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libros
Les enfants perturbateurs. Danièle Brun.Ed. Odile Jacob. Paris 2007
La psicoanalista de niños francesa, Danièle Brun, coloca en el centro de su nuevo libro el concepto de plasticidad. Entendida plasticidad como compromiso entre las exigencias del mundo exterior y del mundo interno promotor de los reclamos pulsionales.
Según Danièle Brun la plasticidad es un elemento esencial de la vida psíquica, producida por las sensaciones de inadecuación creada por la curiosidad insatisfecha que lleva al niño a recortar un espacio virtual donde construye escenas personalizadas sobre las motivaciones de estar en el mundo y su participación en los diferentes modos de existencia donde se introduce. Lo que dinamiza la plasticidad se refiere al planteo de donde venimos y a donde vamos.
La autora considera que la plasticidad es una forma de actividad de pensamiento inherente a la curiosidad y a los sentimientos de extrañeza que despierta.
Este proceso origina una situación doble: el niño se encuentra perturbado y responde como perturbador frente a su entorno. Esta dupla perturbado-perturbador permanece también en el inconsciente del adulto como núcleo persistente que puede llegar a revelarse en el transcurso de un tratamiento psicoanalítico.
Danièle Brun trata de rescatar ese núcleo no sólo en los pacientes adultos sino en los padres que consultan por un niño.
En el libro trae varios ejemplos de primera hora de juego donde ella percibe el conflicto inconsciente central. Nos recuerda lo que Arminda Aberastury llamaba "la fantasía de enfermedad" que aparecía a veces junto con "la fantasía de curación" en la primera hora de juego.
Agreguemos que es llamativo el reforzamiento del interés actual sobre la plasticidad de la vida psíquica, que se comprueba con la aparición de nuevas tendencias teóricas como la "resiliencia". Surgen en paralelo con los hallazgos de las neurociencias sobre la plasticidad de las sinapsis neuronales subrayada por el premio Nobel Eric Kandel.
Este investigador sostiene que las alteraciones inducidas en la expresión genética por el aprendizaje dan lugar a cambios en los patrones de las conexiones neuronales. Además que, en la medida que la psicoterapia produce cambios de largo plazo en la conducta, desencadena cambios en la expresión genética que altera la fuerza de las conexiones sinápticas y origina cambios estructurales que modifican el patrón de las interconexiones entre las neuronas.
E.F.
Analizarse
con Freud. A propósito del testimonio de Hilda Doolittle sobre
su análisis con Freud. Por F. Aberastury, G. Carballo,
E. Greizerstein, E. Loffreda, A. Maula, A. Palacios, C. Pérez,
M. Pérez, N. Rabinovich, D. Sahagun, R. Satke, L. Tellarini, L.
Zarlenga. Ed. Letra Viva. Buenos Aires. 2001.
El psicoanálisis,
¿una doctrina científica o una pasión por conocer?
Al leer este trabajo de los integrantes del Club de Analistas. Círculo
Freudiano, basado en el libro de Doolittle "Tributo a Freud"
y en su obra poética, uno percibe esa pasión por conocer,
dar otros pasos adelante, sin atascarse en lo ya conocido.
Una de las temáticas centrales de este libro se refiere a la
frase atribuida por Doolittle a Freud: "En análisis la persona
está muerta luego que el análisis termina. Tan muerta
como su padre." Sutilmente, detrás de la discusión
sobre esa afirmación freudiana, se insinúa un debate sobre
la vigencia de algunos conceptos de Freud, la aceptación de la
muerte del padre para proseguirlo y/o superarlo.
Aquí los autores del libro, adheridos a la obra de Lacan como
continuación de la de Freud, muestran que uno de los aspectos
fundamentales de la enseñanza de Freud es la pasión por
el conocimiento, el descubrimiento, no la repetición escolástica.
Desde un punto de vista histórico uno puede entender que esa
pasión por descubrir nuevos conocimientos quizás abre
para un futuro la aparición de un hijo que prosiga y supere a
Lacan padre.
E.F.
Freud.
