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"Una contribucion al estudio de los antecedentes del psicoanalisis de niños en Chile".

Liliana Pualuan de Gomberoff, Mario Gomberoff J.

Introducción

Tener la historia en permanente revisión, complementarla, interpretarla, mantenerla dinámica, es lo que nos permite entender el presente y ampliar el espectro de los posibles desarrollos futuros.

No podemos separar la evolución del psicoanálisis de niños del psicoanálisis de adultos. Marchan siempre ligados. No sabemos que exista algún lugar donde nazca primero el. de niños y luego el de adultos. El primero está siempre supeditado al segundo. Ocupa un lugar secundario y siempre su "status" institucional es menor.


Desde, el punto de vista histórico esto es comprensible, pero que tal situación se mantenga hasta ahora, luego que han pasado decenas de años desde su surgimiento y que sus aportes se han plasmado en la teoria en la técnica y en la fundación de numerosas escuelas cuyo se- lío lo han dado iniciadores que han sido psicoanalistas de niños, resulta injustificado.

Tal vez la responsabilidad es de los propios psicoa- nalistas de niños, que generalmente son de adultos también y que han privilegiado esta última función, en el plano institucional, en una identificación de dependencia y pasividad con sus pacientes niños, además de una fácil aceptación de la autoridad de los adultos. Por lo demás quienes son psicoanalistas exclusivamente de adultos no están suficientemente interesados en compartir el espacio de su temática y el poder institucional con nosotros. Lo que es entendible también, pero no justificable. Muchas veces a lós psicoanalistas de niños los escuchamos que- jarse que la institución no les da el lugar que les corresponde, como si tuvieran padres no muy generosos y algo descalificadores, en nuevas identificaciones con sus pacientes infantiles.

Pensamos que el lugar debe ser ganado, inmersos como iguales en la dinámica grupal de la institución recordando que somos analistas no infantiles sino adultos, de pacientes infantiles.

Todo lo anterior vale para la historia chilena. De tal modo que advertimos que en lo que viene leerán más de la historia del psicoanálisis chileno en general que del psicoanálisis de niños en forma específica, ya que este último aparece menguado y comparte la falta de presencia igualitaria que es más o menos universal.


Algunos antecedentes generales. Comienzos del psicoanálisis

Diversos autores se han preocupado de la historia del psicoanálisis en Chile: Omar Arrue (1991), Hernán Davanzo (1987, 1993) Ramón FlorenzanO (1988); Mario Gomberoff (1990); Carlos Whiting (1980). Los autores de esta contribución, se han basado en ellos.

La semilla del psicoanálisis y por lo tanto del psicoanálisis de niños estaba ya en Chile antes de que el psicoanálisis y Freud fueran conocidos. Armando Roa (1979) dice que en Chile, mucho antes de Freud, se había hecho una afirmación "clínica categórica respecto a la existencia de un mundo psíquico ajeno al Yo y a la conciencia...". En 1858, en el informe sobre Carmen Marín "la endemoniada de Santiago," el Dr. Manuel Antonio Carmona postuló, apoyándose en la biografía y en la clínica, la existencia de un subconsciente ignorado por la conciencia, donde se originarían los síntomas mos- tratados por dicha paciente; esos síntomas serian símbolos de apetencias amorosas y sexuales imposibilitadas de manifestarse abiertamente por miedo al sentimiento de pecado y de culpa. Hizo su demostración basándose en rigurosos antecedentes de la vida pasada y en el análisis de la configuración y manera dinámica de darse el cuadro actual.

Freud escribió una reseña y comentarios, en 1911, en el "Zentralblatt fúr Psychoanalyse," sobre el trabajo del Dr. Germán Greve presentado en Buenos Aires en mayo de 1910, en el Congreso Internacional Americano de Medicina e Higiene. El trabajo se tituló: "Sobre psicología y psicoterapia de ciertos estados angustiosos". En esa reseña, Freud cita a Greve en castellano y dice que en el trabajo expone de manera clara y libre de malentendidos, el contenido esencial de la doctrina de la represión y el significado etiológico de los momentos sexuales para la neurosis.

