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"Y la histeria creó el psicoanálisis"

Florence Resnik

Introducción
La histeria permitió a Freud inventar el psicoanálisis. La histeria es un lenguaje. A nosotros, terapeutas, nos toca descifrarlo y superar el rechazo que puede provocar la histeria, para ir más allá y aceptar ser enseñada por ella.
La historia de Anna es una ilustración notable de los comienzos del psicoanálisis y sobre todo del espíritu abierto, de creación, de inteligencia de Freud y también de Breuer. Creer en lo que decía la pacienta significaba también creer en esa aventura psicoanalítica que permite cambiar la vida. Lo atestiguó Anna O. La histeria sufre sobre todo de representaciones que traducen los conflictos psíquicos y determinan la gestualidad del cuerpo.

Presentación
Decía Lasègue: "la definición de la histeria nunca se dio y nunca se dará". Para superar esa afirmación parece oportuno dedicar un trabajo en este momento y por varias razones. Acabamos de celebrar el centenario de la publicación de La Interpretación de los Sueños que fue "la vía regia del psicoanálisis". Es el estudio de la histeria lo que permitió a Freud elaborar su teoría, llamada al principio "psicología de las profundidades". Por otro lado la desaparición de la noción de histeria de los DSM III y IV, reemplazada por "síntomas de conversión" únicamente, nos obliga a restituir a la histeria sus títulos de nobleza y volver a colocarla en su justo lugar como punto inicial del psicoanálisis.
En el servicio de Charcot, Freud, neurólogo de formación, se encuentra con las primeras histéricas. En esa época dos escuelas se ocupan del tema: la de Hippolyte Berheim en Nancy y la de Charcot en París. Según Charcot, las histéricas eran "pobres desgraciadas sacadas de los considerados servicios de incurables." Tanto Charcot como Berheim les brindaron cierta dignidad al liberarlas de la sospechas de simuladoras que todavía rodean a las histéricas. Pero Freud se distanció de Charcot en 1892 al no adherir a sus teorías sobre la herencia. Además, Charcot no quiso desarrollar teorías sobre la etiología sexual de las neurosis. Charcot fue muy criticado por sus experiencias con estas "desgraciadas", como las llamaba, al sumirlas en estado hipnótico varias veces por día por las necesidades de sus lecciones universitarias.
Maupassant escribió en relación con Charcot "todos somos histéricos, desde que Charcot, ese fomentador de histéricos a domicilio, mantiene costosamente en su institución modelo de la Salpêtrière una multitud de mujeres nerviosas a quienes inocula la locura y lleva en poco tiempo a ser demoníacas". Era una referencia a la obra publicada por Charcot et Richer en 1887 "Los demoníacos en el arte". Con todo, sin embargo hay que reconocer a Charcot el mérito de descubrir el aspecto bisexual de la histeria; que publicó una obra: 16 lecciones sobre la histeria masculina y que gracias a él la histeria se considera una enfermedad funcional que puede ser tanto de hombres como de mujeres, a pesar de su etimología: hustera (útero).
Los Estudios sobre la histeria, publicados en 1895, representan el libro inaugural del psicoanálisis. La histeria permanece como la enfermedad primera que permitió a la vez la existencia de una clínica freudiana y una nueva mirada sobre la femineidad, en función de la bisexualidad, tanto del hombre como de la mujer.
El descubrimiento freudiano al comienzo se refiere esencialmente a la noción de inconsciente y por ende de la sexualidad infantil. Estamos guiados por palabras que no entendemos pero donde está impregnada la sexualidad humana. Con Breuer, Freud descubre el vínculo entre el síntoma somático -como lo vemos en su pacienta Anna O.- y la causa del síntoma, o sea un traumatismo de orden psíquico. Un afecto penoso persiste por no encontrar su solución. Fue reprimido. Es el conflicto psíquico inconsciente, causa mayor de la histeria. El histérico, según Freud sufre de reminiscencias ligadas a un afecto insoportable. Reminiscencia que debe diferenciarse del recuerdo. Esta cuestión de la reminiscencia no dejó de preocupar a Freud, como se ve en su último texto de 1937-38 Construcciones en análisis.
Algo falta a la palabra, donde el sujeto no pudo acceder. Es esa falta que se inscribe como síntoma en el cuerpo. En este sentido el histérico sufre de reminiscencias y deja a cargo de su cuerpo negociar el conflicto.
De tal manea, la primera definición de la histeria freudiana sería sufrir de pensamientos y no de dolores. Freud va a interesarse por el trasfondo de esos dolores, el contenido de esos pensamientos. Deja de lado, sin negarlo el dolor físico, para enfocar el sufrimiento psíquico. Va a buscar la relación existente entre la historia de este sufrimiento y el sufrimiento mismo. Cuando Freud pregunta a una de sus pacientas, Elisabeth Von R. "¿de donde vienen sus dolores?", está inventando un nuevo cuerpo, un cuerpo psíquico diferenciado y delimitado por representaciones propias del sujeto y de las cuales éste es productor y autor al mismo tiempo.

