libros

 

Cantos da Varanda. Marialzira Perestrello. Rio de Janeiro. Ed.Nova Razao Cultural. 2009

¿El psicoanálisis será una forma de expresar la poesía de nuestro vivir? Es el interrogante que surge leyendo los poemas Cantos da Varanda de Marialzira Perestrello. La autora también plantea la pregunta si la poesía es una intrusa o es bienvenida. Contesta:”  la poesía entra en mi consultorio sin pedir permiso”.
De la misma manera que Theodor Reik decía que el psicoanalista debe tener capacidad de humor, Marialzira sugiere que sin poesía no hay psicoanálisis. Sus poemas intimistas revelan una psicoanalista instalada en la vida de manera poética.
Marialzira desarrolla paralelamente sus creaciones psicoanalíticas y poéticas desde siempre. Como pionera del psicoanálisis en Rio de Janeiro fue una de las fundadoras de la Sociedade Brasileira de Psicanálise de Rio de Janeiro en 1957, llegando a ejercer su presidencia. Publicó más de 35 artículos y varios libros sobre temas psicoanalíticos. Destacamos su papel como historiadora del psicoanálisis en Brasil, siendo en esa temática el referente mayor brasileño.
En cuanto a su actividad poética la ejerció desde adolescente, pero recién a partir de 1972 publicó seis libros de poemas, siendo el último sus Cantos da Varanda, donde asume la despedida de su casa de la isla Paquetá. Pero con afán de seguir su camino o como lo expresa ella misma”
.

                                      Quisiera ser guitarrista del sertao
                                      O bordadora nordestina
                                      Para saber cantar mis sentimientos
                                      O poder bordar con paciencia.

                                                                                                                    E.F.

 

Les enfants perturbateurs. Danièle Brun.Ed. Odile Jacob. Paris 2007

La psicoanalista de niños francesa, Danièle Brun, coloca en el centro de su nuevo libro el concepto de plasticidad. Entendida plasticidad como compromiso entre las exigencias del mundo exterior y del mundo interno promotor de los reclamos pulsionales.
Según Danièle Brun la plasticidad es un elemento esencial de la vida psíquica, producida por las sensaciones de inadecuación creada por la curiosidad insatisfecha que lleva al niño a recortar un espacio virtual donde construye escenas personalizadas sobre las motivaciones de estar en el mundo y su participación en los diferentes modos de existencia donde se introduce. Lo que dinamiza la plasticidad se refiere al planteo de donde venimos y a donde vamos.
La autora considera que la plasticidad es una forma de actividad de pensamiento inherente a la curiosidad y a los sentimientos de extrañeza que despierta.
Este proceso origina una situación doble: el niño se encuentra perturbado y responde como perturbador frente a su entorno. Esta dupla perturbado-perturbador permanece también en el inconsciente del adulto como núcleo persistente que puede llegar a revelarse en el transcurso de un tratamiento psicoanalítico.
Danièle Brun trata de rescatar ese núcleo no sólo en los pacientes adultos sino en los padres que consultan por un niño.
En el libro trae varios ejemplos de primera hora de juego donde ella percibe el conflicto inconsciente central. Nos recuerda lo que Arminda Aberastury llamaba "la fantasía de enfermedad" que aparecía a veces junto con "la fantasía de curación" en la primera hora de juego.
Agreguemos que es llamativo el reforzamiento del interés actual sobre la plasticidad de la vida psíquica, que se comprueba con la aparición de nuevas tendencias teóricas como la "resiliencia". Surgen en paralelo con los hallazgos de las neurociencias sobre la plasticidad de las sinapsis neuronales subrayada por el premio Nobel Eric Kandel.
Este investigador sostiene que las alteraciones inducidas en la expresión genética por el aprendizaje dan lugar a cambios en los patrones de las conexiones neuronales. Además que, en la medida que la psicoterapia produce cambios de largo plazo en la conducta, desencadena cambios en la expresión genética que altera la fuerza de las conexiones sinápticas y origina cambios estructurales que modifican el patrón de las interconexiones entre las neuronas.

E.F.

