titularidad de cátedras
universitarias (las universidades eran estatales exclusivamente) o jefaturas
de servicios médicos en hospitales oficiales. Esto pudo haber
impulsado a algunos jóvenes médicos de esa ascendencia
a dedicarse a una especialización no oficializada como el psicoanálisis,
en la que no dependían del favor oficial para hacer carrera.
La aparición
de los primeros analistas en B.A. generó enorme demanda de tratamientos,
muchos pedidos de formación analítica e impregnó
parte de la cultura porteña; fue entrando en la sociedad llevado
de la mano por éxitos terapéuticos, por una buena difusión,
por la eficacia teórica para explicar ciertos hechos y por qué
no decirlo, por la moda.
Era el auge mundial del psicoanálisis, el cine y la literatura
estaban plagados de psicoanálisis; y esto naturalmente también
influyó. Los psicoanalistas comenzaron a tener prestigio intelectual
(en algunos círculos, naturalmente). Eran reporteados cada vez
con más frecuencia por revistas, invitados a programas televisivos
donde se les consultaba sobre temas psiquiátricos, sociales o
de interés general. No solo eran vistos como "expertos en
salud mental" sino como opinión responsable y válida
en las "cosas de la vida",....tenían cierto halo de
voces oraculares.
También
era habitual que se organizaran reuniones a las que se los invitaba
a comentar producciones artísticas y literarias, por ej. se proyectaban
filmes de actualidad, o se representaban obras de teatro y luego el
analista invitado hacía una especie de ejercicio de análisis
aplicado; especialmente los filmes del director sueco Ingmar Bergman
que por entonces fascinaba e intrigaba al público culto de Buenos
Aires. fueron blanco de interpretaciones psicoanalíticas.
Charlas
de divulgación acerca de la naturaleza del psicoanálisis
eran muy frecuentes. El psicoanálisis tenía éxito
de taquilla!!!.
El interés
y la curiosidad despertados eran tales que hasta había programas
de T.V. sobre psicoanálisis; recuerdo especialmente uno: "Claudia
(nombre de la revista femenina auspiciante) mira la vida;" programa
que consistía en la puesta en escena (por excelentes actores)
de personajes conflictuados o de situaciones familiares difíciles;
luego, un psicoanalista ensayaba una comprensión de lo allí
representado. Esto sucedía hacia fines de los 50s.
Hubo en
especial una actividad de difusión que tuvo mucha trascendencia,
en 1956 Arnaldo Rascovsky y Angel Garma comenzaron a dictar
un curso "de Difusión del Psicoanálisis en la
Universidad", que se repitió durante varios años;
el auditorio en el que se dictaba estaba siempre lleno, era la primera
vez que el psicoanálisis entraba en la Universidad. Muchos de
los estudiantes asistentes, al concluir sus estudios médicos
solicitaron formación psicoanalítica.
La sociedad
argentina había vivido siempre muy pendiente de lo que sucedía
en el viejo continente, ávida de novedades, deseosa de recuperar
el tiempo perdido por el aislamiento que produjo la guerra; además,
decepcionada con el estancamiento y retroceso que imperaban en el país
bajo los regímenes autoritarios y obscurantistas que padecía
la Argentina (primero fue el primer peronismo que sí bien tuvo
el mérito de despertar una cierta conciencia social en las clases
más postergadas; en lo político ejerció una forma
mitigada de fascismo, un autoritarismo como los que ya había
colapsado en Europa; luego dictaduras militares que emprendieron la
brutal represión del terrorismo de izquierda). Era muy difícil
reconciliarse con el país, mucha gente emigró, no solo
refugiados políticos; otra gente se quedó y refugió...en
el psicoanálisis!!!! O en otras cosas creativas...
Para un
cierto grupo social el psicoanálisis no fue sólo una psicoterapia,
se transformó en una ideología, una pertenencia a un grupo
libertario que permitía la ilusión de un futuro mejor,
nuevos valores que restituyanl sentido a la vida.
