Introducción
La histeria permitió a Freud inventar el psicoanálisis.
La histeria es un lenguaje. A nosotros, terapeutas, nos toca descifrarlo
y superar el rechazo que puede provocar la histeria, para ir más
allá y aceptar ser enseñada por ella.
La historia de Anna es una ilustración notable de los
comienzos del psicoanálisis y sobre todo del espíritu
abierto, de creación, de inteligencia de Freud y también
de Breuer. Creer en lo que decía la pacienta significaba
también creer en esa aventura psicoanalítica que permite
cambiar la vida. Lo atestiguó Anna O. La histeria sufre
sobre todo de representaciones que traducen los conflictos psíquicos
y determinan la gestualidad del cuerpo.
Presentación
Decía Lasègue: "la definición de
la histeria nunca se dio y nunca se dará". Para superar
esa afirmación parece oportuno dedicar un trabajo en este momento
y por varias razones. Acabamos de celebrar el centenario de la publicación
de La Interpretación de los Sueños que fue "la
vía regia del psicoanálisis". Es el estudio de
la histeria lo que permitió a Freud elaborar su teoría,
llamada al principio "psicología de las profundidades".
Por otro lado la desaparición de la noción de histeria
de los DSM III y IV, reemplazada por "síntomas de conversión"
únicamente, nos obliga a restituir a la histeria sus títulos
de nobleza y volver a colocarla en su justo lugar como punto inicial
del psicoanálisis.
En el servicio de Charcot, Freud, neurólogo de
formación, se encuentra con las primeras histéricas. En
esa época dos escuelas se ocupan del tema: la de Hippolyte
Berheim en Nancy y la de Charcot en París. Según
Charcot, las histéricas eran "pobres desgraciadas
sacadas de los considerados servicios de incurables." Tanto
Charcot como Berheim les brindaron cierta dignidad al
liberarlas de la sospechas de simuladoras que todavía rodean
a las histéricas. Pero Freud se distanció de Charcot
en 1892 al no adherir a sus teorías sobre la herencia. Además,
Charcot no quiso desarrollar teorías sobre la etiología
sexual de las neurosis. Charcot fue muy criticado por sus experiencias
con estas "desgraciadas", como las llamaba, al sumirlas
en estado hipnótico varias veces por día por las necesidades
de sus lecciones universitarias.
Maupassant escribió en relación con Charcot
"todos somos histéricos, desde que Charcot, ese fomentador
de histéricos a domicilio, mantiene costosamente en su institución
modelo de la Salpêtrière una multitud de mujeres nerviosas
a quienes inocula la locura y lleva en poco tiempo a ser demoníacas".
Era una referencia a la obra publicada por Charcot et Richer en 1887
"Los demoníacos en el arte". Con todo, sin embargo
hay que reconocer a Charcot el mérito de descubrir el aspecto
bisexual de la histeria; que publicó una obra: 16 lecciones
sobre la histeria masculina y que gracias a él la histeria
se considera una enfermedad funcional que puede ser tanto de hombres
como de mujeres, a pesar de su etimología: hustera (útero).
Los Estudios sobre la histeria, publicados en 1895, representan
el libro inaugural del psicoanálisis. La histeria permanece como
la enfermedad primera que permitió a la vez la existencia de
una clínica freudiana y una nueva mirada sobre la femineidad,
en función de la bisexualidad, tanto del hombre como de la mujer.
El descubrimiento freudiano al comienzo se refiere esencialmente a la
noción de inconsciente y por ende de la sexualidad infantil.
Estamos guiados por palabras que no entendemos pero donde está
impregnada la sexualidad humana. Con Breuer, Freud descubre el vínculo
entre el síntoma somático -como lo vemos en su pacienta
Anna O.- y la causa del síntoma, o sea un traumatismo de orden
psíquico. Un afecto penoso persiste por no encontrar su solución.
