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"Nietzsche
y Freud"
Diálogo
entre Silvio Maresca y Ricardo Avenburg
Buenos Aires.
Junio 2003. Museo Roca.
Directora
del Museo Roca - Prof. María Inés Rodríguez
La convocatoria de hoy es para asomarnos a las preguntas freudianas
y a la convicción de Nietzsche. ¿Se puede pensar
el posmodernismo sin Nietzsche? Nada se puede pensar en filosofía,
asomarse a la moral, el orden de los valores, sin Freud y sin
Nietzsche. Compartieron algunos años de su vida en ese
mundo alemán del siglo XIX. Alemania fue uno de los grandes enigmas
del mundo occidental que complicó y estructuró ese mundo
de la modernidad que ya estaba interrogado con algunas preguntas que
hoy todavía subsisten.
Quiero decirles que agradezco a Ricardo Avenburg y a Silvio
Maresca por estar con nosotros esta noche. Yo sé cuanto de
buenas cosas internamente hizo Silvio Maresca en la Biblioteca Nacional:
los salones, los seminarios, las exposiciones. Los entintes de los diarios
no siempre hablan del buen trabajo de la gestión interna de una
institución. Silvio tuvo el interés y la valentía
de meterse en algunos rincones oscuros que tenía esa Biblioteca
y poner orden en los bibliotecarios al servicio del usuario. Conozco
igualmente la trayectoria psicoanalítica de Ricardo Avenburg.
Así que seguramente escucharemos un rico diálogo entre
Nietzsche y Freud.
Gilda
Sabsay Foks: Introdujo esta reunión la Directora del
Museo Roca. Me uno a su agradecimiento de que Maresca y Avenburg estén
acá con nosotros. Hace un mes conocí a Maresca y le propuse
hacer de Nietzsche y me dijo "Sí, me gusta la idea".
Y acá está Silvio que va a conversar con Avenburg. Nietzsche
hablará, Freud hablará, y yo me reservo una fantasía
muy antigua, yo seré la calladita Lou que a lo mejor se mete
de vez en cuando, y hace alguna preguntita a Nietzsche o a Freud.
Creo que van a decir cosas muy lindas, y después deseamos la
participación de ustedes, que es la finalidad de esta institución;
estimular el interés interdisciplinario y como fundamentalmente
estamos interesados en la transmisión, creemos que la transmisión
del psicoanálisis, histórica y actualmente se hace a través
de estas reuniones, de lecturas, y no solamente de currícula
en instituciones psicoanalíticas.
Nada más y la doy la palabra a los conversadores.
Ricardo
Avenburg: Existe la posibilidad de un diálogo Nietzsche-Freud
porque hay elementos comunes y divergentes.
Silvio
Maresca: Vamos a hablar sobre
esos elementos entonces.
R.
A.: Reconozco que no sé tanto de Nietzsche, pero me
animo a representar las ideas de Freud.
S.
M.: Vos vas a hablar como si fueras Freud y yo como si
fuera Nietzsche. Esa es la idea.
Va a ser algo difícil para mí, no tengo grandes condiciones
actorales, pero...
Yo podría decir que una de las primeras cosas que descubrí,
para mí enormemente significativa, fue que la visión
que los alemanes tenían de los griegos, que Europa tenía
de los griegos, era una visión muy parcial y en el fondo falsa.
Esa visión de Winckelmann, de Lessing, esa visión neoclásica
digamos. Y la famosa serenidad o cordialidad griega, el equilibrio,
la hermosura, eran solamente un aspecto de la vida griega y que por
debajo de esa perfección bullía un mundo oscuro, tenebroso,
un mundo de pasiones desencadenadas, un mundo en el fondo de horror,
real en definitiva. Y que toda esa serenidad olímpica era un
intento muy bien logrado, de marginar ese mundo que bullía
por debajo, ese mundo que yo llamé dionisíaco. Tenía
su propia forma de transfiguración, por eso nunca el dionisismo
griego podía hacerse equivalente a lo orgiástico de
Oriente. Aquella forma de transfiguración no era suficiente,
la música en particular, la música dionisiáca
no alcanzaba para sustraer al hombre del abismo de la existencia,
en definitiva de esa visión tan cruda que pudieron tener los
griegos por su enorme fortaleza, de que vivir en definitiva no es
más que aspirar desesperadamente al poder, a la posesión
en una lucha incesante de los unos contra los otros, que también
vivir es estar atravesado por la sexualidad. Y finalmente siempre
acabar en un mismo fin que es la ruina, la muerte.
Pero si bien los griegos tuvieron ese realismo extremo que les permitió
ver esa dimensión horrenda de la vida, eso horrendo, pavoroso,
que es lo real, también tuvieron la fuerza artística
como para transfigurar en definitiva, no sólo a través
de la música, sino a través de la plástica y
a través del teatro fundamentalmente esa visión de la
realidad, y de ahí surgió entonces sí, ese mundo
olímpico, que sobre todo en el caso de la tragedia muestra
cómo está horadado por esa inquietud fundamental.
R.
A.: Yo Freud, estoy conformado por la cultura clásica,
pero también rescaté algo de eso dionisíaco, que
está por debajo de aquella visión académica de
la cultura griega. Con eso sustento mi teoría , el complejo de
Edipo. La tragedia edípica es una de las cosas teóricamente
más horrendas, de esas cosas que no pueden ser pensadas, ni dichas,
pero justamente cuántas cosas ricas existen detrás de
esa visión que la cultura llama horrenda ; pero cuando las sacamos
a la luz vemos que son cosas absolutamente naturales, humanas y hay
que reconocerlas como tales. En ese sentido tal vez yo vería
algún punto de contacto. Es decir también he tratado de
rescatar desde el psicoanálisis lo que sería el complejo
nuclear de la neurosis. Las neurosis están basadas justamente
en la represión del complejo de Edipo, la represión de
lo que cuenta Edipo, y que de alguna manera, sin que nos demos cuenta,
vuelve y vuelve aparecer. Y una forma de aparecer, a menos que tomemos
conciencia en ese momento y lo hagamos propio- bajo el tipo neurótico
de transacciones, sin que se note que son transacciones, sin que nuestra
conciencia tome conocimiento de su contenido, o sea aparecer bajo la
forma de síntomas neuróticos.
S.
M.: En esos años todavía no me opuse frontalmente
a la teoría aristotélica de la tragedia. Seguí
pensando, o por lo menos manteniendo en lo dicho que la tragedia consistía
fundamentalmente en la descarga de dos sentimientos nocivos para la
sociedad, como son la compasión y el temor. No se me escapaba
allá entonces el contacto que existía entre la mentalidad
griega y la mentalidad cristiana, en el sentido de que para los griegos
la compasión, que hace lazo social en la sociedad cristiana,
es un aspecto nocivo socialmente y que, por lo menos según
la teoría de Aristóteles, el teatro está para
provocar ese sufrimiento, descargarlo allí, y que justamente
no contamine la relación social.
