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Historia y mito

 

Desde el pensamiento psicoanalítico
Museo Roca – 27 de septiembre de 2007
Con: Gustavo Corra, Marta Hojvat. Alberto Jones y Lía Ricón.

GILDA SABSAY FOKS: Tenemos entre nosotros un equipo de lujo, que ya ha estado aquí y nos ha comunicado sus investigaciones y sus experiencias. Quizás  algunos de ustedes no los conozcan así que los voy a nombrar. Son todos colegas psicoanalistas, en este caso los cuatro de la Asociación Psicoanalítica Argentina.
El primero de esta rueda es Alberto Jones, la segunda es Lía Ricón, que además tuvo la gentileza de regalarme y dedicarme el libro que acaba de salir: ¿Podrían volver las diosas? Una perspectiva femenina en los gobiernos.  
Luego el Dr. Gustavo Corra y la Dra. Marta Hojvat. El tema parecería muy amplio, Historia del mito, pero seguramente ellos tienen alguna novedad que contribuirá a saber más de este tema. Además los cuatro pertenecen al grupo de mitos que existe en la Asociación Psicoanalítica Argentina.
¿La palabra la doy, mujeres primero o por orden alfabético?
Por orden alfabético. Entonces Corra, Hojvat, Jones y Lía Ricón
Tiene la palabra el Dr. Gustavo Corra.

GUSTAVO CORRA: Le agradezco a Gilda esta invitación y al grupo Mitos de APA.  Este año el Grupo de Mitos argentinos y latinoamericanos ha trabajado el tema de Historia y Mito. Trataré de hacer una introducción descriptiva.  Presentaré mi exposición por escrito para que no se me escape ninguna cosa.
Mito e historia son dos conceptos cuya articulación oscila entre la sinonimia y la antonimia.
Si bien ambos pueden coincidir como alusiones que describan acontecimientos ocurridos en el pasado, por otra parte pueden entenderse como que la historia cuente hechos  “reales”, mientras que contrariamente el mito dé cuenta de hechos que se entienden francamente como ficticios.
Mito e historia se vinculan en un espectro que va de un extremo al otro de esta conflictiva posición.
Un claro ejemplo de esta coincidencia entre mito e historia puede ser el “mito de la llegada de un primer hombre” este es un mito común a prácticamente todas las islas de la Polinesia. En Rapa Nui, actual isla de Pascua,  única cultura de fusión polinesio-indo americana  vigente y en  actividad, la llegada de Otu Matua, primer habitante de la isla a través de la playa de Anakena, marca el comienzo histórico y a la vez mítico del hombre en la isla; la Historia no puede mas que tomar esta concepción mítica como propia, ya que es altamente improbable que el origen de la humanidad se haya gestado en este punto insular aislado del resto del universo. La existencia de pobladores es testimonio de que alguien llegó,  y a la vez Anakena es la única playa por la que ser alguno pudo arribar a la isla ya que el resto de la costa es desprolìjamente escarpado.
Hasta aquí la historia y el mito de Rapa Nui coinciden.
El relato de este  mito dice también que el espíritu de Otu Matua es un buen espíritu Aku Aku, y que nos acompaña y con quien debemos intentar congraciarnos. En este punto ya es imposible conciliar mito e historia. De aquí en más para este relato quedaran irremediablemente separados y hasta claramente contrapuestos.
En la herencia griega recibida por occidente, el Mito o mythos siempre ha estado en conflicto con la Razón o Logos, que significaba el modo analítico y racional de llegar a una visión de la Realidad. Los filósofos griegos Jenófanes, Platón y Aristóteles, por ejemplo, exaltaron la Razón e hicieron críticas cáusticas del mito como una supuesta manera de conocer la Realidad. Aunque  para Aristóteles, al igual que en nuestras apreciaciones de los mitos polinesios, algunos de los primeros mitos griegos sobre la creación, el logos y el mythos coincidían. Platón usaba los mitos como alegoría y también como emblemas literarios en el desarrollo de un argumento.
En la tradición judeocristiana, si bien la noción de Historia se opone a la de Mito,  esta oposición no es tan clara en tanto que el concepto de Dios de los hebreos y cristianos, aunque existe fuera del tiempo y el espacio ordinarios, se revela a la  Humanidad dentro de la historia y la sociedad humanas. Por ejemplo, Dios se revela a Moisés en Egipto como así también luego para el Cristianismo se revelará  a Jesús.  
Llamativamente desde ésta visión es el mito el que necesita de la historia y de sus precisiones para la trascendencia, elementos como el Santo Sepulcro o el Santo Sudario hacen las veces de nexo entre los dos sistemas.
Mythos, e Historia coinciden en el prólogo al Evangelio de San Juan, en el Nuevo Testamento; allí, Jesucristo es retratado como el logos, que llegó desde la eternidad al tiempo histórico. Los primeros teólogos cristianos, intentando comprender la Revelación cristiana, discutían sobre los papeles del Mito y de la Historia en la narración bíblica.
Dos momentos puntuales en la evolución del hombre han operado como eje en la diferenciación entre mito e historia, uno de ellos fue el advenimiento de  la escritura, operación que dio a la historia, según muchos, su calidad de tal, si bien algunos historiadores destacan la importancia de la historia oral.  Me permito retornar por un instante a la mitología polinesio- hispano americana, en la que la llegada de los primeros habitantes a Rapa nui  que he descrito,  esta documentada en las tablas rongo rongo, hecho muy llamativo  ya que para el mito una de las cualidades principales de las tablas rongo rongo es  la de ser apócrifas. De no ser falsas, casi seguro que no son autenticas tablas rongo rongo. En este recoveco de la mitología tal vez podamos encontrar una operativa común a la dinámica de la historia escrita.  George Orwell lo caricaturiza sórdidamente  en “el ministerio de la historia” del  Gran Hermano en 1984, así como Borges también juega con la idea en las descripciones de Tlön, Uqbar, Orbis, Tertius   No sólo la literatura ha tomado conciencia y difundido la idea de lo apócrifo. En nuestro siglo XXI La cultura parece comenzar a reponerse de la embestida que ha sufrido desde la aparición de la imprenta hasta la eclosión de los medios masivos de comunicación respondiendo con un adecuado y cada vez mayor  descreimiento frente a la letra y la imagen.  De todas maneras para el grueso de nuestro pensamiento actual, la historia se remonta al comienzo de la escritura, mientras que el mito quedó relegado al campo de la narrativa y del rito.  El otro  eje fue  la consolidación del pensamiento científico positivista que arrastraría consigo a la historia dejando atrás al mito produciendo tal vez el más importante e irreversible distanciamiento entre ambos conceptos.
Sigmund Freud en su concepción del pensamiento psicoanalítico sin embargo desarrolla una alianza original única y como siempre sumamente ingeniosa entre mito e historia. Alianza que utilizaría como plataforma para el lanzamiento de su modelo de aparato psíquico. Este modelo, se sustentaría en dos pilares básicos: Un pensamiento histórico que se ocuparía de crear, una construcción consciente y recordada a partir de la dinámica de la represión, una historia subjetiva compuesta por lo no reprimido y por otro lado la estructura del aparato que se cristalizaría en una matriz de esencia mítica ubicada en estratos mas profundos y constitutivos del psiquismo, algunos de ellos de carácter protofantásticos y filogenéticos. Ubica al mito “dentro” del aparato psíquico como estructurante y constitutivo, Narciso  y Edipo entre otros, son la estructura del psiquismo, no una creación de éste como lo seria por ejemplo una producción artística. Desde este lugar el analista participará sin mencionarlo de esta estructura mítica que podrá por momentos compartir y comprender. Desde esta plataforma comenzará el proceso de conocimiento del inconsciente.