Fue reprimido. Es el conflicto psíquico inconsciente, causa mayor
de la histeria. El histérico, según Freud sufre de reminiscencias
ligadas a un afecto insoportable. Reminiscencia que debe diferenciarse
del recuerdo. Esta cuestión de la reminiscencia no dejó
de preocupar a Freud, como se ve en su último texto de 1937-38
Construcciones en análisis.
Algo falta a la palabra, donde el sujeto no pudo acceder. Es esa falta
que se inscribe como síntoma en el cuerpo. En este sentido el
histérico sufre de reminiscencias y deja a cargo de su cuerpo
negociar el conflicto.
De tal manea, la primera definición de la histeria freudiana
sería sufrir de pensamientos y no de dolores. Freud va a interesarse
por el trasfondo de esos dolores, el contenido de esos pensamientos.
Deja de lado, sin negarlo el dolor físico, para enfocar el sufrimiento
psíquico. Va a buscar la relación existente entre la historia
de este sufrimiento y el sufrimiento mismo. Cuando Freud pregunta a
una de sus pacientas, Elisabeth Von R. "¿de donde vienen
sus dolores?", está inventando un nuevo cuerpo, un cuerpo
psíquico diferenciado y delimitado por representaciones propias
del sujeto y de las cuales éste es productor y autor al mismo
tiempo.
Primeros conceptos de la noción de histeria
La teoría de la seducción y su evolución
Al comienzo Freud propone para la histeria una teoría de la seducción.
El traumatismo psíquico, causa de la histeria, sería por
una actuación seductora de un adulto con un niño. La histeria
sería una reacción a posteriori de la sexualidad como
"perversión rechazada" y cuyo síntoma sería
el signo.
Pero desde 1897 Freud descubre que el niño tiene una sexualidad
propia y sugiere que la histeria es sólo una manifestación
entre otras del aspecto infantil de la sexualidad humana, de los fantasmas,
deseos inconscientes -incesto, parricidio- y el infantilismo se daría
porque la sexualidad es traumática por sí misma, y no
obligatoriamente por accidente o seducción real. No hay iniciación
humana a la sexualidad. Ferenzci lo expone en su artículo
La confusión de lenguas entre generaciones.
La primera mentira que destaca Freud a propósito de su pacienta
Emma se refiere a la vía desviada de la seducción, o sea
el pedido invertido, ser el objeto del deseo del padre.
Entonces, Freud abandona la teoría de la seducción a favor
de otros conceptos (fantasmas, libido), como en su texto de 1908
Los fantasmas histéricos y su relación con la bisexualidad
que permiten traducir cómo la verdad de un sujeto se expresa
con las formaciones del inconsciente: sueños, síntomas,
actos fallidos, chistes, etc. Afirma Freud; "al lado de la realidad
material hay una realidad psíquica".
Humildad
y relatividad de nuestra condición humana
Al escuchar las histéricas Freud descubre que su discurso es
la emanación de otro discurso, inconsciente. Este descubrimiento
le permite elaborar posteriormente los procesos que vinculan a esos
dos discursos: el consciente, manifiesto, y el inconsciente, latente.
¿ De qué está hecho el discurso inconsciente? Del
deseo y de sus múltiples facetas.
Aceptar que el ser humano, todos nosotros, somos movidos por nuestro
inconsciente, que nuestras conductas, nuestras elecciones, juicios,
actos son sólo la expresión de nuestro inconsciente y
no de nuestro libre albedrío, que sólo poseemos un dominio
parcial de nuestra vida psíquica, evidentemente provoca muchas
resistencias.
Intentar
entender el lenguaje de la histeria
El psicoanálisis nos lleva a corrernos del "lo que se
ve" por "lo que se entiende". La histeria
nos obliga a eso para poder comprenderla. Es necesario, pues, suspender
nuestro enfoque clínico habitual de buscar cómo visualizar
signos, para intentar captar los motivos ocultos para el sujeto mismo.