 

 

Analizarse con Freud. A propósito del testimonio de Hilda Doolittle sobre su análisis con Freud. Por F. Aberastury, G. Carballo, E. Greizerstein, E. Loffreda, A. Maula, A. Palacios, C. Pérez, M. Pérez, N. Rabinovich, D. Sahagun, R. Satke, L. Tellarini, L. Zarlenga. Ed. Letra Viva. Buenos Aires. 2001.

El psicoanálisis, ¿una doctrina científica o una pasión por conocer? Al leer este trabajo de los integrantes del Club de Analistas. Círculo Freudiano, basado en el libro de Doolittle "Tributo a Freud" y en su obra poética, uno percibe esa pasión por conocer, dar otros pasos adelante, sin atascarse en lo ya conocido.
Una de las temáticas centrales de este libro se refiere a la frase atribuida por Doolittle a Freud: "En análisis la persona está muerta luego que el análisis termina. Tan muerta como su padre." Sutilmente, detrás de la discusión sobre esa afirmación freudiana, se insinúa un debate sobre la vigencia de algunos conceptos de Freud, la aceptación de la muerte del padre para proseguirlo y/o superarlo.
Aquí los autores del libro, adheridos a la obra de Lacan como continuación de la de Freud, muestran que uno de los aspectos fundamentales de la enseñanza de Freud es la pasión por el conocimiento, el descubrimiento, no la repetición escolástica. Desde un punto de vista histórico uno puede entender que esa pasión por descubrir nuevos conocimientos quizás abre para un futuro la aparición de un hijo que prosiga y supere a Lacan padre.

E.F.

 

Freud. René Major y Chantal Talagrand. Ed. Gallimard. Paris. 2006.

Esta biografía se abre con un rico cuadro sociocultural de la Viena fin del siglo XIX. Luego esta biografía se desarrolla enfocándola como "analítica en el sentido que el método freudiano cambia la escritura de la Historia y la escritura misma de la historia de Freud.
Como punto de partida original describen la vida de Freud desde su infancia en gran parte a través de sus sueños, tomando como referencia la declaración de Freud en 1931 al final de su vida sobre "La interpretación de los sueños": "fue el más valioso de todos los descubrimientos que tuve la buena fortuna de realizar. Semejante insight sobre las cosas ocurre sólo una vez en la vida".
Así el capítulo sobre teorías sexuales se abre con el sueño de las flores amarillas, referido a sus primeros años en Pribor.
Un capítulo sobre los fantasmas de Freud se relaciona con el sueño sobre Brucke y otros personajes. La sección sobre los maestros de Freud se ilustra con el sueño sobre Charcot.
Los autores evitan el escollo de transformar esta biografía en una hagiografía. Muestran el carácter superticioso de Freud y su fobia de viajar en tren. Destacan el contraste entre la subversión que realiza en el pensamiento contemporáneo y las convenciones de su vida personal de pequeño burgués vienés, padre de familia con un enfoque tradicional con respecto al rol que debía desempeñar su mujer Martha.

 

A formacâo cultural de Freud. Marialzira Perestrello. Ed. Imago. Rio de Janeiro. 1996.