Primeros conceptos de la noción de histeria
La teoría de la seducción y su evolución

Al comienzo Freud propone para la histeria una teoría de la seducción. El traumatismo psíquico, causa de la histeria, sería por una actuación seductora de un adulto con un niño. La histeria sería una reacción a posteriori de la sexualidad como "perversión rechazada" y cuyo síntoma sería el signo.
Pero desde 1897 Freud descubre que el niño tiene una sexualidad propia y sugiere que la histeria es sólo una manifestación entre otras del aspecto infantil de la sexualidad humana, de los fantasmas, deseos inconscientes -incesto, parricidio- y el infantilismo se daría porque la sexualidad es traumática por sí misma, y no obligatoriamente por accidente o seducción real. No hay iniciación humana a la sexualidad. Ferenzci lo expone en su artículo La confusión de lenguas entre generaciones.
La primera mentira que destaca Freud a propósito de su pacienta Emma se refiere a la vía desviada de la seducción, o sea el pedido invertido, ser el objeto del deseo del padre.
Entonces, Freud abandona la teoría de la seducción a favor de otros conceptos (fantasmas, libido), como en su texto de 1908 Los fantasmas histéricos y su relación con la bisexualidad que permiten traducir cómo la verdad de un sujeto se expresa con las formaciones del inconsciente: sueños, síntomas, actos fallidos, chistes, etc. Afirma Freud; "al lado de la realidad material hay una realidad psíquica".

Humildad y relatividad de nuestra condición humana
Al escuchar las histéricas Freud descubre que su discurso es la emanación de otro discurso, inconsciente. Este descubrimiento le permite elaborar posteriormente los procesos que vinculan a esos dos discursos: el consciente, manifiesto, y el inconsciente, latente. ¿ De qué está hecho el discurso inconsciente? Del deseo y de sus múltiples facetas.
Aceptar que el ser humano, todos nosotros, somos movidos por nuestro inconsciente, que nuestras conductas, nuestras elecciones, juicios, actos son sólo la expresión de nuestro inconsciente y no de nuestro libre albedrío, que sólo poseemos un dominio parcial de nuestra vida psíquica, evidentemente provoca muchas resistencias.

Intentar entender el lenguaje de la histeria
El psicoanálisis nos lleva a corrernos del "lo que se ve" por "lo que se entiende". La histeria nos obliga a eso para poder comprenderla. Es necesario, pues, suspender nuestro enfoque clínico habitual de buscar cómo visualizar signos, para intentar captar los motivos ocultos para el sujeto mismo. Los trastornos, los malestares exhibidos no son simulados ni falsos, el paciente sufre. ¿Acaso un dolor neurótico no es un dolor real? El histérico no tiene mal fe ni es simulador. Esto es lo esencial. Debemos encontrar las motivaciones inconscientes del paciente, los vínculos entre su historia, su ubicación como sujeto en el mundo, y relacionado con eso el papel que nos quiere hacer desempeñar, el lugar donde nos quiere colocar y qué trata de poner en escena y de repetir de su temática personal.
Quizás, por ese motivo, Francois Perrier decía que el analista debe moverse como el cangrejo, hacia atrás, para no quedar bloqueado con la imagen que el paciente quisiera imponer, lo que impediría toda posibilidad de apertura. Como terapeuta debemos realizar un trabajo de decodificación entre el decir del sujeto y el objetivo de su decir. Para eso no hay que apresurarse en comprender. Decir lo que aún no se sabe es una manera de no saber lo que se dice. Justamente porque el histérico es el sujeto obligado en decir lo que no sabe o todavía no sabe, lo que ha facilitado el camino al psicoanálisis.
Los síntomas histéricos se caracterizan por su variabilidad, su polimorfismo, tal como se ve en el historial de Anna O. ¿Pero detrás de estos síntomas qué busca el histérico? Una desestabilización del saber, de nuestras costumbres, de la rutina; en otros términos una rebelión contra la monotonía.
El histérico interroga primero la bisexualidad existente en todos nosotros. Perrier dice que "el analista debe olvidar su yo sexuado en el guardarropa". Y siguiendo a Lucien Israël entender a la histeria como "función de lucha contra la restricción impuesta por la adaptación". El histérico plantea un desafío, como una manera de rechazar el lugar donde lo ubica la sociedad. Quizás porque el histérico busca desesperadamente su lugar, aquél de donde fue desalojado tiempo atrás.

