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"EL MITO Y LA CLINICA PSICOANALITICA - Ulises y Telémaco: una historia psicoanalítica"                                            

Gilda Sabsay Foks

Elegí un mito griego para ilustrar un elemento que ubique lo que podría llamarse un buen análisis y eventualmente la terminación de un análisis. Lo encontré en los héroes de la Odisea, Ulises y Telémaco.
El núcleo de la obra es la unión de Ulises y Telémaco al lado de Penélope, el padre y el hijo al lado de la esposa. Recuerda a la Santa Trinidad. Se destaca en la Odisea el respeto de la hospitalidad y de los ritos sacrificiales como una manera de separar los buenos de los malos, los humanos de los monstruos.
         Telémaco lucha al lado de su padre. El heroísmo del hijo no se construye a partir de la muerte de su padre, como Orestes, sino desde la convicción que su padre está vivo. Quiero recordar que, según la leyenda, Ulises para evitar ir a la guerra de Troya usa la astucia de hacerse el loco. Ese engaño pone a su hijo en peligro de muerte, entonces Ulises renuncia a su trampa para salvar a su hijo Este dato no es menor porque lo que yo he tratado de comprender es la búsqueda de un padre hacia un hijo y de un hijo hacia un padre.
         En la Telemaquia (Cantos I al IV) se ve la diferencia del destino de dos jefes aqueos. Agamenón asesinado por una esposa infiel, Clitemnestra y su amante Egisto, y vengado por su hijo Orestes. En cambio Ulises es esperado por una esposa fiel, Penélope y un hijo inteligente, valiente, que lo ayudará en su venganza.
         Se ve el parecido, identificación, entre padre e hijo. Un parecido físico y también moral. El nombre mismo de Telémaco, "el que combate de lejos", refleja su habilidad en el tiro al arco proveniente de una cualidad de su padre. A través del hijo, Telémaco, se reafirma la presencia del padre.
         Acá quiero hacer un comentario. ¿ Porqué destaco estos Cantos? Lo que quiero proponer es una relación, como podemos entender los psicoanalistas, de identificaciones y posiciones adecuadas. La búsqueda del hijo al padre y del padre al hijo, si lo ampliamos, podemos verlo como un proceso de desarrollo natural que si lo llevamos al terreno psicoanalítico, se puede equiparar el proceso de la Odisea a la fantasía de un tratamiento psicoanalítico donde Ulises es el padre y también el psicoanalista.
         En los Cantos XII al XV se describe las aventuras de Ulises desde su partida de Troya hasta su regreso a Itaca. En este mundo donde se mezclan ficción y realidad, se desenvuelven situaciones maravillosas y salvajes.
         El episodio del Cíclope donde Ulises el astuto le grita a Polifemo para engañarlo "soy Nadie", pero luego no puede con su genio y revela su identidad y genealogía. Su orgullo lo pierde pues provoca la maldición de Polifemo y la venganza de Poseidón. Ahí asoma la máscara de la tragedia
         En los episodios de Calipso y de las Sirenas dos tentaciones amenazan a
nuestro héroe: una la tentación humana de ser inmortal, quedarse al lado de Calipso para siempre, la otra la del olvido de su unión con Penélope y de su reino de Itaca. En el episodio de las Sirenas se destaca más la ambivalencia de Ulises: no quiere responder a ese canto, se hace atar al mástil del navío para no ceder a la tentación de las pulsiones que están en él, pero no se tapa las orejas como él ha ordenado a sus marineros, para poder escuchar las promesas de placer.
         En la evocación del Mundo de los Muertos, cuando Ulises desciende a los Infiernos, el fantasma de su madre le muestra los horrores de la muerte y Aquiles reconoce que hubiera preferido vivir como porquerizo antes que morir  joven y glorioso como pretendió en la Ilíada. Homero muestra a Ulises como el que prefiere el retorno a su patria a través de sufrimientos y picardías. El mejor de los Aqueos es aquél que soporta mucho, porque es el que acepta la condición de la mortalidad, el dolor y la finitud. Es un reconocimiento del rechazo a la muerte y el amor a la vida como otro heroísmo.  Esta cita de Ulises en la Odisea fue retomada por Freud.