Este libro de 1996 de Marialzira Perestrello, acompañada por varios colaboradores, nos llega ahora, y a la verdad no sólo nos enriquece con la información sobre Freud mismo sino que nos sumerge en el ambiente cultural vienés donde se nutrió.
En su trabajo sobre la infancia y juventud de Freud, la autora sutilmente nos introduce en las primeras situaciones vitales de Freud y nos lleva a reflexionar sobre algunos aspectos ya conocidos pero que ella ilumina con un enfoque personal. Ejemplo: la vieja niñera echada por robar monedas, que desapareció de la vida de Freud, expresada en un sueño repetido de desaparición y reaparición de la madre, que parece como el precursor de la observación sobre el juego del carretel.
A continuación, en el capítulo sobre Freud y la tradición judía, Marialzira no se dedica a las relaciones entre judaísmo y psicoanálisis sino a la influencia de la cultura judía en Freud y su identificación con personajes bíblicos.
Renato Mezan estudia Viena y los orígenes del psicoanálisis y rescata la paradoja de Freud positivista, alejado de la renovación sostenida por la vanguardia cultural y artística de la generación vienesa del 90, netamente antipositivista, que ataca los códigos expresivos heredados de la tradición clásica renacentista y del Siglo de las Luces. Sin embargo, el psicoanálisis, a pesar del ropaje positivista del primer Freud, nace y se desarrolla en ese ambiente cultural cuestionador, renovador e irracional. Quizás por lo que Fenichel decía: el objeto del psicoanálisis es irracional, pero su método es racional.
En Freud y los filósofos griegos A.G. Penna, basándose en el enfoque de Koyré y Canguilhem, según el cual en la historia de las ciencias no existen precursores sino autores originales, afirma que Freud, cuando planteó su concepción de pulsión de vida, Eros, y pulsión de muerte o destructividad, Thanatos,, al ser rechazado por varios discípulos suyos recurrió a Empédocles, no como un precursor sino para buscar el aval de una autoridad filosófica. Para Freud el apoyarse en la visión cosmogónica de Empédocles de amor y destructividad, le permite basarse en la proyección inconsciente de las dos pulsiones trasladadas del plano cósmico al plano psíquico.
Según Penna, tanto en El porqué de la guerra como en Más allá del principio de placer Freud reafirma su teoría de las pulsiones de amor y destructividad como un mito en el plano psíquico, como Empédocles lo sostiene en el plano cósmico.
Penna considera que Freud toma el imperativo de Sócrates de conocerse a sí mismo, a partir de que nadie se conoce a sí mismo, como la necesidad de develar esa parte desconocida que es el inconsciente.
En cuanto a la presencia de Platón en la obra de Freud, se visualiza según Penna a partir de las consideraciones sobre Eros y la sexualidad, tal como se expresa en El Banquete con el lenguaje del mito, especialmente con el mito de Aristófanes.
En su trabajo sobre Freud y la Grecia antigua, Estrella Bohadana estudia los mecanismos de la tragedia y recalca en particular cómo la técnica psicoanalítica retoma los efectos catárticos de la palabra.
Shakespeare en la formación cultural de Freud es utilizado por Clara Portella Nunes para estudiar, apoyándose en algunos conceptos lacanianos, en forma novedosa la influencia de Shakespeare en Freud.
Literatos y filósofos de lengua alemana en Freud es un estudio exhaustivo de Carlos Doin. De todas las influencias rastreadas, destacamos a la aceptación de Freud de haberse adentrado en la obra de Schopenhauer, mientras que es muy sabida su afirmación que no quiso leer a Nietzsche por temor a no poder desarrollar sus propias ideas. Doin muestra que Freud no sólo leyó a Nietzsche sino que recibió su influencia indirectamente a través de admiradores del filósofo como Lou Andrea Salomé, Otto Rank y Thomas Mann.
Sergio Rouanet completa esa investigación sobre Filósofos y escritores alemanes, mostrando cómo esa influencia impregna la obra de Freud no sólo a través de los textos de esos autores, sino utilizándolos como material clínico.
El capítulo Goethe y Freud es la oportunidad para Enrique Honigsztein de demostrar los puntos de contacto y las "afinidades electivas" entre ambos que los hermana como creadores de ciencia y de arte. De toda esa comunidad de ideas destacadas por Honigsztein, rescatamos sólo dos: la primera, refiriéndose a Goethe, Freud dice "cuando uno fue el hijo predilecto sin reservas de su madre, conserva durante toda la vida aquel sentimiento de conquista, aquella confianza en los éxitos… como Goethe mi fuerza está enraizada en mi relación con mi madre". La segunda, al relacionar la "atención flotante" promovida por Freud con la actitud de Goethe de aventurarse a indagar la Naturaleza sin capas protectoras de atracción o rechazo, de agrado o desagrado.

E.F.

 

Freud y lo simbolico. Crónica de un duelo imposible. Carlos Maffi. Ed. Nueva Visión, Buenos Aires. 2005.