El histérico busca que se lo entienda
Me parece esencial no confundir el "responder a su demanda", tal como se dice a menudo en las instituciones, frase carente de sentido, con el hecho de "estar presente". No es necesario quizás responder a su demanda pero sí responder absolutamente. No debemos nunca dejar la reivindicación del sufrimiento girar en el vacío, so riesgo de caer en la paranoia. Lo esencial para el paciente es saber que ya no está solo, que se lo escucha, que por fin se le presta atención, que nosotros, al contrario de él, estamos disponible. ¿Acaso no es de indisposibilidad psíquica que él sufre?

Anna O. o el invento del psicoanálisis
Para presentar Anna O. vale la pena reproducir lo que dice Lucien Israël con respecto a la histeria: "Cuando nos saquemos de encima las consideraciones peyorativas ligadas a la histeria, podremos visualizar lo que la liberación de las mujeres, la conquista de sus derechos le deben a la histeria que posee cualidades que son el revés de sus síntomas, o sea la generosidad. Pues la histérica reivindica la curación no sólo para sí misma, sino también para su entorno".
La Srta. Anna O. fue una de las primeras pacientas de Breuer. Nació el 27 de febrero de 1859 en Viena. Era la tercera de 4 hermanos: 3 mujeres y 1 varón nacido después de ella. Fue educada de acuerdo a las normas de una "buena familia" de aquella época: una excelente cultura general, el aprendizaje de lenguas extranjeras que hablaba muy bien. Sin embargo, se nota cierto modernismo, pues sus padres le autorizaban a practicar equitación con sus primos. Breuer, en su historial, se lamenta que no haya seguido estudios superiores pues "era destacadamente inteligente, con grandes cualidades mentales, ingeniosa, intuitiva, enérgica, tozuda y además con dones poéticos".
Exteriorizaba una actividad mental desbordante y se entregaba a ensoñaciones diurnas que llamaba su "teatro privado" y que nadie alrededor de ella sospechaba. En esa época parecía absolutamente normal. Esas ensoñaciones posteriormente adquirieron un carácter patológico. Presentaba algunos momentos de mal humor sin mayor gravedad. Breuer subraya también una gran bondad solidaria, se prodigaba en cuidar a enfermos y pobres.