René Major y Chantal Talagrand. Ed. Gallimard. Paris. 2006.
Esta biografía
se abre con un rico cuadro sociocultural de la Viena fin del siglo XIX.
Luego esta biografía se desarrolla enfocándola como "analítica
en el sentido que el método freudiano cambia la escritura de
la Historia y la escritura misma de la historia de Freud.
Como punto de partida original describen la vida de Freud desde su infancia
en gran parte a través de sus sueños, tomando como referencia
la declaración de Freud en 1931 al final de su vida sobre "La
interpretación de los sueños": "fue el más
valioso de todos los descubrimientos que tuve la buena fortuna de realizar.
Semejante insight sobre las cosas ocurre sólo una vez en la vida".
Así el capítulo sobre teorías sexuales se abre
con el sueño de las flores amarillas, referido a sus primeros
años en Pribor.
Un capítulo sobre los fantasmas de Freud se relaciona con el
sueño sobre Brucke y otros personajes. La sección sobre
los maestros de Freud se ilustra con el sueño sobre Charcot.
Los autores evitan el escollo de transformar esta biografía en
una hagiografía. Muestran el carácter superticioso de
Freud y su fobia de viajar en tren. Destacan el contraste entre la subversión
que realiza en el pensamiento contemporáneo y las convenciones
de su vida personal de pequeño burgués vienés,
padre de familia con un enfoque tradicional con respecto al rol que
debía desempeñar su mujer Martha.
A formacâo
cultural de Freud. Marialzira Perestrello. Ed. Imago. Rio de Janeiro.
1996.
Este libro
de 1996 de Marialzira Perestrello, acompañada por varios colaboradores,
nos llega ahora, y a la verdad no sólo nos enriquece con la información
sobre Freud mismo sino que nos sumerge en el ambiente cultural vienés
donde se nutrió.
En su trabajo sobre la infancia y juventud de Freud, la autora sutilmente
nos introduce en las primeras situaciones vitales de Freud y nos lleva
a reflexionar sobre algunos aspectos ya conocidos pero que ella ilumina
con un enfoque personal. Ejemplo: la vieja niñera echada por
robar monedas, que desapareció de la vida de Freud, expresada
en un sueño repetido de desaparición y reaparición
de la madre, que parece como el precursor de la observación sobre
el juego del carretel.
A continuación, en el capítulo sobre Freud y la tradición
judía, Marialzira no se dedica a las relaciones entre judaísmo
y psicoanálisis sino a la influencia de la cultura judía
en Freud y su identificación con personajes bíblicos.
Renato Mezan estudia Viena y los orígenes del psicoanálisis
y rescata la paradoja de Freud positivista, alejado de la renovación
sostenida por la vanguardia cultural y artística de la generación
vienesa del 90, netamente antipositivista, que ataca los códigos
expresivos heredados de la tradición clásica renacentista
y del Siglo de las Luces. Sin embargo, el psicoanálisis, a pesar
del ropaje positivista del primer Freud, nace y se desarrolla en ese
ambiente cultural cuestionador, renovador e irracional. Quizás
por lo que Fenichel decía: el objeto del psicoanálisis
es irracional, pero su método es racional.
En Freud y los filósofos griegos A.G. Penna, basándose
en el enfoque de Koyré y Canguilhem, según el cual en
la historia de las ciencias no existen precursores sino autores originales,
afirma que Freud, cuando planteó su concepción de pulsión
de vida, Eros, y pulsión de muerte o destructividad, Thanatos,,
al ser rechazado por varios discípulos suyos recurrió
a Empédocles, no como un precursor sino para buscar el aval de
una autoridad filosófica. Para Freud el apoyarse en la visión
cosmogónica de Empédocles de amor y destructividad, le
permite basarse en la proyección inconsciente de las dos pulsiones
trasladadas del plano cósmico al plano psíquico.
Según Penna, tanto en El porqué de la guerra como
en Más allá del principio de placer Freud reafirma
su teoría de las pulsiones de amor y destructividad como un mito
en el plano psíquico, como Empédocles lo sostiene en el
plano cósmico.