En términos técnicos por razones obvias es de esencial importancia que el analista comparta el momento y el lugar histórico con el analizando, ¿ocurre lo mismo con el mito? .¿Es posible el análisis sin que éste transcurra en un contexto mítico compartido? Gusdorf diferencia claramente el mundo mítico del relato mítico, este ultimo si bien hace referencia al mundo mítico, obtura su existencia como tal. Juan Carlos Bermejo en su recomendable articulo, "Zeus, sus mujeres y el reino de los cielos",  nos aclara que la sola mención del mito lo convierte en historia del mito o en todo caso en mitología. ¿Cómo entender compartir y trabajar entonces en una instancia no nombrable,  pero necesaria en su presencia para el acontecimiento analítico?

GILDA SABSAY FOKS: Gracias Dr. Corra. Ahora va a hablar la Dra. Marta Hojvat.

MARTA  HOJVAT: Es un tema muy interesante, muy amplio y muy rico.
Yo me quedé pensando en lo que había dicho Gustavo.  Estoy totalmente de acuerdo con esto de que hay una matriz de esencia mítica, en la persona, en el ser humano.
Y que solamente se puede trabajar si se comparte esa esencia y trabajar como psicoanalista.
 En primer lugar el mito, es una narrativa. Ya, desde la instalación de mito, hay un antes y un después. Para un pensador psicoanalítico como Bion, es imprescindible el mito, porque solamente esta narrativa permite comprender un fenómeno esencial en el hombre que es el complejo de Edipo, la situación edípica. ¿Cómo entender que la relación humana pasa por tres personas? ¿ Cómo entender que estas tres personas diagraman un espacio que en realidad está vacío?  Solamente la existencia de este espacio que para él es el vedado, puede garantizar la existencia de una vida mental, de una vida psíquica y por lo tanto la conexión con otro. Si este espacio se destruye, uno está afuera de la vida psíquica. Entonces, por lo menos para Freud, la narrativa mítica implica una transmisión oral entre personas, una historización. Y una herencia en cada uno de nosotros que recorre y registra las viejas historias, los viejos "yo" de los  antepasados.
Ayer tuve la suerte de volver a ver una película de Bergman sobre Las Bacantes, una filmación de Las Bacantes. Dionisio aparece como un extranjero que está en Tebas, pero de repente aparece la imagen del dios. El genio de Bergman diseña la imagen de dios con una máscara, como las máscaras de la comedia del arte, pero parece un esqueleto. Como si recogiera, al decir de Freud, todos los "Yo" de los antepasados. Y por eso ese dios tiene eficacia y produce terror y horror.
Entonces el mito es la única posibilidad para los psicoanalistas, de registrar la historia personal. No se pasa por una relación dinámica entre la historia narrada y la escrita, Gustavo, como vos dijiste. O por lo menos registrada con marcas en lo temporal. Y no se hace una relación dinámica con este espacio externo e interno, basado en una triangulación, que míticamente se llama edípica. Si no se juega en esa dinámica, es muy difícil tener un registro vivencial, emocional y transmisible de la propia historia. Y en esa historia tienen que existir aquellos que me precedieron en la vida como dice Borges.
Tan es así que para el mitólogo Graves los mitos no recogen las historias de acontecimientos. Esa es una transformación posterior del mito. Sino que recogen las vicisitudes de las relaciones, de las primitivísimas diosas de la humanidad,  como dice también  Lía, y de su esposo, hijo, amante.
Estas vicisitudes de este ritual y de esta narrativa, con sus infinitas y múltiples variantes,   transformaciones y destrucciones posteriores producidas por la agresión de los movimientos históricos relacionados producen el mito. Eso es la esencia de todo mito. Graves y otros autores, van mostrando que cada mito encuentra un rastro de esta viejísima historia de la humanidad que, a la vez, es la historia ontogénica de los individuos. Yo pensaba, Gustavo, que cuando vos contabas esta búsqueda del primer hombre, ahora la ciencia ha tomado otro mito, según el cual, como dice el autor de La ciencia necesita mitos, el origen de la humanidad fue Lucy, una mujer, no un niño. Ahí aparece un rastro histórico de los genes. Este origen mítico de la humanidad en una mujer cuyo rastro es clave y cuantificable se puede encontrar aún en nosotros.
Hace poco, en un estudio que hicieron los genetistas del genoma humano, recorriendo todo el mundo, lograron encontrar que los genes de la humanidad son únicos y que no tienen nada que ver con las razas.  El origen de estos primeros hombres es en África, pero se encontraron rastros genéticos de estos mismos en el sur de Asia. Eso es muy interesante.
 En gente actual se encuentran rastros de esos antiquísimos genes.
Yo quiero dar otro ejemplo. En un grupo  estamos estudiando el origen del monoteísmo.  Para eso empezamos a estudiar un personaje histórico y mítico, un faraón egipcio llamado Akhenaton, que introdujo por primera vez el monoteísmo. Apareció en la historia oficial, recién hacia 1870-1880, porque hasta ese entonces los egipcios habían borrado todo rastro de su existencia.
Me encontré con el texto de un historiador y pensador, un egiptólogo que se llama Assmann, autor de un texto que se llama The mind of Egypt. Es decir el pensamiento o la forma de pensar de los egipcios. Dice que en los orígenes mismos del imperio egipcio,  lo que importa  es el primer movimiento mítico, no exactamente cuándo apareció el primer egipcio en el suelo del delta, sino cuando comienza la organización social que dio origen al imperio. Entonces él encuentra tres categorías: los rastros, el mensaje (lo que nosotros llamaríamos el mito) y la historia.
Los rastros son de pequeñas aldeas, esas pequeñas aldeas que después fueron creciendo hasta convertirse en pequeñas ciudades con cierto desarrollo. Ya tenían cerámica, ya tenían un cierto tipo de organización. Todavía no había jefes. Había cierto grado de agricultura…
Entre estos grupos surge uno principal que  se llama nadara. Este grupo, de acuerdo a los rastros arqueológicos, por su mayor desarrollo tecnológico, va imponiéndose a los otros pueblos y así, esta cultura nadara, que comienza en realidad en el sur, en el alto Egipto va copando todas las otras culturas y se instala en el norte del delta. Y ahí comienza la organización, un tipo de organización, el sistema asiático de producción. El pueblo organizado como un ejército bajo un rey-dios. Canaliza el delta y organiza la riqueza que produjo este imperio. Éstos son los rastros.
El mito dice que el pueblo del sur, sometió al del norte. Hay una estela  con jeroglíficos, con la cual  comienza la historia del imperio. Esta Estela  de Narmer cuenta la historia de las dinastías. De un lado está la unión del imperio del loto y el imperio del papiro. Del otro lado está el rey del sur sometiendo al del delta. Entonces el origen mítico es el origen del sometimiento, de la conquista que, en realidad, parece ser que no existió. En esta estela, por primera vez, aparecen las dos coronas unidas. Ustedes saben que los egipcios usaban dos coronas: una corona roja y una corona blanca, como dos símbolos.  Aparece por primera vez la unión de los dos grandes dioses egipcios. Seth y Horus, uno representa algo parecido al caos: Seth. Horus representa la elevación y algo parecido al orden.
Una característica esencial de ese mito egipcio es que el sometimiento no implicó la destrucción, sino la integración de los do reinos que se conserva a lo largo de toda la historia egipcia. Pero esto no es lo que sucedió en la realidad. Esto es el mito, esto es el mensaje y esto es lo que se transmitió.
La historia comienza a partir de esta Estela de Narmer que coincide con las primeras apariciones de la escritura en egipcio, con el registro de determinado tipo de acontecimiento. No acontecimientos como nosotros registraríamos ahora. En nuestra cultura actual lo que se registran son acontecimientos históricos excepcionales. Para ellos lo excepcional y lo extraordinario es lo repetido, es decir la estructura del mito.
Cada vez que se produce, por ejemplo, la inundación del Nilo, ese es el acontecimiento registrado y ese es el comienzo de la historia de los tiempos.
Entonces el mito instala una historia que implica el reconocimiento, lo que vuelve a ocurrir y lo que se vuelve a hacer, con el  conflicto entre lo nuevo y lo que se repite que también es nuevo. Porque el mito nace con la manera de comprender el nacimiento de la vida  y el propio origen, con esta lucha y esta dinámica entre lo diferente y lo nuevo. El acontecimiento extraordinario  tiene toda una vertiente mítica, que es el problema del héroe. Lo que se repite es la vieja historia de nuestros antepasados y la posibilidad de integración de lo que iban a configurar. Con eso  lidiamos los psicoanalistas y es donde nos podemos ubicar. Con este equipo poder armar algo en nuestra mente que pueda respetar este espacio para armar una representación. Nos podemos acercar a esto tan difícil de soportar y de comprender, las fuerzas que nos gobiernan, la fuerza de lo desconocido, que nosotros llamamos desconocido.

