Introducción
Tener
la historia en permanente revisión, complementarla, interpretarla,
mantenerla dinámica, es lo que nos permite entender el presente
y ampliar el espectro de los posibles desarrollos futuros.
No podemos
separar la evolución del psicoanálisis de niños
del psicoanálisis de adultos. Marchan siempre ligados. No sabemos
que exista algún lugar donde nazca primero el. de niños
y luego el de adultos. El primero está siempre supeditado al
segundo. Ocupa un lugar secundario y siempre su "status" institucional
es menor.
Desde, el punto de vista histórico esto es comprensible, pero
que tal situación se mantenga hasta ahora, luego que han pasado
decenas de años desde su surgimiento y que sus aportes se han
plasmado en la teoria en la técnica y en la fundación
de numerosas escuelas cuyo se- lío lo han dado iniciadores que
han sido psicoanalistas de niños, resulta injustificado.
Tal vez
la responsabilidad es de los propios psicoa- nalistas de niños,
que generalmente son de adultos también y que han privilegiado
esta última función, en el plano institucional, en una
identificación de dependencia y pasividad con sus pacientes niños,
además de una fácil aceptación de la autoridad
de los adultos. Por lo demás quienes son psicoanalistas exclusivamente
de adultos no están suficientemente interesados en compartir
el espacio de su temática y el poder institucional con nosotros.
Lo que es entendible también, pero no justificable. Muchas veces
a lós psicoanalistas de niños los escuchamos que- jarse
que la institución no les da el lugar que les corresponde, como
si tuvieran padres no muy generosos y algo descalificadores, en nuevas
identificaciones con sus pacientes infantiles.
Pensamos
que el lugar debe ser ganado, inmersos como iguales en la dinámica
grupal de la institución recordando que somos analistas no infantiles
sino adultos, de pacientes infantiles.
Todo lo
anterior vale para la historia chilena. De tal modo que advertimos que
en lo que viene leerán más de la historia del psicoanálisis
chileno en general que del psicoanálisis de niños en forma
específica, ya que este último aparece menguado y comparte
la falta de presencia igualitaria que es más o menos universal.
Algunos antecedentes generales. Comienzos del psicoanálisis
Diversos
autores se han preocupado de la historia del psicoanálisis en
Chile: Omar Arrue (1991), Hernán Davanzo (1987, 1993) Ramón
FlorenzanO (1988); Mario Gomberoff (1990); Carlos Whiting (1980).
Los autores de esta contribución, se han basado en ellos.
La semilla
del psicoanálisis y por lo tanto del psicoanálisis de
niños estaba ya en Chile antes de que el psicoanálisis
y Freud fueran conocidos. Armando Roa (1979) dice que en Chile, mucho
antes de Freud, se había hecho una afirmación "clínica
categórica respecto a la existencia de un mundo psíquico
ajeno al Yo y a la conciencia...". En 1858, en el informe sobre
Carmen Marín "la endemoniada de Santiago," el Dr. Manuel
Antonio Carmona postuló, apoyándose en la biografía
y en la clínica, la existencia de un subconsciente ignorado por
la conciencia, donde se originarían los síntomas mos-
tratados por dicha paciente; esos síntomas serian símbolos
de apetencias amorosas y sexuales imposibilitadas de manifestarse abiertamente
por miedo al sentimiento de pecado y de culpa. Hizo su demostración
basándose en rigurosos antecedentes de la vida pasada y en el
análisis de la configuración y manera dinámica
de darse el cuadro actual.
Freud escribió
una reseña y comentarios, en 1911, en el "Zentralblatt fúr
Psychoanalyse," sobre el trabajo del Dr. Germán Greve presentado
en Buenos Aires en mayo de 1910, en el Congreso Internacional Americano
de Medicina e Higiene. El trabajo se tituló: "Sobre psicología
y psicoterapia de ciertos estados angustiosos". En esa reseña,
Freud cita a Greve en castellano y dice que en el trabajo expone de
manera clara y libre de malentendidos, el contenido esencial de la doctrina
de la represión y el significado etiológico de los momentos
sexuales para la neurosis.
