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La Viena de Freud

Herman Schevach

Freud desarrolló la parte  más importante de su actividad en Viena. Hablar de la Viena de Freud tomaria un espacio demasiado largo para una mesa como esta. Me limitaré, entonces, a destacar un período del arte que tendrá influencia durante todo el sigloXX

A principios del siglo XX los movimientos modernistas comenzaron a influir en los distintos centros de cultura europea. Ciudades como Paris, Londres, Viena se comunicaban entre sí a través de distintas publicaciones. En lo que respecta a las artes plásticas, los artistas comenzaron a exigir una mayor libertad, no aceptando las reglas de la Academia, la cual tenía además, un carácter político que los artistas modernos rechazaban. La belleza tradicional clásica se entendía como un sinónimo de respetabilidad, enfatizando el control de las pasiones y las consecuencias por la pérdida del mismo. La idea de la belleza clásica tenía un rol dominante como símbolo de moralidad en la sociedad germana conservadora de la época. La sífilis, que hacía estragos en la población, parecía avalar esta posición donde el pecado por transgredir tiene su castigo. La liberación de las limitaciones vinculadas a la academia fue considerada una propuesta judía. Opinión basada en la gran proporción e influencia de judíos entre los intelectuales vieneses, quienes tratarían ganar la razón de los germanos con propuestas de lujuria.

 Viena era la capital de la cultura de la vieja Europa y su historia estaba ligada a la dinastía de los Habsburgo. Era una ciudad cosmopolita y musical donde la cultura ocupaba un lugar importante, en cuya sociedad se gestó, además, el nacionalismo que desembocó en dos guerras mundiales. A pesar del desmembramiento del imperio de los Habsburgo en 1914, el estado de fermentación cultural se mantuvo hasta el horror hitleriano que dispersó lo más valioso del elemento humano que componía “la cultura vienesa”. El Anschluss: anexión de Austria al Reich alemán, los obligó a exiliarse o a perder la vida en campos de concentración, destruyendo inevitablemente la vida y el desarrollo de la cultura en Viena.

 Retrocediendo a finales del siglo XIX y principios del XX, Paris estaba en la vanguardia de la pintura. Con el impresionismo había una propuesta de ruptura con el arte oficial, se revalorizaba lo subjetivo. Viena no podía permanecer ajena a esta propuesta. También allí comenzó un movimiento de reacción frente al arte tradicional. Se trató de una efervescencia que abarcó todas las manifestaciones del pensamiento y de las expresiones artísticas. Movimiento que se gestó y se desarrolló en los cafés y en ciertos salones de nobles y de magnates de esa época. En ellos se discutía y se comentaba todo: política, música, plástica, literatura, filosofía. Cada café tenía sus intelectuales que lo frecuentaban. En el café Grinsteadl se agrupaban Arthur Schnitzler, Herman Bähr, Hugo von Hofmanstahl y Stephan Zweig. Se los conocía como el Grupo de Jung Wien. Sus temas de discusión solían girar alrededor de  los propuestos  por el diario Freie Presse en su sección “folletón”, (sección literaria o cultural) que marcaba las pautas del escenario artístico y literario, dirigido por Theodor  Herzl. Eran lugares de encuentro absolutamente masculinos – solo una mujer fue admitida en ellos: Milena Jasenka, más adelante protagonista de una novela de Kafka. Se discutía mucho sobre teatro. Los vieneses, según S. Zweig, sufrían de una verdadera teatromanía. El teatro era una referencia constante  para la vida que les tocaba vivir. Ocupaba el lugar que hoy ocupa el cine para nosotros. En contraste con esta importancia, los protagonistas del teatro ocupaban un lugar no elegante de la sociedad. Solían ser pobres, tanto que a veces las actrices, aunque famosas, posaban como modelos para los pintores por una muy pequeña remuneración.

Los salones eran frecuentados por la gente más significativa de la sociedad vienesa, tanto del ámbito de la cultura como del poder económico. El ambiente era muy liberal, no se discriminaba: hombres y mujeres discutían y desarrollaban la cultura musical, arquitectónica, plástica, con propuestas que jamás  se hubieran aceptado en los medios académicos.