DR. ALBERTO JONES: Voy a seguir un poco la idea de Gustavo, según la cual mito e historia tienen mucha relación y mucha diferencia entre sí. Voy a rescatar esa idea. Esa idea es que historia es aquello que aconteció en un tiempo y en un lugar y se contextúa. Cuando lo hace, en ese tiempo y en ese lugar, pasa a ser histórico. En cambio cuando este relato es revivido emocionalmente todavía no es histórico, aunque sigue teniendo vigencia. Entonces una cosa es el relato de las experiencias personales, familiares, comunitarias o humanas y otra cosa es cuando en el presente y a través de las interdependencias,  interconexiones o  tramas humanas, se reactualizan vivencias que no se sabe a qué responden, pero que en todo caso podríamos pensar que son la internalización de vivencias y experiencias en las cuales hubo una dramática que se incorporó dentro de nosotros, como fuere. Muchas veces se trata de internalización no sólo de vínculos y de interconexiones con seres,  personas y familiares, sino también con las ideas, creencias, leyendas,  historias y  mitos que nos llega a nosotros.
Por eso muchos ahora pensamos que la historia no es sólo la historia genética, ni la historia relatada, sino también el trasvasamiento de generación en generación de experiencias y de vivencia de esas experiencias, que se van modificando de una generación a otra.
Una de las tantas funciones que se le atribuyen a los mitos y al conocimiento racional, es a la búsqueda de la verdad, del saber o de la explicación de lo ignorado o de lo incierto.
Entre esas preguntas que nos hacemos siempre: ¿Quiénes somos?, yo les diría que nos preguntemos, mientras estamos acá estas preguntas e imaginemos qué nos respondemos habitualmente. Por ejemplo ¿Quiénes somos? ¿Cómo aparecimos en esta vida, en este mundo, en este lugar? ¿De dónde venimos? ¿Cómo llegamos adonde estamos hoy? ¿Hacia dónde vamos?, etc. Si somos la creación de alguien superior y, de ser así, ¿de dónde surgió ese ser superior? ¿Quién lo creó? ¿Qué ignoramos y qué sabemos de todo esto? ¿Qué función cumplen en nosotros y en los demás las convicciones, las creencias, los mitos, las sagas, las leyendas, la historia, las investigaciones y los descubrimientos de las ciencias modernas? ¿Por qué nos es tan difícil tolerar lo desconocido, lo diferente a lo familiar, la incertidumbre? ¿Qué función cumple en la sociedad la sordera mental humana?
Estas preguntas las tratamos de responder de distinta manera. Hasta años atrás la idea de la población humana, tomando esto de las migraciones, tenía diferentes explicaciones. Últimamente y justamente tomando esto que decía Marta hay toda una corriente genética   que está estudiando la distribución del poblamiento de todo el planeta.
Y ellos parten de la prehistoria, de la prehistoria moderna, digamos de unos ciento setenta mil años para acá. Que todos vivían en África ¿Y por qué parten? Los investigadores toman el ADN, utilizado por Bianchi, toman un marcador genético de cromosomas. Y a partir de eso ellos descubren que en toda África hay una cantidad de poblaciones que tienen un determinado genoma, un determinado marcador.
Se supone que alrededor de setenta mil años por atrás, vaya a saber por qué condiciones, empezaron a migrar. Sería algo así como el comienzo de las migraciones modernas.
Y entonces empiezan a recorrer África, se van produciendo las distintas oleadas  que se van instalando en los distintos continentes. Es más: se descubre que en Australia los marcadores son del continente africano y no a la inversa.
Esto, por supuesto, pone en tela de juicio toda la identidad de Australia, y como decía Gustavo, la identidad de la Isla de Pascua y todas las ideas, creencias y mitos.
O sea que este descubrimiento científico: para algunos es un nuevo mito, para otros una verdad incuestionable, va a tener influencia, o no, en la nueva manera de mirar el fenómeno migratorio y el fenómeno poblacional. Digo esto porque, como decía Marta, se descubre a partir del genoma y a partir de esto que hay una sola raza que es la humana. Y que todos los demás cambios fisonómicos son producto de adaptaciones y mutaciones de estas migraciones a las condiciones ambientales.
Entonces, según el lugar adquieren determinada estatura, determinada contextura, determinadas características fisonómicas y determinadas mutaciones. Esto no ocurre de un día para otro.
Nosotros estamos acostumbrados a hablar en la historia, como decía Gustavo, a partir de la escritura, tres mil años atrás y esto es nada comparado con ciento setenta mil... o millones de años. O los últimos setenta mil años que se relacionan con la teoría de las migraciones.
¿Por qué es interesante? Porque a mí me hace pensar en algo que me decía Alejandro Sicardi, que hay lugares del mundo, por ejemplo América antes de la colonización española, donde estaban todas las poblaciones que, se supone habían llegado acá hace quince mil años atrás y que habían ido instalándose en distintas partes de América. Estas poblaciones no tuvieron la experiencia de la Edad Media europea. Entonces esa mezcla entre lo aborigen, o lo autóctono que estaba antes con las experiencias culturales que vienen de Europa, van produciendo una nueva mutación. No una mutación tal vez fisonómica, sino una mutación cultural. Y esto resignifica la historia, resignifica los mitos, quiero decir resignifica la manera de mirar las cosas.
Esto es: no es lo mismo que todo lo pensemos en función de lo que pasó en los últimos tres mil años a que pensemos en todo lo que pasó en los últimos setenta mil años en todo el mundo. Adquiere otra dimensión. No es lo mismo tratar de imaginar todo este fenómeno desde la mirada de la intercomplejidad y saber que tenemos un tronco común, que es el África, que somos, de alguna manera, todos parientes en un sentido o en otro que pensar que nuestra cultura es solamente de dos o tres generaciones.
Digo, para que lo pensemos en cuanto al tema este de ir construyendo historia y mito conjuntamente, porque la realidad nos dice que lo que decimos nosotros,  que el mito es algo constitutivo del ser humano, yo creo que está muy en relación con la internalización de las experiencias. Pero las experiencias no son meros hechos marginales o automáticos: las experiencias van siempre acompañadas de vivencias emocionales y estas vivencias son las que de alguna forma van creando dentro de nosotros la presencia de otros en nosotros ya sean de una, de dos o tres generaciones o a través de ritos, costumbres creencias o lo que fuere.
Y esto ¿Por qué es tan fuerte? Porque constituye un sentimiento llamado de seguridad, de identidad, de pertenencia, de referencia frente al temor, a la incertidumbre, a lo ignorado, a lo desconocido.
Otra cosa que quería traer hoy, también,  ya que estamos con el tema de mito, historia y migraciones- algo que, quizá no en la gente común pero sí en mucha de la comunidad psicoanalítica la idea de que el que migra tiene que hacer un duelo. Graciela Bar, mi mujer, que se dedica también a este tema y con quien venimos trabajando hace años, piensa distinto.
 Para nosotros el duelo es sólo ante la muerte o ante una destrucción y una pérdida irreversible e irrecuperable. Si existe un lugar o una zona adonde yo pueda volver, tengo hasta el último día de mis días las posibilidades de la ilusión de volver. Si yo no tengo esta ilusión, ahí hay una desmentida de una realidad posible.
En cambio en la destrucción, en la muerte tener la fantasía de que me voy a reencontrar, ahí hay una desmentida en la realidad. Entonces es una referencia muy importante, fácil de señalar como preconcepto
¿Y a qué viene esto? A que, ¿no sé si se acuerdan ustedes de ese experimento de los cinco monos, la escalera y la banana? Cuando pusieron a los monos y  subía uno por la escalera para atrapar la banana le tiraban agua fría al resto y entonces los otros cuatro le pegaban y lo bajaban. Así se fue construyendo un condicionamiento donde ninguno de los cinco monos se animaba a subir, porque ni bien subía, los empapaban y los otros monos le pegaban para que se bajara. Sacan un mono y ponen uno nuevo. Ese nuevo sube y los otros cuatro le pegan palazos hasta que este mono se queda en el molde. Sacan a otro mono de los que habían tenido la experiencia del agua, ponen uno nuevo y este nuevo sube y los otros cuatro, o sea los tres nativos más el nuevo también le pegan para que no suba y lo bajan –y no había agua- así van sacando a todos los nativos, todos los que habían tenido la experiencia de ser mojados por el agua y quedan cinco monos nuevos, ninguno de ellos había pasado por la experiencia de ser mojado, sin embargo cuando entra el quinto mono nuevo, los otros cuatro le pegan y lo bajan.
Si uno les preguntara por qué lo hacen, ninguno de ellos sabría decir por qué le pegan y lo bajan. Porque ninguno había tenido la experiencia de haber sido mojado y por lo tanto  no tenía  sentido pegarle para que no vaya hasta la banana. ¿Esto a qué apunta como experimento? A que terminamos repitiendo y repitiendo estereotipadamente, de una generación a otra, cosas que a veces no nos preguntamos debido a qué surgieron.
Tal vez tendríamos que buscar el origen de cómo surgió tal mito, tal historia o tal recuerdo. Bueno, muchas gracias.