Porque la relación entre los hombres - entre los varones, los
que importaban entre los griegos- eran relaciones de una enorme dureza.
La amistad era esencial por supuesto, pero la amistad se basaba justamente
en no incursionar con el amigo en una cama blanda, sino como una rivalidad
y una gran exigencia.
En esos años ya veía la tragedia como otra cosa, evidentemente;
que iba más allá de la teoría aristotélica,
aunque no veía nada específicamente relacionado con
la sexualidad. Lo que yo veía fundamentalmente era en realidad
a través de la escena, el sueño del coro, sueño
del coro dionisíaco, sueño que surgía de la embriaguez
dionisíaca, revestido con lo apolíneo. Veía yo
la transfiguración en lo bello de algo que en realidad era
la dimensión de lo sublime, que tiene que ver con lo real y
lo horrendo. O sea lo bello como una máscara que permite vivir
lo horrendo de lo real Lo real como la necesidad de ir más
allá de los límites, de todas las posibilidades de una
convivencia humana que aparecen, en este caso, de una manera en Edipo,
de otra manera en Antígona.
En realidad la tragedia era para mí un juego entre el exceso,
la arrogancia y la sofresine. La sofresine, la mesura siempre perdía,
siempre pierde; esto me parecía una parte esencial de la sabiduría
griega frente al exceso de poder, a la tendencia al exceso de poder.
Y a la autoafirmación hay que ponerle límites, pero
estos límites siempre fracasan, frente a ese impulso fundamental
que viene de lo real místico.
Sin embargo la tragedia, a través del sueño apolíneo,
permite vivir, permite experimentar lo real sin caer, sin que el sujeto
caiga, sin que el hombre caiga. Porque la visión directa del
horror de lo real lleva directamente a una náusea tan profunda
que es imposible retomar después, a partir de allí,
la vida cotidiana, las costumbres, de una manera distinta en Antígona,
lo mismo que en Edipo.
Más adelante me ocuparon las neurosis; no las llamaba así,
pero hablé muchas veces de la nerviosidad moderna. Y para mí
en Aurora, dejé atrás esas visiones románticas
de la juventud, tan inspiradas por Wagner, por Schopenhauer. Cuando
dejé atrás eso hacia 1876/77 empecé a ver este
fenómeno de la nerviosidad, de la inquietud del desasosiego
moderno era una consecuencia de lo que empecé a entender como
el agotamiento definitivo de la cultura occidental. Es decir, de la
religión cristiana, de la metafísica, de la moral y
del arte cristiano.
En mi primera etapa, el cristianismo no era el fenómeno central,
pero ya vislumbraba que mi pensamiento iba a seguir por ahí.
Iba a seguir como una profundísima crítica al cristianismo,
y particularmente a su moral. Pero no me quiero desviar, digo, me
pareció entender en esos años, que algunos llaman mi
etapa iluminista porque dediqué demasiado mi libro a Voltaire,
que fue una reacción mía contra ese romanticismo de
juventud. Me pareció ver que la nerviosidad moderna era producto
- en enorme medida- del agotamiento de la tradición y de esta
etapa en que se encontraba el hombre de esos días, en la medida
en que ya no podía adscribir a los viejos valores de la civilización
occidental, pero tampoco encontraba la forma o tenía el coraje
de formular una nueva valoración.
R.
A.: Tal vez una primera interpretación, en sentido
terminológico, es que la compasión, no sé si es
la palabra usada por Nietzsche, es "sentir junto con".
Quizás Nietzsche considera la compasión cristiana,
"padecer junto con", donde hay una cosa básica
de padecimiento. Un poco la base del psicoanálisis es "sentir
con", relacionado con la identificación. Por eso quería
saber si era lo mismo, o dos palabras diferentes, si había contradicción
o no.
La desmesura digamos se había basado en lo real como desmedido.
Acá hay una cierta contradicción, porque mi concepción
del mundo es justamente lo que me critican los filósofos desde
posiciones filosóficas, o ideas religiosas, y desde otro punto
de vista los médicos me critican. Cuando hablo de los filósofos,
pienso en Kant que respeto. Yo no desprecio a la filosofía, pero
para mí es una especie de guía de turismo que facilita
a la gente una cosmovisión, un cierto mapa que permite a la gente
el recorrido de la vida. Y en cuanto a la concepción científica
es mucho más modesta, mucho más insegura. En ese sentido
toda concepción del mundo tiene algo de lo que llamo "elaboración
secundaria". Tiene que ver con un armado racional que tiende
a encubrir verdaderas significaciones de lo real.
Para mí en una concepción científica del mundo
lo importante es reafirmarme en los datos de la realidad, y los datos
de la realidad son muy aislados o hay que ir juntándolos poco
a poco. Hago hipótesis, de repente establezco relaciones entre
ellos, y resulta que esto sitios no están marcados entre sí;
tengo que dejar las hipótesis. Es un camino mucho más
largo, mientras que la gente puede necesitar caminos más precisos
que brinden también una cosmovisión. Desde ya que mi camino
es un camino paso a paso.
Tengo la impresión que podría compartir esa concepción
contra las visiones totalizadoras del mundo. Ahora bien, esta decadencia
del cristianismo, de la religión cristiana, creo que se acerca
un poco a lo que para mí, Freud, sería un aspecto de la
moral sexual. La insuficiencia en la moral sexual genera las neurosis,
son causas de la neurosis actual. Por ejemplo, esa imposibilidad de
tener relaciones sexuales prematrimoniales, estoy hablando de 1890,
genera una serie de neurosis de angustia a través de noviazgos
largos de 8 0 10 años con caricias sin llegar a la relación
sexual, lo que acumula tensión. Eso que llamas realidad para
mí es la realidad de la sexualidad reprimida. Considero que esa
realidad reprimida es en gran parte la causa de la crisis de la moral
sexual. En la ciencia de la sexualidad se manifiesta bajo la forma de
exagerados síntomas éticos. Todo eso me llevó a
algo que hace a la esencia del ser humano, la sexualidad infantil, que
es mi gran descubrimiento. Yo también, Ricardo Avenburg, creo
que si hay algo revolucionario en el psicoanálisis es el descubrimiento
de la sexualidad infantil, y pod.er tener una mirada distinta frente
a los chicos. Para nosotros los grandes, sometidos a la moral tradicional,
nos parecen monstruos que tenemos que parar, porque sino permanentemente
estarían exigiendo, exigiendo, y no nos damos cuenta que los
chicos exigen porque no nos damos cuenta de las exigencias de esa realidad,
que no es solamente la realidad exterior, que es mi propia realidad
interna. Nos espantamos también de esos chicos que somos nosotros,
que creemos ser grandes, creemos ser adultos, y que en esa creencia
estamos aterrorizados de nuestra propia naturaleza, que es la que yo
quiero rescatar.