Penna considera que Freud toma el imperativo de Sócrates de conocerse
a sí mismo, a partir de que nadie se conoce a sí mismo,
como la necesidad de develar esa parte desconocida que es el inconsciente.
En cuanto a la presencia de Platón en la obra de Freud, se visualiza
según Penna a partir de las consideraciones sobre Eros y la sexualidad,
tal como se expresa en El Banquete con el lenguaje del mito,
especialmente con el mito de Aristófanes.
En su trabajo sobre Freud y la Grecia antigua, Estrella Bohadana
estudia los mecanismos de la tragedia y recalca en particular cómo
la técnica psicoanalítica retoma los efectos catárticos
de la palabra.
Shakespeare en la formación cultural de Freud es utilizado
por Clara Portella Nunes para estudiar, apoyándose en algunos
conceptos lacanianos, en forma novedosa la influencia de Shakespeare
en Freud.
Literatos y filósofos de lengua alemana en Freud es un
estudio exhaustivo de Carlos Doin. De todas las influencias rastreadas,
destacamos a la aceptación de Freud de haberse adentrado en la
obra de Schopenhauer, mientras que es muy sabida su afirmación
que no quiso leer a Nietzsche por temor a no poder desarrollar sus propias
ideas. Doin muestra que Freud no sólo leyó a Nietzsche
sino que recibió su influencia indirectamente a través
de admiradores del filósofo como Lou Andrea Salomé, Otto
Rank y Thomas Mann.
Sergio Rouanet completa esa investigación sobre Filósofos
y escritores alemanes, mostrando cómo esa influencia impregna
la obra de Freud no sólo a través de los textos de esos
autores, sino utilizándolos como material clínico.
El capítulo Goethe y Freud es la oportunidad para Enrique
Honigsztein de demostrar los puntos de contacto y las "afinidades
electivas" entre ambos que los hermana como creadores de ciencia
y de arte. De toda esa comunidad de ideas destacadas por Honigsztein,
rescatamos sólo dos: la primera, refiriéndose a Goethe,
Freud dice "cuando uno fue el hijo predilecto sin reservas de su
madre, conserva durante toda la vida aquel sentimiento de conquista,
aquella confianza en los éxitos
como Goethe mi fuerza está
enraizada en mi relación con mi madre". La segunda, al relacionar
la "atención flotante" promovida por Freud con la actitud
de Goethe de aventurarse a indagar la Naturaleza sin capas protectoras
de atracción o rechazo, de agrado o desagrado.
E.F.
Freud
y lo simbolico. Crónica de un duelo imposible. Carlos Maffi.
Ed. Nueva Visión, Buenos Aires. 2005.
Recorrer
el libro de Maffi es como transitar la obra de Freud a través
de un hilo conductor: el símbolo.
Empieza mostrando como para Freud el vómito o la tos de sus pacientes
histéricas es el símbolo mnémico de un trauma sexual.
Cuando abandona la teoría del trauma en 1897 da lugar a la postulación
de la realidad psíquica, opuesta a la material, donde encuentra
la sexualidad infantil, el deseo sexual infantil, como realidad fáctica
que reemplaza a la realidad fáctica del trauma. Ese deseo reprimido
se expresará a través de símbolos en los sueños,
actos fallidos, etc.
El símbolo será aquel elemento del contenido manifiesto
(plano consciente) que señale la presencia de algo reprimido
y emplazado en los pensamientos latentes (plano inconsciente). El símbolo
en el sueño funciona como un vaso comunicante entre los dos planos.
Maffi observa como en La interpretación de los sueños
Freud oscila entre los símbolos universales y los particulares
aportados por las asociaciones del soñante. Es el dilema entre
el simbolismo universal compartido por diferentes formaciones culturales
y el simbolismo restringido, propiamente psicoanalítico, que
está en la base de los síntomas y de las formaciones del
inconsciente.
