Voy a referirme
especialmente a la historia de la escuela de Melanie Klein en
la Argentina. La investigación de Melanie Klein es larga
y profunda. Arranca en los años veinte, y un poco antes en Hungría,
con la dirección señera de Ferenczi, sigue en Alemania
por un lustro durante los años en que Abraham funda y
organiza el Instituto de Berlín y culmina en Londres,
donde crea con Jones la escuela inglesa de psicoanálisis.
Hay, pues, una Melanie Klein húngara que empieza a aplicar
la teoría psicoanalítica para educar a los niños
y pronto para analizarlos, una Melanie Klein alemana que crea
la técnica del juego y una Melanie Klein inglesa que,
sobre la base de lo que observó en sus primeros pacientes infantiles
y luego también en los adultos, establece una teoría audaz
y renovadora, donde amplía y modifica lo que había aprendido
de Freud y de sus tres grandes discípulos (Ferenczi, Abraham
y Jones).
La técnica del juego le permitió a Klein adentrarse
en el inconsciente del niño y descubrir la psicología
del primer año de la vida, antes inexplorada. Sobre estas bases
pudo comprender las angustias del niño pequeño, que separó
en paranoides y depresivas, darle precisión a los primitivos
mecanismos de defensa del yo (proyección, introyección,
disociación y negación) y explicar el funcionamiento del
yo temprano, con lo que llegó a ver desde otro prisma de la realidad
psíquica a partir del fecundo concepto de fantasía inconsciente.
Como siempre sucede en psicoanálisis, la investigación
kleiniana se desarrolla en la dialéctica de la teoría
y la técnica, donde la técnica del juego cuaja en los
datos observacionales que abren paso a una nueva teoría que abandona
el narcisismo primario e instaura la relación de objeto desde
el comienzo de la vida.
Esto remite, a su vez, a una técnica en que la transferencia
ocupa un lugar singular y la interpretación se hace más
asidua y profunda en su intento de alcanzar la fantasía inconsciente,
tal como aparece en la transferencia paterna y materna, positiva y negativa.
Un mérito notable de Melanie Klein es interpretar imparcialmente
los conflictos surgidos en la situación psicoanalítica,
más allá de las circunstancias tácticas que puedan
presentarse.
En Buenos
Aires, donde se fundó la Asociación Psicoanalítica
Argentina en 1942, las ideas de Melanie Klein encontraron
pronto un suelo fértil y llegaron a ser dominantes por muchos
años.
La Revista de Psicoanálisis que fundó Arnaldo Rascovsky
en 1943, incluye en su número inaugural "Primeros estadíos
del conflicto de Edipo y de la formación del superyó",
el octavo capítulo de El psicoanálisis de niño
(1932), y recogió después sus escritos más valiosos.
Al mismo tiempo, la Revista publicaba los grandes artículos de
Abraham, Ferenczi y Jones, no menos que los del mismo Freud,
de Anna Freud, Richard Sterba, Franz Alexander, Fairbain, Strachey,
Fenichel, Tausk, Marie Bonaparte, Hartmann, y de los grandes psicoanalistas
de la primera mitad del siglo XX, al lado de los estudios de Cárcamo,
Garma, Rascovsky, Marie Langer, Enrique Pichon Rivière y
poco después de Racker, Grinberg, Resnik, Zac, Liberman, Alvarez
de Toledo y Bleger para citar sólo a los más
notorios.
Vale la pena recordar que ya antes de que se fundara la APA, había
en Buenos Aires un grupo de estudiosos en el que se destacaban Enrique
Pichon Rivière y Arminda Aberastury, Arnaldo y Matilde Rascovsky
y Teodoro Schlosberg entre otros. Este grupo estudiaba devotamente
la obra de Freud sin más guía que su inteligencia y entusiasmo.
Cuando llegaron Cárcamo y Garma de Europa a fines
de los años treinta, se dieron las circunstancias para que se
formara la primera sociedad componente latinoamericana de la Asociación
Psicoanalítica Internacional.
En su célebre Servicio de psiquiatría de la adolescencia
del viejo Hospicio de las Mercedes, Pichon Rivière desarrolló,
desde mediados de los años treinta, una tarea pionera con un
grupo de discípulos sobresalientes, a los que enseñó
una psiquiatría psicoanalítica sumamente rigurosa y original.
Al mismo tiempo, y con no menos brillo, Arnaldo Rascovsky realizaba
una labor similar en pediatría en el Hospital de niños.
En la sala de Enrique estaba Arminda Aberastury, la Negra -como
todos la llamaban-, quien empezó a tomar contacto con niños.
Primero se valió del libro de Anna Freud (1927) Psicoanálisis
del niño y después se encontró con El Psicoanálisis
de niños, de Melanie Klein, seguramente aconsejada por
su sabio e ilustrado marido, Enrique. En 1942, Arminda Aberastury,
que había iniciado su análisis con Garma y estaba
traduciendo El Psicoanálisis de niños tomó contacto
directo con Melanie Klein y empezó a cartearse con ella.