En ese sentido el arte, sobre todo la tragedia, para mí es justamente
todas esas tragedias de la misma tragedia, todos esos fenómenos
que nosotros rechazamos. Permite la tragedia presentarlos de una manera
bella, de manera que la gente pueda también empezar a escuchar,
escucharse a sí mismo, y de esa manera rescatar de nosotros eso
que no queremos y que el arte con su propia forma de expresarse nos
puede mostrar. Creo que en este sentido, es uno de los puntos de contacto
con Nietzsche. No sé cuál es la posición de Nietzsche
frente a la filosofía en general, pero respecto de estos temas,
sí coincidía con Freud, en ese cierto descrédito
de las convicciones tradicionales.
S.
M.: Me parece muy interesante porque no se ha reconocido
en mí, mi calidad de investigador científico. En realidad
he sido durante muchos años un investigador científico;
en mi juventud, en mi etapa romántica. Pensemos en El nacimiento
de la tragedia, en La filosofía práctica en la época
de los griegos y en las Consideraciones intempestivas. En mi juventud
si bien mis investigaciones sólo fueron vinculadas con mi profesión
de filólogo, estaba fascinado con el arte de Wagner, con ese
vislumbre que tenía del horror de lo real, que yo compartía
desde los 16 años. En ese momento escribí un pequeño
trabajo que se llama Destino e Historia y esa impresión me
acompañó siempre. Lo real imposible, lo real pavoroso,
el hombre no puede vivir sin ilusión, la ilusión es
imprescindible, todo eso lo planteé. Pero aunque lo planteé,
no por eso dejé de ser un científico. Lo planteé
justamente como producto de una intuición básica, pero
después confirmada con investigaciones.
Pero cuando yo era joven pensaba demasiado rápidamente. Me
dejé seducir por Wagner demasiado rápidamente, también
por la transformación o transfiguración del horror en
lo bello.
En realidad mi cambio de etapa, mi afición al iluminismo, sin
haber juntado el coraje suficiente para permanecer más tiempo
junto al horror, me llevó a dejar en segundo plano a la metafísica.
Por cierto en mi juventud yo no creía en la filosofía,
creía que la única auténtica metafísica
era el arte.
Pero luego en mi etapa iluminista, positivista, soy en cierta medida
positivista, sobre todo a partir de 1878 como se puede comprobar con
lecturas, me interné en la física, en la química,
en antropología, psicología, sociología. Se puede
comprobar con los libros que yo retiraba de la biblioteca; eran todos
libros científicos. Además mi formación filosófica
era muy escasa, y lo siguió siendo. No me interesaba la metafísica,
rápidamente comprendí que la metafísica en realidad
no es más que una rama de la moral, que la metafísica
occidental estuvo siempre dominada por la moral, y que la moral -
esto tiene que ver con mis estudios antropológicos - proviene
en realidad de la prehistoria.
Es decir, las cosas fundamentales que constituyen al hombre, aquello
de lo cual no tenemos memoria, se conformaron en la prehistoria. La
tendencia natural es el olvido. Por eso tuvieron que marcar a fuego
la memoria, y esto es ante todo la moral, una crueldad, cuya brutalidad
ejercida sobre nosotros nos construyó la memoria.
Yo también entendí que el camino, el atajo para acceder
a la prehistoria, no puede ser quedarse en los últimos 4.000
años como hicieron los filósofos. Si critico tan fuertemente
al cristianismo es porque el cristianismo resume en sí los
prejuicios morales que provienen de la prehistoria, pero que los recicló,
le dio una nueva significación, por eso es tan distinto. Yo
distingo tanto la prehistoria, el cristianismo en la historia, o sea
la historia y la antigüedad. La antigüedad, lo griego, es
algo que no se inscribe en esa visión de la prehistoria y luego
historia. La antigüedad para mí no es algo que precede
y luego es continuado por el medioevo.
Y bueno, decía, los sueños para mí fueron el
camino para acceder a esta dimensión de la prehistoria, porque
creo que cuando el hombre sueña, y así lo explico en
Demasiado humano, se retrotrae a esos períodos de la humanidad.
Este fue el primer acercamiento que tuve al tema de los sueños.
Después tuve otros; en Aurora explico cómo los sueños
son las formas que tienen los apetitos, que no han logrado su alimento
durante el día, resarcirse.
Me parece muy importante que me hayan reconocido esa condición
de científico. Si escribo, digamos fragmentariamente, a borbotones,
tiene más que ver con las dificultades tremendas que tengo
en mi vista; no puedo casi leer, por lo miope que soy, porque permanentemente
se me empañan los ojos, y por las tremendas jaquecas. No es
que yo he elegido escribir así, mis condiciones corporales
me llevan a eso.
Además me parece que tenemos algo en común, y esto no
necesariamente quiere decir que lo haya tomado de mí, aunque
sé que me ha leído en secreto, y que han hablado mucho
de mí a partir de un médico que me visitaba en 1883
cuando yo vivía en Niza. Que luego se conectó con un
grupo de médicos judíos que estaban allá en Viena,
los que después se acercaron a un tal Freud.
Una cosa me parece que tenemos en común: nosotros hemos descubierto
a partir de la disolución del sujeto moderno, del sujeto de
Descartes, del sujeto de Kant, de ese sujeto que era una totalidad
consigo mismo, ese sujeto autosuficiente, pura y meramente racional,
a partir de la disolución por el positivismo de ese sujeto,
hemos descubierto o experimentado cómo ese sujeto se fragmentaba
en una cantidad - para mí- innumerables de impulsos, que eran
en definitiva lo que constituye eso que todavía llamamos sujeto
por no haberle encontrado un nombre mejor.
Me parece que para Ud., de esos impulsos, los sexuales son los fundamentales.
Para mí también los impulsos son inconscientes, pero
los impulsos sexuales son impulsos entre otros impulsos; hablo de
impulsos de todo tipo. Yo nunca entendí lo que Ud. Llama "represión".
Para mí lo que no deja aparecer el mundo de los impulsos es
la moral que nos gobierna.
R.
A.: Me sorprende la cantidad de similitudes, sobre todo en
el campo de la moral. El origen de la moral tiene que ver con la prehistoria
humana, tiene que ver con hechos sangrientos, marcados a fuego, que
se han incorporado y han generado todos los tabúes de la humanidad,
no sólo de la moral actual sino de todas las épocas. El
temor a ciertas verdades, el temor a romper ciertas normas que consideramos
naturales, cosas que no se pueden hacer, sin saber el origen pues lo
hemos olvidado.