Luego de
extenderse sobre el contenido del trabajo, termina Freud diciendo:
"Agradecemos
al colega (probablemente alemán) en el lejano Chile, por la valoración
imparcial del psicoanálisis y por la confirmación inesperada
de su acción curativa en tierras lejanas."
El Dr.
Greve no era alemán, era chileno.
Freud en 1914, en "Sobre la historia del movimiento psicoanalitíco",
se refiere al Dr. Germán Greve que, en Buenos Aires, defendió
la sexualidad infantil, y alabó los resultados del tratamiento
psicoanalítico en las obsesiones.
El Dr.
Germán Greve nació en Valparaíso, estudió
Medicina en Chile y se trasladó a Alemania donde se
especializó en enfermedades mentales y nerviosas. C.
Whiting (1988) da algunas razones que justifican que el
Dr. Greve no difundiera el psicoanálisis en Chile
Tal vez
el primer psicoanalista en Chile, mencionado en todos los trabajos revisados,
es el Dr. Fernando Allende Navarro, nacido en Concepción. Estudió
medicina en Bélgica y más adelante se interesó
en la neurología y psiquiatría. Trabajó a lado
de Von Monakov, H. Rorschach, Minkowsky. Fue alumno de Eugene Bleuler.
En Suiza hizo paralelamente su formación psicoanalítica
en la filial Suiza de Psicoanálisis, siendo Emilio Oberhol- zer
su analista didáctico y supervisor (1920-1922).
Posteriormente llega a ser miembro titular de esa Sociedad y también
de la de París. El Dr. Allende Navarro regresó a Chile
en 1925. Este era el año en que según R. Wallerstein (1988),
citando a Robert Knight, dice que la Asociación Psicoanalítica
Internacional contaba "... con 210 miembros, 33 de los cuales (un
16%) se hallaban en E.E.U.U. y seguramente ninguno en América
Latina (ni en Canadá)". Parece que en 1925 había,
por lo menos, un psicoanalista en América Latina: en Chile.
El Dr.
Allende Navarro revalidó su título de médico en
Chile en 1926, siendo su tesis: "El valor de la Psicoanálisis
en Policlínico: Contribución a la Psicología Chilena".
Según C. Whiting este libro es el primero de un psicoanalista
de habla hispana y agrega que su personalidad científica como
neuro-psiquiatra fue ampliamente reconocida, pero no lo fue como analista,
lo que posiblemente motivó su retirada de centros y sociedades
científicas oficiales, a la práctica privada.
De su trabajo
psicoanalítico formativo se beneficiaron personas que posteriormente
formaron la institución psicoanalítica. Entre ellas, el
Dr. Carlos Núñez Saavedra y el Dr. Ignacio Matte Blanco.
El Dr.,
Ignacio Matte Blanco se fue a Inglaterra en 1934 para perfeccionarse
en fisiología. En Londres realizó su formación
psicoanalítica (1934-1940) en el Instituto Británico de
Psicoanálisis. Fue supervisado por Anna Freud, Melita Schmideberg
y James Strachey entre otros. Se analizó con Walter Schmideberg.
Antes de
regresar a Chile pasó un tiempo en la Universidad de Duke en
North Carolina, como profesor adjunto en el Departamento de Psiquiatría.
A su regreso a Chile formó, en 1946, un grupo de estudio que
en 1947 trabajó en el Manicomio. A este grupo pertenecieron entre
otros los Drs. Arturo Prat, Ramón Ganzarain, Carlos Whiting,
que posteriormente completaron su formación analítica.
En agosto
de 1949, Matte fue nombrado profesor titular de la cátedra de
Psiquiatría de la Escuela de
Medicina de la Universidad de Chile, y el mismo mes, el 19 de agosto
de 1949, fue reconocida la Asociación Psicoanalítica Chilena
por la Asociación Psicoanalítica Internacional, constituyéndose
en la segunda de la América Latina. El Dr. Allende Navarro fue
su primer presidente.
El grupo fundador estaba constituido por los doctores Allende Navarro,
Ignacio Matte, Arturo Prat, Carlos Whiting.
periódo
ting plantea que desde 1949 a 1960 hubo un de gran actividad y creatividad.