LIA RICON: Agradezco la invitación. En realidad yo no tengo muy claro el problema, que para mí es ver cómo podemos relacionar la memoria episódica y lo que suponemos matriz del sentido que organiza el relato mítico. Es decir: los puntos serían memoria episódica, matriz del psiquismo, narrativa, utilización en nuestra práctica, identidad, que son temas muy complicados para mí, que no termino de organizar de modo que me resulte coherente.La coherencia no es una cualidad muy importante pero de todos modos, en algunos momentos uno intenta buscar la coherencia.

Voy a leer lo que elaboré sobre historia y mito

La propuesta es estudiar el entramado que se da entre los hechos registrados por la memoria episódica y lo que suponemos como matriz del psiquismo que organiza el relato mítico.
Tomemos el universal mito del jardín del Edén y como y porque se habría estructurado una matriz que fuera incorporando de una determinada manera los estímulos del medio externo. Parece inevitable partir de la indefensión humana puesta de manifiesto en la inmadurez del nacimiento después de un tiempo de embarazo acortado por la bipedestación y el achicamiento de las caderas de la hembra del homo sapiens.
A partir de aquí los cuidados indispensables para vivir que en los primeros tiempos son alimentos, protección y afecto, comunes a todos los mamíferos. Los humanos requerimos otros, tales como:

  • posibilitar la comprensión de los códigos del medio, incluido el lenguaje,
  •  la participación en los vínculos de la comunidad;
  •  la existencia de tiempo libre y horas de sueño  para incorporar los estímulos,
  • el permiso y la facilitación de la creatividad,
  •  la adquisición de una identidad y ya tardíamente el ejercicio de cierto grado de libertad.