Los trastornos, los malestares exhibidos no son simulados ni falsos,
el paciente sufre. ¿Acaso un dolor neurótico no es un
dolor real? El histérico no tiene mal fe ni es simulador. Esto
es lo esencial. Debemos encontrar las motivaciones inconscientes del
paciente, los vínculos entre su historia, su ubicación
como sujeto en el mundo, y relacionado con eso el papel que nos quiere
hacer desempeñar, el lugar donde nos quiere colocar y qué
trata de poner en escena y de repetir de su temática personal.
Quizás, por ese motivo, Francois Perrier decía que el
analista debe moverse como el cangrejo, hacia atrás, para no
quedar bloqueado con la imagen que el paciente quisiera imponer, lo
que impediría toda posibilidad de apertura. Como terapeuta debemos
realizar un trabajo de decodificación entre el decir del sujeto
y el objetivo de su decir. Para eso no hay que apresurarse en comprender.
Decir lo que aún no se sabe es una manera de no saber lo que
se dice. Justamente porque el histérico es el sujeto obligado
en decir lo que no sabe o todavía no sabe, lo que ha facilitado
el camino al psicoanálisis.
Los síntomas histéricos se caracterizan por su variabilidad,
su polimorfismo, tal como se ve en el historial de Anna O. ¿Pero
detrás de estos síntomas qué busca el histérico?
Una desestabilización del saber, de nuestras costumbres, de la
rutina; en otros términos una rebelión contra la monotonía.
El histérico interroga primero la bisexualidad existente en todos
nosotros. Perrier dice que "el analista debe olvidar su yo sexuado
en el guardarropa". Y siguiendo a Lucien Israël entender
a la histeria como "función de lucha contra la restricción
impuesta por la adaptación". El histérico plantea
un desafío, como una manera de rechazar el lugar donde lo ubica
la sociedad. Quizás porque el histérico busca desesperadamente
su lugar, aquél de donde fue desalojado tiempo atrás.
El
histérico busca que se lo entienda
Me parece esencial no confundir el "responder a su demanda",
tal como se dice a menudo en las instituciones, frase carente de sentido,
con el hecho de "estar presente". No es necesario quizás
responder a su demanda pero sí responder absolutamente. No debemos
nunca dejar la reivindicación del sufrimiento girar en el vacío,
so riesgo de caer en la paranoia. Lo esencial para el paciente es saber
que ya no está solo, que se lo escucha, que por fin se le presta
atención, que nosotros, al contrario de él, estamos disponible.
¿Acaso no es de indisposibilidad psíquica que él
sufre?
Anna
O. o el invento del psicoanálisis
Para presentar Anna O. vale la pena reproducir lo que dice Lucien Israël
con respecto a la histeria: "Cuando nos saquemos de encima las
consideraciones peyorativas ligadas a la histeria, podremos visualizar
lo que la liberación de las mujeres, la conquista de sus derechos
le deben a la histeria que posee cualidades que son el revés
de sus síntomas, o sea la generosidad. Pues la histérica
reivindica la curación no sólo para sí misma, sino
también para su entorno".
La Srta. Anna O. fue una de las primeras pacientas de Breuer. Nació
el 27 de febrero de 1859 en Viena. Era la tercera de 4 hermanos: 3 mujeres
y 1 varón nacido después de ella. Fue educada de acuerdo
a las normas de una "buena familia" de aquella época:
una excelente cultura general, el aprendizaje de lenguas extranjeras
que hablaba muy bien. Sin embargo, se nota cierto modernismo, pues sus
padres le autorizaban a practicar equitación con sus primos.
Breuer, en su historial, se lamenta que no haya seguido estudios superiores
pues "era destacadamente inteligente, con grandes cualidades
mentales, ingeniosa, intuitiva, enérgica, tozuda y además
con dones poéticos".
