En estos
días termina la guerra en Irak, donde se emplearon todos los
armamentos fruto del enorme desarrollo tecnológico de la civilización
occidental, en la que Estados Unidos de América ha logrado el
liderazgo, indiscutido.
El casus
belli que tradicionalmente se toma como origen de la guerra ha sido
esta vez la presunta presencia de armamento atómico por parte
de Irak, y acabar con el gobierno tiránico de Saddam Hussein,
además de encontrar al culpable del abatimiento de las torres
neoyorquinas.
Por debajo,
subyace otra realidad: el suelo de la Península Arábica
contiene petróleo, producto de primerísima necesidad para
el mundo tecnológico en el que estamos todos inmersos.
En algún
lugar del conflicto, está el drama de Israel y Palestina, y la
eventual solución que la derrota iraquí provoque sobre
la rebeldía palestina.
Hace mucho
que la historia ha dejado de ser la enumeración de batallas.
De modo que ante la situación que está viviéndose
en estos primeros años del segundo milenio de nuestra era, cabe
la reflexión sobre estos hechos, aunque prima en muchos de nosotros
la más grande ignorancia acerca del mundo árabe en general.
Quienes tenemos presuntamente "estudios" sobre historia,
registramos la memoria de Sumeria, y las tablas de Hammurabi, como primerísima
mención de la civilización originada en la Mesopotamia
entre los ríos Tigris y Eufrates, de las que quedaban registros
arqueológicos, amén de contactos posteriores con egipcios,
hititas y otros pueblos del área. Sobre lo que sigue va ganándose
una ajenidad fruto de ignorancia plena. Algún regreso se tendrá
con la leyenda de los Reyes Magos, venidos del Oriente, con los cuentos
de las Mil y Una Noches, y un poco más acá, con la presencia
en la Península Ibérica, mucho más en torno a su
desalojo en los fines del siglo XV que sobre su presencia de diez siglos,
y la mención, muy al pasar, de que allí, en la España
musulmana, se tradujeron los libros de filósofos griegos, que
permitieron el florecimiento del pensamiento filosófico en el
"Renacimiento" europeo. Tampoco nos quedó ni
siquiera la pregunta de a dónde se fueron los árabes expulsados?
El mapa que acompaña estas líneas lleva la fecha del siglo,
750 d.c., y vale mirarlo atentamente. Salvo el área de la Galicia
española, el resto de la península es árabe, como
lo es también toda la costa mediterránea del norte y oriente
africano, la península Arábica, y buena parte del Oriente
que incluye el área sur de China y salvo el Tibet, la India.
Nuestra
ignorancia acerca del Islam, se debe a nuestra educación en cualquier
nivel etnocéntrica, aunque se precia de no serlo, y de ahí
el corto alcance en lo que se refiere al horizonte cultural. Quedan
pues los oropeles, las joyas, los turbantes, para la fantasía.
Y por parte de ellos, los musulmanes, islam es participio de
un verbo que significa "entregar o encomendar algo o alguien
a otro" que expresa la sumisión a un Alah compasivo,
y la obediencia al Corán, lo que no ha obstado para una difusión
enorme de los avances técnicos "occidentales"
y una inteligencia dinámica para insertarse en el medio y en
la explotación petrolífera y sus adyacencias financieras.
Recuerdo que en ocasión del Congreso de Mujeres que se realizó
en Pekín en 1995, la carpa asignada al mundo árabe en
el predio donde tuvo lugar la reunión, era la más amplia
y mejor acomodada de todas, y no vi ninguna mujer con túnica.
Puede ser que me haya equivocado, pero en tres ocasiones diferentes
ése fue mi testimonio. Por lo demás el CORAN tiene
para esos pueblos la significación de la BIBLIA para la
cristiandad.
En cuanto
al mundo americano, digamos que las primeras exploraciones marítimas
estuvieron a cargo de navegación portuguesa educada en una escuela
náutica de relación estrecha con maestros árabes
expulsados de España, y que la búsqueda de la famosa isla
de "las especias" fue común. Como lo fue también
la práctica esclavizadora de negros, cazados por los árabes
ubicados en áreas africanas estratégicas, que combinaban
su labor con caciques negros para vender los esclavos a flotas inglesas
o españolas, a lo largo de casi cuatro siglos, con la consiguiente
utilización de esa mano de obra en toda América. Las tres
ciudades rectoras del dilatado universo musulmán siguieron siendo
Bagdad, la Meca y Medina, estas dos últimas en estrecho vínculo
con la religión mahometana.
Entretanto,
la división en reinos en el área europea fragmentó
peculiaridades y confirmó identidades, con algunos predominios
que llenan los siglos con batallas y grandes emperadores, abatidos y
reemplazados con un dinamismo del que nos quedan vagas referencias.
Alejandro
Magno, Carlomagno, Saladino, son figuras difuminadas en las memorias
de siglos, que de alguna manera tuvieron contacto con pueblos diferentes,
que no estudiamos ni recordamos como presencia. La vida del hombre sobre
la tierra se calcula en un millón de años, y la moderna
arqueología encuentra testimonios cada vez más lejanos
en los tiempos. Sin embargo, siguen siendo Sumeria, el Nilo, y el valle
del Indo, los lugares más testimoniados por los documentos de
época. Precisamente, la biblioteca arrasada en Bagdad guardaba
esos tesoros, al igual que el Museo y todos lo sabían. Se irá
conociendo con el tiempo qué o quiénes se aseguraron la
preservación de algunos de esos testimonios, antes del brutal
arrasamiento.
