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Melanie Klein: influencia y presencia

R. Horacio Etchegoyen

Buenos Aires. Octubre 2001. "Fragmentos y construcciones de la historia del psicoanálisis en Argentina" .

Voy a referirme especialmente a la historia de la escuela de Melanie Klein en la Argentina. La investigación de Melanie Klein es larga y profunda. Arranca en los años veinte, y un poco antes en Hungría, con la dirección señera de Ferenczi, sigue en Alemania por un lustro durante los años en que Abraham funda y organiza el Instituto de Berlín y culmina en Londres, donde crea con Jones la escuela inglesa de psicoanálisis.
Hay, pues, una Melanie Klein húngara que empieza a aplicar la teoría psicoanalítica para educar a los niños y pronto para analizarlos, una Melanie Klein alemana que crea la técnica del juego y una Melanie Klein inglesa que, sobre la base de lo que observó en sus primeros pacientes infantiles y luego también en los adultos, establece una teoría audaz y renovadora, donde amplía y modifica lo que había aprendido de Freud y de sus tres grandes discípulos (Ferenczi, Abraham y Jones).
La técnica del juego le permitió a Klein adentrarse en el inconsciente del niño y descubrir la psicología del primer año de la vida, antes inexplorada. Sobre estas bases pudo comprender las angustias del niño pequeño, que separó en paranoides y depresivas, darle precisión a los primitivos mecanismos de defensa del yo (proyección, introyección, disociación y negación) y explicar el funcionamiento del yo temprano, con lo que llegó a ver desde otro prisma de la realidad psíquica a partir del fecundo concepto de fantasía inconsciente.
Como siempre sucede en psicoanálisis, la investigación kleiniana se desarrolla en la dialéctica de la teoría y la técnica, donde la técnica del juego cuaja en los datos observacionales que abren paso a una nueva teoría que abandona el narcisismo primario e instaura la relación de objeto desde el comienzo de la vida.
Esto remite, a su vez, a una técnica en que la transferencia ocupa un lugar singular y la interpretación se hace más asidua y profunda en su intento de alcanzar la fantasía inconsciente, tal como aparece en la transferencia paterna y materna, positiva y negativa. Un mérito notable de Melanie Klein es interpretar imparcialmente los conflictos surgidos en la situación psicoanalítica, más allá de las circunstancias tácticas que puedan presentarse.

