1.- Los
humanos enfrentamos un eterno conflicto heredado de la filogenia: el
deseo de usar al otro, cómo, cuándo y dónde se
nos antoja; y la necesidad de convivir con él (que desea lo mismo).
Como transacción dialéctica surgieron las normas culturales
donde la prohibición del incesto y del homicidio pusieron las
bases de una legislación que incluye en su motivación
altos ideales de Libertad, Igualdad y Fraternidad. La historia de la
humanidad obliga a pensar que estos ideales pretenden modificar una
naturaleza que insiste en oponerse a que la utopía se concrete.
Tras millones
de años, la vida se desarrolló de tal modo que produjo
en la cumbre de su evolución al animal humano dotado de una inteligencia
y de una habilidad que nos permitió desarrollar una asombrosa
tecnología cuyo avance es incontenible, para bien y para mal.
Perseguimos
ideales imposibles junto a instituciones sociales como las religiones
y las nacionalidades, con las que mantenemos relaciones tan singulares
que culminan en sacrificios humanos como la guerra y los genocidios.
Nos encontramos
al comienzo del siglo XXI con un desastre ecológico cuya solución
parece tan ilusoria como en su momento lo fue el socialismo y con un
peligroso desarrollo de la ingeniería genética que es,
a la vez, un magnífico ejemplo del potencial epistemofílico
que la naturaleza nos ha otorgado.
La tecnología y la globalización que es uno de sus productos,
profundiza dramáticamente la inevitable brecha entre los ricos
y poderosos por un lado y los pobres y desamparados, por el otro.
Mientras la religión y los nacionalismos demuestran su vigencia,
crece la desconfianza frente a la democracia, simple fachada de una
realidad bien distinta a su significado teórico: ninguno de los
supuestos gobiernos democráticos puede dejar de defender los
intereses de la minoría que representa, a expensas de la mayoría.
La prevención en salud mental debería iniciarse en el
campo de la política pero en vista de lo que ésta realiza
en la práctica concreta, no es de extrañar que la angustia,
la frustración y la violencia, sea el producto de las fervientes
promesas de un mañana tan hermoso como imposible.
2.- Una
criatura al nacer se encuentra en un entorno hostil donde para sobrevivir,
pretende que el mundo esté a su disposición incondicionalmente.
No tolera la frustración. Luego habrá que educarlo para
que pueda vivir en sociedad donde tendrá que conformarse con
"portarse bien" para ser aceptado en los distintos
grupos de pertenencia que la cultura pone a su disposición. Para
su salud mental deberá poder integrarse en algunos de ellos.
3.- Esa
criatura crece y buscará obtener todo el poder posible para someter
a los demás a sus caprichos, invertir las reglas del juego a
su favor, quizás como revancha por haber tenido que someterse
al capricho de los adultos.
Con suficiente
poder no es necesario "portarse bien" para ser aceptado.
Entonces competimos dentro del grupo y entre grupos por ese poder.
4.-Y un
curioso mecanismo psicológico grupal pone un dramático
acento en la convivencia social: Debo `portarme bien` para ser
aceptado y para que el grupo pueda sobrevivir. Bien. Pero, como mal
menor, vamos a recuperar el poder y los privilegios para el grupo de
pertenencia. Y el beneficio secundario es el poder grupal que intimida
mas que el sujeto aislado. Entonces, habrá solidaridad entre
nosotros y ellos, los otros, los desgraciados de turno, serán
los que no merecen la menor consideración. Los argumentos que
la inteligencia humana se enorgullece en producir, serán los
justificativos para que la violencia descargada contra ellos sea absolutamente
racional y, por lo tanto, justificada. Este es el fenómeno social
que Freud llamó "el narcisismo de las diferencias".
5.- Para
ser humano, necesito que otro ser humano significativo me reconozca
como tal. Así surgió la necesidad del grupo de pertenencia,
en el que el control de los impulsos hostiles es imprescindible para
que éste pueda subsistir.
El "narcisismo
de las diferencias" pone nombre a un fenómeno social:
la lucha de clases, el racismo, el nacionalismo, las religiones, los
genocidios, etc. Proyectamos en el grupo de pertenencia las ilusiones
narcisistas de omnipotencia y de inmortalidad que conforman un Yo ideal
imposible, cuya frustración cierra un circulo vicioso acumulando
más rabia a la que se forma por las frustraciones cotidianas
inevitables, fomentando a su vez el desprecio o el impulso de matar
al chivo emisario para el que la cultura permite canalizar impulsos
prohibidos dentro del grupo. Al vil ser en que se ha convertido el desgraciado
de turno ya no podemos considerarlo semejante, y así empiezan
a resaltar las diferencias: sexo, credo religioso o político,
color de piel, cultura, status social, origen geográfico, etc.,
etc. Sutiles argumentos de los que la inteligencia humana demuestra
una capacidad de producción admirable, liberan a los miembros
de la comunidad de la responsabilidad del control del poder destructivo
contra sus semejantes que cometieron el crimen de poseer esas diferencias.
6.- Nuestra
costumbre de disociar el bien del mal nos lleva a ver en la encrucijada
distintas rutas separadas entre sí. Sin embargo, la historia
muestra un conjunto muy heterogéneo donde todas las épocas
mezclan situaciones creativas, productivas y felices con otras dramática
y cruelmente destructivas. Lo que motiva pensar que esa es la regla:
mientras algunos pueden disfrutar de lo positivo, otros deben sufrir
lo negativo, en el mismo momento histórico y hasta en el mismo
lugar geográfico.