El Dr. Arturo
Prat en 1950 viajó a Europa para establecer contacto con psicoanalistas
extranjeros que tuvieran interés en radi carse en Chile. En Londres
visitó a Melanie Kleín quien le sugirió el nombre
de Hanna Segal. Estableció contactos también en Francia
con Francois Dolto, Jacques Lacan, Bernard Thiss, etc. Los proyectos
de traer psicoanalis- tas a Chile no se concretaron.
El inicio
del Psicoanálisis de niños
En este
mismo período (1949-60), se formó en la Clínica
psiquiátrica universitaria el primer grupo de Psico- Psicoanálisis
de niños constituido por Erika Guzmán, Ximena Artaza,
Ruth Riesenberg, Enrique Rosenblatt. Tenían un grupo de estudio
y un grupo de actividades clínicas. Ambos grupos eran dirigidos
por la Dra. Erika Guzmán. Los primeros trabajos de análisis
de niños presentados en la Asociación Psicoanalítica
Chilena surgieron de estos grupos, y fueron los siguientes:
Ximena
Artaza (1959): "Manifestaciones del conflicto oral en el análisis
de una niña de dos años y medio de edad" (inédito).
Ruth Riesenberg
Malcom, (1959) "Apreciación del significado de un síntoma:
enuresis en el análisis de un caso en período de latencia"
(inédito).
Erika Guzmán
(1960): "Psicoanálisis de una niña de tres años
de edad" (inédito).
Erika Guzmán
estudió posteriormente en Londres en el Instituto Británico
de Psicoanálisis donde tuvo oportunidad de realizar observación
de bebés supervisada por Ester Bick. Estas observaciones aparecen
publicadas en la Revista Psicoanalítica Chilena bajo el título
de "Algunas reflexiones surgidas de observaciones de la relación
materno infantil" (1979).
Ruth Riesenberg
(1963) emigró también a Londres
Inglaterra, y estudió análisis de niños en la Clínica
Tavistock. Supervisó con Hanna Segal, Ester Bick, Donald
Meltzer. Meltzer ilustra con un material de Ruth
Riesenberg el, análisis de una niña en su libro "El
proceso psicoanalítico" (1967).
En este
período, que el Dr. C. Whiting (1949-1960) destaca como activo
y creativo, los analistas estaban en la Asociación Psicoanalítica,
pero también en la Clínica Psiquiátrica Universitaria,
una obra arquitectónica nueva, construida con el propósito
de albergar la cátedra titular de psiquiatría.
Se trata
de un período en que no existían analistas que se dedicaran
exclusivamente a su consulta; hacían extensión, docencia
en la Universidad y trabajo clínico con pacientes de escasos
recursos que asistían a los hospitales. Además de haber
una gran apertura a las disciplinas afines, también la había
con respecto a los diferentes esquemas referenciales del psicoanálisis
mismo. No sólo la cátedra de psiquiatría más
importante estaba a cargo de un psícoanalista, lo mismo ocurría
con la cátedra de psiquiatría de la Escuela de Medicina
de la Universidad Católica y con múltiples cátedras,
especialmente en la Escuela de Psicología de la Universidad Católica
y en la Escuela de Servicio Social Alejandro del Rio.
Al decir
de C. Whiting el movimiento de difusión del análisis y
de su integración a la psiquiatría alcanzó su más
alta expresión. Publicaciones en revistas internacionales y nacionales
de psicoanálisis y psiquiatría, aparte de presentaciones
a congresos latinoamericanos y nacionales, libros escritos especialmente
por el Dr. Matte, dan fe de una productividad científica apretada
en un lapso corto, que no se repitió posteriormente.
El letargo
Vale la
pena señalar con respecto a lo que paso después de este
período que uno de los relatos del XVII Congreso latinoamericano
de Psicoanálisis celebrado en Sao Paulo en 1988, ("Las características
de la producción psicoanalítica latinoamericano")
preparado por la Dra. A. Alves Lima, revisa toda la producción
psicoanalítica
latinoamericana
de los últimos 30 años a través de métodos
cómputacionales para investigar los temas y las influencias teóricas.
En ese trabajo se representan las sociedades latinoamericanas, se comparan
y se ve la historia de la creación científica. La chilena
no está representada ya que la autora dice: "... es notable
la escasez de material sobre antiguas Sociedades como la de México
y Chile".