Cuando
la gente de la generación a la que pertenezco, jóvenes
estudiantes de medicina, tomó contacto por primera vez con las
ideas de Freud se fascinó, encontramos algo que podría
transformar no solo nuestro destino personal sino el de la humanidad
toda; se podría cambiar el mundo. Los misterios de los procesos
mentales inconscientes: las conductas irracionales de la humanidad (guerras,
violencia) tornabansé comprensibles y modificablesr. Teníamos
necesidad de creer en algo, anhelo comprensible luego de la guerra mundial
y del mayor brote psicótico colectivo de la humanidad: el nazismo.
El psicoanálisis
se había convertido, paras nosotros, en una ideología.
La enorme
difusión del psicoanálisis en occidente en la posguerra
tiene que ver en parte con el horror que produjo la experiencia irracional
del nazismo, lo que es válido no solo para la Argentina; allí,
además aún se vivía en dictadura y como toda dictadura,
empobrecía el ambiente intelectual y académico y el psicoanálisis
constituyó un oasis donde se podía pensar en libertad
y además era un lugar que mantenían un alto nivel intelectual.
El psicoanálisis
también sirvió (no solo en Argentina), de argumento teórico
para facilitar un cambio en las costumbres, sobre todo en las sexuales,
a un cierto grupo social que deseaba virar desde una respetabilidad
victoriana a formas de vida menos inhibidas... y esto, también
facilitó su difusión.
La
fundación de la Asociación Psicoanalítica Argentina
(A.P.A.)
La "
historia oficial" de la A.P.A. afirma que el inicio del psicoanálisis
en la Argentina tiene un momento puntual: el día de la llegada
a Buenos Aires de Angel Garma en 1938; primer analista que habiendo
completado su formación en un instituto oficial de la Asociación
Psicoanalítica Internacional (I.P.A.) decide radicarse en B.A.
Garma,
vasco español, médico de profesión, efectuó
su entrenamiento en el Instituto de Berlín, egresó en
1931.
Las dificultades
para el ejercicio del psicoanálisis en la España de los
30 y la inminencia de la guerra civil, hacen que Garma se traslade
a París, donde completa su formación. Allí conoce
a Celes Cárcamo, médico argentino que se estaba
formando en la Sociedad Psicoanalítica de París;
de este encuentro surge la posibilidad de iniciar juntos el desarrollo
del psicoanálisis en B.A. La proximidad de la segunda guerra
mundial deciden a Garma a emigrar nuevamente.
El clima
cultural en B.A. era mucho más receptivo, existían grupos
de mentalidad abierta a las novedades; la tradición religiosa
pesaba menos que en España. Garma y Cárcamo
(cuando se incorporó a su regreso) fueron bien recibidos en esos
grupos, no así en los ambientes médicos. En B.A se había
oído hablar de Freud. Algunas personas lo estudiado, entre
ellos Arnaldo Rascovsky y Enrique Pichon Rivière,
neuroendocrinólogo infantil el primer psiquiatra el segundo.
Al llegar Garma a B.A. se le unen Rascovsky y P. Rivière,
Cárcamo regresa y se integra al grupo. Más adelante
se agrega Marie Langer, médica austríaca formada
en Viena. Estos constituyen el grupo fundador de A.P.A., fundación
que tiene lugar en 1942.Fue un grupo imbuido de cierta mística,
muy convencido del valor y de la verdad de las ideas psicoanalíticas.
Los
comienzos.
Durante
los años de la guerra el grupo inicial se mantuvo en contacto
epistolar con Ernest Jones, presidente de I.P.A de quien obtuvo
un reconocimiento provisorio, la afiliación definitiva y formal
de A.P.A. a I.P.A tuvo lugar en el primer congreso psicoanalítico
internacional de posguerra, en Zurich en 1949.