El modo en el que se  fue llenando la matriz de estas necesidades básicas va dando cabida a un tipo de relato mítico cuando el estado de protección dado por los primeros y posteriores cuidados se pierde. Se ha perdido definitivamente el mundo mítico, mundo vivido, que no necesitó del relato.
Ya he desarrollado en otro trabajo una hipótesis sobre la existencia de este “jardín del Eden” en las sociedades matriarcales vigentes en el paleolítico y el neolítico con algún ejemplo en la actualidad, la sociedad de los mosuo en China.
El advenimiento de las sociedades patriarcales con sus consecuencias inevitables:   sometimiento, jerarquización, guerras, invasiones al producirse la salida del mundo mítico, cerrado, vivido, vació de contenido la estructura afianzada tempranamente como copia del mundo mítico ya perdido. Surgen así los  variados relatos míticos.
¿Como implementar la utilización de estos conceptos en nuestro trabajo como psicoterapeutas y más precisamente como psicoanalistas? Gran desafío. Se trata en primer lugar de encontrar los mitos constituyentes de cada persona que nos consulta, o sea la matriz que ha ido incluyendo los estímulos del medio y que hoy se nos muestra como realidad o verdad consistente que hemos de perforar para acercarnos a lo que pueda ser motivo de conflicto o de sufrimiento. Lo que termino de decir es fundamental en la práctica porque no estamos autorizados a meternos más allá del sufrimiento actual o posible. No sería ético. Así como los boxeadores tienen la trompada prohibida, los psicoanalistas tenemos prohibida la  búsqueda de incidencia más allá de aquello para lo que somos convocados, esto es aliviar el sufrimiento de cualquier tipo. En esto hay quienes implementan la omnipotencia común en los médicos quienes se creen dueños de los cuerpos de quienes los consultan que no en vano llamamos :”pacientes”. Para avalar otra posición habría que suponer que trabajamos con material inerte, ni siquiera animal porque ahí también hay sufrimiento. No me pasa inadvertido que la posición puede parecer extrema.
Siguiendo con nuestra práctica, la búsqueda de la matriz es el comienzo a partir del cual asistimos a una causalidad rizomática (conexión, heterogeneidad, mulltiplicidad, ruptura a-significante, cartografía y no calco) intrincada como un laberinto del que a veces como es habitual solo podemos salir con un salto. El salto puede entenderse como la implementación de una narrativa que dé a la vida de quien nos consulta un sentido y una perspectiva saludable.
El inconveniente insalvable en términos de ciencias del positivismo es que no tenemos modelo para evaluar lo de “sentido” lo de “saludable”. Lo que siente el otro es una mónada leibniziana cerrada e inaccesible, de modo que hemos de ir tanteando como ciegos en la oscuridad, sabiendo que podemos tropezar y caer en zonas desconocidas y que muchas veces la tentación a informar y acercar nuestras propias pautas se hace irresistible.
Un modo de decirlo es que recogemos los datos que nos acerca el analizado y lo hacemos con la narrativa y tratando de llenar su estructura mítica que es lo que aparece como más estable, otra historia que le permita un mayor disfrute de sus posibilidades.
Viñeta clínica: Joven abusado por su madre quien no puede salir de la vivencia de horror y de la necesidad de no repetir ningún tipo de situación que lo acerque a las situaciones de abuso. Se obstaculizó así su vida sexual, su elección de pareja y su creatividad. Toda conducta o producción era vivida como una exhibición de estas experiencias de infancia y adolescencia.
La primera aproximación a un camino liberador fue la posibilidad de hablar sin carga de pecado o prohibición sobre todo lo vivido que hasta su tercera década no había podido ser comentado con nadie. El cuidado extremo, fue aquí evitar cualquier tipo de exhibicionismo en un relato tan difícil.
La narrativa aportada fue ubicar las prohibiciones únicamente en la ideología religiosa y en el imaginario social, sacándole a la práctica toda connotación morbosa. Como se trata de un joven culto la mención de ejemplos históricos como el de los faraones egipcios fue de gran utilidad como dato de una realidad intelectual que contribuyó a organizar de modo diferente la matriz mítica cargada de culpa.
En este punto es de gran ayuda la utilización de la transferencia o mejor de la matriz, transferencial-contratransferencial que permite una anticipación a la expresión de los contenidos, a través de la percepción emocional del analista.
También es útil la comprensión de la problemática a través de incorporar modelos identificatorios que ocupen esos lugares de repetición sin contenido que fueron construyendo la identidad.
Acerco el concepto de identidad que me es útil en este punto: La identidad como la vivencia actual, puntual, evanescente, permanentemente repetida, aclarando que se entiende por repetición a un gesto y una vuelta sobre si mismo y no a los contenidos de lo que se repite. Esto es, lo que se repite es fuertemente la repetición.
Las fallas en la estructuración podrían entenderse como fallas en la repetición del gesto que organiza la identidad justamente a partir de una ausencia de contenidos que aseguraría la dimensión de continuidad que puede admitir las variaciones del transcurso de la vida. Se quedaría anclado en contenidos que obstaculizan la aparición de otros nuevos. Es útil aquí lo dicho por Nietzsche sobre resentimiento. Las conductas no pueden eludir determinadas huellas mémnicas y entonces carecen de toda creatividad, son solo reactivas a estas huellas penosas, como diría este autor, actividades del hombre “camello” cargado con su historia ligado y alienado en su gran invento, el dios creador, de quien no se pudo separar.
En el caso que nos ocupa, la transferencia materna permitió ubicar los estímulos surgidos de la ayuda recibida en el proceso analítico en el lugar de lo recibido por la madre abusadora. Se puede leer diciendo que otro tipo de relación y de muestra de afecto era posible.
A continuación voy a leer un pequeño trabajo complementario del que expuse sobre historia y mito