Recorrer el libro de Maffi es como transitar la obra de Freud a través de un hilo conductor: el símbolo.
Empieza mostrando como para Freud el vómito o la tos de sus pacientes histéricas es el símbolo mnémico de un trauma sexual. Cuando abandona la teoría del trauma en 1897 da lugar a la postulación de la realidad psíquica, opuesta a la material, donde encuentra la sexualidad infantil, el deseo sexual infantil, como realidad fáctica que reemplaza a la realidad fáctica del trauma. Ese deseo reprimido se expresará a través de símbolos en los sueños, actos fallidos, etc.
El símbolo será aquel elemento del contenido manifiesto (plano consciente) que señale la presencia de algo reprimido y emplazado en los pensamientos latentes (plano inconsciente). El símbolo en el sueño funciona como un vaso comunicante entre los dos planos. Maffi observa como en La interpretación de los sueños Freud oscila entre los símbolos universales y los particulares aportados por las asociaciones del soñante. Es el dilema entre el simbolismo universal compartido por diferentes formaciones culturales y el simbolismo restringido, propiamente psicoanalítico, que está en la base de los síntomas y de las formaciones del inconsciente.
Para Freud la comprobación de que ciertas propiedades del lenguaje o del saber popular estaba en la base de la producción de símbolos universales lo llevó a utilizar la ley de Haeckel: la ontogénesis repite la filogénesis. Con ese enfoque biológico darwiniano, todo ser humano está obligado a repetir la evolución filogenético; el niño usa la lengua y los pensamientos como el primitivo. El soñante se expresa como el hombre de los tiempos prehistóricos.
Maffi destaca como Freud utiliza concepciones de dos lingüistas de principios del siglo XX, Sperber y Abel, sobre el origen sexual del lenguaje, que responden justamente a esa concepción evolucionista teñida del biologismo darwiniano como se ve en el artículo El doble sentido antitético de las palabras primitivas.
Para Freud el símbolo universal, tal como se lo reencuentra en los sueños, es una pieza arqueológica del lenguaje. Ese simbolismo universal del sueño es independiente de una estructura lingüística en particular. Como lo reafirma en 1915, Freud sigue sosteniendo que el símbolo en psicoanálisis está ligado a experiencias reales e infantiles: los deseos sexuales.
Para Maffi, desde las conferencias de Worcester (1909), Freud y sus discípulos se vuelcan a investigar la proveniencia del símbolo. La teoría filogenética, repetida en la ontogénica, viene a reemplazar el símbolo mnémico
de la teoría del trauma. Ahí surge la polémica con Jung después que publicara Metamorfosis y símbolos de la libido, donde Jung amplia el concepto de libido como energía general y no solamente sexual. Considera que "los símbolos se originan en arquetipos inconscientes, elementos estructurales de carácter divino de la psiquis". O sea, al revés del método freudiano, Jung no se vale del psicoanálisis para interpretar los mitos sino que se basa en los mitos para explicar la psicología individual. El arquetipo es una figura mítica que reemplaza a una experiencia histórica en la génesis del símbolo.
Según Maffi el carácter heredado y estructurante del arquetipo de Jung lo convierte en el anticipo de la simbólica lacaniana, o como subraya Elisabeth Roudinesco "los símbolos son más reales que aquello que simbolizan. El significante precede y determina el significado". Para Jung lo que forja un símbolo no es un hecho histórico relacionado con la historia personal o de la humanidad, sino la dependencia de un código preestablecido: un arquetipo. Se opone al concepto freudiano de que la energía va desde lo sexual, a través de la represión, hacia un símbolo. Afirma anulando la historia genética freudiana que el símbolo transforma la libido de "una forma inferior a una forma superior". No hay una causa sexual sino una intencionalidad impersonal. Los símbolos son esencialmente universales y en última instancia el Edipo no es más que un símbolo de la libido.
En 1916, Jones intentó sintetizar la posición freudiana sobre símbolos en su clásico trabajo La teoría del simbolismo, a partir de los trabajos de Ferenczi, Rank y Sach. Separa netamente el símbolo verdadero de las representaciones indirectas como metáfora, metonimia, parábola, etc. Sólo pueden ser representadas por un símbolo, para sortear la represión, ideas concretas básicas (yo corporal, desnudez, relaciones con familiares, nacimiento, amor, muerte) y sexuales.
Según Maffi, esta aceptación restringida del símbolo siguió para los psicoanalistas hasta la década del 30 cuando surge la influencia de filósofos como Cassirer y de lingüistas quienes afirman que entre el hombre y el mundo se interpone lo simbólico bajo la forma del mito, el lenguaje o la ciencia. Para Maffi, a partir de ahí se considera al hombre como un animal que crea símbolos.
Melanie Klein empieza a reivindicar el simbolismo en "La importancia de la formación de símbolos en el desarrollo del Yo" afirmando: "El simbolismo es el fundamento de toda sublimación y de todo talento… es el factor más importante que interviene en la interrelación del niño con la realidad". En esto se diferencia de Freud quien considera que el símbolo es producto de la represión y proviene de una forma primitiva de pensamiento, acorde con su visión evolucionista filogenética. Klein se acerca a Jung quien considera al símbolo como una forma superior de expresión y que no depende de la represión de la sexualidad.
Según Maffi, Lacan inspirado en Saussure y Lévy-Strauss acentúa la apertura de Klein hacia lo semiótico. A pesar de su proclamada "vuelta a Freud" se aleja de la concepción biológica-evolucionista freudiana. Coloca el significante como determinante del símbolo, lo mismo que hace Rosolato.
Lo simbólico forma parte de la tópica estructural de Lacan junto con lo imaginario y lo real. Es fundamental para la relación del sujeto con el mundo. Para Lacan lo simbólico hace del hombre un hombre. Un hombre sin lenguaje no es más que una ficción. El inconsciente mismo está estructurado como un lenguaje.
Maffi considera que al afirmar Lacan que su concepción semiótica es una vuelta a Freud forma parte de la posición pudorosa de los analistas que no se animan a enfrentar directamente a Freud como Dios-Padre.
En el último capítulo del libro Maffi plantea la disyuntiva actual de los psicoanalistas. Por un lado los analistas freudianos ortodoxos sostienen los símbolos universales filogenéticos, de acuerdo a la posición darwiniana de Freud, según la cual la evolución de la cultura se realiza a partir de la naturaleza. Las pulsiones son decantaciones filogenéticas de estímulos exteriores, de donde el lenguaje mismo depende de una experiencia sexual real o fantaseada, de la que se desprende. Sería el monismo biológico de Freud.
Por otro lado se encuentran los psicoanalistas, quienes a partir de la década del 30 reivindican una posición semiótica-lingüística donde el código, el lenguaje, los mitos, los hábitos y ciertas prácticas sociales como la prohibición del incesto y los sistemas de parentesco son transmisibles de generación en generación, a través del lenguaje, sin mecanismos biológicos de herencia, La cultura no es una derivación de la naturaleza.
Pero Maffi pregunta si el inconsciente se explica por la cultura y ésta por el lenguaje ¿de dónde viene este lenguaje? La semiótica, al quedarse en lo atemporal, ahistórico decapita a la teoría analítica de sus fundamentos biológicos y lleva a una impasse.
Por eso el libro se cierra con el desafío de encontrar una respuesta epistemológica a la situación actual de estas dos posiciones extremas.