Los salones más importantes fueron: el de las hermanas Gomperz, el de las hermanas Josephine von Wertheimstein y Sofía Tedesco, el de Berta Zuckerfeld , el de Eugenia Zchwartzwald y el de Wittgenstein padre. Este último era un magnate de la industria del ferrocarril, importante mecenas del arte, no obstante lo cual, se oponía a que sus hijos se dedicaran a tareas vinculadas al área de la cultura. Se opuso a que su hijo Paul se dedicara a la música. Durante la guerra Paul perdió el brazo derecho, motivo por el cual Ravel escribió para él su concierto de piano para la mano izquierda. Ludwig estudió ingeniería y estaba destinado a seguir con los negocios de la familia, dedicándose después a la filosofía. Más allá de los conflictos familiares, el salón de W. fue un verdadero foco del pensamiento de la vanguardia. El mismo W. junto con el industrial August Lederer financiaron el palacio de la Secesión, construido por el Arq. Olbricht en 1898, que se encuentra aún en pie a pesar de haber sido severamente dañado por las bombas rusas en 1945 al final de la guerra, pero reconstruido posteriormente. Afortunadamente, no se dañó la cúpula dorada, remate del edificio, llamado aún hoy “el gran repollo” por estar compuesta su cubierta de láminas en forma de hojas que se superponen. Mantiene su objetivo original como lugar de exposición de la vanguardia vinculada a la plástica. 
Gustav Klimt nació en 1862. Su padre, proveniente del norte de Alemania fue un orfebre que hacia grabados en oro. Su madre era vienesa. De los 7 hijos Gustav era el segundo, Ernst dos años menor, también fue artista, pintor como Gustav, y Georg, escultor.   Gustav y Ernst compartieron el estudio y trabajaron juntos en algunas obras.  Georg realizó para Gustav algunos marcos para los retratos. Gustav ingresó a la escuela de arte a los 14 años ,en Viena.  A los 23 años fue contratado junto con Franz Matsch para decorar el cielorraso del teatro de Karlsbad y el Burgteatheater en Viena como también varios palacios de la aristocrática Ringstrasse de Viena. En 1894,el Ministerio de Educación,  encargó al estudio de los Klimt varios paneles, el de la filosofía,  la medicina y el de la justicia . Haciendo un alarde de imaginación, creó imágenes sin precedentes que dividen la opinión pública, pintó alegorías con el tema del gran misterio de la creación y una fantasía sobre el cosmos. Esas obras también fueron destruidas por las bombas rusas  de 1945.   Gustav Klimt fue un hombre muy informado y culto: conocía la obra de Freud, Nietsche, y los adelantos de la física.
 A los 35 años  fundó el movimiento denominado La Secesión, el 27 de marzo de 1897, conformado por Otto Wagner, Kurt Moll, Hugo von Hoffmanstahl. Adhirieron además a este movimiento como socios fundadores 40 personas más. Fue su presidente honorario Rudolf von Alt. Su objetivo era difundir las ideas de los nuevos principios de la estética del arte y su exhibición, con la intención de elevar el decadente arte nacional a un nivel internacional. También publicaron un periódico que se llamó ver sacrum desde donde difundieron sus ideas trascendiendo los límites salón.
 La primera exhibición de la Secesión se realizó en 1897 en el predio de la Sociedad de Horticultura de Viena, reformada para ese evento por los Arqs. Olbricht y Hoffmann. El edificio propio se inauguró con la segunda exposición en 1898. La tercera exposición en el año 1900 incluyó una muestra de arte japonés que dejó una impronta en la obra de Klimt.

Para introducirnos en la obra de Klimt, tomaremos como ejemplo “El beso”, una de sus obras más conocidas. Hay otros ejemplos de besos en su obra pero solo me referiré a la famosa pintura que todos conocemos . El tema es reiterativo en la obra de Klimt. En el año 1901 en el friso de Beethoven ya tomó el beso como tema con una solución diferente: la pareja está desnuda, el hombre está de espaldas cubriendo parcialmente a la mujer, expresando un instante de gran felicidad sobre un fondo de innegable influencia japonesa que, de alguna manera, envuelve a esta representación del amor.

La composición de “El beso” es fiel a la tradición barroca europea. En ella, la pareja está envuelta en un plano dorado, decorado con pequeños rectángulos y círculos que se entrecruzan. Mirándolos atentamente podemos distinguir cual viste al hombre y cual a la mujer que, mezclados y confundidos, hacen más profundo el gesto del beso y la sensualidad del conjunto. El rostro y las manos tienen corporeidad, son realistas y emergen volumétricamente, dando una impresión de collage, desde el plano dorado, acordes con la belleza clásica, sin deformaciones, aunque la posición de los cuerpos no coincida con las reglas de la academia.

En esta composición lo  dorado ocupa el fondo del cuadro que nos remite a un mosaico bizantino con un sabor oriental de influencia japonesa. Se dijo muchas veces que la cabeza del hombre es un autorretrato, pero su forma y su cabello oscuro nada tienen que ver con Klimt que era rubio de tez clara. El rostro de la mujer que está de frente tampoco es un retrato de nadie en especial, sino una síntesis de sus distintas modelos. Tiene algo que recuerda a Emily Flögel, su novia eterna, algo de Adela Bloch Bauer, modelo de varios de sus retratos y esposa del magnate del azúcar, cuyo salón, fue frecuentado por músicos y literatos. Otra de sus musas inspiradoras, fue Alma Schindler, hija de un pintor académico, esposa de Mahler , luego de Gropius, de Schnitzler y finalmente de Singer en EE.UU. Su padrastro fue Kurt Moll, ministro de la época nazi, que terminó persiguiendo a la cultura liberal propuesta por los artistas e intelectuales de ese momento. Todas estas mujeres, de gran belleza y fuerte personalidad se destacaron en los salones por su cultura,  elegancia y sensibilidad para la música y la plástica.     Los diseños de los estampados propuestos por Klimt en sus cuadros, fueron llevados a las telas por su amiga Emily, quien desde su casa de modas creaba ropa de acuerdo con las nuevas tendencias se la moda,  usando esos tejidos para prendas tanto de uso cotidiano como para ropa de lujo.

