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"Historia de los congresos de IPA "                                            

Gilda Sabsay Foks

Agradezco al Comité Organizador del Congreso de Berlín el haberme invitado a participar en este panel donde es evidente que la historia juega un rol importante para comprender el desarrollo y los hechos de la ciencia psicoanalítica.
         Lo primero que le quiero comunicar es la etimología de la palabra congreso que me llevó a averiguar su origen para entender la prehistoria de los congresos freudianos. Según el Diccionario Etimológico de Corominas la palabra congreso proviene del latín congressus, cuyo significado es entrevista, reunión, derivada de congredi cuyo sentido es encontrarse, palabra proveniente a su vez de gradi que significa andar.
         En el Diccionario de la Real Academia Española reiteran su origen latino congressus, congredi, caminar juntamente y da como una de las acepciones: junta de varias personas para deliberar sobre un negocio y más comúnmente la que se hace para tratar asuntos de gobierno. Llamativamente el segundo significado es cópula carnal.
         ¿Por qué me interesó dar esos significados? Porque el tema de este panel es Los Congresos de IPA.? Me parece importante hablar de la prehistoria de estos congresos. De algún modo ya Freud lo señala en el libro que reúne las cartas entre Freud y Fliess. En una de estas cartas Freud le dice que estas conversaciones epistolares para él tienen el valor de un congreso. Así fue por varios años esa necesidad de discutir y de reunirse, salvo el pequeño período en que Freud estuvo muy solo con sus ideas. Es una característica de Freud de compartir temas científicos con otras personas. Precisamente, durante varios años su único interlocutor querido y respetado era Wilhem Fliess. Tenía una enorme necesidad de escribirle, a veces a diario.
         Más tarde esto se amplió, fueron las conversaciones con los más cercanos hasta que se constituyeron las Reuniones de los Miércoles en 19 Bergasse. Eran congresos, congresos pequeños, con el mismo sentido, el mismo objetivo, la misma necesidad.
         Esto transcurrió así hasta el primer congreso en 1908, y ya instituida la IPA se realiza el primer congreso formal en 1910. Pero todos sabemos que las reuniones "secretas" se seguían realizando.
         Voy a hacer un recorrido de los congresos que ya suceden a la prehistoria. En 1908 fue informal. Sin embargo, se desarrolló en Salzburgo y se dedicó a presentar El Caso del Hombre de las Ratas. El segundo, ya formal, dirigido por Jung se hizo en Nuremberg, el tercero en Weimar, también presidido por Jung. Ahí saltan dos años. No son regulares los períodos entre cada congreso y el siguiente también lo preside Jung. Me preguntarán los temas, no los tengo muy seguros. No pude ver las publicaciones de esos congresos, sí del 8, pero no del l0, del 11 y del 13. El quinto congreso fue en Budapest en 1918 Tuvo una destacada participación Ferenczi y lo presidió Abraham. El intervalo entre el 13 y el 18 corresponde a la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, Freud se reunía todo lo posible en sus pequeños congresos con los colegas que escuchaban los muy importantes trabajos que Freud publicó durante ese período.
         En el 20 el Congreso lo preside Ferenczi y se realiza en Holanda. En el 22 en Berlín. Lo destaco porque hoy hacía 85 años que no se hacía  un congreso internacional en un lugar cuyo Instituto es motivo de excelencia y de admiración por todos aquéllos que nos hemos formado como psicoanalistas.
         En el 24 de nuevo en Salzburgo, lo preside Jones, igual que el anterior. En el 25 en Hamburgo, lo presiden Kart Abraham y Eitingon. En el 27 preside Eitingon en Innsbruck. De nuevo preside Eitingon en el 29 en Oxford. En el 32 en Wiesbaden también lo preside Eitingon. En el 34 en Lucerna preside Ernest Jones. En Marienbad en el 36 preside Ernest Jones. En el 38 en París también preside Jones.