E.F.

 

De Calicles a Freud. Derecho y Medicina Griegos en el Psicoanálisis. José Gutiérrez. Editorial Spiridon, Bogotá. 2004.

En este libro el psicoanalista colombiano José Gutiérrez, de larga trayectoria en el campo psicoanalítico, retoma el viejo dilema entre cultura y naturaleza. Arranca, apoyándose en el libro "Robinson Crusoe" de Daniel Defoe, para mostrar cómo el náufrago sobrevive frente a la cruel naturaleza sosteniéndose en la fuerza enorme de sus costumbres civilizadas.
Se interroga sobre cómo las costumbres condicionan al inconsciente y para responder al planteo de si el psicoanálisis carece de todo poder para modificar usos generales decide recorrer la trayectoria que va de Delfos a Viena, a partir del emblema del oráculo griego: "conócete a ti mismo".
Considera primero la intención curativa individual de Freud, su sello hipocrático. A través de un estudio erudito de la escuela hipocrática muestra cómo el criterio de observación del paciente y procurar abarcar la vida del paciente se reflejó en la visión freudiana.
Asistimos a lo largo de varios capítulos, mediante la reproducción de extensas citas de diálogos platónicos, la discusión mayéutica entre sofistas y Sócrates. Puntualmente en el diálogo "Gorgias", por boca del sofista Calicles, posiblemente un personaje inventado por Platón, plantea la vigencia de la ley del más fuerte, en oposición al amor, belleza y justicia sostenidos por Sócrates.
José Gutiérrez subraya el paralelismo con el balanceo de Freud entre el pesimismo, apoyado en Tánatos y la fuerza de Eros.
El autor no se detiene en Freud y muestra cómo la influencia griega se prolongó en la visión nietzscheana y cómo Erich Fromm encara de manera distinta la vida amorosa del hombre.