         Escrita la Odisea hace unos 2700 años por un poeta y narrador, del cual no sabemos gran cosa, salvo que era un genio y que para componer sus poemas se valió de mitos, historias, leyendas que desde hacía siglos vagabundeaban por las islas y orillas del Mediterráneo. En la Odisea más que en la Illíada, el texto literario y la fantasía mítica fundan nuestra cultura occidental. No conozco ninguna ficción, ni las más rica, ni hechiceras invenciones que han jalonado la larga historia de este conjunto de lenguas, países, costumbres, tradiciones y creencias constitutivas de esta civilización, que hayan mantenido por tanto tiempo y con tanta fuerza su carácter emblemático y conservado una frescura tan constante y ha fascinado una y otra vez a tantas generaciones, incitándolas a traducirlas, adaptarlas, interpretarlas para públicos lectores, yo diría psicoanalistas, como la gesta de la Odisea. Viejos y niños, pensadores profundos y analfabetos, eruditos y soñadores, todas las variantes de la especie humana, de alguna manera, han acompañado en una o varias aventuras al héroe de la guerra de Troya a quien el vengativo Poseidón cierra el trayecto de retorno a Itaca. Diez años dura su regreso, que parecen un siglo, aunque sabemos que para el inconsciente hay un tiempo atemporal. Demora para regresar a su pequeño reino de aldeanos y cabras perdido en el mar Jónico, debiendo vencer las fantásticas pruebas por las que atraviesa hasta poder reunirse con su esposa Penélope y su hijo Telémaco. En todo eso uno puede ver las vicisitudes de la vida hasta lograr acercarse al objeto deseado.
         ¿ Cómo se explica el extraordinario poder de convocatoria y permanencia de la Odisea ? Ante todo la calidad de su factura literaria. El  poema homérico parece escrito hoy por un fabulador que domina todos los secretos del arte de contar y que ha asimilado en su sabiduría de narrador todas las técnicas y
experiencias formales desde la invención de un tiempo propio para su historia hasta las más atrevidas mudanzas del punto de vista del narrador. Los cambios de nivel entre la fantasía, la realidad que crea para la historia de Ulises un mundo múltiple hecho de historia y fantasía, acaso no muy distinto de lo que nos pasa a los humanos hoy, de memoria y sueños, de delirios y de demonios.
         Estas son consideraciones para nosotros los lectores intelectuales, pero   hay una inmensa mayoría que no tiene tanto conocimiento intelectual, el inmenso público al que podría desagradar el canibalismo de Polifemo, y sin embargo se fascina con la hechicera Circe, se aterra con los monstruos de Caribdis y Escila o se enamora de la cándida Nausica. Para ese público el mundo de Ulises, elaborado como el más refinado, con la sabiduría de un soberbio narrador, es sobre todo una manera de vivir, de ser, porque se ve reflejado en algo que representa no lo que es sino lo que no es y le gustaría ser.
         Evidentemente tiene mucho que ver con nuestro trabajo psicoanalítico. Aunque Homero no era psicoanalista comprendió mucho al ser humano. Me surge asociar, más allá de Homero, como profundo conocedor a Shakespeare y agregaría Tolstoi de La Guerra y la Paz, donde por la vida literaria se expresa una comprensión profunda del hombre que nuestra tradición psicoanalítica debe aprovechar y ejemplificar, porque el tema de este Encuentro es el mito y la situación clínica psicoanalítica.
         Vuelvo a retomar mi idea de lo significativo de este encuentro singular e impactante en esta odisea de un padre buscando al hijo y la odisea de un hijo buscando al padre. Cómo Telémaco muestra desde pequeño no sólo la búsqueda sino identificaciones que se van desarrollando con ese padre anhelado y buscado para ocupar el lugar de hijo. Como hijo colabora para ubicar a la madre en su lugar de madre, al padre en su lugar de padre y a él a colocarse en el lugar de hijo. Mientras permanece con la madre no tiene un rol claro de hijo, parece más bien la pareja de la madre ahuyentando a los pretendientes. A su vez en sus aventuras Ulises, si bien muestra querer a su hijo queda seducido en un momento con la atracción de la inmortalidad y el goce del amor. Sin embargo, algo hace para buscar al hijo y colocarse en el rol de padre, instalando la situación triangular adecuada con el hijo y la esposa. También cuando aparece su padre Laertes, Ulises se ubica en el lugar de hijo.
         Es interesante preguntarse ¿ cuál es el rasgo central de la personalidad del héroe Ulises, el de guerrero, el de protagonista de hazañas, el de tramposo, el de narrador de historias vividas realmente o producto de su fantasía ? No hay manera objetiva de saberlo, pero sí aceptar que su excelente memoria y su habilidad narradora simplemente enriquecieron sus creencias y las del hombre de acción. También pudiera ser un genial embaucador, el primero de esa interminable estirpe de fabricantes de mentiras literarias donde resultan tan seductoras que oyentes y lectores las transforman en verdaderas.