Luego de extenderse sobre el contenido del trabajo, termina Freud diciendo:

"Agradecemos al colega (probablemente alemán) en el lejano Chile, por la valoración imparcial del psicoanálisis y por la confirmación inesperada de su acción curativa en tierras lejanas."

El Dr. Greve no era alemán, era chileno.
Freud en 1914, en "Sobre la historia del movimiento psicoanalitíco", se refiere al Dr. Germán Greve que, en Buenos Aires, defendió la sexualidad infantil, y alabó los resultados del tratamiento psicoanalítico en las obsesiones.

El Dr. Germán Greve nació en Valparaíso, estudió
Medicina en Chile y se trasladó a Alemania donde se
especializó en enfermedades mentales y nerviosas. C.
Whiting (1988) da algunas razones que justifican que el
Dr. Greve no difundiera el psicoanálisis en Chile

Tal vez el primer psicoanalista en Chile, mencionado en todos los trabajos revisados, es el Dr. Fernando Allende Navarro, nacido en Concepción. Estudió medicina en Bélgica y más adelante se interesó en la neurología y psiquiatría. Trabajó a lado de Von Monakov, H. Rorschach, Minkowsky. Fue alumno de Eugene Bleuler. En Suiza hizo paralelamente su formación psicoanalítica en la filial Suiza de Psicoanálisis, siendo Emilio Oberhol- zer su analista didáctico y supervisor (1920-1922).
Posteriormente llega a ser miembro titular de esa Sociedad y también de la de París. El Dr. Allende Navarro regresó a Chile en 1925. Este era el año en que según R. Wallerstein (1988), citando a Robert Knight, dice que la Asociación Psicoanalítica Internacional contaba "... con 210 miembros, 33 de los cuales (un 16%) se hallaban en E.E.U.U. y seguramente ninguno en América Latina (ni en Canadá)". Parece que en 1925 había, por lo menos, un psicoanalista en América Latina: en Chile.

El Dr. Allende Navarro revalidó su título de médico en Chile en 1926, siendo su tesis: "El valor de la Psicoanálisis en Policlínico: Contribución a la Psicología Chilena". Según C. Whiting este libro es el primero de un psicoanalista de habla hispana y agrega que su personalidad científica como neuro-psiquiatra fue ampliamente reconocida, pero no lo fue como analista, lo que posiblemente motivó su retirada de centros y sociedades científicas oficiales, a la práctica privada.

De su trabajo psicoanalítico formativo se beneficiaron personas que posteriormente formaron la institución psicoanalítica. Entre ellas, el Dr. Carlos Núñez Saavedra y el Dr. Ignacio Matte Blanco.

El Dr., Ignacio Matte Blanco se fue a Inglaterra en 1934 para perfeccionarse en fisiología. En Londres realizó su formación psicoanalítica (1934-1940) en el Instituto Británico de Psicoanálisis. Fue supervisado por Anna Freud, Melita Schmideberg y James Strachey entre otros. Se analizó con Walter Schmideberg.

Antes de regresar a Chile pasó un tiempo en la Universidad de Duke en North Carolina, como profesor adjunto en el Departamento de Psiquiatría. A su regreso a Chile formó, en 1946, un grupo de estudio que en 1947 trabajó en el Manicomio. A este grupo pertenecieron entre otros los Drs. Arturo Prat, Ramón Ganzarain, Carlos Whiting, que posteriormente completaron su formación analítica.

En agosto de 1949, Matte fue nombrado profesor titular de la cátedra de Psiquiatría de la Escuela de
Medicina de la Universidad de Chile, y el mismo mes, el 19 de agosto de 1949, fue reconocida la Asociación Psicoanalítica Chilena por la Asociación Psicoanalítica Internacional, constituyéndose en la segunda de la América Latina. El Dr. Allende Navarro fue su primer presidente.