Luego de
1960 la mayoría de los analistas se retiraron de la Universidad
y su quehacer clínico se centró en la práctica
privada. En la cátedra de psiquiatria de la Universidad de Chile,
el Dr. Matte Blanco, quedó prácticamente solo, sin psicoanalistas.
En esa
misma época, el Dr. Carlos Núñez renunció
a la cátedra de psiquiatría de la Universidad Católica
y ningún psicoanalista la asumió. Simultáneamente
varios psicoanalistas, que tenían cátedras en diversas
escuelas, emigraron a EE.UU. e Inglaterra. H. Davanzo (1987) reía-
ciona estos hechos con críticas metodológicas injustas
a la investigación analítica desde la misma Universidad;
a la necesidad de hacer esfuerzos de integración con otras disciplinas
de las ciencias naturales que disminuían la energía para
el propio desarrollo del análisis y también a la dificultad
en mantener el encuadre de análisis, donde el propio analista
era jefe, profesor, amigo, con- virtiéndose la cátedra
universitaria en campo propicio al "acting out".
C. Whiting
en el trabajo citado, plantea que en el grupo analítico habían
aparecido discordias que hacían temer una separación,
siendo el contenido manifiesto discusiones sobre las relaciones entre
la psiquiatría y el psicoanálisis; unos, postulando la
integración, otros el desarrollo independiente. Se decía
que integración era "asimilación" y que el análisis
no necesitaba de método logias ajenas, tenía las propias
y podía ser autónomo. Los que querían quedarse
en la Universidad enrostraban motivos económicos a los que querían
alejarse. Estos últimos acusaban a los otros de querer mezclar
y confundir la psicoterapia con el psicoanálisis.
Hubo abandono
de los psicoanalistas de sus posicio-nes institucionales especialmente
en la Universidad exodo paulatino de algunos psicoanalistas al extranjero.
El Dr. Matte se fue en 1966 a Italia, y no volvió nunca más
a Chile.
Lo que
pasó después de 1960 es de difícil interpretación
y explicación. Durante casi 25 años (desde 1960 a 1985
más o menos) la Asociación Psicoanalítica, aparece
constituida por un grupo más pequeño que en la época
descrita como de auge y crecimiento. Disminuyen las publicaciones y
los trabajos científicos. En los intercambios programados en
ese entonces por COPAL, había pocas posibilidades de que fueran
retribuidos por los psicoanalistas chilenos. La asistencia de psicoanalistas
chilenos a los Congresos latinoamericanos e internacionales es menguada
o ausente. El Instituto de Psicoanálisis durante muchos años
no tenía cursos.
Coincide
con este período que podríamos llamar fóbico o
de latencia el que la mayoría de los psicoana- listas se habían
retirado a las consultas privadas alejándose de las demás
instituciones (Universidades, hospitales) y de las otras disciplinas
con las que habían estado relacionados.
Los autores
anteriormente mencionados plantean diversas interpretaciones como causales
de este largo período, de detención del crecimiento y
creatividad de la Asociación. Psicoanalítica Chilena:
desde el haber intentado :lograr una mejor cohesión del grupo
y profundidad en el trabajo analítico (C. Whitinq 1980), a efectos
de la migración de varias figuras líderes y duelos no
elaborados de grupo (M. Florenzano 1988) y a los cambios sociopoliticos
(H. Davanzo 1987). Otros plantearon (Gomberoff 1990) que el explicar
este período como la búsqueda de la cohesión del
grupo y la búsqueda del oro puro del psicoanálisis, era
una forma de justificar la renuncia y el quiebre con los Hospitales
y la Universidad que los analistas habían realizado y que había
sumido al psicoanálisis chileno en el letargo.
El Psicoanálisis de niños durante el letargo
Durante
este período crítico reseñado no hay registros
en los archivos de la Sociedad sobre análisis de niños.
Sólo tenemos comunicación verbal de algunos psicoanalistas
que hicieron psicoanálisis de niños en forma aislada en
la década de 1960: Erika Guzmán, y algunas candidatas
y candidatos que posteriormente dejaron de practicarlo.
Entre'
los factores que movilizaron al grupo en este período están
las visitas continuadas del Dr. David Liberman, (1976-1979) cuya ayuda
fue fundamental a la Asociación psicoanalítica Chilena
como institución, al grupo en cuanto a enriquecimiento teórico
y clínico y a miembros de la institución en particular.