         Hay muchos indicios en la Odisea que revelan falsedades, hay contradicciones. ¿Acaso el hombre no las tiene? Todos contamos versiones distintas de un hecho del cual nunca sabremos cual es el verdadero. Digamos que Ulises, antes que un héroe en la vida lo fue de la imaginación. ¿Se empobrecería la realidad? Creo que no, simplemente sería una historia distinta de aquella donde actúa de protagonista y transcriptor. En ésta el rey de Itaca sería el ilusionista o el creador
         Volviendo a la interpretación psicoanalítica ¿qué es lo paradigmático que ilustra este mito? Metafóricamente hablando Edipo debe matar al padre para advenir. Sabemos que la muerte del padre no significa la muerte real del padre sino un proceso de distanciamiento a través de una identificación. Esto fue muy útil para Freud que lo tomó como el modelo de una estructuración que algunos pensamos es estructurante. ¿Qué veo en el mito homérico de la Odisea? No veo la misma problemática que en el mito de Edipo. Todos los que se presentan ante nosotros como pacientes vienen a resolver de una manera u otra su Edipo. En el mito de la Odisea vemos el proceso de curación donde el deseo del hijo de encontrar un padre, donde Ulises puede ser tanto un padre real de Telémaco como un psicoanalista, es un proceso de búsqueda. Todo el recorrido fantástico, doloroso, a veces insoportable, a veces excitante, sería como los contenidos del inconsciente. Proceso que se sostiene por el deseo mutuo de un encuentro y lo relaciono con un tema muy frecuente en los últimos tiempos, el tener claro el lugar del analista, la posición del analista sin confundirla con la persona del analista.
         Telémaco es el hijo de Ulises y Penélope, no era ni el amigo, ni el novio, ni el marido de la madre. El hijo tenía que encontrar su lugar entre mujeres, luchando contra pretendientes que intentaban abusar de su madre, a la que por otro lado seguramente deseaba. A su vez el que era esperado, buscado, Ulises, que yo relaciono con el psicoanalista, porque éste representaba al padre buscado, aceptado y reconocido, con la resignación adecuada con la que se acepta al padre contra quien se luchó. Como este proceso no se da en cualquier momento, se ve que es en la juventud de Telémaco cuando se produce el regreso de Ulises. Se encuentran ambos y se acercan. Entonces Ulises vuelve como marido y como padre. Telémaco queda en el lugar del hijo y Penélope en el lugar de madre y esposa.
         Lo que quiero mostrar es que en todo trabajo psicoanalítico cuando nos metemos en las profundidades del inconsciente debemos intentar que cada uno encuentre su lugar, con todas las limitaciones y tal vez resignificaciones que eso comporte.
         Ahora voy a desarrollar un mito argentino ligado a una obra mítica argentina, el mito de Martín Fierro y sus hijos, que sería como una versión argentina de Ulises-Telémaco. Seguramente en otros países debe haber algo
similar. Me voy a basar en el poema Martín Fierro cuyo autor es José Hernández
         El mito de Martín Fierro y sus hijos consta de dos partes: la primera se llama la Ida, la segunda  La Vuelta de Martín Fierro. En la primera el gaucho Martín evoca sus tiempos jóvenes
                   Tuve en mis pagos en un tiempo
                   Hijos, hacienda y mujer
                   Sosegao vivía en mi rancho
                   Como el pájaro en su nido
         Hay un paradigma de la relación padre e hijo. En la Argentina la palabra gaucho tiene una connotación, a través de su derivado guacho, de huérfano abandonado, errante. El psicoanálisis nos puede ayudar porque sabemos que no importa tanto la ausencia del padre biológico si éste es sustituido por un padre simbólico.
         Como dato interesante puedo decir que al autor de Martín Fierro, José Hernández lo dejaron de muy chico con los abuelos. Transcurrió su infancia en una chacra en un suburbio de Buenos Aires, cerca del matadero de ganado. En su juventud estuvo mucho en el campo. Convivió con esos hombres de hablar sentencioso, duros ante la adversidad y de carácter valiente. Aprendió a ser un buen jinete. Descubrió la amistad varonil creada por el peligro compartido, en aquella sociedad de machos donde la mujer es sólo sombra que sirve en silencio, como complemento pasivo y ocasional.
         El Martín Fierro, como la Odisea es un poema de treinta y tres Cantos. La primera parte, La Ida, describe primero una vida agradable, pero luego Martín Fierro es llevado a la fuerza a luchar contra los indios en la frontera, dejando en desamparo a su mujer y sus hijos. En el ejército Fierro es víctima de injusticias, castigos brutales, explotación, toda clase de abusos, siendo tratado como "matrero", pero logra escapar luego de matar al hijo de un cacique indio en un duelo. Así fue como al cabo de tres años volvió a su rancho. En esta parte Martín Fierro dice:
                   No hallé ni rastros del rancho
                   ----
                   puedo asegurar que el llanto
                   como una mujer largué.