La publicación
de la Revista de Psicoanálisis, aparecida en 1943 ha sido editada
hasta la actualidad sin interrupción.
Las expresiones contrarias al psicoanálisis existieron en B.A.
como en otros lugares; y como no puede ser de otra manera cuando una
idea novedosa irrumpe en un cuerpo social, alterando maneras habituales
de pensar.
Los conflictos
de intereses con el establishment médico (psiquiátrico),
no estuvieron ausentes, las luchas por el poder y por el predominio.
Los psiquiatras; sintiendo su territorio en peligro de ser invadido
por los recién llegados, ensayaron distintas maniobras defensivas.
La Asociación Psicoanalítica presentaba un flanco especialmente
débil: estaba formando no médicos; y esto desde el punto
de vista legal era ejercicio ilegal de la medicina; por ahí comenzó
a ser atacada.
Un episodio,
notorio en su momento, en cierto sentido "pintoresco", ilustra
las reacciones del establishment médico hacia el psicoanálisis;
a Horacio Echegoyen no se le permitió acceder a la cátedra
de psiquiatría de la Universidad de Mendoza, por ser psicoanalista,
se le cuestionó un trabajo clínico que presentara y en
el que como en todo trabajo psicoanalítico se hablaba de las
fantasías sexuales inconscientes del paciente; el trabajo fue
objetado por "obsceno e inmoral y anticientífico".
Esto sucedía en 1963 aproximadamente.
Ante la
amenaza de cuestionamiento a la práctica psicoanalítica,
tildándola de charlatanismo, se sumaba, por la condición
de no médicos de algunos de sus integrantes (que eran minoría)
la posible imputación de curanderismo y ejercicio ilegal de la
medicina.
Presiones,
decretos, disposiciones reglamentarias impuestas por el Ministerio de
Salud Pública, protestas y críticas abiertas o encubiertas
de las asociaciones médicas y psiquiátricas, por el ejercicio
de una práctica, el psicoanálisis, que consideraban debía
ser ejercida sólo por médicos, llevaron a que la A.P.A.
se impusiera una pausa de prudente espera al ingreso de los no-médicos,
sin recurrir a rectificaciones retroactivas.
En las
postrimerías del régimen peronista, Salud Pública
presionó a la A.P.A. y amenazó a los analistas no médicos
con juicios por ejercicio ilegal y a la A.P.A. por complicidad. Este
hecho se conoce en A.P.A. como decreto Carrillo (nombre del ministro).
APA cambió los estatutos en lo que tenía que ver con las
condiciones de admisión y se decidió exigir el título
de médico. Los miembros legos que ya habían entrado seguirían
perteneciendo a la institución.
Primó la posición oficial, el psicoanálisis era
una terapia médica, tratamiento específico para ciertos
trastornos mentales; debía estar en manos de los médicos.
Era conceder
la gran mentira: de que el psicoanálisis es una terapia médica.
Podemos entender esta concesión a las exigencias de las autoridades
como la expresión de un instinto de autoconservación para
poder sobrevivir, pero podemos pensar que además se claudicó
en la defensa de las convicciones, estamos tentados de ver en esta actitud
de claudicación una especie de complicidad inconsciente por parte
de los médicos de APA para conseguir que el psicoanálisis
sea aceptado y así obtener status y respetabilidad, emerger de
una situación de marginalidad; salir del leprosario en el que
nos sentíamos confinados por ocuparnos de las cuestiones concernientes
al sexo y al inconsciente y convertirnos en "profesionales médicos
especializados en psicoanálisis,"
Algunos no médicos, en formación psicoanalítica
comenzaron a estudiar medicina. Terminaron pocos. Otros, continuaron
su formación psicoanalítica en forma "silvestre",
es decir fuera de APA, alcanzado muchos de ellos alto nivel de formación
profesional; a pesar de lo cual tuvieron que soportar el doble estigma
de "profanos" (es decir no-médicos) y "silvestres"
(es decir formados fuera de las instituciones oficializadas por IPA).