Comienzo de los trastornos
Sus trastornos empiezan en julio de 1880 a los 21 años. Coinciden con la iniciación de la enfermedad de su padre (abceso pulmonar) que cuidaba con mucha dedicación. Poco a poco empieza a adelgazar, a rechazar los alimentos y a presentar accesos de tos que la obligan a interrumpir los cuidados a su padre.
La primera consulta con Breuer es por una "tos nerviosa". Luego se va desarrollando una sintomatología espectacular: estrabismo, diplopia, parálisis del cuello, cefaleas, anestesia del brazo derecho, pierna derecha y posteriormente de todo el cuerpo. Estos síntomas físicos se acompañan con momentos de extrema angustia, confusión y una especie de delirio onírico. Ve serpientes salir de la pared y de las cortinas de su dormitorio. Pero no escucha voces, lo que es importante desde el punto de vista diagnóstico. Permite hablar de alucinosis y no de alucinación. Alucinosis que se traduce en un desfile de imágenes deformantes, monstruosas, pavorosas. Breuer habla de momentos delirantes que no evolucionan hacia la psicosis pero que indican una ruptura con el nivel neurótico.
Esos momentos alternan con otros de lucidez. Anna afirma tener "dos yo" y critica entonces sus síntomas y se queja de sentirse "atormentada". Habla de su "petit mal" (en francés). A continuación se desarrollan trastornos graves del lenguaje: desaparición de la gramática, de la sintaxis, usos incorrectos de las conjugaciones hasta llegar a olvidar su lengua materna, el alemán, sirviéndose entonces de palabras de lenguas extranjeras, que conocía perfectamente como ya dijimos. Eso acarreaba muchas dificultades para la comunicación. En ciertos momentos sólo se expresaba en inglés, aunque entendía cuando le hablaban en alemán.
Breuer la ve todos los días. Cuando está mejor habla en francés o italiano. Cuando se esbozaba una mejoría de Anna, su padre muere en abril de 1881. Esto provocó un recrudecimiento de los síntomas, en especial visuales, una anorexia grave, impulsos suicidas, por lo que la llevan al campo. Breuer sigue viéndola varias veces por semana con sesiones de hipnosis. Ella presenta confusiones temporales; mezcla el año en curso con el precedente, retrocediendo de 1882 a 1881, año del deceso de su padre. Este síntoma persistió hasta el fin de "su enfermedad en junio de 1882". Durante todo ese tiempo coexiste la alternancia de los dos estados de conciencia. "Pasaba de un estado de normalidad a uno de alienación" y presentaba numerosas ausencias durante la conversación.
En sus momentos de lucidez Anna O. al evocar el tratamiento de Breuer, inventó el término de "talking cure", curación por la palabra, término que Freud retoma para definir el método analítico. Cuando Breuer la hace hablar, Anna dice también que se trata de un "chimney sweeping", limpieza de cheminea. El humor del cual hace gala le permite conservar a Breuer la esperanza de curarla.
Hasta aquí la descripción de la sintomatología de Anna O.

Análisis de los síntomas por Breuer
Breuer esclarece los fantasmas de Anna, al vincularlos con los acontecimientos psíquicos durante el período de incubación de la enfermedad, para conseguir la desaparición de los síntomas. Junto con ella repasa sus síntomas, intentando que ella reencuentre los afectos ligados a la aparición de los trastornos. Al comienzo, con la ayuda de la hipnosis, el acto de la palabra evoca el recuerdo traumático y hace desaparecer su efecto somático: el síntoma como la vuelta de lo rechazado. "Hay que arrancar fragmento por fragmento".

Ejemplos
La fobia por beber y el asco por el agua desaparecen con la evocación de la dama de compañía de su padre, a quien no quería, y que había dado de beber al perro en un vaso. Lo que desató el síntoma: lengua inglesa - padre.
Con respecto a la desaparición de su lengua materna, Breuer intenta hacerle asociar. Se acordó de la noche en que su padre cayó enfermo. Siente terror, quiere hablar, rezar para él, pero las palabras no salen, se queda sin voz, no puede hablar más, siderada, tetanizada, sólo reaparece en su memoria un verso de poesía infantil inglesa. Entonces puede seguir pensando y rezando en esa lengua. Breuer vincula el olvido de la lengua materna con ese momento preciso.
En cuanto a los trastornos visuales, cuenta la pacienta: está sentada a la cabecera de su padre enfermo, quien le pregunta la hora. No llega a verla pues sus lágrimas perturban su visión. Breuer liga esto con su confusión del tiempo.
La tos del comienzo había aparecido también cuando estaba al lado de su padre. Había escuchado a lo lejos una música y deseó estar en otro lado. Por remordimiento, desde entonces tosía cada vez que escuchaba música. Posteriormente Breuer interpretó que el impulso motor por el deseo de bailar al son de la música se transformó en tos nerviosa. Lo que, por otro lado, reconoció bajo hipnosis aunque ya no se acordaba.
Por lo tanto, cada síntoma histérico aparece junto con una emoción y desaparece cuando la pacienta redescubre la causa primaria de sus emociones. Breuer afirma entonces que la histeria se termina con la participación activa de Anna en su talking-cure.