Aquí cabe
la reflexión sobre el sentido que tiene LA HISTORIA,
sin límites ni banderías. Pensar los orígenes
de la cultura humana es la manera inigualada de ampliar la percepción
de nosotros mismos, estimar los logros, humanizarnos en la modulación
de aspiraciones, capacitarnos para dejarnos ganar por un sentido de
justicia que prime sobre las convicciones o los conflictos. Y además,
como entorno imborrable, queda la evidencia de que la DESMESURA
es siempre la que motiva la derrota, y tienen directa relación
entre sí. Y ha sido siempre así. Los persas con los
griegos, los musulmanes con los cristianos, Bonaparte con los rusos,
Hitler con... el invierno ruso, y las cenizas de los campos de concentración.
De paso, sumemos también las huestes españolas que arrasaron
millones de indígenas, práctica que en mayor o menor
medida se repitió en toda la América primigenia.
No hay quien se
salve, de la pretensión esclavizante. Y es ésa precisamente
la historia que enseñamos o que aprendemos.
LA HISTORIA CONCEBIDA COMO LA MENCION DE VICTIMARIOS
Esta en la historia que se inaugura con Irak, en este nuevo milenio.
La reflexión de Erik Erikson sobre la identidad: "un
pueblo tendrá identidad cuando la historia sea común
y el emprendimiento también", con palabras que se
parecen mucho a las de Tocqueville, un siglo antes, refiriéndose
al pueblo "americano", siguen vigentes, como aspiración
y como reincidencia en el error y la destrucción.
Nosotros,
los argentinos, que incluimos individuos de todas las naciones del mundo,
y nos desentendemos de las discriminaciones latentes hacia muchos de
ellos -sobre todo con los primeros habitantes, indios y negros y
sus cruzas diversificadas- nosotros, frente a nuestros espacios
vacíos, y nuestra posición hemisférica, amén
de hacer este examen cultural -por llamarlo de algún modo-
tendremos que cobrar conciencia de NUESTRO ESPACIO, que no ha
merecido una reflexión sistemática por parte de la población
en general, que es constitutivo de nuestro estar en el mundo, cualidad
extensión a todos los países americanos.
Si el detonante
de la guerra de IRAK ha sido el tema del petróleo, con
la pálida alusión "moralista" de la desmesura
de su jefe de gobierno, el atentado a las torres y el castigo a Osama
ben Laden, quedan algunas otras situaciones pendientes. En primer
lugar, cuál será el destino de los estados árabes
que rodean a Irak, que comprende Irán, Siria, Libia y Arabia
Saudita. Las NACIONES UNIDAS y su CONSEJO DE SEGURIDAD
se han opuesto a esta guerra, y a despecho de ello, y de la opinión
expresa de importantes naciones europeas, está abierto el escenario
para un seguimiento de la violencia librada a la decisión de
jefes militares sin nombre. Las informaciones que llegan después
del cese del fuego son nefastas y se experimenta una suerte de vergüenza
profunda, la de haber creído que después de las dos guerras
mundiales del siglo pasado y los horrores sufridos, y frente a las consecuencias
de Hiroshima -para nombrar uno de los hechos abrumadoramente asesinos-
se había alcanzado un territorio sino de paz, al menos de debate
reflexivo. Puede adjudicársele a la cúpula norteamericana
ignorancia o impetuosidad vengativa, pero de ningún modo le alcanza
la posibilidad de la ignorancia. Nadie como ellos para conocer estrategias
y consecuencias. El IMPERIO, esta vez, no tendrá ningún
emperador ni guerrero glorioso para mostrar a la posteridad, en tanto
que el ARRASAMIENTO de los restos de esas culturas, significa
una brutalidad que nada podrá mitigar. NO EXISTE LO QUE NO
DEJA RASTROS pero lo que vendrá no podrá detenerse
con más bombas, ni con ocupaciones coloniales. La guerra seguirá
por otras vías, que incluirán el pavor organizado, de
los unos y los otros.
Una consecuencia
posible será el opacamiento de la resistencia palestina y cabe
pensar en aquel éxodo bíblico de los judíos a Babilonia,
invertido ahora el sentido... es la regresión de una historia
inacabable, en la que se mezclan convicciones religiosas y obstinaciones
socio-políticas, que sólo el tiempo y la moderación
hubieran podido resolver. Atrás queda Osama ben Laden
y sus fieles y la verificación de su identidad pendiente deja
también latiendo la eventualidad del desquite. Sin pretender
un cierre digno de filósofo de la historia, y habiendo rechazado
en su tiempo la cosmogonía de Toynbee, hoy cabe ratificar
lo abominable de esta masacre, y apostar a que no será el absolutismo
de tirano alguno lo que permitirá alcanzar una paz razonable...
ni el regreso de la brutalidad incalificable. La mediatizada protesta
del público norteamericano, y de los que se involucran con el
futuro de Israel o el conflicto palestino, hace dudar del efectivo ejercicio
del derecho a emitir opinión. Otro lastre que mantendrá
atracada la nave del próximo futuro.
"El
malestar en la cultura" al que aludía Freud en
uno de sus últimos trabajos, sigue delatando incógnitas
a resolver, que el psicoanalista actual en sus vertientes socio-culturales
necesita ocuparse de esclarecer.
La victoria
del nazismo en 1933, el día del incendio del Reichstag, suponía
el abatimiento de la política bajo el totalitarismo y remitió
a la necesidad de volver a comenzar "poniendo el pensamiento
a prueba del acontecimiento", lo mismo que ahora nos pone en
el camino de inventariar los sucesos, narrarlos con franqueza, porque
no nacen de la nada, y pierden la continuidad pensada como inmutable,
además de hacernos cargo del tiempo que vivimos para comprendernos
a nosotros mismos.