La imagen
del psicoanálisis, en la opinión "respetable"
(en especial luego de la "expulsión" a la formación
de los no-médicos) era cada vez más la de una especialidad
médica y la APA aparecía como una asociación profesional
a la manera del Colegio de cirujanos o de cardiólogos. Se convertía
en una práctica aceptable todo médico joven con talento
y ambición podía ver en esta especialización una
opción válida para hacer carrera.
La imposición
de la veda no dejó a los no-médicos fuera de carrera,
simplemente estableció clases sociales, en la práctica
profesional, los no médicos y los que no pertenecían a
APA, cobraban honorarios sensiblemente menores; estableció y
una cierta lucha de sexos ya que la gran mayoría de los aspirantes
a psicoanalistas no-médicos eran mujeres. Esta categoría
negativa, los no-médicos , luego se convirtió en el grupo
de los licenciadas en psicología, pues por esta época
tuvo lugar la creación de la de la carrera de psicología
en la Universidad de B.A. en 1954-55. Las carreras de psicología
nacieron para legitimar a los no médicos que aspiraban a estudiar
y practicar el psicoanálisis. Mucho después de la creación
de las carreras de psicología se permitió oficialmente
a los psicólogos el ejercicio del psicoanálisis y la psicoterapia
aún cuando existía el grado universitario de Licenciado
en Psicología. La vuelta de los no médicos, o más
bien de los psicólogos que fueron los únicos que volvieron
a los seminarios de APA tuvo el carácter de una reconquista y
reivindicación.
Volvamos
a la historia de APA.
APA, única
institución psicoanalítica por aquella época en
B.A., gozaba de enorme prestigio, pertenecer a ella era el sueño
dorado de muchos jóvenes médicos; las entrevistas para
ser admitido en formación eran rigurosas y difíciles;
cuando un candidato lograba pasarlas sentía que tocaba el cielo
con las manos; sus pedidos de consultas y sus honorarios aumentaban
considerablemente. Esta bonanza se extendió desde los años
60s hasta mediados de los 80s, desde entonces, la crisis mundial del
psicoanálisis también se manifiesta en B.A.
Desde los
orígenes, en APA se estuvo muy al tanto de las corrientes teóricas
que circulaban por Europa y EE. UU. En los primeros años (comienzo
delos 50) se hizo sentir fuertemente, la influencia de las ideas de
Melanie Klein.
Fue en
especial A.Aberastury quien se acercó a estudiar esta autora,
interesada como estaba en el análisis de niños. Londres
(asiento del grupo kleiniano) se había convertida en un sitio
de peregrinación para los analistas argentinos.
También influyeron en A.P.A. otros autores, Winnicott, Fairbairn,
Anna Freud; y norteamericanos de la corriente teórica conocida
como Psicología del Yo.
Luego APA
cruzó el Canal de la Mancha, autores franceses comenzaron a ser
invitados y a ponerse de moda, a comienzos de los 70s. El primer invitado
fue Leclaire que expuso por primera vez en APA el pensamiento
de Lacan.
El grupo
kleiniano ejerció una cierta hegemonía teórica
y política.
Las diferencias
teóricas entre kleinianos y no kleinianos permitieron que las
naturales rivalidades presentes en todo grupo humano se pongan de manifiesto,
también las luchas por el poder y por el predominio institucional
y los conflictos generacionales (los kleinianos pertenecían mayormente
a la segunda generación de analistas).
Los padres fundadores permanecieron apegados a la tradición freudiana;
el deseo de marcar diferencias contribuyó a que los mas jóvenes,
adopten una concepción distinta, (no fue la única razón
por la que adoptaron a MK), el kleinianismo fue creciendo y tomando
la forma de una ortodoxia teórica y técnica; puso énfasis
en la importancia de guardar muy cuidadosamente la regla de la abstinencia,
en especial luego de una visita a B.A. de D. Meltzer, quien sostenía
la inconveniencia aún de estrechar la mano del paciente. Tiempo
después reconoció que exageró.