         Interrupción larga provocada por la Segunda Guerra Mundial hasta 1949 cuando se realiza el congreso en Zurich presidido por Jones. En el 51 es en Ámsterdam, presidido por Leo Bartemeier. En el 53 en Londres preside Heinz Hartmann. En el 55 en Ginebra también preside Hartmann. En el 57 en París de nuevo preside Hartmann. En el 59 en Copenhague preside William Gillespie. En el 61 en Edimburgo preside Gillespie. En el 63 en Estocolmo preside Maxwell Gitelson. Recién a partir del 65 puedo dar títulos de los Congresos. Tratamiento psicoanalítico de la neurosis obsesiva fue el tema en el congreso de Ámsterdam presidido por Gillespie y Phyllis Greenacre. En el 67 vuelve a ser en Copenhague, presidido por P.J. van der Leeuw y el tema es el
actino out y su papel en el proceso psicoanalítico. En el 69 en Roma, presidido por van der Leeuw, el tema es nuevos desarrollos en psicoanálisis. En el 71 en Viena, presidido por Leo Rangell, con el tema el concepto psicoanalítico de la agresión: aspectos teóricos, clínicos y aplicados. En el 73, transferencia e histeria hoy, presidido por Leo Rangell. En el 75, presidido por Serge Lebovici, cambios en la experiencia y práctica psicoanalítica: consecuencias teóricas, técnicas y sociales. En el 77 en Jerusalén, presidido por Lebovici, los afectos en la situación psicoanalítica. En el 79, presidido por Edward Joseph, finalizaciones clínicas en psicoanálisis. En el 81, presidido por Joseph, el desarrollo psíquico temprano y como se refleja en el proceso psicoanalítico. En el 83, en Madrid presidido por Adam Limentani, el psicoanalista en su trabajo. En el 85 en Hamburgo, presidido por Limentani, la identificación y sus vicisitudes. En el 87 en Montreal, presidido por Robert Wallerstein, Análisis terminable e interminable 50 años después. En Roma en el 89, presidido también por Wallerstein, fundamento común en el proceso psicoanalítico y sus intenciones. En el 91 primer congreso en la Argentina y en Latinoamérica, presidido por Joseph Sandler, el cambio psíquico. En el 93 en Ámsterdam, presidido por Sandler, la mente del psicoanalista de la escucha a la interpretación. En el 95 en San Francisco, presidido por Horacio Etchegoyen, la realidad psíquica, su impacto en el psicoanalista y el paciente hoy. En el 97 en Barcelona, presidido por Etchegoyen, el psicoanálisis y la sexualidad. En el 99 en Santiago de Chile, presidido Otto Kernberg, el afecto en la teoría y en la práctica. En el 2001, en Niza, presidido por Kernberg, el psicoanálisis: el método y su aplicación. En el 2004, New Orleans, presidido por Daniel Widlöcher, trabajando en las fronteras. En 2005 en rio de Janeiro, presidido por Widlöcher, el trauma; nuevos desarrollos en psicoanálisis. 2007, es el Congreso que estamos viviendo, presidido por Claudio Laks Eizirik, recuerdo, repetición y elaboración hoy en el psicoanálisis y en la cultura.
         Yo les puedo proponer la experiencia personal de los congresos donde yo asistí, sobre todo transmitirles la importancia de estos congresos en nuestro medio latinoamericano y especialmente argentino.Cuando entré como alumna de seminario, veíamos a los congresos como algo muy anhelado, conocer y participar de las
discusiones de los analistas más experimentados. A medida que los años pasaron se aproximó el sueño y se transformó en un sueño realizable que pertenecía ya a la realidad y no a los sueños.
         El primer congreso al que asistí fue en Jerusalén en 1977. Despertaba en mí un particular interés conocer a ese país totalmente distinto al medio argentino. Esto en cuanto al medio ambiente. Con respecto a compartir un congreso con personas cuyas ideas nos parecían muy lúcidas, muy originales, era la otra parte. En ese momento de mi historia con respecto a los congresos era conocer a esas personas y escucharlas, aprender de los maestros. En aquel congreso recuerdo a Guy Rosolato, a Franco Fornari, a Harold Blum y a André Green. Posiblemente escuché a muchos más. Todos ellos me dejaron una impresión muy fuerte. Volví a Buenos Aires con el sentimiento de haberme enriquecido enormemente y que era importante difundir todo lo que habíamos aprendido sobre afectos, el tema de ese congreso.