Exteriorizaba una actividad mental desbordante y se entregaba a ensoñaciones
diurnas que llamaba su "teatro privado" y que nadie
alrededor de ella sospechaba. En esa época parecía absolutamente
normal. Esas ensoñaciones posteriormente adquirieron un carácter
patológico. Presentaba algunos momentos de mal humor sin mayor
gravedad. Breuer subraya también una gran bondad solidaria, se
prodigaba en cuidar a enfermos y pobres.
Comienzo
de los trastornos
Sus trastornos empiezan en julio de 1880 a los 21 años. Coinciden
con la iniciación de la enfermedad de su padre (abceso pulmonar)
que cuidaba con mucha dedicación. Poco a poco empieza a adelgazar,
a rechazar los alimentos y a presentar accesos de tos que la obligan
a interrumpir los cuidados a su padre.
La primera consulta con Breuer es por una "tos nerviosa".
Luego se va desarrollando una sintomatología espectacular: estrabismo,
diplopia, parálisis del cuello, cefaleas, anestesia del brazo
derecho, pierna derecha y posteriormente de todo el cuerpo. Estos síntomas
físicos se acompañan con momentos de extrema angustia,
confusión y una especie de delirio onírico. Ve serpientes
salir de la pared y de las cortinas de su dormitorio. Pero no escucha
voces, lo que es importante desde el punto de vista diagnóstico.
Permite hablar de alucinosis y no de alucinación. Alucinosis
que se traduce en un desfile de imágenes deformantes, monstruosas,
pavorosas. Breuer habla de momentos delirantes que no evolucionan hacia
la psicosis pero que indican una ruptura con el nivel neurótico.
Esos momentos alternan con otros de lucidez. Anna afirma tener "dos
yo" y critica entonces sus síntomas y se queja de sentirse
"atormentada". Habla de su "petit mal"
(en francés). A continuación se desarrollan trastornos
graves del lenguaje: desaparición de la gramática, de
la sintaxis, usos incorrectos de las conjugaciones hasta llegar a olvidar
su lengua materna, el alemán, sirviéndose entonces de
palabras de lenguas extranjeras, que conocía perfectamente como
ya dijimos. Eso acarreaba muchas dificultades para la comunicación.
En ciertos momentos sólo se expresaba en inglés, aunque
entendía cuando le hablaban en alemán.
Breuer la ve todos los días. Cuando está mejor habla en
francés o italiano. Cuando se esbozaba una mejoría de
Anna, su padre muere en abril de 1881. Esto provocó un recrudecimiento
de los síntomas, en especial visuales, una anorexia grave, impulsos
suicidas, por lo que la llevan al campo. Breuer sigue viéndola
varias veces por semana con sesiones de hipnosis. Ella presenta confusiones
temporales; mezcla el año en curso con el precedente, retrocediendo
de 1882 a 1881, año del deceso de su padre. Este síntoma
persistió hasta el fin de "su enfermedad en junio de
1882". Durante todo ese tiempo coexiste la alternancia de los
dos estados de conciencia. "Pasaba de un estado de normalidad
a uno de alienación" y presentaba numerosas ausencias
durante la conversación.
En sus momentos de lucidez Anna O. al evocar el tratamiento de Breuer,
inventó el término de "talking cure",
curación por la palabra, término que Freud retoma para
definir el método analítico. Cuando Breuer la hace hablar,
Anna dice también que se trata de un "chimney sweeping",
limpieza de cheminea. El humor del cual hace gala le permite conservar
a Breuer la esperanza de curarla.
Hasta aquí la descripción de la sintomatología
de Anna O.
Análisis
de los síntomas por Breuer
Breuer esclarece los fantasmas de Anna, al vincularlos con los acontecimientos
psíquicos durante el período de incubación de la
enfermedad, para conseguir la desaparición de los síntomas.