El vínculo entre enfermedad -síntomas - conflicto psíquico
¡Pero cuidado con las simplificaciones! Breuer no se conforma con ellas. El síntoma es sólo una transcripción, una tentativa de reconstrucción de una verdad silenciada.
Freud y Breuer demostraron que se puede analizar los síntomas si se recurre a los fantasmas que lo causaron, a los fragmentos de historia que lo determinan. El fantasma sería lo desconocido de un sujeto.
En cuanto a la explicación de la enfermedad misma, Breuer refiere la necesidad de un terreno favorable, o sea la prevalencia del estado patológico sobre el normal, lo que lleva a que el sujeto caiga realmente enfermo. Como todavía no se había inventado el término de catarsis, Breuer habla de "relato depuratorio". Considera un doble estado de conciencia expresado con

- el desconcierto donde estaba sumergida Anna, privada de un trabajo intelectual apropiado, sufriendo por un exceso no aprovechado de actividad y energía psíquica.
- Las ensoñaciones diurnas, "su teatro privado, lo mismo que manifestaciones histéricas, no percibidas por los demás".
- Breuer insiste sobre la sinceridad de lo hablado por Anna y sobre la construcción de una lógica interna, desconocida por ella misma. "La misma insignificancia de tantos sucesos y lo irracional de tantas conexiones es lo que atestigua a favor de la realidad de sus síntomas. O sea son los detalles y su aspecto irracional lo que le confiere su autenticidad y permite encuadrarlos dentro de un estado segundo".

Breuer- Freud. Un espíritu de creatividad entre la creencia y la confianza
Breuer mismo reconoce estar en permanente estado de sorpresa. Recordemos que escribió ese historial 10 años después del tratamiento, estimulado por Freud, y que ese estado de sorpresa se mantuvo vivo durante muchos años posteriores. Había creído del todo en el decir de la pacienta, lo que le valió como retribución la confianza de Anna.
Subrayemos que Breuer no temió enfrentarse con lo que parecía de entrada algo desprovisto de sentido y a pesar de la acumulación de síntomas oculares, musculares y otros, él no se quedó ni paralizado, ni ciego, ni sordo, frente a lo que veía y escuchaba.
Se escribió mucho sobre ese caso. En ese momento del descubrimiento del psicoanálisis, no se había descubierto aún el papel esencial de la transferencia en el tratamiento analítico y que la revelación de una importante transferencia de Anna sobre él, le provocó bastante miedo, como es natural Hasta se habló posteriormente que a raíz de una crisis de Anna donde reprodujo una escena de parto, Breuer espantado se hubiera ido de viaje con su esposa, quien quedó embarazada de su hija Dora. Esta lamentable anécdota sigue vigente todavía, a pesar de que Dora Breuer, hija de Breuer, nació el 11 de marzo de 1882, es decir un año antes. Ellenberger y el riguroso biógrafo de Breuer, Albercht Hirschmuller, con sus investigaciones demostraron lo falso de esta afirmación. Quizás pueda interpretarse que todas estas afirmaciones dependen de una resistencia al psicoanálisis que lleva a sostener todos estos rumores malintencionados.

¿Qué pasó con Anna O?
Posteriormente, Anna O. entra en la vida pública con su verdadero nombre, Bertha Pappeihem. Tendrá un sello postal emitido por la República Federal Alemana en 1954 como "Asistente de la humanidad". Entró en el servicio social al ocuparse de la defensa de las mujeres y de su educación para favorecer su autonomía. En 1895 recibe la dirección de un orfanato y crea un grupo de lucha contra el desamparo de niños y adolescentes. Se ocupa de la organización sanitaria y social de su comunidad. Funda la institución Home Neu-Issemburg para mujeres jóvenes en situación de riesgo social y moral y para adolescentes embarazadas. Reside en esa institución hasta su muerte en 1936 a los 77 años.
Lucha contra la trata de blancas e interviene en diarios y reuniones públicas para la defensa de mujeres. Actúa a favor de las enfermeras y milita para la creación de escuelas de enfermeras. Se opone al derecho marital judío expuesto en la Biblia al expresar: "La injusta posición asignada a la mujer en la Biblia indica claramente que fue redactada por un ser genial, pero…masculino".Se ve que Bertha Pappeiheim había conservado su sentido del humor que la llevó a inventar el nombre de "talking cure". Viajó mucho, pero sus obras escritas y sus viajes siempre estuvieron relacionados con sus preocupaciones sociales. Entre sus libros figuran cuentos para niños como "Pequeñas historias para niños", "En casa del ropavejero" y "El trabajo de Sísifo", conjunto de cartas redactadas entre 1911 y 1912 durante un recorrido por los Balcanes, Rusia, Polonia, Hungría, Grecia, Jerusalén y Constantinopla.
Viaja durante años para tomar contacto con personalidades influyentes que la ayuden en la protección de mujeres, prostitutas, niños, y para crear "una red de abonadas". Esas cartas se dirigen a "sus hijas", como llama a ese Hogar de Alemania. Son apasionantes, llenas de sensibilidad y humorismo, al mismo tiempo que atestiguan la seriedad y la entrega a su tarea. No sabemos si otros textos de Bertha Pappeiheim fueron resguardados pues todos esos escritos fueron destruidos. En cuanto a sus realizaciones sociales todo fue arrasado por el régimen nazi.
En 1983, la ciudad de Neu- Issemburg conmemoró el 70° aniversario del "Home" que había fundado. Cuando los alemanes, al principio de la guerra, entraron en ese "home", la mayoría de las adolescentes que residían allí se suicidaron para no caer en las manos de los alemanes.
Citemos otra vez a Bertha Pappeiheim: "Mi fuerza consiste en que sigo mi camino como me parece, digo lo que quiero a quien quiera. Mi punto débil es que ninguna asociación, ninguna sociedad, de por sí aceptará mis puntos de vista, ni se pondrá a mi disposición para concretar mis sugestiones prácticas".