MITOS, SUEÑOS Y OTRAS PRODUCCIONES DEL PSIQUISMO
Los mitos, los sueños, las vivencias epifánicas, las vivencias delirantes primarias conceptualizadas por los fenomenólogos son producciones del psiquismo que abrevan en zonas de  indiferenciación con el todo, esto es de indiscriminación. Las diferencias están dadas mas por la elaboración posterior que por el origen inconsciente que comparten.
El interés por los mitos está inserto en el reconocimiento que los psicoanalistas damos a partir de la ruptura epistemológica del 1.900 a los contenidos inconscientes del psiquismo. La mirada freudiana más allá de la conciencia fue en sus comienzos descalificada por no cumplir con los requisitos del pensamiento positivo, no quimérico, preciso, útil, distinto de los planteos religiosos o metafísicos. Afortunadamente hemos salido totalmente de este ostracismo y contamos con confirmaciones  tajantes de las ciencias duras que nos permiten hablar aun de localizaciones de procesos inconscientes en las estructuras encefálicas. La producción de conductas a partir de procesos inconscientes es hoy claramente aceptado y podemos decir parafraseando a Einstein, que es muy bueno para ellos. Nosotros ya sabíamos con total certeza que esto era verdad.
Un primer aspecto a tener en cuenta cuando hablamos de estas producciones del psiquismo es la caracterización del tiempo. Mucho se ha hablado del tema  a partir de los conceptos de Gusdorf y Columbres. Ya sabíamos del tiempo de los sueños en el que no está claramente discriminado pasado, presente y futuro. En la producción de mitos, el relato mítico se produce en un tiempo que no es el cronológico y racional sino que es el tiempo que se perdió cuando se produjo el alejamiento del tiempo del mundo vivido. El relato o los relatos míticos, surgen cuando se ha cambiado el tiempo mítico en bloques con tiempo y espacio cualificado por un tiempo cronológico que se mide en espacios iguales y discriminados. Se perdió la riqueza de la duración y del tiempo como tiempo vivido y no contado con las pautas del cronómetro.
Resultará útil recordar los tres tipos de tiempo de los griegos: El cronos es el tiempo que como surge del nombre se mide, es un espacio o período determinado de tiempo Este es al tiempo que ingresa el humano cuando ha salido del mundo mítico vivido y entonces necesita de los múltiples relatos que le permiten presentizar el ilo tempore, el tiempo del mito vivido. El kairos es el tiempo de la ocasión, del momento oportuno, de la coyuntura favorable, de la actualidad, es el tiempo del ente, de cada quien en cada momento. El aion es el tiempo de la vida, la eternidad, la duración. Este es más vale el tiempo del ser inmerso en la eternidad.
Los mitos, si respetamos su tiempo circular avalado por los relatos múltiples que lo nombran como mito, está más en un aión que no reconoce la dimensión temporal. En esto es como los sueños que también están fuera del tiempo cronológico.
Los mitos son para las ciencias humanas equiparables a los fósiles para los antropólogos. Estos miden el tiempo  en el que tuvieron existencia relacional  como  el relato mítico en el tiempo del mito vivido con recursos positivistas como el Carbono 14. Nosotros  evaluamos  el tiempo del mundo mítico, con recursos tales como el efecto que persistió en el lenguaje o la universalidad de los relatos míticos. Si dejamos de considerar el modelo de las ciencias duras como el único válido podemos aceptar la posibilidad de ubicación tanto de los mitos que aparecen como relatos de una sociedad, como los que  aparecen en el campo de lo individual y que son particularmente útiles para entender las conductas de las personas.
Desde la perspectiva que  nos aporta el modelo conjetural freudiano es útil, como ya dije, considerar el parentesco del mito con otras producciones del psiquismo. Me refiero a la epifanía, la experiencia mística y la vivencia delirante primaria.
Diversos predicados pueden adjudicarse al fenómeno epifánico.
Epifanía significa en primer lugar manifestación, volver visible un objeto poniéndolo a la luz donde brilla.  Es una festividad de la Iglesia de Oriente. En la tradición cristiana la epifanía es la manifestación del Cristo  para la que se establecen tres momentos: Cuando aparecen los Reyes Magos, cuando Juan el Bautista lo bautiza en el Jordán y cuando comienza su vida pública en las fiestas de Canaan.
En todos los casos epifanía se entiende como: iluminación, adjudicación de sentido, conexión con la totalidad, corazón del fenómeno estético, vuelta al estado de indiscriminación del todo, riesgo, tensión, calma nirvánica, goce, disolución del tiempo, equivalente del aura.
Como momento de iluminación equivale a un desprendimiento de un tipo de realidad concreta hecha de percepciones que revisten certeza para captar otras tal vez presentes pero subliminales que se ubican en otro espacio, también presente pero disimulado en la vida cotidiana. El fenómeno epifánico surge como consecuencia de la necesidad de reaccionar adecuadamente a los estímulos de ese primer espacio que serían más manifiestos y de efectos más claramente relacionables con las causas, pero que en algún momento parecen requerir de un plus de significado o interpretación. Todo lo dicho en apoyo de la dificultad para poner palabras a este fenómeno, más aun la certeza de opacarlo cuando se intenta dar cuenta de él a través del lenguaje.
La vivencia delirante primaria (VDP) es un concepto muy prolijamente desarrollado por la escuela fenomenológica y que se refiere especialmente al fenómeno delirante cuando en medio de la vivencia de incertidumbre y de irrealidad. Es  particularmente en el comienzo de un proceso esquizofrénico que se da este tipo especial de significación a hechos comunes que hasta ese momento no habían despertado interés.  Recordemos que para el modelo de pensamiento al que me estoy refiriendo  existe una diferencia  muy clara entre proceso como ruptura con un acontecer previo y desarrollo que implica en buena medida una continuidad con sólo el registro de pequeños cambios. Proceso es particularmente el que produce la esquizofrenia como delirio y desarrollo el de las paranoias. La VDP marcaría el comienzo de un proceso en el que se desarrollan los contenidos delirantes que se apoyarían en esta certeza fuera de discusión que da esta VDP