Tiene que ver con todo lo que yo, siguiendo los estudios antropológicos
de Darwin y otros, considero como un origen. A través de episodios
históricos, que después se cristalizaron en una especie
de mito, de los hermanos desplazados por el padre de la horda, que luego
vuelven y lo matan. Por la culpa de ese crimen, incorporamos al padre
bajo la forma de moral, que inventamos nosotros. Somos esclavos de ese
muerto, sin saber que ese muerto lo inventamos nosotros. Sin embargo,
ese invento nuestro nos domina y es la base de todas las religiones.
Es bastante parecido, aunque no sé si está de acuerdo
con la manera en que cuento la prehistoria. Planteo como hipótesis
el posible origen de esa moral.
En cuanto al tema de los sueños, sin desconocer la prehistoria
filogenética, hablaría de la prehistoria individual. Los
sueños, que yo llamo "el camino real" para encontrarse,
a través de la interpretación, se deben a la censura producida
por la moral. La moral es la que impone esa censura que presenta de
una manera disfrazada el deseo, que la base del fundamento de nuestro
aparato psíquico. La posibilidad de satisfacer nuestras necesidades
básicas, que se van desarrollando en la infancia, culminando
en el complejo de Edipo, aparece de manera encubierta, desviada, reemplazada
por otra. Para poder entenderlo tenemos que retraducir ese lenguaje
para rescatar ese aspecto del ser individual. Más allá
de ese ser individual, también yo he encontrado que hay ciertas
formaciones de expresiones en los sueños que trascienden las
experiencias particulares, y que son muy parecidas a lo largo de la
historia, de la literatura, del arte, que son los símbolos oníricos,
restos de esa prehistoria.
Tal vez, en lo referente a lo sexual, estoy de acuerdo a que todos tenemos
una cantidad enorme de impulsos, pero referir cada cosa a un impulso
determinado termina ahí, no llega a nada. Tenemos que analizar
todos estos impulsos. ¿Qué impulsos básicos voy
a encontrar? Hasta 1920 para mí había dos impulsos básicos:
uno tendiente a la autoconservación, y otro a la conservación
de la especie.
Justamente la importancia de la sexualidad es la base de la trascendencia
humana, la base de la reproducción. La reproducción es
el fundamento de toda trascendencia. A veces entra en conflicto, aunque
no necesariamente, con la tendencia a la autoconservación.
Posteriormente di una vuelta de tuerca y me di cuenta que en realidad
estos dos instintos no eran primarios, sino que correspondían
a un momento evolutivo de la historia de la vida en general, no sólo
de la vida humana, de la vida en general. Es cuando al principio toda
célula se reproduce dividiéndose. La reproducción
coincide con la desaparición del individuo anterior, con el momento
de la vida donde se separan. El pedazo de cuerpo sigue existiendo después
de la reproducción, cuando se separa el soma del plasma germinativo.
Con esta primera división entre la autoconservación y
lo sexual, estoy estableciendo una primera forma de dialéctica,
entre la parte y el todo donde el instinto sexual representa la presencia
del todo en cada una de las partes, y el instinto de autoconservación
es la afirmación de la parte frente al todo. Es un momento de
la dialéctica de la vida que surge a partir de ese momento de
separación. También considero que hay otros instintos
mucho más primarios que son los instintos de vida y de muerte,
que hacen a la esencia de la vida en general, de los vegetales, virus,
hongos,etc., Esto es metapsicología. Yo, aparentemente soy contrario
a la metapsicología, sin embargo en realidad cuando hablo de
metapsicología estoy hablando de la psicología que está
junto a meta, más allá o al lado de la psicología.
Es un nivel de especulación donde ya no es una ciencia directamente
inductiva; son encadenamientos de pensamientos que se van organizando,
que me permiten totalidades mucho mayores. Con esta parte especulativa
no me voy a casar. Con esta especulación pueden estar de acuerdo
conmigo o no, para mí lo esencial es la aceptación de
la sexualidad infantil. Ese es el requerimiento esencial; los demás
instintos primarios para mí son los de vida y de muerte.
El instinto de muerte es la tendencia de la sustancia de vida a volver
a lo inorgánico de donde partió; y el instinto de vida
es la tendencia a volver a la unidad original de la sustancia de vida,
cuando se siente perturbada por nuevos signos externos que obligan y
jalonan el camino de la vida hacia la muerte y lo complejizan. Justamente
lo que descubrí es todo ese tipo de discursos que aparentemente
son caóticos, pero que tienen leyes. Ahí no sé
si estaría de acuerdo con Ud., con respecto a lo que pone en
el lugar de la razón. Para mí la razón es fundamental,
frente a todo tipo de intuición, frente a todo tipo de sentimiento
religioso, me ubico desde el lugar de la razón para meterme en
ese mundo.
S.
M.: En ese sentido a mí también se me ha
entendido muy mal. En la etapa en la cual me acerco tanto a la ciencia,
al positivismo, al evolucionismo, al iluminismo, tal como se ve en
Humano, demasiado humano, Aurora, La gaya ciencia, libros publicados
mientras yo estaba lúcido, hago una defensa incondicional de
la razón. En mi último libro El Anticristo, frente a
las patrañas de la religión, propongo la filología
y la filosofía como un auténtico saber frente a esas
patrañas. Se me ha tacha de irracionalista, simplemente porque
descubrí que la razón también se vincula con
fuerzas lejanas de la conciencia. Pero no porque yo haya rechazado
jamás la razón.
Es más, toda mi obra tiene que ver con sustituir la ancestral
relación entre culpa y castigo por la relación causal
bien establecida. Sustituir "culpa y castigo" por
"causa y efecto". La causa no es la culpa, y el efecto
no es el castigo. Pero desde la prehistoria está tan confundida
la causa con la culpa y el efecto con el castigo, que la razón
nace confundida con lo que llamo groseros prejuicios psicológicos.
Pero lo extraño de la razón es que su desarrollo fue
pagado a un precio altísimo por algunos individuos, Siempre
fue para mí el desarrollo de la razón obra de individuos
excepcionales, nunca de los pueblos en su conjunto y esos individuos
fueron brutalmente sacrificados, las más de las veces autosacrificados,
y tuvieron que crearse demonios o dioses para poder soportar su creencia.
La larga historia de la ciencia es también una larga historia
de la crueldad humana. Porque toda historia del hombre es historia
de la crueldad. He dicho muchas veces que la crueldad es la fiesta
más primitiva de la humanidad.