Las diferencias
entre los analistas se fueron ahondando, y hubo momentos tensos; surgió
la idea de realizar un simposio interno sobre "Las Relaciones Entre
Analistas" (1959)., trajo un cierto por un tiempo.
Las diferencias
reaparecieron, ya no solo eran teóricas, APA se polarizó
en torno a dos maneras distintas de concebir la institución;
culminó en la escisión de la institución.
Últimos
tiempos en La Argentina.
Sabemos lo difícil que fue La Argentina en los últimos
60 años; país inestable, revuelto; donde fue difícil
vivir y muy difícil practicar el psicoanálisis.
Repasemos:
Perón cayó en 1955; a esto le siguió un
período de inestabilidad institucional; el peronismo que era
mayoría fue proscrito; los gobiernos electos, minoritarios, resultaban
débiles; las crisis económicas generadas por la debilidad
de los gobiernes se sucedían produciendo agitación y desorden
y eran los militares que tomaban el poder para poner "orden".
Luego en los 60s. al desorden imperante se le agregó la aparición
de los grupos armados peronistas y de izquierda lo que aceleraba la
vuelta de los militares al poder con la cómoda excusa de que
los gobiernos civiles y el estado de derecho eran débiles para
enfrentar la subversión; los militares veían subversión
por todas partes y algunos hasta llegaron a mirar a la obra de Freud
con desconfianza y a considerar que facilitaba "la penetración
comunista". Los jóvenes psicólogos se habían
convertido en sospechosos; la represión se tornaba cada vez más
arbitraria y menos respetuosas de las formas legales y de los derechos
humanos.
Frente a esta situación los psicoanalistas y la APA pasaron por
diferentes momentos difíciles.
Durante
el peronismo (antes del 55), la cosa era relativamente simple no se
debía manifestar abierta oposición al régimen,
no hablar mal del líder, "el general ", ni de su "dignísima
esposa" . Satisfechos esos requisitos, no pasaba nada. Se dice
que por esa época solía aparecer en alguna reunión
científica de APA algún personaje extraño al que
nadie conocía (dado que el país vivía casi permanentemente
en estado de sitio, era necesaria la autorización policial para
hacer reuniones); se sospechaba, que dicho personaje pertenecía
a de la policía política y que asistía en condición
de espía, pero como en las reuniones de APA no se hablaba de
Perón sino de Edipo, no hubo problemas.
Bajo las
dictaduras militares la cosa fue mucho más difícil y complicada.
La APA
intentaba ser políticamente prescindente; pero es muy difícil
mantenerse prescindente frente a groseras violaciones de los derechos
humanos. Intervenir, era muy peligroso, se había implantado el
terror, reinaba el miedo.
Algún
colega desapareció, algún otro fue torturado y obligado
a abandonar el país, alguno detenido en virtud de estado de sitio
y mantenido en prisión sin juicio ni condena por largos períodos,
hijos adolescentes de colegas (15 o 16 años) desaparecieron.
La A.P.A.decidió
mantener perfil bajo.
La subversión,
fue desapareciendo lentamente, con lo que el régimen militar
perdía justificación; la resistencia al autoritarismo,
a la corrupción, la ilegalidad, crecía; el gobierno militar
muy acorralado cayó en 1982: VUELTA A LA DEMOCRACIA, final feliz.
La escisión
de APA.
Hacia principios de los 70s surge en APA una corriente de opinión,
representado por dos grupos; primero surgió el denominado Plataforma
y luego el que tomó el nombre de Documento (por haber
hecho circular entre los miembros de la institución un "documento"
en que daba a conocer su posición).