Para Freud la comprobación de que ciertas propiedades del lenguaje
o del saber popular estaba en la base de la producción de símbolos
universales lo llevó a utilizar la ley de Haeckel: la ontogénesis
repite la filogénesis. Con ese enfoque biológico darwiniano,
todo ser humano está obligado a repetir la evolución filogenético;
el niño usa la lengua y los pensamientos como el primitivo. El
soñante se expresa como el hombre de los tiempos prehistóricos.
Maffi destaca como Freud utiliza concepciones de dos lingüistas
de principios del siglo XX, Sperber y Abel, sobre el origen sexual del
lenguaje, que responden justamente a esa concepción evolucionista
teñida del biologismo darwiniano como se ve en el artículo
El doble sentido antitético de las palabras primitivas.
Para Freud el símbolo universal, tal como se lo reencuentra en
los sueños, es una pieza arqueológica del lenguaje. Ese
simbolismo universal del sueño es independiente de una estructura
lingüística en particular. Como lo reafirma en 1915, Freud
sigue sosteniendo que el símbolo en psicoanálisis está
ligado a experiencias reales e infantiles: los deseos sexuales.
Para Maffi, desde las conferencias de Worcester (1909), Freud y sus
discípulos se vuelcan a investigar la proveniencia del símbolo.
La teoría filogenética, repetida en la ontogénica,
viene a reemplazar el símbolo mnémico de
la teoría del trauma. Ahí surge la polémica con
Jung después que publicara Metamorfosis y símbolos de
la libido, donde Jung amplia el concepto de libido como energía
general y no solamente sexual. Considera que "los símbolos
se originan en arquetipos inconscientes, elementos estructurales de
carácter divino de la psiquis". O sea, al revés del
método freudiano, Jung no se vale del psicoanálisis para
interpretar los mitos sino que se basa en los mitos para explicar la
psicología individual. El arquetipo es una figura mítica
que reemplaza a una experiencia histórica en la génesis
del símbolo.
Según Maffi el carácter heredado y estructurante del arquetipo
de Jung lo convierte en el anticipo de la simbólica lacaniana,
o como subraya Elisabeth Roudinesco "los símbolos son más
reales que aquello que simbolizan. El significante precede y determina
el significado". Para Jung lo que forja un símbolo no es
un hecho histórico relacionado con la historia personal o de
la humanidad, sino la dependencia de un código preestablecido:
un arquetipo. Se opone al concepto freudiano de que la energía
va desde lo sexual, a través de la represión, hacia un
símbolo. Afirma anulando la historia genética freudiana
que el símbolo transforma la libido de "una forma inferior
a una forma superior". No hay una causa sexual sino una intencionalidad
impersonal. Los símbolos son esencialmente universales y en última
instancia el Edipo no es más que un símbolo de la libido.
En 1916, Jones intentó sintetizar la posición freudiana
sobre símbolos en su clásico trabajo La teoría
del simbolismo, a partir de los trabajos de Ferenczi, Rank y Sach. Separa
netamente el símbolo verdadero de las representaciones indirectas
como metáfora, metonimia, parábola, etc. Sólo pueden
ser representadas por un símbolo, para sortear la represión,
ideas concretas básicas (yo corporal, desnudez, relaciones con
familiares, nacimiento, amor, muerte) y sexuales.
Según Maffi, esta aceptación restringida del símbolo
siguió para los psicoanalistas hasta la década del 30
cuando surge la influencia de filósofos como Cassirer y de lingüistas
quienes afirman que entre el hombre y el mundo se interpone lo simbólico
bajo la forma del mito, el lenguaje o la ciencia. Para Maffi, a partir
de ahí se considera al hombre como un animal que crea símbolos.
Melanie Klein empieza a reivindicar el simbolismo en "La importancia
de la formación de símbolos en el desarrollo del Yo"
afirmando: "El simbolismo es el fundamento de toda sublimación
y de todo talento
es el factor más importante que interviene
en la interrelación del niño con la realidad". En
esto se diferencia de Freud quien considera que el símbolo es
producto de la represión y proviene de una forma primitiva de
pensamiento, acorde con su visión evolucionista filogenética.
Klein se acerca a Jung quien considera al símbolo como una forma
superior de expresión y que no depende de la represión
de la sexualidad.