En Buenos Aires, donde se fundó la Asociación Psicoanalítica Argentina en 1942, las ideas de Melanie Klein encontraron pronto un suelo fértil y llegaron a ser dominantes por muchos años.
La Revista de Psicoanálisis que fundó Arnaldo Rascovsky en 1943, incluye en su número inaugural "Primeros estadíos del conflicto de Edipo y de la formación del superyó", el octavo capítulo de El psicoanálisis de niño (1932), y recogió después sus escritos más valiosos. Al mismo tiempo, la Revista publicaba los grandes artículos de Abraham, Ferenczi y Jones, no menos que los del mismo Freud, de Anna Freud, Richard Sterba, Franz Alexander, Fairbain, Strachey, Fenichel, Tausk, Marie Bonaparte, Hartmann, y de los grandes psicoanalistas de la primera mitad del siglo XX, al lado de los estudios de Cárcamo, Garma, Rascovsky, Marie Langer, Enrique Pichon Rivière y poco después de Racker, Grinberg, Resnik, Zac, Liberman, Alvarez de Toledo y Bleger para citar sólo a los más notorios.
Vale la pena recordar que ya antes de que se fundara la APA, había en Buenos Aires un grupo de estudiosos en el que se destacaban Enrique Pichon Rivière y Arminda Aberastury, Arnaldo y Matilde Rascovsky y Teodoro Schlosberg entre otros. Este grupo estudiaba devotamente la obra de Freud sin más guía que su inteligencia y entusiasmo. Cuando llegaron Cárcamo y Garma de Europa a fines de los años treinta, se dieron las circunstancias para que se formara la primera sociedad componente latinoamericana de la Asociación Psicoanalítica Internacional.
En su célebre Servicio de psiquiatría de la adolescencia del viejo Hospicio de las Mercedes, Pichon Rivière desarrolló, desde mediados de los años treinta, una tarea pionera con un grupo de discípulos sobresalientes, a los que enseñó una psiquiatría psicoanalítica sumamente rigurosa y original. Al mismo tiempo, y con no menos brillo, Arnaldo Rascovsky realizaba una labor similar en pediatría en el Hospital de niños.
En la sala de Enrique estaba Arminda Aberastury, la Negra -como todos la llamaban-, quien empezó a tomar contacto con niños. Primero se valió del libro de Anna Freud (1927) Psicoanálisis del niño y después se encontró con El Psicoanálisis de niños, de Melanie Klein, seguramente aconsejada por su sabio e ilustrado marido, Enrique. En 1942, Arminda Aberastury, que había iniciado su análisis con Garma y estaba traduciendo El Psicoanálisis de niños tomó contacto directo con Melanie Klein y empezó a cartearse con ella. En 1945 se le unió Betty Good y de esa colaboración surgió en Buenos Aires el psicoanálisis de niños de orientación kleiniana.
Pocos años después de finalizada la Segunda Guerra Mundial, los psicoanalistas se reunieron en el XVI Congreso Internacional, que se realizó en Zurich en 1949. Asistieron Angel Garma y Elizabeth G. Good, que se casarían poco después, Arnaldo y Matilde Rascovsky y Teo Schlosberg. Los analistas porteños tuvieron así la ocasión de conocer a Melanie Klein y a la plana mayor del psicoanálisis internacional. Melanie Klein disfrutó muchísimo de una presentación clínica de Betty, un niño de 21 meses, el analizado más joven hasta entonces, menor aún que la famosa Rita. Más detalles de estos primeros tiempos pueden encontrarse en "Psicoanálisis de niños", el primer escrito de Arminda Aberastury, leído en agosto de 1946 y publicado poco después en el cuarto tomo de la Revista de Psicoanálisis, y en sus numerosos trabajos ulteriores que culminan en su perdurable libro Teoría y Técnica del Psicoanálisis de niños, publicado por Paidós en 1962. También pueden encontrarse valiosas referencias en el delicioso libro Niños en análisis de Betty Garma (Kargieman, 1992).
La predominancia del pensamiento de Klein en Buenos Aires duró más de veinte años y llegó a ser por momentos hegemónico. Pichon lo aplicó consistentemente en la psicosis, Garma y Rascovsky a la medicina psicosomática, a los sueños y al desarrollo infantil, Heinrich Racker a la técnica con su teoría de la transferencia y contratransferencia, que después enriqueció Grinberg con su concepto de contraidentificación proyectiva. Los Baranger, Willy y Madé, por su parte aplicaron las ideas kleinianas al proceso psicoanalítico, con su teoría del campo, Bleger al estudio de la personalidad y Resnik a la psicosis y a la cultura. Cesio se valió de Melanie Klein para construir su teoría del letargo, Liberman para explicar el diálogo psicoanalítico y sustentar su teoría lingüística de los estilos interpretativos, Rebe Alvarez de Toledo para dar cuenta del efecto de la palabra y la asociación libre en el diálogo psicoanalítico y Marie Langer para su exploración de la femeneidad. Joel Zac usó las teorías kleinianas para entender las angustias de separación y el acting out, como también lo hizo Grinberg. Benito López aplicó consistentemente las teorías kleinianas al estudio de las adicciones y los pacientes fronterizos, mientras muchos autores que se ocuparon de los fundamentos epistemológicos del psicoanálisis como María Isabel Siquier, Eduardo Issaharoff y los Liendo (Ernesto y María del Carmen) se apoyaron siempre en conceptos de Klein, y ni qué decir de Jorge Luis Ahumada, cuyo reciente y fundado libro, Conjeturas y refutaciones se apoya decididamente en Klein, Bion y Money-Kyrle.
Al desarrollar sus propias ideas, todos estos autores fueron marcando también sus diferencias con Melanie Klein, sin que por ello desconocieran sus raíces.


En la década del setenta se hizo más fuerte en Buenos Aires la influencia de Lacan y paralelamente, decayó la vigencia kleiniana, que nunca se apagó, sin embargo. Así como Lacan comenzó su enseñanza poniendo la proa a la psicología del yo, los lacanianos porteños la emprendieron con Melanie Klein, a pesar de que Lacan mismo siempre le tuvo simpatía.
El pensamiento de Melanie Klein y su escuela se mantuvo a través del tiempo y el valioso libro de Elsa M. del Valle Echegaray, La obra de Melanie Klein, que tuvo una larga gestación, es una prueba de ello. Su último tomo, Melanie Klein:cierre y apertura, acaba de publicarse por Lumen (1999).
Que el año que viene se vaya a realizar un coloquio titulado "Melanie Klein en Buenos Aires" es otra prueba de que Melanie Klein sigue viva en todos nosotros. No está ya de moda, por suerte, pero continúa vigente. Sus escritos se siguen leyendo y discutiendo, lo mismo que los de sus discípulos, como Bion, Rosenfeld, Money-Kyrle, Hanna Segal, Betty Joseph y Meltzer, que tienen numerosos continuadores entre nosotros. El recordado libro de Willy Baranger, Posición y objeto en la obra de Melanie Klein, apareció en 1971, es decir hace treinta años, pero se sigue consultando, más allá de que su autor se dedicó en los últimos años de su fecunda vida más a Lacan que a ella.
Quisiera terminar este breve y por cierto incompleto recorrido señalando que, a diferencia de los kleinianos de Londres, los del Río de la Plata son más permeables a los aportes de otros autores y a los estudios interdisciplinarios, sin por eso perder la brújula del pensamiento de Melanie Klein.