Sócrates
refiere que así como no debiera intentarse curar los ojos,
descuidando la cabeza, ni ésta sin atender a todo el cuerpo,
así tampoco es posible curar el cuerpo sin tratar el alma.
Platón
Diálogos
Podemos
afirmar con plena certidumbre que la medicina psicosomática en
el Perú se inicia con el conocimiento, la motivación,
el compromiso y la finalidad de estudios e investigaciones continuas
y consistentes del Dr. Carlos Alberto Seguín, desde su
llegada al Perú, en 1941, luego de una formación psiquiátrica
y psicoterapéutica de orientación dinámica en el
Institute of Living de Connecticut y en la Universidad de
Columbia, al lado nada menos que de Flanders Dunbar, una
sobresaliente representante de esta orientación en Estados Unidos.
Esta dedicación se mantuvo hasta el final de sus días.
El
Dr. Seguín glosó los primeros trabajos de Schindler,
las conclusiones de la Escuela de Alexander de Chicago y de Davies
de Nueva York. La finalidad esencial para Seguín se sustenta
en apreciar al hombre como una totalidad, como un ser humano integral
y no sólo como un enfermo y tratarlo como tal. Los factores psicológicos
y existenciales se integran a los factores somáticos y fisiológicos
en las diferentes etiologías, enfatizando la importancia de las
relaciones entre el proceso patológico y la personalidad, así
como la especificidad de los problemas y de los cuadros clínicos.
En la nomenclatura psiquiátrica, previamente a considerar determinadas
enfermedades, con evidencias de trastornos psicosomáticos, como
son la úlcera gastroduodenal, la hipertensión esencial,
el asma, las colitis, el hipertiroidismo, la neurosis cardiaca, las
enfermedades alérgicas y dérmicas, etc. y cómo
la angustia frente a la existencia de estos factores duales tendía
a somatizarse en un determinado aparato o sistema orgánico. De
ahí que se sugirió la importancia de considerar en la
nomenclatura las reacciones psicofisiológicas del aparato cardiovascular,
respiratorio, gastrointestinal, dérmico, alérgico, endocrino
y neurológico. Reconociendo la importancia de todo esto, lo trascendente
o lo esencial era la relación íntima y permanente del
soma y la psiquis y de que toda enfermedad era psicosomática.
Esto
hizo que el tratamiento se sustentara en psicoterapia, fármacos,
dieta, etc, orientándose a actuar sobre los factores personales
y ambientales, dado que el tratamiento moderno debe encararse desde
el punto de vista social.
La
psiquiatría ha contribuido a la comprensión más
clara del hecho mismo de estar enfermo que no es el funcionar anormal
de un órgano o un sistema de órganos, sino un desequilibrio
del ser humano frente a sí mismo y frente a su ambiente, disciplina
cuyo conocimiento se hace indispensable para todo médico. Si
el componente psicológico es importante, no podemos asumir una
actitud terapéutica real sin conocer su patogenia ni cegarnos
ante la realidad diaria, manteniéndonos al margen del progreso
y de la forma como uno debe relacionarse con el paciente. Igualmente
la psiquiatría es el puente que une la medicina a la cultura
general y la que más se acerca al alma del hombre, a su sufrimiento,
a sus manifestaciones más sublimes y a sus capacidades más
altas. Esto permite entender mejor a nuestros pacientes y a respetarlos
en su condición irrenunciable de seres humanos.
Frente
a diferentes disyuntivas y cuestionamientos que a buena hora existen
no debemos aproximarnos con una mirada sectaria ni proselitista sino
libremente a la verdad más cercana de cada paciente. Por ejemplo
es indudable que la patología psicosomática permite darnos
cuenta de la importancia capital del impulso destructivo dirigido hacia
uno mismo, expresión del predominio del Tánatos
(instinto de muerte, agresión destructiva de la libido) sobre
el Eros (instinto de vida). La vida y la salud están felizmente
bajo el predominio del Eros (libidinización de la agresión)
sobre el Tánatos. Igualmente, las reacciones patológicas
no son monocausales, sino la interacción de muchos factores;
así por ejemplo, en los trastornos psicopatológicos o
conflictos psíquicos, el impulso tanático se suma a la
reacción neurótica o psicótica de la personalidad
frente a una perturbación somática. La psicogenia actúa
muchas veces como causa o factor determinante o precipitante, pero en
ocasiones viene a ser una reacción secundaria de la personalidad
frente a la amenaza vital que significa la afección somática.