De todos modos, la VDP tiene todos los atributos de la creación como formación de algo nuevo con una significación singular para quien la está experimentando. La diferencia fundamental con el fenómeno llamado epifanía y también con la experiencia mística es que la VDP implica sufrimiento y patología.
Un aspecto que merece particular interés es la posibilidad de vincular la epifanía con la experiencia mística, tan bien comentada por quienes la han experimentado entre los que Teresa de Ávila y Juan de la Cruz han podido hacerlo contando además con sus dotes poéticas.
Dije específicamente comentar referido a experiencia mística porque como ya dije,  se trata de una experiencia emocional que tiene aspectos inefables sobre los que quienquiera que la haya experimentado tiene certeza.
La experiencia mística (EM) es una conexión cerrada con la totalidad  de la que en nuestra constitución como sujetos hemos conseguido penosamente discriminarnos y asumirnos. Al decir de Lacan, inauguramos así  nuestra estúpida existencia, solos y separados del medio protector.
De aquí surge la posibilidad de pensar en la experiencia mística y en la epifanía como privativas del homo sapiens, porque hasta donde podemos imaginar los animales no tienen esa posibilidad de discriminación del todo y de auto-observación. Me refiero al conocido estadio del espejo.
También es posible relacionar la epifanía con las premoniciones, la supuesta adivinación, la parapsicología, los fenómenos ilusorios y alucinatorios, etc. Creo que si le sacamos el carácter trascendente los podemos  entender desde la inmanencia y  pensarlos  en términos de un tipo especial de organización de la mente o de las estructuras del encéfalo que permiten dar a pensamientos y cogniciones un carácter de realidad externa, de la que ofrece resistencia. Esto sería particularmente aplicable al fenómeno alucinatorio en el que, aun en procesos esquizofrénicos, podemos actuar con la palabra cuando hemos conseguido disminuir la intensidad del mismo con la acción farmacológica.
Volviendo a la epifanía, si la entendemos como radiancia, significa ver algo distinto en un hecho cotidiano. Esto se ilustra con la epifanía cristiana en la que los reyes ven en el nacimiento de un niño pobre en medio de un pesebre con animales, la aparición del esperado Mesías. Esto es entonces que la epifanía descubre algo del objeto común que había permanecido oculto.
La epifanía como súbita manifestación espiritual puede darse tanto en la vulgaridad del lenguaje o el gesto como en frases memorables. Se entiende como una manera de descubrir lo real y  para algunos al mismo tiempo como una manera de definir lo vivido a través del discurso. Para Joyce podía darse como fragmento de una conversación que sirviese para fijar un carácter, como un tic, un a situación existencial… un olor a coles podridas…”.
Para la este mismo autor la epifanía es un momento en el que no se construye una unidad que afianzaría una identidad sino que se produce una disolución del mundo real en un acto arbitrario de una imaginería falsamente trascendente, Joyce dice “angelizada”.
La interpretación  o comprensión del mito, del sueño, de la vivencia epifánica, de la vivencia delirante primaria o de la experiencia mística tienen bases comunes y se puede organizar alrededor de esa pregunta abarcativa por el ser  tan bien desarrollada por Sartre en su análisis existencial y que va más allá de la búsqueda positivista de instancias,  mecanismos de defensa , resistencias  que si bien son indispensables dan cuenta de los aspectos positivistas del modelo conjetural freudiano que tiene el peligro de dejar afuera lo inefable. También podría decirse que se trata de lo que está por fuera de la comprensión racional adjudicada a nuestro hemisferio derecho.
Otro tema que me parece importante intentar profundizar para llegar a la mayor utilización posible de los mitos y los sueños es todo lo que dificultosamente venimos estudiando sobre la identidad. Los términos vinculados a las identificaciones y a la integración que el psiquismo puede ir haciendo en su evolución, muestra distintos planos identificatorios, pero nuevamente tenemos que reconocer que no da cuenta de un aspecto inasible que nos hace saber que somos nosotros mismos a lo largo de todo el tiempo que conseguimos vivir. Esto se agrava por lo que se ha denominado patología de la identidad y que produce trastornos conductuales tan importantes y de difícil manejo clínico.
A partir de esta dificultad podríamos definir la identidad como la vivencia actual, puntual, evanescente, permanentemente repetida, aclarando que se entiende por repetición a un gesto y una vuelta sobre si mismo y no a los contenidos de lo que se repite.
Las fallas en la estructuración podrían entenderse como fallas en la repetición del gesto que organiza la identidad justamente a partir de una ausencia de contenidos que aseguraría la dimensión de continuidad que puede admitir las variaciones del transcurso de la vida. Se quedaría anclado en contenidos que obstaculizan la aparición de otros nuevos. Es útil aquí lo dicho por Nietzsche sobre resentimiento. Las conductas no pueden eludir determinadas huellas anémicas y entonces carecen de toda creatividad, son solo reactivas a estas huellas penosas, como diría este autor, actividades del hombre “camello” cargado con su historia ligado y alienado en su gran invento, el dios creador, de quien no se pudo separar.
Para el tema que nos ocupa, los mitos en sus semejanzas con las otras experiencias que mencionamos afianzan este concepto de identidad como repetición no solo en lo singular de cada individuo sino en lo social incluido en el mito. Habría una mezcla entre repetición del gesto y repetición del contenido, que estaría en el centro de los múltiples relatos míticos.