El grupo fundador estaba constituido por los doctores Allende Navarro, Ignacio Matte, Arturo Prat, Carlos Whiting.

periódo ting plantea que desde 1949 a 1960 hubo un de gran actividad y creatividad. El Dr. Arturo
Prat en 1950 viajó a Europa para establecer contacto con psicoanalistas extranjeros que tuvieran interés en radi carse en Chile. En Londres visitó a Melanie Kleín quien le sugirió el nombre de Hanna Segal. Estableció contactos también en Francia con Francois Dolto, Jacques Lacan, Bernard Thiss, etc. Los proyectos de traer psicoanalis- tas a Chile no se concretaron.

El inicio del Psicoanálisis de niños

En este mismo período (1949-60), se formó en la Clínica psiquiátrica universitaria el primer grupo de Psico- Psicoanálisis de niños constituido por Erika Guzmán, Ximena Artaza, Ruth Riesenberg, Enrique Rosenblatt. Tenían un grupo de estudio y un grupo de actividades clínicas. Ambos grupos eran dirigidos por la Dra. Erika Guzmán. Los primeros trabajos de análisis de niños presentados en la Asociación Psicoanalítica Chilena surgieron de estos grupos, y fueron los siguientes:

Ximena Artaza (1959): "Manifestaciones del conflicto oral en el análisis de una niña de dos años y medio de edad" (inédito).

Ruth Riesenberg Malcom, (1959) "Apreciación del significado de un síntoma: enuresis en el análisis de un caso en período de latencia" (inédito).

Erika Guzmán (1960): "Psicoanálisis de una niña de tres años de edad" (inédito).

Erika Guzmán estudió posteriormente en Londres en el Instituto Británico de Psicoanálisis donde tuvo oportunidad de realizar observación de bebés supervisada por Ester Bick. Estas observaciones aparecen publicadas en la Revista Psicoanalítica Chilena bajo el título de "Algunas reflexiones surgidas de observaciones de la relación materno infantil" (1979).

Ruth Riesenberg (1963) emigró también a Londres
Inglaterra, y estudió análisis de niños en la Clínica
Tavistock. Supervisó con Hanna Segal, Ester Bick, Donald
Meltzer. Meltzer ilustra con un material de Ruth
Riesenberg el, análisis de una niña en su libro "El
proceso psicoanalítico" (1967).

En este período, que el Dr. C. Whiting (1949-1960) destaca como activo y creativo, los analistas estaban en la Asociación Psicoanalítica, pero también en la Clínica Psiquiátrica Universitaria, una obra arquitectónica nueva, construida con el propósito de albergar la cátedra titular de psiquiatría.

Se trata de un período en que no existían analistas que se dedicaran exclusivamente a su consulta; hacían extensión, docencia en la Universidad y trabajo clínico con pacientes de escasos recursos que asistían a los hospitales. Además de haber una gran apertura a las disciplinas afines, también la había con respecto a los diferentes esquemas referenciales del psicoanálisis mismo. No sólo la cátedra de psiquiatría más importante estaba a cargo de un psícoanalista, lo mismo ocurría con la cátedra de psiquiatría de la Escuela de Medicina de la Universidad Católica y con múltiples cátedras, especialmente en la Escuela de Psicología de la Universidad Católica y en la Escuela de Servicio Social Alejandro del Rio.

Al decir de C. Whiting el movimiento de difusión del análisis y de su integración a la psiquiatría alcanzó su más alta expresión. Publicaciones en revistas internacionales y nacionales de psicoanálisis y psiquiatría, aparte de presentaciones a congresos latinoamericanos y nacionales, libros escritos especialmente por el Dr. Matte, dan fe de una productividad científica apretada en un lapso corto, que no se repitió posteriormente.


El letargo

Vale la pena señalar con respecto a lo que paso después de este período que uno de los relatos del XVII Congreso latinoamericano de Psicoanálisis celebrado en Sao Paulo en 1988, ("Las características de la producción psicoanalítica latinoamericano") preparado por la Dra. A. Alves Lima, revisa toda la producción psicoanalítica

latinoamericana de los últimos 30 años a través de métodos cómputacionales para investigar los temas y las influencias teóricas. En ese trabajo se representan las sociedades latinoamericanas, se comparan y se ve la historia de la creación científica. La chilena no está representada ya que la autora dice: "... es notable la escasez de material sobre antiguas Sociedades como la de México y Chile".