Fue un estimulo para el crecimiento, la creatividad de la Asociación
Psicoanalítica Chilena. Con él, la Asociación recibió
un empujón para salir del letargo.
Fue estimulante
también en su entusiasmo por el análisis de niños.
Encontraba importante y necesario para la formación del psicoanalista
tener por lo menos una experiencia en análisis de niños,
nos enseñó la aplicación de su teoría de
los estilos comunicativos, al psicoanálisis infantil.
Varios
de los candidatos de ese período se interesaban en el psicoanálisis
de niños. Antes de entrar al Instituto de psicoanálisis
la mayoría de estos, eran psicoterapeutas de orientación
psicoanalítica en niños y adolescentes, y trabajaban en
ese entonces en el Servicio de Salud Mental del Hospital de niños
Luis Calvo Mackenna. Este grupo de profesionales del Hospital pasó
a constituirse en gran medida, por egresados y candidatos del Instituto
de Psicoanálisis. Fue, hasta 1973, el Servicio que se dedicaba
a la psiquiatría infantil, mas importante del país y con
un sello psicoanalítico muy definido.
En el Instituto
de psicoanálisis en esa época no había seminarios
relacionados con el psicoanálisis de niños.
Como en
el curriculum oficial del Instituto de Psicoanálisis no habían
seminarios específicos de Psicoanálisis de niños,
los candidatos interesados en esta especialidad, tomaban paralelamente
a las supervisiones oficiales, supervisiones de análisis de niños
algunas de ellas realizadas por la Dra. Erika Guzmán pero no
tenían reconocimiento oficial.
Se formaron
también grupos de estudio, de investigación y de supervisión
relacionados con esta especialidad que se realizaban en los centros
hospitalarios y en las consultas privadas con egresados y psicoanalistas
de
lo
la Asociación Psicoanalítica. Muchos de estos grupos de
estudio se continuaron realizando cuando los candidatos, que eran la
mayoría de sus componentes, progresaron en su formación
y se convirtieron en egresados, psicoana- listas adherentes y titulares.
Estos grupos que se formaban espontáneamente por afinidades e
intereses, se reunían y se reúnen ocasionalmente en la
Asociación, cuando se recibe las visitas de psicoanalistas extranje-ros
que también, son psicoanalistas de niños y adolescentes.
Discuten trabajos científicos, hacen supervisiones colectivas
y supervisiones individuales. Hay grupos pequeños que han funcionado
decenas de años.
Las fuentes
nutrientes que estos grupos, además de las actividades señaladas,
son las visitas de psicoanalistas, de distintas latitudes y corrientes
teóricas. De Estados Unidos, han venido en diversas oportunidades
los Drs. Otto Kernberg y Paulina Kernberg. La Dra. Paulina Kernberg
ha marcado un hito importante en el trabajo teórico y clínico
de los psicoanalistas que trabajan en estas áreas. De Europa,
Inglaterra, ha venido varias veces la Dra. Ruth Ríesenberg Malcolm
quien trabajó en forma intensiva con algunos de nosotros, aportando
su experiencia técnica y teórica.
De Argentina,
nos visitó con asiduidad y constancia la Dra. Aurora Pérez
(1993) quien impartió en la Asociación Psicoanalítica
chilena un curso de psicoanálisis de niños y adolescentes
entre los años 1975 y 1979. En seminarios, se discutieron y estudiaron
los siguientes autores: A. Aberastury, S. Freud; Anna Freud; E. Jacob-
son; L. de Groot, M. Klein; P. Blas, E. Geleerd, G. Pearson, entre otros.
En los seminarios clínicos se estudió material de análisis
de preescolares, latentes y adolescentes. La Dra. Perez realizó
supervisiones individuales en preescolares latentes y adolescentes.
Probablemente la Dra. Pérez es quien aunó grupos mas amplios
y trabajó con mayor profundidad en el curso de varios años.
La Dra.
Erika Guzmán condujo, un grupo de estudio en torno a los temas
que se discutían en las visitas de la Dra. Pérez. El curso
de la Dra. Pérez fue un tramo muy importante en la formación
de los psicoanalistas de niños y adolescentes de la Asociación
psicoanalítica chilena.