A esto se agrega la importancia que igualmente le damos al factor hereditario
y constitucional.
La
medicina psicosomática nos conduce al dinamismo de los conflictos
del ser humano sin hacer la terapia de un síntoma aisladamente.
La represión del impulso agresivo se va a descargar a través
de un órgano, por ejemplo, el intestino. Así, comprenderemos
y entenderemos el lenguaje de los órganos. Dirige su interés
a las explicaciones de los trastornos del "todo" viviente
y el gran rol que tienen las emociones.
La
mejor apreciación de los enfermos se hace cuando el médico
ha sustanciado vivencias similares a las que sufren sus pacientes y
del recuerdo de tensiones emocionales previas que nos involucraron realmente
y perturbaron incluso nuestro contacto con el mundo social (contratransferencia).
Un
mismo factor emocional puede originar distintos cuadros clínicos
(locus minore resistentia o meiopragia específica) y un
mismo cuadro clínico puede ser originado por distintos factores
emocionales.
En
1946 Seguín publicó en la Revista Médica
de Rosario en la Argentina, una nota dirigida al Decano de la Facultad
de Medicina de Lima, propiciando la iniciación de la enseñanza
psicosomática en esa casa de estudios.
La
medicina psicosomática trató de superar la etapa en la
que se venía considerando al hombre como un conjunto de órganos
que funcionan mal o bien, para enfocarlo como a una persona que ama,
odia, sufre o goza como una unidad psicosomática. Preconizaba
que el médico debe estar tan bien entrenado en el campo anátomo-fisiológico
como en el campo psicológico; incluso se planteaba un curso de
Fisiología de las emociones, donde se enseñaría
la repercusión fisiológica de los estados emocionales.
Los estudios de Clínica Médica y Clínica Quirúrgica
se encararían con criterio integral, permitiendo estudiar al
enfermo en su capacidad humana.
Para
Seguín, más que homo sapiens, economicus o politicus,
el hombre es fundamentalmente eroticus, cuya vida sólo
puede comprenderse a la luz de las vicisitudes de la búsqueda
de amor. Al respecto dice: "Acaso la verdadera sabiduría
se conserva en las viejas tradiciones de la humanidad que debemos redescubrir
una y otra vez en una especie de renacimiento que pueda revitalizar
nuestro mundo y ofrecernos nuevas perspectivas". Si entendemos
esto en términos de su influencia en la medicina psicosomática,
sería integrar lo añejo de las tradiciones de la humanidad,
intentando redescubrir una y otra vez una especie de renacimiento que
pueda revitalizar e integrar nuestro propio mundo y ofrecer nuevas perspectivas
y las entiendo yo como que al diferenciar lo esencial de lo accesorio,
o menos esencial, el todo es más que la suma de las partes, en
los términos psicosomáticos sería no el enfermo,
no el paciente, no el síntoma, sino el hombre.
Su
original teoría del Eros psicoterapéutico constituye
el producto de más de cincuenta años de esta labor con
sus pacientes, yo diría con él mismo y de una evaluación
creativa permanente, alimentada aparte de su propia biografía
y existencia, por su conocimiento de las obras de Freud. Al mismo
tiempo el énfasis que sin utilizar este nombre, es a mi entender
en la otredad, al incidir en la profundidad y trascendencia de la relación
interpersonal y al contacto afectivo entre médico y paciente.
No creo, y me permito aquí discrepar, aunque no necesariamente
tiene que ser en el fondo, que la historia libidinosa de sus pacientes
es una forma de resistencia que impida la llegada al ser. Mi diferencia
es que no es lo mismo la libido en sí, sino su utilización
y su desarrollo, porque se estaría contradiciendo de su propio
Eros psicoterapéutico si la libido fuera eso y estaría
escindiendo la libido del amor, al considerar que la primera sería
la resistencia y la segunda la lograda, cuando no hay amor sin libido
ni libido sin amor. Lo que sucede, y en eso sí estoy de acuerdo,
que en ciertos casos esta libido, agresificada y narcisista destructiva
puede transformarse en la más férrea resistencia, pero
la libido creativa y saludable va a ser la fuerza más poderosa
para el logro de la integración, de la plenitud, de la armonía,
de una felicidad suficiente, de la paz y de la salud y de un fortalecimiento
de enfrentar el sufrimiento saludablemente. De ahí que incluso
cuando se sufre se puede gozar si este sufrimiento se libidiniza.