Luego de 1960 la mayoría de los analistas se retiraron de la Universidad y su quehacer clínico se centró en la práctica privada. En la cátedra de psiquiatria de la Universidad de Chile, el Dr. Matte Blanco, quedó prácticamente solo, sin psicoanalistas.

En esa misma época, el Dr. Carlos Núñez renunció a la cátedra de psiquiatría de la Universidad Católica y ningún psicoanalista la asumió. Simultáneamente varios psicoanalistas, que tenían cátedras en diversas escuelas, emigraron a EE.UU. e Inglaterra. H. Davanzo (1987) reía- ciona estos hechos con críticas metodológicas injustas a la investigación analítica desde la misma Universidad; a la necesidad de hacer esfuerzos de integración con otras disciplinas de las ciencias naturales que disminuían la energía para el propio desarrollo del análisis y también a la dificultad en mantener el encuadre de análisis, donde el propio analista era jefe, profesor, amigo, con- virtiéndose la cátedra universitaria en campo propicio al "acting out".

C. Whiting en el trabajo citado, plantea que en el grupo analítico habían aparecido discordias que hacían temer una separación, siendo el contenido manifiesto discusiones sobre las relaciones entre la psiquiatría y el psicoanálisis; unos, postulando la integración, otros el desarrollo independiente. Se decía que integración era "asimilación" y que el análisis no necesitaba de método logias ajenas, tenía las propias y podía ser autónomo. Los que querían quedarse en la Universidad enrostraban motivos económicos a los que querían alejarse. Estos últimos acusaban a los otros de querer mezclar y confundir la psicoterapia con el psicoanálisis.

Hubo abandono de los psicoanalistas de sus posicio-nes institucionales especialmente en la Universidad exodo paulatino de algunos psicoanalistas al extranjero. El Dr. Matte se fue en 1966 a Italia, y no volvió nunca más a Chile.

Lo que pasó después de 1960 es de difícil interpretación y explicación. Durante casi 25 años (desde 1960 a 1985 más o menos) la Asociación Psicoanalítica, aparece constituida por un grupo más pequeño que en la época descrita como de auge y crecimiento. Disminuyen las publicaciones y los trabajos científicos. En los intercambios programados en ese entonces por COPAL, había pocas posibilidades de que fueran retribuidos por los psicoanalistas chilenos. La asistencia de psicoanalistas chilenos a los Congresos latinoamericanos e internacionales es menguada o ausente. El Instituto de Psicoanálisis durante muchos años no tenía cursos.

Coincide con este período que podríamos llamar fóbico o de latencia el que la mayoría de los psicoana- listas se habían retirado a las consultas privadas alejándose de las demás instituciones (Universidades, hospitales) y de las otras disciplinas con las que habían estado relacionados.

Los autores anteriormente mencionados plantean diversas interpretaciones como causales de este largo período, de detención del crecimiento y creatividad de la Asociación. Psicoanalítica Chilena: desde el haber intentado :lograr una mejor cohesión del grupo y profundidad en el trabajo analítico (C. Whitinq 1980), a efectos de la migración de varias figuras líderes y duelos no elaborados de grupo (M. Florenzano 1988) y a los cambios sociopoliticos (H. Davanzo 1987). Otros plantearon (Gomberoff 1990) que el explicar este período como la búsqueda de la cohesión del grupo y la búsqueda del oro puro del psicoanálisis, era una forma de justificar la renuncia y el quiebre con los Hospitales y la Universidad que los analistas habían realizado y que había sumido al psicoanálisis chileno en el letargo.


El Psicoanálisis de niños durante el letargo

Durante este período crítico reseñado no hay registros en los archivos de la Sociedad sobre análisis de niños. Sólo tenemos comunicación verbal de algunos psicoanalistas que hicieron psicoanálisis de niños en forma aislada en la década de 1960: Erika Guzmán, y algunas candidatas y candidatos que posteriormente dejaron de practicarlo.