GILDA SABSAY FOKS: antes de dar la palabra al público para las preguntas, ¿quieren dialogar los integrantes de la Mesa?

LIA RICON: Yo quería preguntarle una cosa sola a Gustavo.  Estos rongo-rongo de los Rapa Nuí ¿Son apócrifos en el sentido de los Evangelios Apócrifos o a qué tipo de apocrificidad se refiere?

GUSTAVO CORRA:  yo hablo especialmente de la Isla de Pascua. Me he preocupado por esta fusión de lo latinoamericano y lo polinésico, que aparte de atractivo es único.
Una de las características de Pascua, consiste en ser una isla especialmente abandonada por su distancia.
La gente de Pascua, reconocido por ellos, por los historiadores y antropólogos, es esencialmente mentirosa El hecho de mentir forma parte de un mecanismo de defensa frente a las invasiones. Es una isla pequeña y no dar información y de mentir era una manera de hacer la guerra, de defenderse con  la mentira. Las historias suelen repetirse de manera equívoca, distinta y con variables, salvo la historia del primer habitante.
Con respecto a las tablas rongo-rongo relatan esta historia de Otu Matúa. Los habitantes vieron que tenían un valor,  que la gente que venía, los primeros conquistadores,  entre 1600- 1700, tenían un especial interés por el valor económico que esto pudiera tener.En Internet hay muchas imágenes de tablas rongo-rongo. Son tablas que están talladas por artistas y son naturalmente muy valiosas como objeto artístico, pero, a la vez, cuentan la historia de Otu Matúa. Entonces ¿qué pasaba? Se iban repitiendo y, en la medida en que se iban reescribiendo iba cada uno inventando, salvo el capítulo este de Otu Matúa que fue la primera persona que llegó. Cada uno iba inventando su relato. Se siguen encontrando, hoy día tablas rongo-rongo pero se supone que son todas mentirosas y todas falsas y relatan historias que, ya por definición son mentirosas.

A continuación se produce un rico diálogo entre los integrantes de la Mesa con el  público. Intervinieron Pager, Pérez Gallardo, Manfredo Teicher, Dora Vergara y Patricia Romero Day entre otros.