Luego,
Seguín elige más lo existencial que lo freudiano;
estoy hablando de teorías, sin que a mi entender, éstas
sean opuestas sino para mí mucho más compatibles, sin
embargo, él dice que más allá del instinto se halla
el ser y más allá de la libido está el amor. Para
mí el ser sería la transformación existencial del
instinto y el amor vendría a ser la transformación pática
del instinto. O sea que están integradas y no separadas. Al postular
el síndrome psicosomático de desadaptación, Seguín
estaba agregando como un factor fundamental el ambiente; entonces, no
solamente estamos con el cuerpo y la psiquis, la mente, el espíritu
o el alma, sino indudablemente en un espacio, en un ambiente que puede
ser facilitante o interferente, y no solamente el humano, sino el físico-geográfico.
Su
potencial de maestro se inició a los 15 años cuando fue
profesor del Colegio Internacional de Olivos en Buenos Aires
y posteriormente ayudante de cátedra, mientras era estudiante
en la Facultad de Medicina y desde que retornó al Perú,
homo educando. Intentaba ser mente sana en cuerpo sano. No tomaba
ni fumaba; trabajador incansable y ordenado, con puntualidad sajona.
Escribía, enseñaba, viajaba, practicaba deportes, jugaba
ajedrez, iba al teatro y al cine, investigaba, conversaba y reía
y por sobre todo, vivía y amaba. Hizo sus estudios de Medicina
en Buenos Aires y siendo aún estudiante publicó en la
Editorial Ateneo, en 1931, su libro "Tratado de Farmacología
y Terapéutica" que por muchos años fue texto
en la Facultad de Medicina de Buenos Aires. El 14 de abril de 1932 se
graduó de médico y durante ocho años ejerció
con éxito la cirugía, la medicina y la obstetricia en
Formosa, provincia norteña de Argentina que a mi entender tuvo
mucho que ver con su orientación psicosomática. Posiblemente
ya la aplicaba. El descubrimiento de las ideas psicoanalíticas
lo apasionó y decidió el rumbo que daría a su vida,
producto del estudio de las obras de Freud, fue la publicación
en 1940 de su segundo libro: "Freud un gran explorador del alma."
Viajó a Estados Unidos de Norteamérica incorporándose
al Instituto Neuropsiquiátrico de Hartford, donde recibió
un entrenamiento sistemático en psiquiatría dinámica.
Estuvo en análisis con Richard Karpe durante dos años.
Interesado en la medicina psicosomática se incorporó como
research associate en la universidad de Columbia, al lado de
Flanders Dunbar en The Presbiterian Hospital, relacionándose
con Bertrand Lewin y asistiendo a cursos y seminarios del
Instituto Psicoanalítico de Nueva York. En 1945 retornó
al Perú con una poderosa pasión de cambiar rumbos a la
psiquiatría peruana, con la energía que lo ha caracterizado
y es ahí donde quiere sustentar su orientación justamente
introduciéndose en un hospital general y creando ahí el
primer Servicio de Psiquiatría en Latinoamérica
y uno de los primeros del mundo, al lado de otros servicios médico-quirúrgicos
de puertas abiertas, donde pacientes hombres y mujeres se reunían
libre y frecuentemente. De tal manera que el ambiente ya era de clara
orientación psicosomática, dado que lo psiquiátrico
no era manicomial ni excluido ni marginado ni organicista sino incluido
e integrado a toda la medicina e influyendo en ésta significativamente.
Así se convirtió en el abanderado no sólo de la
psiquiatría dinámica y de la tendencia psicosomática
en medicina, sino en su auténtica aplicación psiquiátrica
en los hospitales generales que, justamente fue la tesis que hice para
recibirme de médico sobre la importancia y organización
de un Servicio de Psiquiatría en un hospital general.
Convirtió
este servicio del Hospital Obrero de Lima en un centro de enseñanza,
de vastas proyecciones, donde las interconsultas de los otros servicios
y departamentos y las presentaciones clínicas fueron las armas
más eficaces para iniciar el proceso de cambio. Formó
con médicos jóvenes y con estudiantes de medicina un grupo
con el ideal de una tendencia psicosomática en medicina fundando
el Centro de Estudios Psicosomáticos y publicando una
revista y los anales de Psiquiatría del Hospital Obrero de Lima,
de tan honda repercusión en la psiquiatría peruana. Luego
vino un programa sistemático de entrenamiento en psiquiatría
y por último su incorporación lamentablemente tardía,
pero muy merecida a la Facultad de Medicina de San Fernando,
en 1962, en la que tuve el honor y la satisfacción plena de ser
el coordinador del Departamento de Ciencias Psicológicas.