Entre' los factores que movilizaron al grupo en este período están las visitas continuadas del Dr. David Liberman, (1976-1979) cuya ayuda fue fundamental a la Asociación psicoanalítica Chilena como institución, al grupo en cuanto a enriquecimiento teórico y clínico y a miembros de la institución en particular. Fue un estimulo para el crecimiento, la creatividad de la Asociación Psicoanalítica Chilena. Con él, la Asociación recibió un empujón para salir del letargo.

Fue estimulante también en su entusiasmo por el análisis de niños. Encontraba importante y necesario para la formación del psicoanalista tener por lo menos una experiencia en análisis de niños, nos enseñó la aplicación de su teoría de los estilos comunicativos, al psicoanálisis infantil.

Varios de los candidatos de ese período se interesaban en el psicoanálisis de niños. Antes de entrar al Instituto de psicoanálisis la mayoría de estos, eran psicoterapeutas de orientación psicoanalítica en niños y adolescentes, y trabajaban en ese entonces en el Servicio de Salud Mental del Hospital de niños Luis Calvo Mackenna. Este grupo de profesionales del Hospital pasó a constituirse en gran medida, por egresados y candidatos del Instituto de Psicoanálisis. Fue, hasta 1973, el Servicio que se dedicaba a la psiquiatría infantil, mas importante del país y con un sello psicoanalítico muy definido.

En el Instituto de psicoanálisis en esa época no había seminarios relacionados con el psicoanálisis de niños.

Como en el curriculum oficial del Instituto de Psicoanálisis no habían seminarios específicos de Psicoanálisis de niños, los candidatos interesados en esta especialidad, tomaban paralelamente a las supervisiones oficiales, supervisiones de análisis de niños algunas de ellas realizadas por la Dra. Erika Guzmán pero no tenían reconocimiento oficial.

Se formaron también grupos de estudio, de investigación y de supervisión relacionados con esta especialidad que se realizaban en los centros hospitalarios y en las consultas privadas con egresados y psicoanalistas de
lo


la Asociación Psicoanalítica. Muchos de estos grupos de estudio se continuaron realizando cuando los candidatos, que eran la mayoría de sus componentes, progresaron en su formación y se convirtieron en egresados, psicoana- listas adherentes y titulares. Estos grupos que se formaban espontáneamente por afinidades e intereses, se reunían y se reúnen ocasionalmente en la Asociación, cuando se recibe las visitas de psicoanalistas extranje-ros que también, son psicoanalistas de niños y adolescentes. Discuten trabajos científicos, hacen supervisiones colectivas y supervisiones individuales. Hay grupos pequeños que han funcionado decenas de años.

Las fuentes nutrientes que estos grupos, además de las actividades señaladas, son las visitas de psicoanalistas, de distintas latitudes y corrientes teóricas. De Estados Unidos, han venido en diversas oportunidades los Drs. Otto Kernberg y Paulina Kernberg. La Dra. Paulina Kernberg ha marcado un hito importante en el trabajo teórico y clínico de los psicoanalistas que trabajan en estas áreas. De Europa, Inglaterra, ha venido varias veces la Dra. Ruth Ríesenberg Malcolm quien trabajó en forma intensiva con algunos de nosotros, aportando su experiencia técnica y teórica.

De Argentina, nos visitó con asiduidad y constancia la Dra. Aurora Pérez (1993) quien impartió en la Asociación Psicoanalítica chilena un curso de psicoanálisis de niños y adolescentes entre los años 1975 y 1979. En seminarios, se discutieron y estudiaron los siguientes autores: A. Aberastury, S. Freud; Anna Freud; E. Jacob- son; L. de Groot, M. Klein; P. Blas, E. Geleerd, G. Pearson, entre otros. En los seminarios clínicos se estudió material de análisis de preescolares, latentes y adolescentes. La Dra. Perez realizó supervisiones individuales en preescolares latentes y adolescentes. Probablemente la Dra. Pérez es quien aunó grupos mas amplios y trabajó con mayor profundidad en el curso de varios años.

La Dra. Erika Guzmán condujo, un grupo de estudio en torno a los temas que se discutían en las visitas de la Dra. Pérez. El curso de la Dra. Pérez fue un tramo muy importante en la formación de los psicoanalistas de niños y adolescentes de la Asociación psicoanalítica chilena.