 

Betty. Betty Garma. Editorial Proa XXI, Buenos Aires.

Leer este libro es reencontrarse con la gran pionera del psicoanálisis de niños en la Argentina y con quien acompañó con su sabiduría y conocimiento a nuestra Asociación.
Libertad Berkowiez traza en este libro una semblanza emotiva de la personalidad de Betty. Por su lado, Isidoro Gurman comenta el famoso trabajo de Betty sobre el análisis realizado por ella con un niño de 21 meses, primer caso en la literatura mundial de un tratamiento psicoanalítico con un chico de tan corta edad. Tan es así que cuando Betty presentó ese trabajo en 1957 en el Congreso de la IPA en Zurich, llamó la atención de Melanie Klein, quien le ofreció ir a trabajar en Londres.
El valor y la frescura de ese trabajo se rescata con la reproducción digitalizada de los apuntes realizados por Betty sesión por sesión. Allí vemos claramente la manera de trabajar de Betty, profunda y suelta al mismo tiempo. Un texto que deberían aprovechar los jóvenes psicoanalistas de niños.

 

Michael Balint. El nuevo comienzo de la Escuela de Budapest, Michelle Moreau-Ricaud. Madrid. Editorial Síntesis. 2003.

Nos llega la versión española del libro de Moreau-Ricaud publicado en francés en el 2000. La autora, que ya es considerada una investigadora renombrada de la Escuela de Budapest por los varios y sutiles estudios de la saga ferencziana, renueva sus méritos con esta "biografía intelectual" de Balint.
De este psicoanalista húngaro, de quien Ferenczi dijo: "El continúa donde yo dejé", brinda Moreau-Ricaud un recorrido por su vida, no hagiográfico, y por su obra con un análisis certero de sus posiciones teóricas.
Comenta la discrepancia de Balint con el concepto freudiano de narcisismo primario. Balint, quien afirma que desde el comienzo existe un vínculo entre recién nacido y su entorno inmediato, acuña la expresión "amor primario", relación entre dos superando la nación ferencziana de narcisismo objetal pasivo.
En su trabajo "Las vías de la regresión" diferencia claramente regresión benigna, favorable a la terapia, y regresión maligna. "El defecto básico" otro de los trabajos fundamentales de Balint relacionado con la insuficiencia del entorno precoz es utilizado por Moreau-Ricaud para subrayar como Winnicott en una larga carta expresa a Balint sus coincidencias con ese concepto, salvo algunos reparos.
Al finalizar su recorrido, la autora se explaya sobre los "grupos Balint", bisagra entre el psicoanálisis y la medicina clínica, o como lo expresa ella misma "exportación del psicoanálisis al campo de la medicina". Vale la pena reflexionar que, si bien los grupos Balint han perdido parcialmente la relevancia que tuvieron en las décadas del 60 al 80, podemos observar que ese espíritu de investigación sobre la relación médico-paciente subyace hoy en día en la difundida "medicina de familia".

E.F.

 

Dictionnaire International de la Psychnalyse, dirigido por Alain de Mijolla. París. Ed. Calmann-Lévy. 2002.

Dos tomos con más de 2000 páginas permiten hablar de una Suma psicoanalítica, porque realmente abarca todo lo que uno puede desear consultar sobre conceptos, autores, instituciones o historia del psicoanálisis. Más de 400 personalidades de los cinco continentes han participado e impreso un sello internacional a este Diccionario.
La realización de esta obra monumental refleja la expansión del psicoanálisis en la cultura contemporánea, como ya lo señalaba la publicación anterior de varios diccionarios del psicoanálisis. Es una desmentida más a las afirmaciones sobre la declinación del psicoanálisis, pues expone la riqueza de las transformaciones de este último, a través de un recorrido que supera los 100 años.
Es de esperar que alguna editorial se anime a editarle en castellano, superando las dificultades económicas de una publicación evidentemente costosa.