La creación de la Secesión fue   festejada con algarabía en el salón de Berta Zuckerfeld que estaba decorado con obras de la gran pintura europea: Wistler, pintura holandesa, bocetos de Rubens, todo el clasicismo posible representado de acuerdo con el gusto de lo victoriano.

Como  continuador de la propuesta de Klimt, en 1907, apareció en el escenario de la Secesión Egon Schiele  quien, ya a los 17 años de edad, se perfilaba como un gran artista plástico.  Schiele provenía de una familia pequeño burguesa, que vivía cerca de Viena. su padre, empleado ferroviario,  arrastra una enfermedad (sífilis) que transmite a su flia. De los seis hijos sobrevivieron solo tres. Muerto su padre, se distanció de su tutor y decidió, con un esfuerzo titánico desarrollar su vocación artística sin el apoyo familiar. Se presentó ante  Klimt y se adoptaron mutuamente como maestro y discípulo. Vestía como Klimt, una especie de sotana, para diferenciarse de los señores de chaleco y cadena. Además, como demostración de lo cerca que se sentía de el,  mantenía en esta primera etapa en su pintura el decorativismo del oro y las superficies abstractas a la manera de su admirado maestro. A partir de 1910 desarrolló una visión diferente, emprendió su propio camino abandonando la estética del modernismo vienés que proclamaba un ideal de belleza, elegancia y distinción.
 
Sus retratos tratan de combinar la fidelidad con el modelo,  logrando con sus nuevos experimentos estílísticos, una cuidadosa representación del lenguaje corporal regido por la psique. Fueron los elementos de los que se valió Egon Schiele, especialmente cuando pintó sus autorretratos. Se reprodujo a si mismo como actor y observador, como doble y solitario, haciéndose fotografiar, además, frente al espejo con gestos que después usó en su pintura,  pinto mas de 100 autoretratos atraído por su yo físico y psíquico. Egon Schiele observaba los cuerpos desde el aire, como un pájaro durante el vuelo, deformando los cuerpos desde una perspectiva aérea. Sus figuras están acostadas, apoyadas contra el plano (la tela o el papel). No miraba la figura de frente, se expresaba desde un punto de vista no aceptado por la academia, poniendo de relieve lo subjetivo frente al modelo más que la representación del mismo. Aflora lo que siente y lo que quiere expresar frente a lo humano.

Creó su propio grupo “ Die Neue Kunst  Gruppe”,  donde otro gran pintor, Kokoschka, presenta una “Pietta” profana, provocando tal escándalo que tiene que alejarse de Viena por una temporada. En el retrato de su hermana Gerty, los restos de  decorativismo contrastan con la ausencia de fondo y la rigidez del contorno.  Es a partir de 1910 que renunció a toda ornamentación y se concentró en el cuerpo como sede de expresión y dolor.   Klimt envolvia sus figuras con un manto de opulencia que se prolongaba en el ambiente, Schiele desnudaba los cuerpos y los dejaba suspendidos en el vacío, segmentando los planos y fracturando las líneas en ángulos agudos, dando lugar a figuras huesudas con los miembros seccionados hasta una aparente desarticulación, desde los mas insólitos puntos de vista,. El erotismo en Schiele esta replegado sobre si mismo. Aún en sus representaciones de mayor erotismo la provocación exhibicionista se impone y expresa insatisfacción. Lo que en Klimt es mito, en Schiele es angustia; la maternidad que en Klimt es esperanza, en Schiele representa desesperación y muerte; pintó una serie de madres muertas con fetos arrojados al mundo a una vida de infortunio. Realizó  la visión por una combinación de lo subjetivo y lo socialmente objetivado que desarrolló con el dominio  técnico del lenguaje plástico adoptado.    La propuesta de libertad de la imagen  de  Klimt se continua en Egon Schiele y en Kokoshka.
Klimt falleció, víctima de una neumonía a los 56 años en el año 1918.   Pocos meses después, a los 25 años de edad, fallecieron Egon Schiele y su esposa víctimas de la gripe española -

Con la obra de Egon Schiele  y Kokoschka se desvanece la última luz del fin de siglo vienés. Renunciando a la estetización de la apariencia, la obra de arte deja de ser un rito canónico para ser una posibilidad mas entre otras brindadas por el uso del lenguaje plástico y afirma que el pintor puede mirar, pero que ver es algo mas.

 

Bibliografía 

Bäumer, Angelica: Gustav Klimt women, Rizzoli Internacional Publications, Inc., New York, N.Y., 1987.
Casals, Joseph: Afinidades vienesas, Editorial Anagrama S.A., Barcelona, 2003.
Fischer,Wolfgang Georg: Egon Schiele,  Benedikt Tacshen Verlag, Köln, 1995.
Janik Allan y Toulmin Stephen: La Viena de Wittgenstein, Taurus Alfaguara, Madrid, 1987.
Resnik, Salomón: Egon Schiele, en Revista Argentina de Arte y Psicoanálisis, Nº 4, 1996, Fundación Banco de Crédito Argentino.