Según Maffi, Lacan inspirado en Saussure y Lévy-Strauss
acentúa la apertura de Klein hacia lo semiótico. A pesar
de su proclamada "vuelta a Freud" se aleja de la concepción
biológica-evolucionista freudiana. Coloca el significante como
determinante del símbolo, lo mismo que hace Rosolato.
Lo simbólico forma parte de la tópica estructural de Lacan
junto con lo imaginario y lo real. Es fundamental para la relación
del sujeto con el mundo. Para Lacan lo simbólico hace del hombre
un hombre. Un hombre sin lenguaje no es más que una ficción.
El inconsciente mismo está estructurado como un lenguaje.
Maffi considera que al afirmar Lacan que su concepción semiótica
es una vuelta a Freud forma parte de la posición pudorosa de
los analistas que no se animan a enfrentar directamente a Freud como
Dios-Padre.
En el último capítulo del libro Maffi plantea la disyuntiva
actual de los psicoanalistas. Por un lado los analistas freudianos ortodoxos
sostienen los símbolos universales filogenéticos, de acuerdo
a la posición darwiniana de Freud, según la cual la evolución
de la cultura se realiza a partir de la naturaleza. Las pulsiones son
decantaciones filogenéticas de estímulos exteriores, de
donde el lenguaje mismo depende de una experiencia sexual real o fantaseada,
de la que se desprende. Sería el monismo biológico de
Freud.
Por otro lado se encuentran los psicoanalistas, quienes a partir de
la década del 30 reivindican una posición semiótica-lingüística
donde el código, el lenguaje, los mitos, los hábitos y
ciertas prácticas sociales como la prohibición del incesto
y los sistemas de parentesco son transmisibles de generación
en generación, a través del lenguaje, sin mecanismos biológicos
de herencia, La cultura no es una derivación de la naturaleza.
Pero Maffi pregunta si el inconsciente se explica por la cultura y ésta
por el lenguaje ¿de dónde viene este lenguaje? La semiótica,
al quedarse en lo atemporal, ahistórico decapita a la teoría
analítica de sus fundamentos biológicos y lleva a una
impasse.
Por eso el libro se cierra con el desafío de encontrar una respuesta
epistemológica a la situación actual de estas dos posiciones
extremas.
E.F.
De Calicles
a Freud. Derecho y Medicina Griegos en el Psicoanálisis.
José Gutiérrez. Editorial Spiridon, Bogotá. 2004.
En este
libro el psicoanalista colombiano José Gutiérrez,
de larga trayectoria en el campo psicoanalítico, retoma el viejo
dilema entre cultura y naturaleza. Arranca, apoyándose en el
libro "Robinson Crusoe" de Daniel Defoe, para
mostrar cómo el náufrago sobrevive frente a la cruel naturaleza
sosteniéndose en la fuerza enorme de sus costumbres civilizadas.
Se interroga sobre cómo las costumbres condicionan al inconsciente
y para responder al planteo de si el psicoanálisis carece de
todo poder para modificar usos generales decide recorrer la trayectoria
que va de Delfos a Viena, a partir del emblema del oráculo griego:
"conócete a ti mismo".
Considera primero la intención curativa individual de Freud,
su sello hipocrático. A través de un estudio erudito de
la escuela hipocrática muestra cómo el criterio de observación
del paciente y procurar abarcar la vida del paciente se reflejó
en la visión freudiana.
Asistimos a lo largo de varios capítulos, mediante la reproducción
de extensas citas de diálogos platónicos, la discusión
mayéutica entre sofistas y Sócrates. Puntualmente
en el diálogo "Gorgias", por boca del sofista
Calicles, posiblemente un personaje inventado por Platón,
plantea la vigencia de la ley del más fuerte, en oposición
al amor, belleza y justicia sostenidos por Sócrates.
José Gutiérrez subraya el paralelismo con el balanceo
de Freud entre el pesimismo, apoyado en Tánatos y la fuerza
de Eros.
El autor no se detiene en Freud y muestra cómo la influencia
griega se prolongó en la visión nietzscheana y cómo
Erich Fromm encara de manera distinta la vida amorosa del hombre.