En
1947 publicó su libro "Introducción a la medicina
psicosomática", la primera obra sobre el tema en idioma
castellano y la primera fuera de los Estados Unidos que enfocaba de
una manera sistemática este nuevo aspecto de la teoría
y la práctica médica. El libro mereció el Premio
Nacional de Cultura Hipólito Unanue y se convirtió
en libro de texto en varias universidades, siendo traducido al inglés
y al francés, incluía un modelo de historia clínica
psicosomática que ha probado su validez y practicidad permanente
hasta la actualidad. Sostiene que la medicina psicosomática no
es una especialidad más, sino una tendencia que debe adoptar
la medicina en general y que todo médico debe estar más
interesado en conocer cuáles son los problemas vitales del paciente
que en rotular o etiquetar un síndrome. Una buena historia clínica
es la que permite ver la hombre detrás del caso clínico
y comprender el caso clínico en función del hombre. Para
Seguín la enfermedad es una parte de la biografía
de cada paciente y puede considerársela como la reacción
del organismo como totalidad frente a los estímulos internos
y externos que alteran su homeostasis. El concepto de enfermedad implica
perturbaciones en los niveles iónico, celular, tisular, orgánico,
personal y sociocultural, todos estos niveles están siempre interrelacionados
e integrados, siendo el hombre quien enferma unitariamente, considerando
al médico como un posibilitador de hombres. Postula una atención
médica basada en un diagnóstico, pronóstico y conducta
a seguir comprensivo, dinámico y multidimensional que tenga siempre
en cuenta a la persona enferma con sus particulares conflictos existenciales.
La medicina debe ser no sólo psicosimática y humanizada,
sino interhumana y palintrópica, con un valor terapéutico
en la relación médico-paciente, adjudicándole también
el irrenunciable rol de psicoterapeuta del paciente y de su grupo familiar,
debiéndosele estudiar en su mundo que es la familia y en un mundo
mayor que es la sociedad. Frecuentemente pagamos con nuestras enfermedades
las enfermedades de nuestro grupo.
Fue
pionero también en el estudio de la dinámica de los pequeños
grupos, introduciendo los grupos terapéuticos en el Servicio
de Psiquiatría del Hospital Obrero en 1946 y en el 47 publicó
su trabajo "Una experiencia con psicoterapia colectiva",
ampliando a lo social la perspectiva terapéutica individual.
En 1962, introdujimos en la Facultad de Medicina de San Fernando
los grupos psicoformativos que se constituyeron en la más
seria y sistemática respuesta para resolver el problema de las
ansiedades movilizadas en los estudiantes de medicina por la tarea de
su formación médica. Los clubes de pacientes del Hospital
Diurno y la comunidad terapéutica, el tratamiento del grupo
familiar y el de pareja constituyeron aplicaciones de la terapia grupal
que también Seguín introdujo en nuestro medio. Reconocido
como autoridad en Educación Médica, creamos en 1962 en
la Facultad de Medicina de San Fernando el Departamento de Ciencias
Psicológicas, cuya labor se extendía en el trabajo
con los alumnos a todo lo largo de la educación médica,
constituyendo el programa más ambicioso y mejor logrado para
la enseñanza de estas disciplinas. Se enseñaba en el primer
año Psicología Médica; en el segundo Psicopatología;
en el tercero Semiología Psiquiátrica; en el cuarto Nosografía
Psiquiátrica y en el quinto Psiquiatría Clínica,
además de los grupos psicoformativos durante toda la carrera
de una vez por semana.
Expuso
estas ideas y sus experiencias en su libro "La preparación
psicológica del estudiante de medicina", publicado en
1964 por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Seguín
fue un asiduo participante en las más importantes reuniones científicas
de la especialidad en todo el mundo, donde ha representado con brillo
al Perú. Abierto a las corrientes diversas del pensamiento humano
y de una síntesis personal confrontada con la experiencia de
la propia vida y con el diálogo con gente inquieta e inteligente
como él. Su obra constituirá siempre un ejemplo y una
fuente de inspiración permanente, no sólo para sus discípulos
sino para los estudiosos de la conducta humana. En este medio siglo
de ejercicio de la psiquiatría en el Perú ha jugado un
rol protagónico en el movimiento psicoterapéutico en el
que es el pionero de la primera Escuela de Psicoterapia Dinámica
en el Perú y el verdadero precursor del Psicoanálisis,
ya que los pioneros y fundadores de este movimiento somos discípulos
de él.