El Presente

En la Asociación psicoanalítica chilena y en el Instituto de Psicoanálisis no hay un reconocimiento formal de los psicoanalistas que trabajan en psicoariálisis de niños y adolescentes. El grupo chileno sin embargo, ha estado representada por psicoanalistas de niños en los congresos latinoamericanos e internacionales con relatos oficiales o trabajos libres o participación en mesas redondas y en grupos de trabajo sobre temas del psicoanálisis de niños.

En el Instituto de psicoanálisis los cursos de Desarrollo y de Introducción al psicoanálisis de niños, (que se inició en 1980) son realizadas por los psicoanalistas de niños y adolescentes, el curso sobre Melanie Klein y su escuela ha sido realizado por psicoanalistas de niños, la mayoría de las veces que se ha dictado.

Hay conciencia y consenso que el psicoanálisis de niños es importante para la formación del psicoanalista de adultos. Se está ampliando el número de seminarios de los cursos de desarrollo y de introducción al análisis de niños, y es probable que se extiendan más en el futuro.

En el Instituto de Psicoanálisis y en la Asociación psicoanalítica no hay una unidad, sección o departamento de niños y adolescentes. No hay una formación de analistas de niños y adolescentes.

Los autores de esta comunicación enviaron en marzo de 1993 una proposición al Consejo del Instituto de Psicoanálisis, considerando la posibilidad de diferentes alternativas, con el fin de poder formar una unidad de psicoanálisis de niños. Enviamos también un preproyecto con consideraciones sobre estructura administrativa, requisitos de admisión y formación, procedimientos para la calificación, incluso la nómina de los analistas que estarían en principio interesados en participar en el departamento de niños y adolescentes, si este se formara.

Nuestras ideas fueron recibidas con el entusiasmo habitual con que se reciben las ideas que implican progreso grupalf sólo un año después, el 25 de marzo de 1994 recibimos una comunicación del Consejo del Instituto de Psicoanálisis, en la que se informa que se aprobó la Unidad de Psicoanálisis de niños, para Investigación y


profundización del análisis de niños como especialización de post-titulo.

Pensamos que el desarrollo del psicoanálisis de niños es frenado por la institucionalidad psicoanalítica que no le da el lugar que le corresponde.

Pensamos que el psicoanálisis de niños es una especialidad que tiene igual categoría que el psicoanálisis de adultos y que para ser psicoanalista de niños es bueno también tener la formación en psicoanálisis de adultos. Esto implica que la formación de los psicoanalistas de niños debe ser tan seria y oficial como la de los psicoanalistas de adultos, para lo cual la asociación corres-pondiente debe ofrecer en su seno la infraestructura necesaria.

Si no es así, quiere decir que nuestra añeja estructura institucional, como en otras cosas, no logra albergar la pujante energía del psicoanálisis que debe buscar otros aleros para desarrollarse.

Actualmente en Chile ha habido una eclosión de Universidades privadas con escuelas de psicología, que por ser de bajo costo en cuanto a recursos, se multi-plican. No hay escuela de psicología que se precie, que no tenga algún postitulo, alguna especialización en psicoanálisis. Tales grados académicos los imparten con cierta frecuencia los mismos psicoanalistas o candidatos de nuestro instituto. Y ya empezaron aquellos de psicoanálisis de niños.

Creemos que la especialización en psicoanálisis de niños debe ser un objetivo de nuestra institución madre.

A pesar de los frenos que, como señalábamos antes, han puesto las asociaciones al desarrollo del psicoanálisis de niños, su pujanza y valor intrínseco le han permitido sobrevivir y desarrollarse de tal modo que es difícil pensar actualmente en el psicoanálisis haciendo omisión de éste.

A nuestro juicio, el que en las asociaciones psicoanalíticas no exista un lugar para el psicoanálisis de niños, nos parece una seria omisión que afecta el desarrollo del psicoanálisis en general. Nuestra Asociación, con dificultad, recién está implementando medidas al respecto.


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