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                   Los pobrecitos muchachos
                   entre tantas afliciones
                   se conchabaron de piones
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                   Me han contado que el mayor
                   nunca dejaba a su hermano
                  

                   Y la pobre mi mujer
                   me dicen que se voló
                   con no sé qué gavilán
                   si no le quedó un cobre
                   sino de hijos un enjambre
                   qué más iba a hacer la pobre
                   para no morirse de hambre.
                   ¡Tal vez te vuelva a ver
                   prenda de mi corazón!
                   y a mis hijos dende aquí
                   les echo mi bendición
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                   Andarán por ahí sin madre
                   ya se quedaron sin padre
                   y así la suerte los deja
                   pero yo ando como el tigre
                   que le roban los cachorros.
         Este Canto tiene evidentemente un matiz social de protesta.
         Luego de esta milonga de protesta Martín Fierro se convierte en un provocador, agresivo, se pelea con un negro al que mata y después da muerte a un bravucón que lo desafió. La policía lo persigue y en una batida y rodedado de cadáveres conquista al sargento Cruz, quien se pasa a combatir a favor de él. Forman una pareja de forajidos como si fueran "astillas del mesmo palo". Juntos huyen cantando Fierro
                   Yo me voy amigo
                   donde la suerte me lleve
         En la segunda parte, La Vuelta, Fierro tras diez años de ausencia como Ulises, viviendo como gaucho matrero en la frontera entre los indios y la civilización, se reencuentra con sus hijos.
                   De mis hijos he encontrado
                   sólo dos hasta el momento
                   y de ese encuentro feliz
                   le doy gracias al cielo
                   ----
                   Ahí estaban los muchachos
                   cuidando unos parejeros
                   cuanto me oyeron nombrar
                   se vinieron al momento
                   diciéndome quienes eran
                   aunque no me conocieron
                   porque venía muy aindiao
                   y me encontraron muy viejo.
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                   La junción de los abrazos,
                   de los llantos y los besos
                   se deja a las mujeres
                   como entiende el juego
                   pero el hombre que compriende
                   que todos hacen lo mesmo
                   en público canta y baila
                   abraza y llora en secreto.
                   Lo único que me han contao
                   es que mi mujer ha muerto
                   que en procura de un muchacho
                   se fue la infeliz al pueblo
                   que por fin a un hospital
                   falleció al muy poco tiempo
                   y les juro que de esa pérdida
                   jamás he de hallar consuelo
                   ----
                   a mis hijos
                   no los conocen
                   yo tengo confianza en ellos
                   no porque lleven mi sangre
                   sino porque desde chicos
                   han venido padeciendo
                   vamos a verlos correr
                   son cojos hijos de rengo.
         ¿Cómo pretendo establecer una comparación entre Ulises y Telémaco con Fierro y sus hijos? Por un lado hay cierta diferencia, pues mientras Telémaco es hijo único, la prole de Fierro fue numerosa y mixta. Pero si transpolamos la infancia, adolescencia de Hernández hacia su hijo literario Martín Fierro podemos inferir que la masculinidad fue sólida y creativa, de internalización en la infancia de sus abuelos y de internalización en la adolescencia de un vida viril en un ambiente campero.
         Martín Fierro, igual que Ulises inaugura su adultez con una dulce familia de mujer e hijos. Este paralelismo con lo homérico ya lo señaló un autor llamando a Martín Fierro el Ulises de la pampa.
         El mito de Ulises-Telémaco con la separación infantil y el reencuentro identificatorio con el hijo adolescente se asemeja al mito de Martín Fierro con la separación de sus hijos en la infancia y el reencuentro en la adultez. Esos personajes míticos argentinos operan en nosotros los analistas como los
protagonistas de una Odisea argentina

Al principio traté de mostrar que la relación Telémaco-Ulises era una relación muy semejante a la analítica con sus transferencias-contratransferencias  e identificaciones. Ahora quisiera señalar algo más general, tal vez más universal. Pienso que todo tratamiento psicoanalítico con su transcurrir, sus dificultades, sus obstáculos, impasses, pulsiones, tiene vicisitudes semejantes a toda la travesía que desarrolla Ulises y que Homero nos la muestra con maestría. Podemos imaginar que todo paciente con su terapeuta, como Telémaco-Ulises, emprenden un viaje complejo que va desde la vida hasta el mundo de los muertos, se plantean todo tipo de situaciones trascendentales: mortalidad, inmortalidad, deseo, placer, responsabilidad, paternidad, amor filial, maternal, fidelidad de la mujer, tentaciones de la mujer. Yo diría que no queda un solo pequeño lugar que no parezca tan similar a lo que habitualmente intentamos explorar y vivir en las vicisitudes del tratamiento psicoanalítico.