Ese desarrollo de la razón es lo que permitirá alguna
vez superar la moral; no hay otro camino. Claro, la moral no tiene
que detenerse frente a la moral. Lo que veo en las ciencias contemporáneas
es que todavía están dominadas por la moral, todavía
están dominadas por el cristianismo, todavía no se atreven
a lo prohibido suficientemente, a pesar de la decadencia del cristianismo.
La razón nace confundida con los prejuicios y esa larga historia,
esa cruenta historia, esa brutal historia de la razón no coincide
con la historia que nos cuentan en los colegios donde pareciera que
un descubrimiento sucediera a otro.
Racionalidad y prejuicio psicológico, racionalidad e ignorancia
se mezclan. La historia de la razón es la historia de la vuelta
contra sí de esa potencia, de ese impulso de conocimiento.
Si lo llevamos hasta las últimas consecuencias, no sé
si la humanidad podría sobrevivir. Lo que a mí me diferencia
del positivismo y del iluminismo en ese punto, yo diría del
optimismo racionalista, es que yo sé que el final de la destrucción
de la ilusión en manos de la razón es reencontrarnos
con ese horror primigenio, ese horror anterior, en cierto modo a la
humanización.
Entonces, en ese punto, necesito ponerle límites a la razón,
necesito volver al arte para descansar de la razón, necesito
creer en este mundo, evanescente e ilusorio, para poder soportar el
aguijón de la razón, pero jamás he sido un irracionalista
R.
A.: Estoy de acuerdo en que hay una superposición
entre razón y moral.
S.
M.: Quería agregar una cosa; uno de los motivos
por el cual he rechazado la filosofía metafísica es
justamente porque no es más que una suerte de rama secundaria
de la moral. Un Kant, un Hegel, un Platón, en el fondo son
moralistas, no filósofos. Rescato al filósofo a partir
de Aurora, pero ¿cómo quién? ¿cómo
qué Como quien se atreve a lo prohibido, como el que se atreve
al más allá de lo establecido, como el aventurero, para
mí el filósofo es el Colón del espíritu,
el que se aventura más allá, el experimentador, el que
se atreve a una libre experimentación. Tendríamos que
hablar de qué es ser científico.
R.
A.: Todos estamos contaminados por la moral, todos. El tema
es cómo poder rescatar de nosotros el filósofo, una racionalidad
específica de cada uno, desde esa moral y poder. Por ejemplo,
para curar una histeria es importante lo objetivo, que está reprimido,
es decir lo que es un tabú transformarlo en una explicación
consciente. O sea deshacer aquellos tabúes morales inconscientes
para poder manejarlos conscientemente con la razón humana. Justamente
como Freud planteo, desde el Superyó, desde la represión,
levantar la represión y rescatar la racionalidad presente en
nuestra propia naturaleza íntima.
También digo que a veces la cultura se basa en la represión.
Es también verdad, pero es un tipo de cultura donde fácilmente
caemos. Creo, con respecto a culpa y causa, que desde la culpa surge
la causa. Como Freud trato de trascender la racionalidad causal por
la racionalidad de la libre determinación. Cada síntoma
está multideterminado, no hay una relación directa causa-efecto,
o una culpa armada como estructura que culmina en la aparición
de un síntoma. Pero creo que hay una posición de una filosofía
moral en este sentido. Diferencio moral de ética, y ahí
no sé si hablo como Freud o como Ricardo Avenburg.
La ética es aquella responsabilidad consciente que asumimos cada
uno respecto de nuestras acciones. La moral se maneja por la culpa y
el castigo, ese círculo vicioso que no termina nunca, matándonos
a nosotros mismos y matando al Otro al cual les adjudicamos la culpa.
Primero en el reino animal la culpa no existe. Hay un contrato social
entre los animales, todos los animales tienen sus reglas sociales y
reglas de convivencia, e inclusive mucho mejor que las nuestras. Es
muy raro que se maten dentro de una misma especie animal, como lo hacemos
nosotros. Ahí está el tema de la moral incluído.
En el ser humano hubo un momento previo a la aparición de esa
moral: el momento de la adquisición del lenguaje verbal, donde
tuvimos que empezar a establecer un lenguaje basado en las articulaciones
del lenguaje, preposiciones, conjunciones, adverbios, pronombres, formas
verbales, subjuntivos, condicionales, etc., lo que crea una complejidad
en el sistema de relación de las cosas del mundo, para poder
abarcarlo. Este es el momento que yo Freud señalo como el momento
de la omnipotencia del pensamiento. El hombre al empezar a conquistar
el lenguaje tenía una conquista en abstracto que al volcarse
sobre el mundo permite dominar nuevas áreas del mundo. Lleva
a la omnipotencia. Si pensamos a la potencia según Aristóteles
como potencialidad y no como fuerza, pero sí como potencialidad
de acción, se abre un elemento de potencialidad de acción
que remite a la omnipotencia en relación con las otras especies
de animales. Ese momento de aparición de la razón con
el lenguaje verbal es lo que yo llamo el proceso secundario. Para enfrentar
el problema de los muertos aparecen los demonios, primero negativos,
después los buenos. La percepción de la muerte vista a
través del lenguaje, ya no es una percepción de infinitud,
de no ver nunca más a nadie, se expresa a través la necesidad
de recrear a las personas perdidas, también a las personas odiadas
a través de los demonios.
Llegamos así al mundo de la psiquis. La psiquis, de la palabra
psyché, lo mismo que espíritu y alma, es alimento, aire
. Hay un aire que va rodeando el mundo, que va coloreando el mundo de
almas, pero tiene que ver en realidad con el conocimiento. A su vez
todo eso se mezcla con la expresión de deseos, con el pensamiento
mágico, confundiéndose las relaciones de pensamiento con
relaciones reales. Hay todo un juego de conocimiento del mundo y expresión
de deseos que empiezan a mezclarse.
Para mí todo eso es previo a la moral. Llega un momento en el
cual se produce una crisis en la humanidad que culmina con una violencia
dirigida contra nosotros mismos, contra nuestra propia naturaleza. Yo
Freud llegué a decir que esa lucha contra la propia sexualidad,
contra la propia naturaleza puede llevar a la desaparición de
la especie humana.
S.
M.: Recién tomó Ud. un tema que, al principio
no fue fundamental para mí, después gobernó cada
vez más mi pensamiento. Yo siempre creí que las ideas
importantes crecen en el interior de uno, sin que uno se proponga
nada. Como estrategia de conocimiento hay que dejar que esas ideas
crezcan; hay que concebirse como una mujer embarazada. La mejor relación
que encontré con el pensamiento es dejar que fructifique. Cuando
llega ese momento, la idea sale a la luz. Lo que uno puede hacer en
ese sentido es ensimismarse y tomar todos los cuidados para proteger
esa vida. Hay que volar como un pájaro, esto es muy masculino,
pero también hay que sentirse preñado como una mujer.