Betty.
Betty Garma. Editorial Proa XXI, Buenos Aires.
Leer este
libro es reencontrarse con la gran pionera del psicoanálisis
de niños en la Argentina y con quien acompañó con
su sabiduría y conocimiento a nuestra Asociación.
Libertad Berkowiez traza en este libro una semblanza emotiva
de la personalidad de Betty. Por su lado, Isidoro Gurman comenta
el famoso trabajo de Betty sobre el análisis realizado por ella
con un niño de 21 meses, primer caso en la literatura mundial
de un tratamiento psicoanalítico con un chico de tan corta edad.
Tan es así que cuando Betty presentó ese trabajo en 1957
en el Congreso de la IPA en Zurich, llamó la atención
de Melanie Klein, quien le ofreció ir a trabajar en Londres.
El valor y la frescura de ese trabajo se rescata con la reproducción
digitalizada de los apuntes realizados por Betty sesión por sesión.
Allí vemos claramente la manera de trabajar de Betty, profunda
y suelta al mismo tiempo. Un texto que deberían aprovechar los
jóvenes psicoanalistas de niños.
Michael
Balint. El nuevo comienzo de la Escuela de Budapest, Michelle
Moreau-Ricaud. Madrid. Editorial Síntesis. 2003.
Nos llega
la versión española del libro de Moreau-Ricaud
publicado en francés en el 2000. La autora, que ya es considerada
una investigadora renombrada de la Escuela de Budapest por los varios
y sutiles estudios de la saga ferencziana, renueva sus méritos
con esta "biografía intelectual" de Balint.
De este psicoanalista húngaro, de quien Ferenczi dijo: "El
continúa donde yo dejé", brinda Moreau-Ricaud un
recorrido por su vida, no hagiográfico, y por su obra con un
análisis certero de sus posiciones teóricas.
Comenta la discrepancia de Balint con el concepto freudiano de narcisismo
primario. Balint, quien afirma que desde el comienzo existe un vínculo
entre recién nacido y su entorno inmediato, acuña la expresión
"amor primario", relación entre dos superando
la nación ferencziana de narcisismo objetal pasivo.
En su trabajo "Las vías de la regresión" diferencia
claramente regresión benigna, favorable a la terapia, y regresión
maligna. "El defecto básico" otro de los trabajos
fundamentales de Balint relacionado con la insuficiencia del entorno
precoz es utilizado por Moreau-Ricaud para subrayar como Winnicott en
una larga carta expresa a Balint sus coincidencias con ese concepto,
salvo algunos reparos.
Al finalizar su recorrido, la autora se explaya sobre los "grupos
Balint", bisagra entre el psicoanálisis y la medicina
clínica, o como lo expresa ella misma "exportación
del psicoanálisis al campo de la medicina". Vale la
pena reflexionar que, si bien los grupos Balint han perdido parcialmente
la relevancia que tuvieron en las décadas del 60 al 80, podemos
observar que ese espíritu de investigación sobre la relación
médico-paciente subyace hoy en día en la difundida
"medicina de familia".
E.F.
Dictionnaire
International de la Psychnalyse,
dirigido por Alain de Mijolla. París. Ed. Calmann-Lévy.
2002.
Dos tomos
con más de 2000 páginas permiten hablar de una Suma psicoanalítica,
porque realmente abarca todo lo que uno puede desear consultar sobre
conceptos, autores, instituciones o historia del psicoanálisis.
Más de 400 personalidades de los cinco continentes han participado
e impreso un sello internacional a este Diccionario.
La realización de esta obra monumental refleja la expansión
del psicoanálisis en la cultura contemporánea, como ya
lo señalaba la publicación anterior de varios diccionarios
del psicoanálisis. Es una desmentida más a las afirmaciones
sobre la declinación del psicoanálisis, pues expone la
riqueza de las transformaciones de este último, a través
de un recorrido que supera los 100 años.
Es de esperar que alguna editorial se anime a editarle en castellano,
superando las dificultades económicas de una publicación
evidentemente costosa.
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