         En esa experiencia lo único predominante era el estímulo de los pensantes, el estímulo de ir más allá de lo que uno podría encontrar en Freud, es decir un Freud ampliado, extendido.
         El segundo congreso al que asistí fue en Nueva Cork en 1979. Hubo una variante. La variante fue que en esos dos años ya no se trataba de la maravilla científica que nos iba a enriquecer. Aparece una realidad externa muy importante que se infiltra en el congreso, donde lo social y político es imposible desconocer. ¿Por qué lo digo? Estamos en plena dictadura militar, más fue aun que en el 77. Esa dictadura militar terminó en el 83, de manera que en ese momento había voces y conflictos con respecto a la posición que debía adoptar el congreso. Se quería dar un comunicado, algunos lo consideraban inconveniente, entraban distintas actitudes políticas y no me refiero a la política interna de la IPA, que eso es otro capítulo, sino de la política que podía favorecer o empeorar la situación de los psicoanalistas argentinos.
         Sigo un poco más adelante y otro congreso al que voy es en Buenos Aires, muy toda la importancia que tenía de ser la ciudad convocante de un congreso internacional. Fue muy rico científico, muy exitoso y todos los psicoanalistas argentinos nos sentimos muy conmovidos de tener una representación internacional.
         Después del 91, los congresos a los que asistí fueron en el 93 en Ámsterdam, en el 95 en San Francisco, en el 97 en Barcelona, en el 2005 en Río de Janeiro y ahora aquí. ¿Qué puedo decir del de Ámsterdam?  Además de que llovió toda la semana. Ahí me pude dar cuenta que había un congreso afuera, donde todos veíamos la escena, y detrás del telón del escenario otro congreso, con muchas conversaciones en los corredores. Todo eso es parte de los congresos, pero descubrimiento para alguien que no tenía mucha experiencia en los congresos.
         En el 95 asistí al congreso de San Francisco. El tema era sumamente interesante: realidad psíquica y su repercusión en el analista y en el paciente. O sea trabajando con el concepto freudiano de realidad psíquica y realidad material. Agregaría que más allá de lo que sería el basamento del congreso, los corredores y las problemáticas que se cruzaban eran mucho más captables para mí que en mi primer congreso del 77. Comprendí que había determinadas situaciones institucionales que se planteaban y se resolvían o no con múltiples reuniones fuera del congreso oficial. Todo eso me hizo pensar en lo que los niños no saben que existe pero lo intuyen. Me sentí ya con la visión de un adulto.  Hice un trabajo sobre realidad psíquica y realidad material. En esa época no se trabajaba tanto sobre lo externo, sobre lo material. Creo que el 2001 en el mundo entero trajo cambios, el 2001 de las Torres Gemelas. En la Argentina vivimos una crisis económica y política catastrófica, con cierres y vaciamientos de bancos, una economía de trueque en las calles, saqueos, barricadas en las calles, que llevó a que la realidad externa entraba en los consultorios.
         En el 97 es el congreso de Barcelona al que también asistí, en el marco de un idioma familiar para mí. Fue interesante con un hecho original, el tema psicoanálisis y sexualidad que, aparentemente para los analistas podía verse como una temática clásica, produjo catarsis inesperadas, al plantearse qué estatuto se daba a la homosexualidad. Finalmente fue en ese congreso que Jacques-Alain Miller fue invitado para integrarse al público. Hecho que conmovió, sacudió, hizo hablar a todo el mundo de una presencia exótica, pero no imposible.
         Luego no asistí a tres congresos, en el 99, 2001 y 2003. Pero podría decir que en esos congresos bajo la presidencia de Widlöcher hubo un verdadero esfuerzo de parte de Daniel para integrar distintos pensamientos teóricos, por ejemplo lacanianos, y ser invitados a paneles
colegas que no pertenecen a la IPA. Me pareció un movimiento muy eficaz, interesante.

Llegamos al 2005 donde participé, donde hubo muy buen ambiente de trabajo. Quiero agregar algo. Que los congresos más allá del nivel científico, producen una reacción emocional, una fraternización particular y la alegría del reencuentro.