Estaban
constituidos mayormente por candidatos y jóvenes miembros adherentes
aunque participaron también algunos didácticas.
Eran grupos
fuertemente politizados, especialmente Plataforma, en menor medida
Documento, ambos coincidían en criticar fuertemente a
la organización de APA y a su forma de funcionamiento. La consideraban
obsoleta, poco democrática, sostenían que la estructura
de APA estaba edificada, más para defender los intereses de clase
y el estatus económico de los analistas que para promover el
desarrollo del psicoanálisis y sus propuestas renovadoras.
Es posible
que también estuvieran inspirados en los movimientos estudiantiles
libertarios de París del 68. Plataforma, a su vez pertenecía
a un grupo internacional de candidatos de institutos psicoanalíticos.
Las discusiones
en APA alcanzaban mucha tensión.
Finalmente
la mayoría de los integrantes de ambos grupos (Plataforma
y Documento) renunciaron colectivamente a la institución
en un gesto espectacular en 1971, gesto que ubicaba a los miembros no
renunciantes como reaccionarios y mas interesados en la defensa de intereses
mezquinos que en valores fundamentales.
Ninguno
de los renunciantes abandonó su estatus económico-social,
ni sus honorarios profesionales habituales, es decir, renunciaron a
APA pero no a su condición de jóvenes profesionales "burgueses",
exitosos.
Los renunciantes
no lograron establecer instituciones estables, continuaron trabajando
en forma independiente los unos de los otros. Muchos de ellos, años
después, pidieron su readmisión a APA u APdeBA, siendo
aceptados en casi todos los casos.
La mayoría
de los miembros de APA disentían con las actitudes de los renunciantes,
sin embargo muchos de los que no renunciaron pensaban que había
mucho que cambiar en APA.
Las opiniones
se fueron polarizando (entre los que no renunciaron) en dos posiciones:
las de los que pensaban que todo estaba bien como estaba, los "conservadores"
y las de los renovadores.
Comenzó
a circular un "Programa para una reestructuración de APA"
(inspirado por Mom Y los Barenger), en el que se proponía
el reconocimiento del "pluralismo ideológico" (recordemos
que los no kleinianos pensaban que los kleinianos eran hegemónicos),
se proponía también resolver la cuestión del ingreso
de los psicólogos a la formación. Ya que su exclusión
era una flagrante injusticia. Se proponía también en nombre
del pluralismo ideológico la implantación de libertad
curricular, es decir que los candidatos tuvieran libertad para estudiar
los autores de su preferencia junto con otros considerados imprescindibles,
se proponía instituir la libertad de cátedra, esto es
que cada miembro de la institución pueda ofrecer el seminario
que deseara y que los alumnos podrían elegir a los profesores
y los temas de su gusto.
Se ampliaría
la función didáctica con lo que disminuiría el
tiempo de espera para comenzar el análisis didáctico,
se otorgaba el voto a los miembros adherente (que no lo tenían).
Que las
promociones de miembro adherente a titular no dependieran de jurados
cuyos integrantes podrían tener prejuicios con respecto a alguna
persona por pertenecer a un determinado grupo político o ideológico
rival y se implementaba un sistema de puntaje que reemplace a los jurados.
Los que
no coincidían con este programa sostenían que la propuesta
no era una democratización sino populismo y demagogia.
En las
próximas elecciones para la renovación de autoridades,
cada grupo presentó sus candidatos, por primera vez hubo dos
listas distintas, anteriormente las listas se confeccionaban por consenso;
ganó la lista renovadora por escaso margen. Los perdedores se
marginaron de la institución, dejaron de participar, constituyeron
agrupamiento interno denominado "Ateneo", lo que culminó
en la escisión de la Institución y la ulterior fundación
de la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires que, fue
reconocida por IPA en 1977 con beneplácito de las autoridades
de APA, todo el mundo estuvo de acuerdo en que era la mejor resolución
a la crisis.