7.-La moral, la ética de una justicia social son algunas de las
privilegiadas contradicciones de la cultura humana, porque al descubrir
el trabajo para construir su vivienda, al trabajar el campo, el hombre
también descubrió la utilidad del esclavo. Así,
la cultura creó ideales perversos: la esclavitud y el sometimiento
del otro semejante, al igual que los argumentos que justifiquen, oculten
o disfracen esas intenciones, licencias que la cultura debe tolerar.
8.- Si,
teniendo los medios la humanidad no ha logrado una convivencia armónica,
una distribución mas justa de las riquezas y una oportunidad
igual para todos (y ni siquiera se vislumbra la posibilidad de que las
consiga) debemos pensar que las motivaciones del ser humano están
lejos de pretender esto. La realidad se muestra al observar la lucha
de clases y la distribución internacional del trabajo que es
una realidad muy lejana de los ideales que la humanidad culta dice defender.
Tras el ideal oficial de libertad, igualdad y fraternidad se esconde
el ideal perverso de poder para someter al desgraciado de turno.
Estos dobles
mensajes culturales son recibidos por todas las criaturas durante el
proceso de identificación al formar su Ideal del Yo y la familia
es un intermediario de la cultura que impone el status de sublimación
a los actos que lo obedecen.
Mientras en un lugar y en un momento de la historia la violencia y la
crueldad se presenta en toda su crudeza, al mismo tiempo, en otro lugar
hay una comunidad que vive en armoniosa paz y prosperidad. El caldo
de cultivo social ha creado tanto a Beethoven como a Hitler.
Tanto a Freud como a Jack el destripador.
9.- El
desarrollo tecnológico podría deparar una era de increíble
bienestar a la especie, pero la globalización, que es un producto
posible gracias a esa tecnología, profundiza la miseria y causa
un desastre en la ecología del planeta que pone en peligro a
sus privilegiados habitantes.
10.- Hay una amarga realidad que dice que cada uno de nosotros alberga
en el fondo de su "alma" un enano fascista. Eso en
el mejor de los casos (que esté reprimido en su Inconsciente).
Porque mientras todos luchamos para tener suficiente poder (por lo menos,
sobre algunos) somos "buenas personas" mientras no
tenemos ese poder. Pero en cuanto logramos el poder, pobre de los que,
por cualquier razón, están sometidos a ese poder.
Me han
convencido que Bush, Saddam Hussein, Khadafi, Hitler, Stalin, Galtieri,
Sharon, Arafat, los que dirigen el Ku-Klux-Klan, los que masacraron
a los indios (en el Norte y en el Sur) los que esclavizaron al Africa,
los que mantienen a la mayoría en la pobreza indigente (pudiendo
modificar esto si quisieran, fácilmente) y no olvidemos el
circo romano, la inquisición, y todas las guerras que infectan
la historia humana, ... bueno, me han convencido que ese es alguno
de los resultados del abuso de poder en la especie humana. Y ninguno
de estos seres humanos está lejos de ese lamentable don de crueldad
que nos caracteriza, cuando el "enano fascista" sale
a la superficie.
¡Qué
difícil es aceptar que cualquiera puede convertirse en alguno
de esos "villanos"!
Depende
del lugar que su propia historia le otorga. Ni Bush, ni Saddam
Hussein, ni Hitler, ni nadie podría hacer estos desastres
sólo, sin un grupo que lo apoye.
Posiblemente
duele menos pensar que fueron los alemanes, o los norteamericanos o
"los otros" los malos. Yo, en cambio, soy bueno, jamás
hubiese podido hacer algo de eso. De lo que es muy fácil autoconvencerse.
El nacionalismo
y la religión, elementos irracionales de la cultura, son excelentes
excusas para satisfacer aquél berrinche inevitable en la infancia
pero tan cruel y dañino cuando logra su poder en los grupos adultos.
Quizás sea cierto que en el fondo ideológico de todo grupo
de pertenencia esté la ilusión de SER o la raza superior
o el pueblo elegido, o ambos.
Quizás
sea conveniente aceptar que la locura humana que se manifiesta
en los genocidios y en la guerra, y que la perversión
humana que se manifiesta en la lucha de clases que toda sociedad ilustra,
sean productos inevitables de nuestra condición humana.
Las manifestaciones
por la paz ahora brotan por doquier. Si se pretende la paz, ¿no
sería necesario eliminar el servicio militar, las instituciones
militares y toda la industria bélica?
Pero entonces ¿quién defendería la "soberanía
nacional"?
En la guerra
no hay que matar civiles, ancianos ni niños. O sea, hay que matar
al resto.
Hay armas
prohibidas, por lo tanto... hay otras permitidas.
Y parece que los que estaban en el frente de batalla eran la mayoría
voluntarios, de ambos lados.
Conviene
recordar que la hipocresía es necesaria para convivir y gracias
a esa hipocresía la humanidad sobrevive, mal que bien.
¿Entonces,
....?
Mientras
podamos ver en la TV o en el cine, o leer en los diarios, lo que algunos
deben vivir,
o sea, mientras la suerte nos ayude, quizás deberíamos
hacer caso a Gabriel García Márquez cuando dice:
¡No
se preocupe, tenga miedo!