Junto con ella repasa sus síntomas, intentando que ella reencuentre
los afectos ligados a la aparición de los trastornos. Al comienzo,
con la ayuda de la hipnosis, el acto de la palabra evoca el recuerdo
traumático y hace desaparecer su efecto somático: el síntoma
como la vuelta de lo rechazado. "Hay que arrancar fragmento
por fragmento".
Ejemplos
La fobia por beber y el asco por el agua desaparecen con la evocación
de la dama de compañía de su padre, a quien no quería,
y que había dado de beber al perro en un vaso. Lo que desató
el síntoma: lengua inglesa - padre.
Con respecto a la desaparición de su lengua materna, Breuer intenta
hacerle asociar. Se acordó de la noche en que su padre cayó
enfermo. Siente terror, quiere hablar, rezar para él, pero las
palabras no salen, se queda sin voz, no puede hablar más, siderada,
tetanizada, sólo reaparece en su memoria un verso de poesía
infantil inglesa. Entonces puede seguir pensando y rezando en esa lengua.
Breuer vincula el olvido de la lengua materna con ese momento preciso.
En cuanto a los trastornos visuales, cuenta la pacienta: está
sentada a la cabecera de su padre enfermo, quien le pregunta la hora.
No llega a verla pues sus lágrimas perturban su visión.
Breuer liga esto con su confusión del tiempo.
La tos del comienzo había aparecido también cuando estaba
al lado de su padre. Había escuchado a lo lejos una música
y deseó estar en otro lado. Por remordimiento, desde entonces
tosía cada vez que escuchaba música. Posteriormente Breuer
interpretó que el impulso motor por el deseo de bailar al son
de la música se transformó en tos nerviosa. Lo que, por
otro lado, reconoció bajo hipnosis aunque ya no se acordaba.
Por lo tanto, cada síntoma histérico aparece junto con
una emoción y desaparece cuando la pacienta redescubre la causa
primaria de sus emociones. Breuer afirma entonces que la histeria se
termina con la participación activa de Anna en su talking-cure.
El
vínculo entre enfermedad -síntomas - conflicto psíquico
¡Pero cuidado con las simplificaciones! Breuer no se conforma
con ellas. El síntoma es sólo una transcripción,
una tentativa de reconstrucción de una verdad silenciada.
Freud y Breuer demostraron que se puede analizar los síntomas
si se recurre a los fantasmas que lo causaron, a los fragmentos de historia
que lo determinan. El fantasma sería lo desconocido de un sujeto.
En cuanto a la explicación de la enfermedad misma, Breuer refiere
la necesidad de un terreno favorable, o sea la prevalencia del estado
patológico sobre el normal, lo que lleva a que el sujeto caiga
realmente enfermo. Como todavía no se había inventado
el término de catarsis, Breuer habla de "relato depuratorio".
Considera un doble estado de conciencia expresado con
- el
desconcierto donde estaba sumergida Anna, privada de un trabajo intelectual
apropiado, sufriendo por un exceso no aprovechado de actividad y energía
psíquica.
- Las ensoñaciones diurnas, "su teatro privado, lo
mismo que manifestaciones histéricas, no percibidas por los
demás".
- Breuer insiste sobre la sinceridad de lo hablado por Anna y sobre
la construcción de una lógica interna, desconocida por
ella misma. "La misma insignificancia de tantos sucesos y
lo irracional de tantas conexiones es lo que atestigua a favor de
la realidad de sus síntomas. O sea son los detalles y su aspecto
irracional lo que le confiere su autenticidad y permite encuadrarlos
dentro de un estado segundo".
Breuer-
Freud. Un espíritu de creatividad entre la creencia y la confianza
Breuer mismo reconoce estar en permanente estado de sorpresa. Recordemos
que escribió ese historial 10 años después del
tratamiento, estimulado por Freud, y que ese estado de sorpresa se mantuvo
vivo durante muchos años posteriores. Había creído
del todo en el decir de la pacienta, lo que le valió como retribución
la confianza de Anna.