CONCLUSION
Quizás, si Anna O. no hubiese sido tratada por Breuer - con Freud atrás - la habrían considerada como psicótica e internada en un hospital psiquiátrico, donde posiblemente se hubiera quedado gran parte de su vida. Por otra parte, en su historia clínica figura el diagnóstico de psicosis histérica.
Por su inteligencia, su frescura de pensamiento, y también su inexperiencia - estamos en pleno período de descubrimiento del psicoanálisis - Breuer conservó en su memoria esa imagen de una joven que describe como "notoriamente inteligente, sorprendentemente ingeniosa e intuitiva, provista de hermosas cualidades mentales, de dones poéticos, de sentido crítico, enérgica, tenaz y perseverante".
Hay que considerar las dificultades, hasta las imperfecciones del tratamiento - recordemos que se trata de una de las primeras pacientas - los temores, las huidas, las vacilaciones del terapeuta.
Podemos sugerir que esa imagen de Anna O. antes de su enfermedad es la que Breuer conservó y le permitió a la pacienta salir del estado dramático en el cual vivía para volver a ser esa mujer joven "provista de hermosas cualidades mentales".
Evocamos en relación con la histeria "el deseo de una falta". ¿Qué quiere decir? Los síntomas histéricos de Anna O. más invalidantes fueron síntomas de una falta en el registro de la percepción. El síntoma reemplaza a la palabra y se ubica en el lugar de una falta que debemos descifrar.
La primera reacción de los testigos de esa falta puede ser intentar llenar esa falta. Sería responder directamente al pedido del histérico, y sobre todo hacerlo callar, sin entender lo que expresa. Por el contrario, justamente lo que busca el histérico es la falta, la incompletud, el reconocimiento de nuestra ignorancia, que nada está asegurado. Detrás de su búsqueda de un amo, ¿acaso no desea lo contrario?
Si no lo advertimos, corremos el riesgo de querer satisfacer el pedido aparente con un objeto ficticio. Si respondemos con el ofrecimiento de un objeto, su búsqueda se paraliza. Por cierto, ya no molesta, ¿pero cómo podrá transformar su sufrimiento, sus intentos desesperados en creación personal?
El histérico pide que se lo ayude un tiempo en su búsqueda de un más allá de sí mismo, de su mensaje inconsciente que sólo podrá cobrar un sentido singular si se lo escucha y se traduce. En esto, la histeria es lucha, desafío tanto para el sujeto mismo como para el terapeuta. Ambos deben cumplir un trabajo de duelo fantasmático. Para el sujeto, como en el caso de Anna O., duelo de un padre ideal. Para el analista, en este caso Breuer, duelo de la omnipotencia de un saber y poder.
Si el analista no se asusta podrá ser el transportista que permitirá pasar de una orilla a otra, de la histeria a la femineidad que existe en cada uno de nosotros, hombre o mujer.
Es posible que Breuer, con su huida, haya mostrado a Anna O., sin quererlo, su falla como médico, como hombre, su incompletud, su "no sé" personal. De tal manera se cayó de su posición de omnipotencia y permitió a la pacienta ver reflejada su falta en el otro, y poder inscribirse en él. Al ocupar el lugar del amo, del terapeuta, ella misma se volvió terapeuta y con esta sublimación pudo encontrar su camino singular y pasar de un estado patológico a uno de creación personal.