La
medicina psicosomática tiene a mi entender, dos enfoques distintos
con propósitos diferentes. Uno, es una orientación de
la medicina que tiende al conocimiento y a la comprensión del
ser humano y del ser humano enfermo o doliente, como una totalidad,
en conflicto y en el cual éste refleja nítidamente la
relación tan íntima entre el cuerpo y la mente, el espíritu,
la psiquis o el alma (metafóricamente hablando). Es decir, que
no somos un conjunto de órganos o sistemas, sino seres humanos
con una trascendencia integral y total y con una relación unitaria
entre nuestra realidad biográfica, nuestra personalidad, realidad
psíquica interna, relaciones humanas y ambiente, tanto en términos
psíquicos como sociales, culturales, ideológicos, filosóficos,
existenciales y éticos.
El
otro enfoque corresponde a estudios muchos de ellos serios sobre distintas
patologías o reacciones psicofisiológicas con una tendencia
a atribuirles un significado y una génesis muchas veces exagerada
que en vez de hacerle bien a la medicina psicosomática le hace
daño con generalizaciones, apresuramientos y conclusiones fáciles
que no distinguen discriminativamente lo realmente esencial y distintivo,
no solamente del síndrome sino del ser humano.
En
otras palabras no existe una medicina psicosomática distinta
o aparte del resto de la medicina, o como especialidad, sino como dice
Flanders Dunbar: "En el futuro toda medicina será
por definición medicina psicosomática" y yo agrego,
que incluso cuando lo prioritario o primordial es de génesis
orgánica, somática y fisiológica, todo esto se
va a dar no en el vacío ni en el aire, sino en el ser humano
que distintivamente tiene factores predisponentes: herencia y constitución,
factores determinantes, desde la impregnación (factores congénitos),
desde el nacimiento hasta la actualidad y factores desencadenantes que
son los que actualizan o precipitan la enfermedad. Además hay
que considerar igualmente conceptos muy importantes sobre el locus
minoris resistentia o meiopragia que puede existir en cualquier
órgano o sistema de un específico ser humano. Igualmente
la personalidad, la sensibilidad y el modo de ver el mundo de cada persona,
sustenta plenamente la importancia de la relación paciente-terapeuta,
analista o médico y la psicoterapia, que no excluye necesariamente
tratamientos farmacológicos o de otra naturaleza, de acuerdo
a un diagnóstico integral. Así, la historia psicosomática
intenta aproximarse al ser humano y de esta manera a la enfermedad actual,
historia familiar, niñez, educación, trabajo, cambios
de residencia, accidentes, enfermedades y operaciones, vida sexual,
hábitos e intereses, religión, hobbies, simpatías
políticas, filosofía de la vida, si bebe, si fuma, si
se droga, cómo se alimenta, cómo duerme y si recuerda
sus sueños.
Agregándosele
tres preguntas importantes: 1. ¿A qué atribuye su enfermedad?
2. ¿Cree que puede curarse? ¿Cómo? 3. ¿Qué
va a hacer una vez mejorado o curado?
Lo
más importante en la medicina psicosomática es precisamente
el tratar de comprender y estudiar la participación psicológica
en las enfermedades orgánicas. Es un error considerar psicosomáticas
a determinadas enfermedades sino que todas las enfermedades lo son porque
el estar enfermo de algo psíquico de ninguna manera excluye el
cuerpo y el estar enfermo de algo corporal o somático, de ninguna
manera excluye lo psíquico y la calidad de ser humano de la persona.
Es
interesante lo que dice el maestro Seguín, que todo lo
que podemos estudiar por medio de nuestros sentidos lo llamamos materia,
mientras que lo que aprendemos por otros medios lo llamamos espíritu.
Yo sostengo que el alma y el cuerpo son dos entidades diferentes. Siendo
diferentes, están igualmente unidas en espectros y grados diferentes,
pero inevitable e indudablemente unidas, manteniendo su identidad y
distintividad. No estoy de acuerdo cuando dice que son dos aspectos
de una realidad única y que si se distinguen es solamente debido
a nuestra peculiar capacidad de captación.
Igualmente
discrepo con el maestro cuando él considera que esta unidad psicobiológica
reacciona como tal y no considera la psicogénesis de síntomas
somáticos ni la somatogénesis de síntomas psíquicos.
En mi experiencia clínica es una dialéctica en la cual
se percibe la validez y veracidad de esto que no es incompatible necesariamente
para mí que al mismo tiempo sean reacciones de esa unidad y de
ese todo, pero manteniendo su identidad cada una y su inevitable vínculo
e integralidad.