En 1945 se le unió Betty Good y de esa colaboración
surgió en Buenos Aires el psicoanálisis de niños
de orientación kleiniana.
Pocos años después de finalizada la Segunda Guerra Mundial,
los psicoanalistas se reunieron en el XVI Congreso Internacional, que
se realizó en Zurich en 1949. Asistieron Angel Garma y
Elizabeth G. Good, que se casarían poco después,
Arnaldo y Matilde Rascovsky y Teo Schlosberg. Los analistas
porteños tuvieron así la ocasión de conocer a Melanie
Klein y a la plana mayor del psicoanálisis internacional.
Melanie Klein disfrutó muchísimo de una presentación
clínica de Betty, un niño de 21 meses, el analizado más
joven hasta entonces, menor aún que la famosa Rita. Más
detalles de estos primeros tiempos pueden encontrarse en "Psicoanálisis
de niños", el primer escrito de Arminda Aberastury,
leído en agosto de 1946 y publicado poco después en el
cuarto tomo de la Revista de Psicoanálisis, y en sus numerosos
trabajos ulteriores que culminan en su perdurable libro Teoría
y Técnica del Psicoanálisis de niños, publicado
por Paidós en 1962. También pueden encontrarse valiosas
referencias en el delicioso libro Niños en análisis de
Betty Garma (Kargieman, 1992).
La predominancia del pensamiento de Klein en Buenos Aires duró
más de veinte años y llegó a ser por momentos hegemónico.
Pichon lo aplicó consistentemente en la psicosis, Garma
y Rascovsky a la medicina psicosomática, a los sueños
y al desarrollo infantil, Heinrich Racker a la técnica
con su teoría de la transferencia y contratransferencia, que
después enriqueció Grinberg con su concepto de
contraidentificación proyectiva. Los Baranger, Willy y Madé,
por su parte aplicaron las ideas kleinianas al proceso psicoanalítico,
con su teoría del campo, Bleger al estudio de la personalidad
y Resnik a la psicosis y a la cultura. Cesio se valió
de Melanie Klein para construir su teoría del letargo,
Liberman para explicar el diálogo psicoanalítico
y sustentar su teoría lingüística de los estilos
interpretativos, Rebe Alvarez de Toledo para dar cuenta del efecto
de la palabra y la asociación libre en el diálogo psicoanalítico
y Marie Langer para su exploración de la femeneidad. Joel
Zac usó las teorías kleinianas para entender las angustias
de separación y el acting out, como también lo hizo Grinberg.
Benito López aplicó consistentemente las teorías
kleinianas al estudio de las adicciones y los pacientes fronterizos,
mientras muchos autores que se ocuparon de los fundamentos epistemológicos
del psicoanálisis como María Isabel Siquier, Eduardo
Issaharoff y los Liendo (Ernesto y María del Carmen)
se apoyaron siempre en conceptos de Klein, y ni qué decir
de Jorge Luis Ahumada, cuyo reciente y fundado libro, Conjeturas
y refutaciones se apoya decididamente en Klein, Bion y Money-Kyrle.
Al desarrollar sus propias ideas, todos estos autores fueron marcando
también sus diferencias con Melanie Klein, sin que por
ello desconocieran sus raíces.
En la década del setenta se hizo más fuerte en Buenos
Aires la influencia de Lacan y paralelamente, decayó la vigencia
kleiniana, que nunca se apagó, sin embargo. Así como Lacan
comenzó su enseñanza poniendo la proa a la psicología
del yo, los lacanianos porteños la emprendieron con Melanie
Klein, a pesar de que Lacan mismo siempre le tuvo simpatía.
El pensamiento de Melanie Klein y su escuela se mantuvo a través
del tiempo y el valioso libro de Elsa M. del Valle Echegaray,
La obra de Melanie Klein, que tuvo una larga gestación,
es una prueba de ello. Su último tomo, Melanie Klein:cierre
y apertura, acaba de publicarse por Lumen (1999).
Que el año que viene se vaya a realizar un coloquio titulado
"Melanie Klein en Buenos Aires" es otra prueba de que Melanie
Klein sigue viva en todos nosotros. No está ya de moda, por
suerte, pero continúa vigente. Sus escritos se siguen leyendo
y discutiendo, lo mismo que los de sus discípulos, como Bion,
Rosenfeld, Money-Kyrle, Hanna Segal, Betty Joseph y Meltzer, que
tienen numerosos continuadores entre nosotros. El recordado libro de
Willy Baranger, Posición y objeto en la obra de Melanie
Klein, apareció en 1971, es decir hace treinta años,
pero se sigue consultando, más allá de que su autor se
dedicó en los últimos años de su fecunda vida más
a Lacan que a ella.
Quisiera terminar este breve y por cierto incompleto recorrido señalando
que, a diferencia de los kleinianos de Londres, los del Río de
la Plata son más permeables a los aportes de otros autores y
a los estudios interdisciplinarios, sin por eso perder la brújula
del pensamiento de Melanie Klein.