Así se fue gestando en mí la idea del poder, en forma
relativamente tardía. Yo en Aurora todavía hablaba de
sentimiento de poder, no hablaba de voluntad de poder. Sólo
en Zaratustra empecé a hablar de voluntad de poder.
Es cierto que el lenguaje es un modo de perfección del mundo,
es un modo que conlleva la ilusión. Las palabras son las cosas.
Esta ilusión es necesaria porque sino el hombre no podría
haberse instalado en el mundo.
Lo que ha hecho la metafísica es suponer que cada palabra tiene
un respaldo sustancial en otro mundo, esto es Platón y el platonismo.
Por cierto lo real es siempre singular; yo soy nominalista, lo real
es siempre singular y los términos son fatalmente generales,
lo explicaba ya Aristóteles. O sea que el lenguaje - yo lo
he dicho- es una seudociencia.
Un punto que me importa destacar es que exageré la dimensión
del poder en mis últimos años. Tuve una especie de exaltación
en mi pensamiento y corrí el peligro de elaborar una nueva
metafísica, la metafísica del poder. Sé que algunos
se apoderaron de mis textos e hicieron de esa metafísica una
acción política. En realidad yo pensé que el
mundo tenía que cambiar, sin saberlo estaba coincidiendo con
Marx. Los auténticos cambios se dan en la vida práctica.
También si cambié tanto mi pensamiento fue porque el
cristianismo en su final se convirtió en pura hipocresía.
¿Quién no dice hoy que lo que hace lo realiza por el
bien común? ¿Quién no dice que lo que le importa
son los otros? Las prácticas en el fondo no han cambiado. ¿Quién
tiene hoy la sinceridad cómo dijo Tucídides en el famoso
discurso sobre la Guerra del Peloponeso, quién es capaz de
decir hoy, poco vale que ustedes invoquen la justicia, nosotros somos
más fuertes, nos obedecen o los destruimos ? No, hoy se sigue
hablando así, lo hacen los Estados Unidos, esto tiene que ver
con mi capacidad visionaria, se sigue hablando del bien, del mundo
occidental, de los valores democráticos, humanos, y en función
de eso se sigue con lo que fue siempre la historia de la humanidad.
Creo que Freud estará de acuerdo conmigo. Yo lo veo como una
dimensión sacrificial.
R.
A.: Creo que coincidimos en la esperanza de superar esa tendencia
sacrificial, ese sufrimiento de la humanidad dado por el sentimiento
de culpa. Yo Freud lo digo en forma un poco más ambigua con otras
palabras. Tampoco le tengo mucha simpatía a los Estados Unidos,
pero no se les puede cargar todas las culpas. Todos somos responsables,
no culpables, cada uno es consciente, cada uno crea su propio espacio
en el mundo, espacio que va creando a partir de su punto de partida,
primer punto de todo ser humano y de todo ser animal, que son los instintos.
A propósito de esto,¿Nietzsche cuando habla de instintos
usa la palabra trieb?
S.
M.: Sí, usa trieb, a veces usa instinto, pero por
lo general usa trieb.
R.
A.: Con respecto a la guerra, la única posibilidad
de llegar a la paz es que haya una acción más fuerte que
imponga la paz. Sin embargo, creo que hay una cosa más básica,
pero difícil de rescatar. Cuando un chico ve un animal se pone
contento, cuando ve plantas o animales juntos se pone contento. Hay
algo que une a los seres vivos en general, y cuando uno satisface la
necesidad de uno también está satisfaciendo la necesidad
de otros. No hay, por lo menos en última instancia, una contradicción
con las propias necesidades. Lo anecdótico trae conflictos, porque
tiene que ver con la presencia del todo. Aunque es obvio que todo eso
se va construyendo en forma relativa.
Yo Freud digo que la mujer es clave de la creatividad y que esa creatividad
se hace en base a sublimaciones, es decir la creatividad de lo sexual.
La sexualidad viene de la creatividad, la sexualidad es la base de la
reproducción biológica. Todo eso es lo que va a rescatar
a la humanidad de la tendencia a la autodestrucción.
G.
S. F.: ¿Silvio, querés agregar algo como Nietzsche?
S.
M.: Como Nietzche diría que no creo en el amor,
no creo que entre dos seres humanos pueda haber entendimiento alguno,
no con uno mismo siquiera, porque cada uno de los impulsos quiere
otra cosa y están en permanente conflicto. Sin embargo creo
que de ese juego se puede, quizás a través de la creatividad
de uno mismo como obra de arte, como un trabajo permanente, decir
sí a la vida, siempre y bajo cualquier condición. Si
hay algo que ha hecho un enorme mal a la humanidad es el resentimiento.
G.
S. F.: La verdad, es una maravilla escucharlos. Si no se
conocieron, parece que allá en el otro mundo se llevan muy bien
y tienen mucho de qué hablar. Dicen por ahí que Freud
muy joven había leído a Nietzsche y después lo
"olvidó". Y que fue a través de Lou Andréas
Salomé que refrescó algo. También está escrito
que él temía leerlo, porque se encontraba como en un espejo,
que lo aterrorizaba como algo siniestro de sí mismo, que representaba
sus propias ideas en otro. No sé si estarán de acuerdo
con esta observación.
Veo que varias personas piden la palabra. Primero hablará Emiliano.
Emiliano
del Campo: Freud nunca se refirió a Nietzsche con esas palabras.
A él se refirió como su otro Yo al cual nunca pudo hablar
porque no podía creer que escribiera lo mismo que él en
psicoanálisis.
En 1986 tuve la oportunidad de visitar en París una exposición
en el Pompidou con una reconstrucción de Viena del 1900. Ahí
en el catálogo aparece una carta de Freud a Fliess donde le dice
que ha comprado la obra de Nietzsche. Que él siente que siente
una rabia que no puede dominar frente a sus pacientes y que esto lo
ha obligado a leer a Nietzsche. Creo que no se puede pensar a Freud
sin Nietzsche, un Freud sin una sabiduría dionisíaca que
reconoce una tragedia dionisíaca. Es decir, en Freud lo apolíneo
es una especie de cobertura, pero en el fondo es la tragedia. Para Nietzsche
la sabiduría de la tragedia es reconocer lo que es la tragedia.
Para Freud la sabiduría dionisíaca es reconocer la tragedia
dionisíaca. No sé si Maresca coincide con todo esto.