Se
evidencia cotidianamente que es la emoción por algo que nos ha
conmovido la que produce las palpitaciones en un grado mayor o menor,
diferente. Aceptaría que sin negar lo previo esa reacción
se manifieste desde la vertiente psicológica o emocional como
la experiencia afectiva y desde la vertiente fisiológica, por
medio de las alteraciones conocidas.
Estoy
de acuerdo, eso sí, con Seguín que no debe ser
esencialmente una medicina psicosomática de biblioteca ni de
laboratorio, pero sin excluirlas tampoco. Es por eso que concuerdo con
Letamendi cuando tan ingeniosamente manifiesta: "a la
medicina humana le falta hombre y le sobra rana".
Toda
la obra o contribución del doctor Seguín fue continuada
por sus discípulos. Fundamentalmente Oscar Valdivia Ponce,
Sergio Zapata, Roberto Gamarra, Pedro León Montalván
y también el doctor Luis Bacaflor (argentino) que se formaba
con el doctor Seguín, lo mismo que el doctor Mendoza
(Centroamérica). Algunos de los trabajos, tanto del doctor Seguín,
y de los discípulos que menciono se encuentran en la bibliografía.
Pero
quien realmente inicia una continuidad persistente, renovada y comprometida
en el Perú es el doctor Jaime Velasco, que a su retorno
de Buenos Aires en 1997, luego de su formación psicoanalítica
en el Instituto de Psicoanálisis de la Asociación Psicoanalítica
Argentina que inició en 1975, teniendo como analista didacta
al doctor Fidias Cesio -psicoanalilsta prominente y uno de los
pioneros de la medicina psicosomática en Argentina-. A fines
de 1979, el doctor Velasco se graduó de Miembro Adherente
de la APA, a partir de 1980 fue Profesor Titular de seminarios del Instituto
de Psicoanálisis y su labor docente con interrupción
de dos años duró hasta 1994. Aprobó la supervisión
didáctica en 1988 incorporándose en calidad de Miembro
Titular y Didacta a la Asociación Psicoanalítica Argentina.
A su retorno al Perú, en 1997, retomó contacto con colegas
y amigos de muchos años y su inquietud fue compartida por ellos:
doctores Emilio Crosby (internista), Dante Warthon (psicoanalista)
y la psicóloga y psicoterapeuta Carmen Morales para promover
la difusión del pensamiento psicoanalítico dentro del
medio médico, por lo cual consideró que la manera más
adecuada era la de conformar una asociación científica
que tomase el tema de la medicina psicosomática buscando un punto
de encuentro entre el psicoanálisis y el conocimiento médico
y así fundó la Asociación Peruana de Medicina
Psicosomática el 9 de julio de 1998 incluyendo como miembros
honorarios a los doctores Saúl Peña, Carlos Crisanto
y Max Hernández por propiciar el desarrollo del psicoanálisis
en el país. Igualmente al doctor Fidias Cesio, fundador
del CIMP (Centro de Investigación en Medicina Psicosomática)
en 1962, al doctor Raúl León Barúa, prominente
profesor, gastroenterólogo e investigador, presidente electo
de la Academia Peruana de Medicina y al doctor Carlos Alberto
Seguín (in memoriam).
En
la actualidad la Asociación cuenta con alrededor de 35 miembros
entre médicos de diversas especialidades, psicoanalistas y psicólogos
clínicos. Las actividades fundamentalmente consisten en el desarrollo
de presentaciones de periodicidad mensual, en las cuales se abordan
las patologías más frecuentes, tanto desde el punto de
vista clínico, como psicoanalítico. Asimismo, como actividad
solamente para miembros, el desarrollo de cursos y seminarios teóricos
con la revisión del pensamiento psicosomático que incluye
aportaciones que desde diversos puntos de vista y enfoques han efectuado
destacados psicoanalistas de distintas latitudes.
El
doctor Jaime Velasco fue el primer presidente; actualmente el
presidente es el doctor Juan Paz Soldán. Mantiene corresponsalía
con el Instituto Psicosomático de Buenos Aires (IPBA)
y con el Weisaeker en Argentina, Italia y Alemania.
Este
trabajo constituye un homenaje a mi maestro y amigo Carlos Alberto
Seguín, con quien tuvimos una relación de mutualidad
didáctica y personal, con autenticidad y con Eros y Tánatos
creativos. Es una expresión de mi permanente gratitud hacia él.
Lima,
29 de julio de 2003.-