Subrayemos que Breuer no temió enfrentarse con lo que parecía
de entrada algo desprovisto de sentido y a pesar de la acumulación
de síntomas oculares, musculares y otros, él no se quedó
ni paralizado, ni ciego, ni sordo, frente a lo que veía y escuchaba.
Se escribió mucho sobre ese caso. En ese momento del descubrimiento
del psicoanálisis, no se había descubierto aún
el papel esencial de la transferencia en el tratamiento analítico
y que la revelación de una importante transferencia de Anna sobre
él, le provocó bastante miedo, como es natural Hasta se
habló posteriormente que a raíz de una crisis de Anna
donde reprodujo una escena de parto, Breuer espantado se hubiera ido
de viaje con su esposa, quien quedó embarazada de su hija Dora.
Esta lamentable anécdota sigue vigente todavía, a pesar
de que Dora Breuer, hija de Breuer, nació el 11 de marzo de 1882,
es decir un año antes. Ellenberger y el riguroso biógrafo
de Breuer, Albercht Hirschmuller, con sus investigaciones demostraron
lo falso de esta afirmación. Quizás pueda interpretarse
que todas estas afirmaciones dependen de una resistencia al psicoanálisis
que lleva a sostener todos estos rumores malintencionados.
¿Qué pasó con Anna O?
Posteriormente, Anna O. entra en la vida pública con su verdadero
nombre, Bertha Pappeihem. Tendrá un sello postal emitido por
la República Federal Alemana en 1954 como "Asistente
de la humanidad". Entró en el servicio social al ocuparse
de la defensa de las mujeres y de su educación para favorecer
su autonomía. En 1895 recibe la dirección de un orfanato
y crea un grupo de lucha contra el desamparo de niños y adolescentes.
Se ocupa de la organización sanitaria y social de su comunidad.
Funda la institución Home Neu-Issemburg para mujeres jóvenes
en situación de riesgo social y moral y para adolescentes embarazadas.
Reside en esa institución hasta su muerte en 1936 a los 77 años.
Lucha contra la trata de blancas e interviene en diarios y reuniones
públicas para la defensa de mujeres. Actúa a favor de
las enfermeras y milita para la creación de escuelas de enfermeras.
Se opone al derecho marital judío expuesto en la Biblia al expresar:
"La injusta posición asignada a la mujer en la Biblia
indica claramente que fue redactada por un ser genial, pero
masculino".Se
ve que Bertha Pappeiheim había conservado su sentido del humor
que la llevó a inventar el nombre de "talking cure".
Viajó mucho, pero sus obras escritas y sus viajes siempre estuvieron
relacionados con sus preocupaciones sociales. Entre sus libros figuran
cuentos para niños como "Pequeñas historias para
niños", "En casa del ropavejero" y
"El trabajo de Sísifo", conjunto de cartas redactadas
entre 1911 y 1912 durante un recorrido por los Balcanes, Rusia, Polonia,
Hungría, Grecia, Jerusalén y Constantinopla.
Viaja durante años para tomar contacto con personalidades influyentes
que la ayuden en la protección de mujeres, prostitutas, niños,
y para crear "una red de abonadas". Esas cartas se
dirigen a "sus hijas", como llama a ese Hogar de Alemania.
Son apasionantes, llenas de sensibilidad y humorismo, al mismo tiempo
que atestiguan la seriedad y la entrega a su tarea. No sabemos si otros
textos de Bertha Pappeiheim fueron resguardados pues todos esos escritos
fueron destruidos. En cuanto a sus realizaciones sociales todo fue arrasado
por el régimen nazi.
En 1983, la ciudad de Neu- Issemburg conmemoró el 70° aniversario
del "Home" que había fundado. Cuando los alemanes,
al principio de la guerra, entraron en ese "home",
la mayoría de las adolescentes que residían allí
se suicidaron para no caer en las manos de los alemanes.