El Presente
En la Asociación
psicoanalítica chilena y en el Instituto de Psicoanálisis
no hay un reconocimiento formal de los psicoanalistas que trabajan en
psicoariálisis de niños y adolescentes. El grupo chileno
sin embargo, ha estado representada por psicoanalistas de niños
en los congresos latinoamericanos e internacionales con relatos oficiales
o trabajos libres o participación en mesas redondas y en grupos
de trabajo sobre temas del psicoanálisis de niños.
En el Instituto
de psicoanálisis los cursos de Desarrollo y de Introducción
al psicoanálisis de niños, (que se inició en 1980)
son realizadas por los psicoanalistas de niños y adolescentes,
el curso sobre Melanie Klein y su escuela ha sido realizado por psicoanalistas
de niños, la mayoría de las veces que se ha dictado.
Hay conciencia
y consenso que el psicoanálisis de niños es importante
para la formación del psicoanalista de adultos. Se está
ampliando el número de seminarios de los cursos de desarrollo
y de introducción al análisis de niños, y es probable
que se extiendan más en el futuro.
En el Instituto
de Psicoanálisis y en la Asociación psicoanalítica
no hay una unidad, sección o departamento de niños y adolescentes.
No hay una formación de analistas de niños y adolescentes.
Los autores
de esta comunicación enviaron en marzo de 1993 una proposición
al Consejo del Instituto de Psicoanálisis, considerando la posibilidad
de diferentes alternativas, con el fin de poder formar una unidad de
psicoanálisis de niños. Enviamos también un preproyecto
con consideraciones sobre estructura administrativa, requisitos de admisión
y formación, procedimientos para la calificación, incluso
la nómina de los analistas que estarían en principio interesados
en participar en el departamento de niños y adolescentes, si
este se formara.
Nuestras
ideas fueron recibidas con el entusiasmo habitual con que se reciben
las ideas que implican progreso grupalf sólo un año después,
el 25 de marzo de 1994 recibimos una comunicación del Consejo
del Instituto de Psicoanálisis, en la que se informa que se aprobó
la Unidad de Psicoanálisis de niños, para Investigación
y
profundización del análisis de niños como especialización
de post-titulo.
Pensamos
que el desarrollo del psicoanálisis de niños es frenado
por la institucionalidad psicoanalítica que no le da el lugar
que le corresponde.
Pensamos
que el psicoanálisis de niños es una especialidad que
tiene igual categoría que el psicoanálisis de adultos
y que para ser psicoanalista de niños es bueno también
tener la formación en psicoanálisis de adultos. Esto implica
que la formación de los psicoanalistas de niños debe ser
tan seria y oficial como la de los psicoanalistas de adultos, para lo
cual la asociación corres-pondiente debe ofrecer en su seno la
infraestructura necesaria.
Si no es
así, quiere decir que nuestra añeja estructura institucional,
como en otras cosas, no logra albergar la pujante energía del
psicoanálisis que debe buscar otros aleros para desarrollarse.
Actualmente
en Chile ha habido una eclosión de Universidades privadas con
escuelas de psicología, que por ser de bajo costo en cuanto a
recursos, se multi-plican. No hay escuela de psicología que se
precie, que no tenga algún postitulo, alguna especialización
en psicoanálisis. Tales grados académicos los imparten
con cierta frecuencia los mismos psicoanalistas o candidatos de nuestro
instituto. Y ya empezaron aquellos de psicoanálisis de niños.
Creemos
que la especialización en psicoanálisis de niños
debe ser un objetivo de nuestra institución madre.
A pesar
de los frenos que, como señalábamos antes, han puesto
las asociaciones al desarrollo del psicoanálisis de niños,
su pujanza y valor intrínseco le han permitido sobrevivir y desarrollarse
de tal modo que es difícil pensar actualmente en el psicoanálisis
haciendo omisión de éste.
A nuestro
juicio, el que en las asociaciones psicoanalíticas no exista
un lugar para el psicoanálisis de niños, nos parece una
seria omisión que afecta el desarrollo del psicoanálisis
en general. Nuestra Asociación, con dificultad, recién
está implementando medidas al respecto.
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