Una segunda pregunta para Maresca. Nietzsche hace una sugestiva diferencia
entre el mundo antiguo y el mundo moderno: está el mundo de los
esclavos. Dice que el mundo de los esclavos padece la tragedia dionisíaca
sin saberlo. Existe una elite que padece la tragedia dionisíaca
pero la reconoce. Entonces hace una partición del mundo donde
la esclavitud no está vinculada a una tendencia social, sino
a cómo se ubica frente a la tragedia. A partir de ahí
Nietzsche pone a Sócrates, Aristóteles y al cristianismo
dentro del pensamiento apolíneo. Nietzsche se opone a Marx porque
éste tiene una concepción histórica, mientras que
él se refiere a la división de la esclavitud entre los
que sufren la tragedia sin saberlo y los que la reconocen.
S.
M.: Un par de cosas solamente. Evidentemente Nietzsche
ha tenido varias etapas en su pensamiento. Yo hoy me mantuve fundamentalmente
entre 1872 y 1882, sin llegar a una etapa posterior, salvo algunas
menciones. Sí, después de ese período hay varios
virajes más. Pero una cosa que él mantiene permanentemente
es su animadversión al socialismo. ¿ Porqué?
Porque él veía el problema fundamental de la sociedad
europea como el problema de los valores, en el sentido de los valores
del judeo-cristianismo que rigieron la vida del Occidente durante
1500 años y ya estaban agotados. Esto significa que estos valores
ya no podían ejercer su función de tales, que consiste
en ordenar en un doble sentido: de mandar y de establecer un orden
en función de ese mandato.
Todos hablamos de la justicia, todos hablamos del bien, todos hablamos
de la belleza y hacemos cualquier cosa. Lo que hacemos no tiene nada
que ver con todo eso. Porque cuando se valora se da una situación
complicada, porque no se produce una destrucción física
del valor; no es como cuando algo se rompe , como palabras siguen
estando presentes, y en la medida en que no se generen nuevos valores,
van a seguir ahí en el horizonte, pero ya no galvanizan las
energías humanas. Entonces la conducta retrocede al egoísmo
más elemental, si se produce ese desajuste entre los valores
proclamados y las conductas ejercidas. Es lo que constituye la esencia
de la corrupción. Por eso la corrupción no es un fenómeno
moral sino algo relacionado con estos grandes procesos de valoración.
Pensemos
en la decadencia de la Antigüedad como decadencia de los valores
del paganismo, y vamos a tener un ejemplo de lo que nos está
pasando ahora.
Con respecto al socialismo lo que Nietzsche ve cada vez con más
claridad, es que intenta revitalizar valores que están muertos,
y del peor modo posible. Además, pretende imponerlos o reimponerlos,
es lo que en psicoanálisis se llama "denegación".
"Ya lo sé, sin embargo..." Verdaderamente en este
sentido el socialismo es perverso. Lo ha intentado y lo que ha pasado
históricamente es imponer por la violencia aquello que ya no
tiene vigencia. Nietzsche ya lo veía con respecto a la Revolución
Francesa, por eso su oposición a la Revolución Francesa.
Lo que él propone es otro modelo, porque los valores hay que
cambiarlos, éstos ya no van más, es necesario una nueva
valoración, pero esa nueva valoración debe infundirse
en dosis homeopáticas. Nietzche rechaza el modelo revolucionario,
absolutamente. Es un reformista, no un revolucionario. Además
piensa en largos plazos, larguísimos plazos.
El tema de los esclavos tiene que ver con esto, desde donde uno establece
los valores, qué significa ser esclavo. Ser esclavo significa
pensar que el otro es malo, por ende como yo soy el otro del otro,
yo soy bueno, así es cómo se valoran los esclavos en
la Antigüedad. El conquistador, no lo defiende Nietzsche sino
que lo describe como investigador, el arrogante, el agresivo, fundamentalmente
el romano, era el que aparecía frente a los pueblos y a las
masas como el activo, el poderoso y por ende el malo, en la valoración
del esclavo implica pensar que el otro es el que lleva la batuta,
es el que domina, el que decide, yo no, es el malo, por ende yo que
soy el otro del otro soy el bueno. Entonces establece los valores
morales de esa manera.
Yo diría quien ha superado esa condición de esclavitud
valora a partir de su propia singularidad. Este es otro punto de gran
conexión con el psicoanálisis, porque el psicoanálisis
- según me parece - lo que busca a través de su metodología,
su terapia, es que cada persona pueda descubrir en un mundo de valores
devaluados aquellos valores, tengan que ver con la tradición
o no, que expresen su propia singularidad y se afirme en esos valores,
pudiendo hacer abstracción de la moral convencional o cualquier
tipo de cosas de ese estilo.
Entonces ser señor significa valorar a partir de sí.
Yo soy bueno, quiere decir me afirmo en lo que creo, en todo caso
a quien no es capaz de hacer algo similar lo llamaré malo.
Yo llamo malo al impotente, al que es incapaz de afirmarse en su propia
singularidad. Llamo esclavo al que está pendiente de lo que
los otros piensan de él, al que le importa la opinión
ajena.
Todos tenemos un poco de cada cosa en definitiva, pero como dijo muy
bien Emiliano del Campo, eso no tiene nada que ver con las clases
sociales, no es un análisis histórico y sociológico,
porque Nietzsche no es marxista ni sociólogo en ese sentido.
G.
S. F.: Tiene la palabra Manfredo Teicher.
Manfredo
Teicher: Gilda quiero agradecerte por la iniciativa de este diálogo
y a estos personajes que nos han brindado un show fascinante. Si es
posible, me gustaría que se desgrabe y publique.
Me atrevo a hacer una pregunta porque no siempre puedo encontrarme con
Nietzsche y la verdad que su discurso me ha fascinado. Quiero saber
si esta pregunta tiene sentido para Nietzsche. Va la pregunta. ¿Puede
haber vida sin moral, y fuera de la moral estaría el arte y la
filosofía? Si es así, ¿qué diablos es la
moral?
S.
M.: Nietzsche piensa que la etapa gregaria del hombre está
consumada. Quiere decir que el hombre ha evolucionado suficientemente
como para ya no tener que refugiarse en el gregarismo, por la propia
evolución del conocimiento. Por lo tanto, los tiempos estarían
maduros, no para que no haya ninguna moral, sino para que cada uno
pudiera establecer su bien y su mal. ¿Cómo se podría
convivir así? Es una cuestión que queda abierta pero
él ve - una de las cosas que él ve - que el derecho
podría sustituir con ventajas a la moral, sin infundir cuestiones
de culpa, de castigo, etc.