Citemos otra vez a Bertha Pappeiheim: "Mi fuerza consiste en
que sigo mi camino como me parece, digo lo que quiero a quien quiera.
Mi punto débil es que ninguna asociación, ninguna sociedad,
de por sí aceptará mis puntos de vista, ni se pondrá
a mi disposición para concretar mis sugestiones prácticas".
CONCLUSION
Quizás, si Anna O. no hubiese sido tratada por Breuer - con Freud
atrás - la habrían considerada como psicótica e
internada en un hospital psiquiátrico, donde posiblemente se
hubiera quedado gran parte de su vida. Por otra parte, en su historia
clínica figura el diagnóstico de psicosis histérica.
Por su inteligencia, su frescura de pensamiento, y también su
inexperiencia - estamos en pleno período de descubrimiento del
psicoanálisis - Breuer conservó en su memoria esa imagen
de una joven que describe como "notoriamente inteligente, sorprendentemente
ingeniosa e intuitiva, provista de hermosas cualidades mentales, de
dones poéticos, de sentido crítico, enérgica, tenaz
y perseverante".
Hay que considerar las dificultades, hasta las imperfecciones del tratamiento
- recordemos que se trata de una de las primeras pacientas - los temores,
las huidas, las vacilaciones del terapeuta.
Podemos sugerir que esa imagen de Anna O. antes de su enfermedad es
la que Breuer conservó y le permitió a la pacienta salir
del estado dramático en el cual vivía para volver a ser
esa mujer joven "provista de hermosas cualidades mentales".
Evocamos en relación con la histeria "el deseo de una
falta". ¿Qué quiere decir? Los síntomas
histéricos de Anna O. más invalidantes fueron síntomas
de una falta en el registro de la percepción. El síntoma
reemplaza a la palabra y se ubica en el lugar de una falta que debemos
descifrar.
La primera reacción de los testigos de esa falta puede ser intentar
llenar esa falta. Sería responder directamente al pedido del
histérico, y sobre todo hacerlo callar, sin entender lo que expresa.
Por el contrario, justamente lo que busca el histérico es la
falta, la incompletud, el reconocimiento de nuestra ignorancia, que
nada está asegurado. Detrás de su búsqueda de un
amo, ¿acaso no desea lo contrario?
Si no lo advertimos, corremos el riesgo de querer satisfacer el pedido
aparente con un objeto ficticio. Si respondemos con el ofrecimiento
de un objeto, su búsqueda se paraliza. Por cierto, ya no molesta,
¿pero cómo podrá transformar su sufrimiento, sus
intentos desesperados en creación personal?
El histérico pide que se lo ayude un tiempo en su búsqueda
de un más allá de sí mismo, de su mensaje inconsciente
que sólo podrá cobrar un sentido singular si se lo escucha
y se traduce. En esto, la histeria es lucha, desafío tanto para
el sujeto mismo como para el terapeuta. Ambos deben cumplir un trabajo
de duelo fantasmático. Para el sujeto, como en el caso de Anna
O., duelo de un padre ideal. Para el analista, en este caso Breuer,
duelo de la omnipotencia de un saber y poder.
Si el analista no se asusta podrá ser el transportista que permitirá
pasar de una orilla a otra, de la histeria a la femineidad que existe
en cada uno de nosotros, hombre o mujer.
Es posible que Breuer, con su huida, haya mostrado a Anna O., sin quererlo,
su falla como médico, como hombre, su incompletud, su "no
sé" personal. De tal manera se cayó de su posición
de omnipotencia y permitió a la pacienta ver reflejada su falta
en el otro, y poder inscribirse en él. Al ocupar el lugar del
amo, del terapeuta, ella misma se volvió terapeuta y con esta
sublimación pudo encontrar su camino singular y pasar de un estado
patológico a uno de creación personal.