El dice en Zaratustra, bueno para todos, malo para todos, fuera de
mí. Con esta afirmación cuando él habla de nuevos
valores, no hay que pensar que se trata de tirar a la basura el conjunto
de valores cristianos y poner otros nuevos simplemente, lo que vendría
sería una moral más vinculada con la singularidad, no
digo la individualidad, sino la singularidad. Y ahí es donde
me parece a mí que el psicoanálisis presta un servicio
excepcional porque uno de los pocos caminos que tenemos para descubrir
lo que realmente es lo más recóndito de cada uno, aquello
que en definitiva es inexpresable, lo que le hace ser quien es, es
el psicoanálisis. Nietzsche no ha desarrollado una metodología
que pueda generalizarse. Es una cuestión importante.
En Aurora dice con respecto a la moral que el cristianismo en su lecho
de muerte se ha transformado en un suave moralista. Relacionado con
lo que veníamos diciendo recién, es cierto que no se
puede vivir sin moral, pero la moral vigente todavía no coacciona,
no determina nada. Basta pensar en las cosas de todos los días
¿quién se rige por la moral? Todos hablan de moral,
pero cada uno se rige por sus intereses individuales, los más
mezquinos, justamente por falta de análisis. Me parece que
estas cosas configuran la encrucijada en que estamos, la encrucijada
civilizatoria en que estamos, por eso no me suenan tan ridículas
esas afirmaciones de "bueno, vamos a reponer la ética,
vamos a reconstruir al hombre". Me parece que Nietzsche hablaba
de dos siglos de nihilismo o sea de una civilización en disolución.
Creo que, por ahora, estamos en plena disolución. Pero que
el camino de salida pasa por la singularidad de cada uno.
G.
S. F.: Tiene la palabra Haydée Kohan.
Haydée
Kohan: Lo que noté en esta charla que, según parece,
nunca ocurrió entre Freud y Nietzsche que Freud hubiera quedado
desdibujado con respecto a los pensamientos rotundos de Nietzsche. No
conozco a Nietzsche más que en pequeñas lecturas, pero
me parece que Nietzsche no expresó tanto a nuestra civilización
actual como Freud, quien produjo modificaciones tan importantes en nuestro
siglo con respecto al arte, la literatura, la pedagogía, el deporte,
etc., ni qué hablar de la enseñanza. Como dijo Ricardo,
personificando a Freud, éste fue el primero en descubrir la sexualidad
infantil, la vida mental infantil.
Tengo una pregunta en relación a la lectura que hice de Zaratustra.
¿Qué pasaba con Nietzsche y la sublimación, con
esta búsqueda expresada dentro de la voluntad de poder? Me parece
como una vuelta atrás, que no me cierra con la lectura de obras
anteriores.
¿Qué pasó? ¿Hubo algo en ese Nietzsche Humano,
demasiado humano, algo que durante esa búsqueda lo llevó
a donde no quería ir, relacionado con su perspectiva de lo que
es sublimación con respecto a lo sublime? Me preguntaba mucho
sobre esto, porque me parece un punto donde también Freud dio
explicaciones, pero que a él mismo le quedó como un interrogante.
G.
S. F.: Tiene la palabra Blanca Montevechio.
Blanca
Montevechio: Quería retomar y tratar de establecer una especie
de correlación entre Nietzsche y Freud. Lo vengo pensando hace
tiempo. No sé si voy a poder sintetizar. Se refiere precisamente
a lo dionisíaco tal como lo plantea Nietzsche. Retomé
de dionisíaco no sólo la desmesura sino lo funcional,
el retorno a la unidad primordial, la disolución de la individualidad
hasta llegar a una búsqueda de la destrucción de sí
mismo, que es más o menos lo que dice Nietzsche.
Si entendí bien a Nietzsche según Maresca, están
los dos aspectos, lo sublime y lo siniestro. ¿Cómo lo
podemos relacionar con lo de Freud, según se mencionó
aquí?
Freud habló primero de la teoría de los instintos, sólo
más adelante empezó a trabajar el tema del narcisismo.
A mí me parece que habría que invertir el orden. El narcisismo
es previo a los instintos. De alguna manera parto de las ideas de Blejer
que apuntan a esa unidad primordial, funcional, inicial, que se le atribuye
al ser humano en sus orígenes. Hay una correlación interesante
que quizás Freud no ha desarrollado desde el comienzo, sino que
se fue desarrollando posteriormente, por ejemplo con la teoría
de las masas, la psicología de las masas, esa tendencia a la
exclusión, a la disolución del vínculo. Pienso
desde allí la correlación Freud-Nietzsche con lo dionisíaco
como sustrato inconsciente, no del inconsciente individual sino de un
inconsciente ampliado. Esto habría que desarrollarlo mucho más.
R.
A.: Yo represento a un Freud, el Freud tal como lo escribí
yo. Creo que hay tantos Freud como psicoanalistas. Blanca, el Freud
que describiste no es el Freud que tengo yo
G.
S. F.: Esto es interesante. Para Silvio debe ser también
su Nietzsche.
R.
A.: Para Freud, obviamente, el narcisismo responde a una
conducta narcisista. Blanca, no es el Freud que yo conozco, pero respeto
el tuyo, es natural que así sea.
Contesto a Haydée y a Blanca al mismo tiempo. Lo desdibujado
tiene que ver con la Teoría del Límite. Si está
desdibujado es porque hay una falla estética en algún
sentido.. La pregunta sería : ¿hay un detenimiento de
la verdad? Porque desdibujado tiene que ver con la pérdida de
límite, por lo tanto habría una indefinición de
los términos que yo he usado. Eso haría que se genere
una sensación de borramiento que tendría que ver con una
perturbación estética, con un acto, una carencia. Es difícil
saber porque lo estético también es muy subjetivo. Para
vos, Haydée, desdibujado también lo es. ¿Cómo
juega primero la estética en relación con los deseos de
cada uno?
Creo que todo trabajo bien desarrollado despierta una sensación
estética, también en un trabajo científico, aunque
lo estético sea secundario. Hay otras obras donde lo estético
es lo esencial y uno va más allá del aspecto del contenido
de verdad en función de una verdad correspondiente al placer
personal de cada uno. Son planos diferentes; una estética de
la palabra y una estética de la verdad, lo mismo que una verdad
a la mentira y una mentira a la verdad.
S.
M.: Bueno, hay toda una cuestión de lo bello y lo
sublime, eso es un gran tema que desarrolla sobre todo Kant en la
Crítica del Juicio. Pero sería muy largo meterme en
este tema y veo que me indican que ya se termina nuestro tiempo...
G.
S. F.: Así es. Nos pasamos ampliamente del tiempo
asignado. Nos queda por agradecer a Ricardo Avenburg y Silvio Maresca
por este magnífico diálogo y dejar que Freud y Nietzsche
retomen cada uno su camino.
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